
Nvidia, Meta, CoreWeave y la fiebre de la IA: acertar el futuro también puede hacerte perder dinero - AS +D 33/26

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Nvidia, Meta, Intel, CoreWeave, Nebius, Anthropic y SpaceX están protagonizando una nueva fase de la fiebre por la inteligencia artificial: ya no se trata solo de quién tendrá los mejores chips o modelos, sino de quién financiará los centros de datos, cuánto capital hará falta y qué rentabilidad quedará para el accionista. Esta semana analizamos también los resultados de Nike, la rotación de CEOs en Starbucks y Boeing, la especulación en el Russell 2000 y small caps como Joby Aviation, IonQ y Oklo, además de las primeras grietas que aparecen en el crédito privado.
Todo parece una colección bastante caótica de historias hasta que aparece una pregunta que las une: ¿qué ocurre cuando prácticamente todo el mercado acierta sobre el futuro?
Porque ése es el problema que empieza a resultar interesante.
Hay tecnologías que fracasan porque nunca fueron tan importantes como prometían. Ésas son relativamente sencillas. Más peligrosas son las que triunfan de forma espectacular y, precisamente por eso, atraen tanto capital que ser uno de sus inversores deja de garantizar una rentabilidad igualmente espectacular.
Esta semana tenemos una versión casi perfecta de ese fenómeno.
La inteligencia artificial está dejando de ser simplemente una industria para convertirse en una arquitectura financiera completa, con fabricantes de chips, neoclouds, hiperescaladores, deuda privada, anticipos de clientes, garantías sobre activos y gigantes de Wall Street dispuestos a financiar la infraestructura. Mientras tanto, el mercado empieza a recordar algo bastante desagradable: una compañía puede presentar números excelentes y caer, una industria puede cambiar el mundo y destruir capital, y puedes tener razón sobre el futuro mientras te equivocas por completo sobre el precio.
Y ahí aparece una de las historias más extrañas de la semana: un inversor estuvo peligrosamente cerca de perder una fortuna con una apuesta por la IA y, poco después, recibió llamadas de gente que quería darle todavía más dinero.
No es una anécdota, es casi una descripción del mercado actual.
En este episodio de Actualidad Semanal +D hablamos de expectativas, valoraciones, financiación y de esa incómoda frontera que separa una gran empresa de una gran inversión.
Porque quizá la pregunta más interesante ya no sea quién ganará la revolución de la inteligencia artificial.
Quizá sea quién está pagando demasiado por tener razón.
Continúa la conversación en el foro Más Dividendos - https://blogs.masdividendos.com/oficial/2026/08/16/actualidad-semanal-d-semana-33-2026/
00:00 — La tesis: acertar la tecnología y perder dinero
01:55 — Leopold Aschenbrenner y la apuesta apalancada
03:23 — El consumidor, Nike y la calidad del beneficio
05:41 — Cambios de CEO y expectativas
07:06 — Small caps como opciones sobre futuros
09:57 — Intel, Nvidia y la financiación de la IA
12:21 — Meta y el coste de la infraestructura
14:48 — CoreWeave y Nebius: crecimiento y capex
17:36 — Anthropic, SpaceX y compradores forzosos
21:19 — Crédito privado e impagos
24:37 — Cierre: a qué precio y quién pone el dinero
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Buenos días y bienvenidos a Actualidad Semanal Más Dividendos, semana 33, hoy es domingo 16 de agosto, yo soy Arturo Pina, muchas gracias por escucharnos, muchas gracias por no atender a nada de lo que se diga en este podcast como una recomendación, sino como ocio, aprendizaje, lo que queráis, y también muchas gracias si por favor nos ayudáis. difundiendo este contenido esto es lo que más nos ayuda conseguir nueva audiencia o bien el contenido de cualquier otro podcast seguro mucho mejor que este de la plataforma más dividendos acceso al foro etcétera etcétera también si queréis interactuar con nosotros en redes sociales haceros patreones dejarnos valoraciones aunque sean buenas y recomendarlo a amigos enemigos o incluso hasta a la familia si procede bueno El año en que perder mil millones se volvió un mérito. Hay una teoría. Tan cínica como elegante, según la cual lo mejor que puede pasarte en una carrera financiera es perder mil millones de dólares. Pénsalo un instante porque la lógica es impecable. Perder mil millones demuestra tres cosas a la vez. ¿Que alguien confió en ti para empezar mil millones? ¿Que fuiste lo bastante audaz como para arriesgarlos de verdad? ¿Y que con un poco de suerte has aprendido la lección y la próxima vez lo harás mejor? Un gestor comentaba hace poco que al contratar a traders el número óptimo de explosiones previas era exactamente una. ni cero porque eso puede indicar que nunca sumiste el riesgo de verdad, ni dos porque a partir de ahí ya no es una cicatriz, es una afición.
