
"Los Seis Dedos del Tiempo" de R.A. Lafferty

Description of "Los Seis Dedos del Tiempo" de R.A. Lafferty
Publicado originalmente en 1960, "Los Seis Dedos del Tiempo" (The Six Fingers of Time) es quizás uno de los relatos más emblemáticos de R.A. Lafferty y una de las exploraciones más originales sobre la dilatación temporal en la literatura de ciencia ficción.
Es uno de los relatos más característicos del estilo excéntrico y filosófico de Lafferty. La historia parte de una premisa aparentemente sencilla: un hombre, Charles Vincent, comienza a percibir que el tiempo a su alrededor se ha alterado radicalmente. Los objetos se mueven con lentitud imposible, los relojes parecen detenidos y las personas actúan como si estuvieran suspendidas entre la vida y la muerte. Sin embargo, esta anomalía no tarda en revelar implicaciones mucho más profundas sobre la naturaleza del tiempo y la evolución humana.
Música y Ambientación:
Hans Zimmer - Dream Is Collapsing
Brian Eno - Thursday Afternoon
Brian Eno - Music for Airports
Hans Zimmer - Mountains
Remixed by JMT
Blog del Podcast:
https://lanebulosaeclectica.blogspot.com/
Twitter:
@jomategu
This content is generated from the locution of the audio so it may contain errors.
Los seis dedos del tiempo. Rafael Aloysius Lafferty. Rompió el vaso de agua que tenía en la mesa de luz. Lo golpeó sin saber cómo contra la pared. Y se le hizo añicos. Sin embargo, se quebró lentamente. De haber estado bien despabilado, esto le habría llamado la atención. Porque no había hecho ningún movimiento brusco al tocarlo. Tampoco lo había despertado como de costumbre la campanilla del despertador. Lo había despertado un golpeteo misterioso, lento, amortiguado. Sin embargo el reloj marcaba las seis, hora de sonar el despertador. Y ese golpeteo apagado cuando volvió a producirse parecía provenir del reloj. Extendió la mano y lo tocó con suavidad. Pero a su contacto el despertador flotó fuera de la mesita y rebotó lentamente por el suelo de un lado a otro.
Y cuando lo recogió, se había detenido y ni sacudiéndolo logró hacerlo andar. Verificó la hora en el reloj eléctrico de la cocina. También este indicaba las seis en punto, pero el segundero estaba inmóvil. En el living, el reloj de la radio marcaba las seis, pero el minutero parecía haberse detenido. —Pero si hay luz en las dos habitaciones, ¿cómo es posible que los dos relojes estén parados? —se preguntó Vincent. Volvió al dormitorio y buscó el reloj pulsera. También indicaba las seis, pero el segundero no giraba. Bueno, esto ya raya en lo ridículo. ¿Qué hace que se paren todos los relojes, los de cuerda y los eléctricos? Fue hasta la ventana y miró el reloj de propaganda del edificio de la Mutual de Seguros.
También marcaba las seis, y el segundero no se movía. Bueno, es posible que la confusión sea solo mía. Alguna vez oí la fantasiosa versión de que una ducha fría despeja la mente. A mí nunca me ha dado resultado, pero probaré. Siempre podré usar la higiene como pretexto. La ducha no funcionó. Sí, funcionó. El agua salió, pero no como agua. Como un lentísimo almíbal que permanecía suspendido en el aire. Extendió el brazo para tocarlo allí donde colgaba y se estiraba. Y cuando lo tocó, se quebró como cristal. Y flotó en lentas burbujas fantásticas por el cuarto de baño. Pero al tacto parecía agua. Era húmeda y agradablemente fresca.
Y en más o menos quince segundos le llegó a los hombros y la espalda. Y lo sumió en un voluptuoso placer. Dejó que le empapase la cesera. Y al instante sintió la mente despejada. —No me pasa nada. Estoy bien. No es culpa mía que el agua salga lenta esta mañana y que otras cosas estén trastornadas. Extendió el brazo para tomar la toalla, que se le hizo jirones entre las manos, como si fuese un poroso papel mojado. Entonces empezó a usar las cosas con más cautela. Las tomaba lenta, tierna, diestramente, para que no se rompiesen. Se afeitó sin inconvenientes, a pesar de que también en el lavabo el agua salía lenta. Luego se vistió con el máximo de cuidado y estucia.




















Comments of "Los Seis Dedos del Tiempo" de R.A. Lafferty