
Miedo al conflicto: por qué te callas, aunque no estés de acuerdo

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Alguien dice algo con lo que no estás de acuerdo. Y en vez de decirlo, sonríes y cambias de tema.
Otra vez.
En este episodio te cuento el caso de Nuria, 36 años, y cómo el mismo patrón se repite en tres partes completamente distintas de su vida: con su padre, en el trabajo, con sus amigas. Cada vez que alguien cuya opinión le importa podría, aunque sea un poco, dejar de verla bien, Nuria se calla. No lo decide. Se le calla solo.
No es que le dé pereza discutir. No es cálculo, ni cansancio. Es miedo — un miedo muy concreto a que, si habla, algo se monte.
Y detrás de ese miedo hay algo más hondo: una autoestima que depende por completo de la mirada de los demás. Si la ven bien, se siente bien. Si esa mirada se enturbia, aunque sea un segundo, siente que pierde algo mucho más grande que el cariño de esa persona.
Este episodio distingue algo que se confunde mucho: callarse por cansancio de discutir no es lo mismo que callarse por miedo a perder la aprobación de alguien. Son mecanismos distintos — y confundirlos hace que la solución nunca llegue.
Porque una autoestima que depende de la mirada de los demás no es autoestima. Es una hipoteca que se paga cada día, con cada silencio.
Si te has reconocido en Nuria, hablamos de esto exactamente, de tu versión de esto, en una consulta telefónica gratuita. El enlace está en emocioteca.com/contacto.
Este episodio también está disponible en versión completa en YouTube, dentro del canal Emocioteca. Escúchalo en el podcast Tú decides cómo quieres ser, cada viernes en iVoox.
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Tú decides cómo quieres ser. Ya sabes que este es tu podcast de desarrollo personal. Y estás escuchando a Mercedes Cobo, psicóloga, creadora de emocioteca.com. ¿Alguien dice algo con lo que no estás de acuerdo? Notas la respuesta ahí, lista. La tienes clarísima en tu cabeza. Pero en vez de decirla, sonríes y cambias de tema. Y lo que te sale es nada. No importa. Otra vez. Y no es la primera esta semana. Puede que ni siquiera sea la primera hoy. No es que no tengas opinión. Claro que la tienes. Y muy clara. No es que seas de los que no se meten en líos por ser de naturaleza tranquila. Es que en algún momento aprendiste que decir lo que piensas tiene un precio. Y ese precio te da tanto miedo que decidiste, sin decidirlo del todo, que no merece la pena pagarlo.
Quédate, porque hoy te voy a contar por qué te pasa esto en todas partes, aunque cambien las personas. ¿De dónde sale exactamente? ¿Y qué es lo único que de verdad puede empezar a moverlo? Soy Mercedes Cobo y este es el podcast de vida. Nuria tiene 36 años y este domingo en la comida familiar le ha vuelto a pasar lo de siempre su padre ha soltado uno de esos comentarios que suele decir siempre esta vez ha sido sobre cómo está criando a su hija con la típica frase de en mi época esto no se hacía así a Nuria se le han cogido el estómago tenía la respuesta en la punta de la lengua Y se la ha tragado, porque ya sabe cómo va esto con su padre. Si le lleva la contraria, él se cierra en banda. Dos frases secas, un silencio que dura el resto de la comida y lo peor. Esa sensación de haber hecho algo mal sin saber exactamente el qué.
Así que cambia de tema, se ríe un poco más de lo necesario y se va a casa con un nudo que le dura hasta el lunes. Y esto no le pasa solo con su padre. En el trabajo, su jefe le ha metido encima un tercer proyecto que no le corresponde. Nuria lo sabe perfectamente, lo tiene calculado hasta la última hora. Pero cuando llega el momento de decirle esto no me toca a mí, algo se le cierra por dentro. ¿Se imagina la cara que pondría él? ¿Se imagina el ambiente raro en la oficina durante días? y antes de terminar de imaginárselo ya ha dicho sí sin problema y tampoco acaba ahí con sus amigas pasa lo mismo aunque disfrazado de otra cosa el grupo decide dónde ir el fin de semana y a Nuria el plan no le apetece nada pero no lo dice porque si lo dice igual alguien se lo toma mal igual queda como la protestona la que siempre tiene una pega y nuria necesita más de lo que le gustaría admitir que la vean como la buena la que lo facilita todo la que nunca da problemas fíjate en algo antes de seguir nuria no se calla con cualquiera si el comentario incómodo viniera de una persona desconocida pues por ejemplo en el supermercado contestaría sin pensárselo dos veces El silencio solo aparece con personas muy concretas, su padre, su jefa, sus amigas, vamos, con la gente cuya opinión sobre ella le importa de verdad.
Y tampoco es que le dé pereza discutir o que haya hecho cuentas y prefiera ahorrarse el disgusto. Eso sería otra cosa, una cuestión más de cálculo. Lo que le pasa a Nuria es mucho más concreto. necesita por encima de todo que esas personas la validen, que la vean buena, que la vean la mejor. No puede permitirse defraudar la imagen que tienen de ella. ¿Y por qué le pesa tanto esa imagen?















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