

Description of El lugar al que vamos todos
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¿Por qué terminamos todos haciéndonos la misma fotografía en el mismo lugar? Instagram y las redes sociales han convertido miradores, puertos de montaña, carteles y carreteras en nuevos lugares de peregrinación. Pero llegar hasta ellos no significa que todos hagamos el mismo viaje.
En este episodio hablamos con Lidia y Javier, de “Una motera más”sobre algunos de esos puntos míticos del mapa motero: lugares que visitamos por la fotografía, pero también por memoria, homenaje, pertenencia o comunidad.
Antes viajamos por la Italia literaria junto a Emma Nogueiro, siguiendo las huellas de Pavese, Primo Levi, Sciascia, Bassani, Steinbeck y Wagner.
Recupero la propuesta de viajar en moto desde Osh, en Kirguistán, hasta Kashgar y el Pamir chino: ocho días de aventura por 3.000 euros, vuelos aparte.
Un programa sobre destinos compartidos, fotografías repetidas y aquello que convierte una parada conocida en un viaje verdaderamente nuestro.
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Viajo en moto. Un podcast de viajes, de aventura, de lugares lejanos o no tanto y de grandes viajeros o no tan grandes. Hola estimada chabalería, aquí comienza Viajo en moto, el programa de los viajes en moto. Con Roberto Noveiras. Con traje de geisha en Asturias, en el norte de la península ibérica. Hablamos de viajes en moto, viajes en camión, viajes en furgoneta y mil cosas más. En el año 2010 nació Instagram y aquello acabó marcando un antes y un después en nuestra forma de viajar. En 2011 llegaron ya los hashtags y poco a poco las fotografías dejaron de ser solo una cosa que compartíamos con nuestros amigos. Ahora ya podíamos etiquetar el lugar, ya podíamos decirle al mundo yo he estado aquí. Y además, cualquiera podía buscar ese mismo sitio y encontrarse con cientos, con miles, con millones de fotos de personas que habían estado allí antes.
Las oficinas de turismo, los hoteles y toda la industria turística tardaron muy poco en darse cuenta de lo que estaba pasando. Una fotografía hecha por una persona normal y corriente podía despertar más ganas de viajar que un folleto cuidadosamente preparado por una agencia de publicidad. A mediados de la década, el fenómeno ya explotó. Ya no bastaba con viajar o con conocer lugar. Había que demostrar que se había estado allí. Y empezamos a hablar de lugares instagrameables. Es curioso esto de instagrameable. Lo que empezó siendo una expresión informal acabó convirtiéndose prácticamente en una métrica de marketing. Ya no bastaba con que un sitio fuera bonito. Tenía que quedar bien en Instagram. Hace unas semanas hablábamos aquí precisamente de las letras gigantes que se ponen a la entrada de los pueblos y de las ciudades.
Pero hay todo un catálogo, no solo las letras, hay columpios gigantes, hay sillas gigantes, murales, alas de ángel para ponerse ahí en medio y hacerse la foto, marcos delante de un paisaje, que en el puerto del Palo hay uno, miradores concebidos pensando no solamente en lo que vas a ver desde allí, sino en cómo va a quedar la fotografía. Miles de lugares empezaron a incorporar instalaciones pensadas, más que en otra cosa, en cómo se verían en el feed de cualquier usuario. Y entonces el algoritmo terminó de cerrar el círculo. Si una determinada foto de la Torre Eiffel funciona, la ve más gente. Y más gente quiere ir allí y hacerse la foto desde ese mismo sitio. Y esas fotos vuelven a funcionar y el algoritmo vuelve a enseñarlas. Es la pescadilla que se muerde la cola, pero con un palo selfie. Ahora vamos con el dato. El dato. Tengo un amigo que cuando estaba metido en una discusión, y él tiene una cifra que considera definitiva, dice siempre esto de el dato. Además, pronunciado así casi en mayúsculas, con un énfasis religioso.
Pues yo igual, el dato. Según un estudio publicado este mismo año por Tui Misben, El 39% de los viajeros reconoce haber visitado un lugar turístico principalmente para hacerse una foto o grabar un vídeo para sus redes sociales. Casi 4 de cada 10. Y el mismo estudio dice que el 43% ha llegado a reservar un viaje o una actividad después de verla en una publicación viral. ¿Hasta dónde vamos a llegar con esta vanidad y con este postureo? El viaje se ha convertido también en un símbolo de estatus. Hay que viajar para demostrar a los demás que podemos hacerlo, que estamos a la moda, que conocemos los sitios que hay que conocer, que tenemos un nivel que te cagas. Aunque haya que pedir un crédito para irse de vacaciones. Pero ahora el fenómeno ha mutado. Si durante años Instagram fue el gran escaparate de nuestra vanidad viajera, ahora tenemos TikTok. Y después de 2020 se popularizó otro fenómeno. En TikTok y en todas partes. Los vídeos de los lugares secretos. Las joyas ocultas.




















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