

Description of María Oruña: La cámara de las maravillas
Entrevista de Manuel Pedraz a María Oruña sobre su novela “La Cámara de las Maravillas” (Plaza & Janés)
Un “canalla simpático”, ladrón de guante blanco, Dimas Chevalier, junto a Mencía Mendoza, rica heredera de un multimillonario coleccionista de arte obsesionado con la belleza, son los protagonistas de un thriller psicológico que se inicia en la fiesta de inauguración de una exposición-museo, Pentimento, en la que se produce un robo y una muerte aparentemente inexplicables. Las sospechas, que se centran inicialmente en el ladrón rehabilitado tras pasar varios años en la cárcel, deben investigarlas un inspector de la Brigada de Patrimonio, excéntrico y amante del arte, y una inspectora de la UDEV, que considera que los problemas derivados del coleccionismo son preocupaciones de ricos, que al resto del mundo poco importan.
El tráfico ilegal de obras de arte y de falsificaciones, los expolios realizados en tiempos de guerra o durante periodos coloniales o una reflexión sobre la belleza son algunos de los temas que María Oruña presenta en su novela, en la que también tiene su protagonismo una Cámara de las Maravillas, en la que se exponen obras y reproducciones reproduciendo el contexto original para el que fueron creadas.
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Historias de papel. Premio Nacional de Fomento de la Lectura. La Cámara de las Maravillas, de María Oruña. La familia Mendoza, que el patriarca, el padre, la hija, que es el raciocinio, el trabajo duro, el más frívolo, que es el hermano, representan la élite social y la élite cultural del mundo del arte. Que, claro, están dando esta fiesta para inaugurar un museo que es Pentimento, un museo que recrea obras en su contexto original. Y, en efecto, sí, allí está también en esa fiesta un ladrón aparentemente reformado, Dimash Chevalier. Se va la luz en algo que parece muy simple, vuelve al instante, pero ya ha sucedido la muerte inexplicable y el robo aparentemente imposible y ya la tenemos liada. Y tanto que la tenemos liada y mucho más que liada, podríamos decir, si nos fijamos en cómo se ha producido esa muerte aparentemente inexplicable. Solo un apunte que no fastidia la lectura a nadie, porque lo conocemos en la segunda o la tercera página de la novela.
Imagínense a un niño que hace ese gesto que muchos hemos hecho de niños o de mayores. Apuntar a alguien con el dedo índice, simulando que la mano es una pistola y el dedo el cañón. Y hacemos el sonido y el gesto del disparo. Y el que está en el punto de mira cae fulminado. ¿Cómo se quedarían? Pues eso es lo que ocurre. Pero ese detalle, en un principio, pasa desapercibido porque lo realmente importante en ese momento es que tras ese apagón de luz al que ha hecho referencia María Oruña en la casa de los Mendoza, una poderosa y acaudalada familia poseedora de una importante colección de arte que protagoniza la novela La Cámara de las Maravillas, Pues en ese palacio en el que los Mendoza están inaugurando su exposición museo que han denominado Pentimento, además del muerto, tras el apagón se dan cuenta que han desaparecido objetos muy valiosos, entre ellos una colección de joyas cuyo origen tendrá mucho recorrido a lo largo de la novela.
Y claro, si se produce un robo imposible, las miradas se dirigen automáticamente hacia uno de los protagonistas de la historia, Dimas Chevalier, un ladrón de guante blanco que fue considerado en su tiempo como el más elegante y sofisticado de su gremio a nivel internacional, pero que por circunstancias que nada tuvieron que ver, por cierto, con su escrupuloso modo de actuar, acabó tres años en la cárcel y tras su salida afirmó que... había emprendido un camino de reforma y redención que le había llevado precisamente a convertirse en coleccionista y en especialista en autentificar obras de arte y en chequear sistemas de seguridad de museos y coleccionistas privados para evitar robos. Y quien más recela de él, quien más clava en él su mirada, es Amanda Mendoza, la hija de Magnus Mendoza, el patrón de la familia que es la encargada de dar forma a ese museo pentimento con el que su padre quiere mostrar a la sociedad madrileña, bueno, casi casi quiere presumir ante la alta sociedad de la capital de España de la valiosa colección de arte que ha ido atesorando a lo largo de su vida.
A través de ellos dos, a través de Dimas y de Amanda, vamos conociendo los lectores, de la mano, eso sí, de una voz omnisciente que nos lo va contando, cómo van desvelándose los secretos de la trama y también los orígenes y la historia de alguna de las perlas de la colección, en la que encontramos desde cuadros de Vermeer a valiosos incunables o joyas con un origen, digamos que capaz de provocar un conflicto diplomático. Pero Dimas y Amanda comparten protagonismo con otra pareja tan antagonista como la que forman este canalla simpático, que es Dimas, y la rica heredera, esquiva, un tanto antipática, pero sensible con la belleza, que dirige una prestigiosa revista de arte, que es Amanda.




















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