

Description of Parábola del Fariseo
Meditaciones predicadas por varios sacerdotes con motivo de algún evento o festividad y que han sido seleccionadas para su aprovechamiento por el público en general. Habitualmente han sido predicadas en un entorno sagrado y dirigidas a cristianos que desean profundizar en su vida interior de relación con Dios.
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Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José, mi Padre y Señor, ángel de mi guarda, interceded por mí. Jesús, en este mes de julio, en el que algunos y muchos siguen trabajando, otros también están de vacaciones, queremos hacer este parón para acompañarte y para tener este retiro. en el que queremos recibir tus gracias queremos abrir el corazón a lo que tú quieras poner y esta es la gracia de los retiros de pararse un rato que se reciben gracias especiales de dios y en esta meditación en concreto queríamos pedirte un don especial que es el don de la pobreza espiritual El don de saber que solo quiero depender de tu gracia.
El don de tener claro, Jesús, la fortaleza de tu gracia sobre mí. Y para eso quería en primer lugar contigo, Jesús, meditar ese evangelio que tú pones como ejemplo en un momento dado de aquellas dos personas que fueron al templo a orar. y otro era fariseo. Lo cuenta San Lucas en su Evangelio, en el capítulo 18. El fariseo se quedó de pie y oraba para sus adentros. Oh Dios, te doy gracias, porque no soy como los demás hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni como ese publicano.
Ayuno dos veces por semana, pago el diezmo de todo lo que poseo. Pero el publicano, quedándose lejos, Ni siquiera se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo, oh Dios, ten compasión de mí, que soy un pecador. Y así te lo digo ahora Jesús, Señor, ten compasión de mí. Y tú mismo dices, os digo que éste bajó justificado a su casa y aquel no, porque todo el que se ensalza será humillado y todo el que se humilla será ensalzado. Y yo quería fijarme, Jesús, en cuatro cosas que pensaba que nos podían ayudar en este retiro para que nos des esto. La pobreza espiritual que es confiar solo en el poder de tu gracia.
Que yo quiero, Jesús, confiar solo en ti, en tu fuerza, en el poder de tu gracia sobre mí. Y estos cuatro puntos son los siguientes. El primero es reconocer que no somos nada. El segundo es no atribuirnos los méritos sino llevarlos a Dios. El tercero es no considerar que el bien que hago o que mi generosidad me dan determinados derechos ante Dios. Y el cuarto punto es la posibilidad que tenemos de reconciliarnos con nuestra propia debilidad. Vamos a por el primero, el reconocer que no somos nada. Y no se trata de un reconocimiento falso, de, ay, no soy nada. No, somos mucho, porque Dios nos ha dado muchas gracias. Y somos mucho porque somos hijos tuyos, Señor. Somos...















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