Una, la cicatriz perfecta. Trasladad esa lógica a Silicon Valley y se vuelve todavía más divertida. Muévete rápido y rompe cosas. Fracasa rápido. Si has perdido mil millones, desde luego sabes fracasar rápido. Y si hay algo que Silicon Valley premia por encima de casi todo, es discrepar. Todo el mundo piensa que perder dinero es malo. El verdadero contrarian pregunta, ¿y si perder dinero fuera una prueba de talento? Esta semana, Leopold Aschenbrenner ha quedado plantado en el centro exacto de ese diagrama de Venn. Su fondo, Situational Awareness, estuvo cerca de volar por los aires después de una apuesta apalancada por memoria y chips ligados a inteligencia artificial. Wall Street vio una clase magistral sobre lo que hace el apalancamiento cuando la volatilidad entra por la puerta. Silicon Valley vio una oportunidad de compra. En los días siguientes empezaron a llegar llamadas de inversores interesados en poner todavía más dinero. El fondo por ahora no acepta capital nuevo. Un profesor de la Escuela de Negocios de Nueva York resumió la diferencia con precisión quirúrgica.
Silicon Valley recompensa estar direccionalmente en lo cierto sobre tecnologías transformadoras. Wall Street recompensa rentabilidades ajustadas al riesgo preservando el capital. Y esa es la tesis de hoy. La gran historia no es si la inteligencia artificial va a ser importante. Eso ya lo sabe hasta el consejo de administración de una empresa de grapas. Se trata de si puedes acertar la tecnología y equivocarte en la inversión. Y la pregunta se vuelve urgente porque la inteligencia artificial está dejando de ser solo una tecnología para convertirse en un sistema financiero. Centros de datos, deuda privada, anticipos, garantías de valor residual y compradores indexados. Ya no estamos solo construyendo modelos, estamos construyendo la fontanería financiera que debe pagarlos. Pero antes de entrar en ese palacio de servidores, hay que mirar al señor que al final sigue pagando gran parte de las facturas de la economía, el consumidor. Capítulo primero. El consumidor tose y Nike descubre que el beneficio también puede llevar maquillaje. Las ventas millonistas estadounidenses cayeron un 0,6% en julio, la mayor bajada en 14 meses frente a una subida del 0,1% que esperaba el consenso. La medida subyacente utilizada para calcular consumo en el PIB bajó otro 0,4% cuando se esperaba una subida del 0,3%.
La confianza preliminar de la Universidad de Michigan cayó a 51 desde 55,2 y el empleo apenas aumentó en 57.000 puestos, aproximadamente la mitad de los 113.000 esperados. No es el apocalipsis, sino algo mucho más incómodo para las empresas. Un consumidor que empieza a mirar el precio. Y cuando el consumo representa más de dos tercios de la economía, enseguida descubrimos quién tenía poder de fijación de precios y quién tenía PowerPoint. Walmart batió previsiones y elevó su vida anual. ¿Tiene lógica? Cuando el presupuesto aprieta, Walmart empieza a aparecer menos una tienda y más una política monetaria doméstica. Nike ofrece el negativo de esa fotografía. Presentó 11.000 millones de dólares de ingresos frente a 10.800 esperados y un beneficio ajustado de 0,2 dólares por acción frente a 0,12. Bueno, 0,2 quiero decir 0,20. Uno lee eso deprisa y piensa, magnífico trimestre. Uno sigue leyendo y descubre que la contabilidad llevaba relleno en los pómulos. La compañía se benefició de un reembolso arancelario extraordinario estimado en unos 0,52 dólares por acción para el resultado final. Nike ya había advertido del efecto. Sin esa muleta, la historia operativa seguía siendo la misma. Presión arancelaria, consumidor débil y competencia...
















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