
Description of El niño imprudente.
Si estás buscando cuentos infantiles para leer has llegado al mejor sitio. ¡Tenemos un montón de ellos! Se trata de cuentos cortos, educativos y con valores que pueden adscribirse a distintos géneros. Son ideales para leerle a nuestro peque antes de ir a dormir o en cualquier momento del día. Además, tenemos una sorpresa, ya que todos nuestros cuentos para leer a niños incluyen una música para poner de fondo y crear mucho más ambiente. ¡Va a alucina!
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El niño imprudente. La historia de Jaron. El niño imprudente. Todo el tiempo se la pasaba escuchando las pláticas de los demás, para después irlas a contar. No le vayas a decir a nadie que tengo diarrea, mamá. ¿Qué creen, amigos? Escuché que a Juanito le dio diarrea. Y por eso no vino a la escuela. Todos sus amigos se reían y se burlaban de Juanito cada vez que lo veían. ¿Cómo lo supieron? ¡Hola, Juanito! ¡Qué bueno que regresaste! ¿Se te quitó la diarrea? Pero Juanito estaba muy enojado, pues se dio cuenta que fue Harold el que había contado. ¿Por qué les contaste a todos que me dio diarrea? Mejor hubieras dicho que me dolía la muela. Y es que a Harold no se le podía confiar nada, porque rápidamente iba y lo contaba. ¿Qué te haces, qué? Espera, Harold.
No les vayas a contar. Pero lo primero que le decían que no dijera era lo primero que decía. ¿Qué creen, amigos? Jaimito todavía se orina en la cama. A ver, cuéntanos. El otro día fui a su casa a una pijamada y vi un charco de pipí en su cama. Harold contaba todo lo que le confiaban, así que era mejor no contarle nada. Espera, Harold. No les vayas a contar. ¿Qué creen, amigos? Me enteré que a Jaimito le gusta Mariana y por eso siempre la mira de una forma muy extraña. Hola, Jaimito. ¿Qué me cuentas? Harold, no tenías por qué decir eso. Ahora ya todos saben mi secreto. Pero Harold no entendía y siempre decía lo primero que se le ocurría.
A Jaimito le huele la boca y a Manuelito la cola. A Javier le apestan los pies y a Inés también. Susy se saca los mocos y a Patricio le huele hasta el coco. Era demasiado directo e imprudente y todo el tiempo criticaba a la gente. Mira, qué feos tienes los dientes. Harold tenía que aprender a ser más prudente y a no decir cosas que lastimaran a la gente. Pero por más que le decían, Harold simplemente no entendía. En la escuela era muy sinvergüenza y nunca hacía caso a lo que decía la maestra. Cuando le pedían que guardara silencio, Harold no se callaba en ningún momento. Y por más que la maestra explicaba, a Harold no le importaba. Cada vez que podía, la interrumpía.
Maestra, ¿los peces hablan? La maestra lo regañaba. ¡Mal señorito, es reprobado! Y Jaro le contestaba. Dice mi papá que usted no sabe nada. Todo el tiempo criticaba a cualquiera que pasaba. Miren a Mariana, parece que nunca se baña. Y tampoco a la maestra, porque sus clases apestan. Lo que Harold hacía estaba mal, pues no está bien criticar a los demás. Le gustaba chismear y no le importaba meter en problemas a los demás. Oye, Jaimito, dicen que le caes gordo a Juanito. Pero aunque no mentía, tenía que aprender a cuidar todo lo que decía. Porque lo primero que se le venía a la mente era lo primero que decía de repente. Tú tienes cara de ratero. Y ese de allá está muy feo. Eso no se dice. Tienes que ponerte a pensar en los sentimientos de los demás.





















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