El muro donde no puedes parar

El muro donde no puedes parar

9/13/2026 · 17:04
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Viajo en Moto
Episode of Viajo en Moto

Description of El muro donde no puedes parar

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¿Cómo consigue una motocicleta circular por una pared completamente vertical sin venirse abajo?

En esta pieza viajamos hasta las ferias de principios del siglo XX para contar la historia del Muro de la Muerte: desde los primeros motódromos de madera hasta los cilindros verticales, las pioneras que desafiaron las convenciones de su época, las inseparables Indian Scout y el secreto físico que mantiene las motos sobre la pared.

Un espectáculo de feriantes, ruido, gasolina y bastante insensatez que estuvo a punto de desaparecer, pero que sigue vivo más de cien años después.

Y esta historia nos lleva hasta la edición de invierno del Motorbeach, donde volverá a levantarse el Wall of Death Gypsy. Allí estaremos para conocer a quienes todavía se meten en el cilindro, arrancan la moto y convierten una vieja atracción de feria en algo difícil de olvidar.

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Imaginad una feria de principios del siglo XX. Barracas de madera, bombillas de colores, vendedores prometiendo toda clase de prodigios y un señor con bigote gritando que, ahí detrás de la cortina, se encuentra la mujer barbuda, el hombre más fuerte del mundo, o alguna criatura capturada en, sabe Dios, qué país de África, que igual era un paisano de cuenca con un disfraz. Y en medio de todo aquello aparece una barraca diferente. Es enorme, redonda. Está construida con tablones de madera. Desde dentro llega el ruido de una moto. Pero la moto no pasa por delante, ni se aleja, ni parece moverse del sitio. Está ahí dentro. El motor gira y gira, cada vez más deprisa, mientras toda la estructura tiembla. Pagas la entrada, subes por una escalera hasta la parte superior del cilindro, te asomas y ves una moto circulando por una pared completamente vertical. Aquello era el muro de la muerte, el Wall of Dead, que en inglés siempre suena todo como así un poco más peligroso.

Lo llamas la pared de la muerte y parece una reforma doméstica que haya salido mal. Pero dices Wall of Dead y ya aparecen llamas, calaveras y un guitarrista tocando encima de un ataúd. Aunque antes del muro estuvieron los motódromos. A principios del siglo XX, cuando la moto era todavía una novedad, en Estados Unidos empezaron a organizarse carreras sobre pistas construidas con tablones de madera. Eran unos grandes óvalos con curvas muy inclinadas. Los llamaban board tracks o motódromos. La inclinación permitía a las motos pasar por las curvas a velocidades enormes para la época y aquello atraía a miles de espectadores porque reunía tres cosas que siempre han funcionado muy bien juntas, una máquina nueva, mucho ruido y la posibilidad razonable de que algo saliera mal. Los motódromos eran rapidísimos, espectaculares y peligrosos, muy peligrosos. Las tablas se soltaban, aparecían astillas, las motos podían salir despedidas y la separación que había entre los pilotos y el público era algo así como mejorable.

Actualmente, en una cosa de este tipo, en una competición así, colocamos 3 kilómetros de barreras para proteger a un espectador que está viendo la carrera casi desde el término municipal de al lado. En aquella época parecía suficiente con pedirle al espectador que no se acercara demasiado por si acaso. En 1911 se instaló en Coney Island, en Nueva York, uno de los primeros motódromos construidos expresamente como atracción de feria. La pista todavía no era vertical, tenía una inclinación de unos 60, nada más, tenía casi 80 grados, 70, 80 grados, que tampoco es precisamente una rampa de garaje. El espectáculo tuvo éxito y enseguida aparecieron versiones desmontables. Esto era fundamental, ya no hacía falta que el público viajara hasta el motódromo. El motódromo podía desmontarse y cargarse en varios camiones y luego acompañar a ferias ambulantes. Y luego de todo esto alguien pensó, esto está bien, pero todavía no es suficientemente absurdo.

Así que siguieron inclinando la pista. Hacia 1915 comenzaron a aparecer cilindros cuya parte superior era completamente vertical. El piloto arrancaba en la zona de abajo, daba vueltas sobre la pista inclinada y aumentaba progresivamente la velocidad. A medida que iba más rápido, subía por el cilindro hasta terminar circulando horizontalmente por la pared. Había nacido el muro de la muerte. Durante los años 20 y 30 se convirtió en una de las grandes atracciones de las ferias norteamericanas. En su época de mayor popularidad llegaron a existir más de 100 muros recorriendo Estados Unidos. El público subía hasta una plataforma que se construía alrededor del borde superior y miraba hacia el interior. Los pilotos pasaban a pocos metros de sus caras y a veces se acercaban tanto que recogían billetes de las manos de los espectadores. Porque limitarse a circular por una pared vertical enseguida.

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