

Description of Parábola del sembrador
Euclides Eslava es sacerdote, médico y doctor en Filosofía. Profesor de la Facultad de Filosofía y Ciencias Humanas de la Universidad de La Sabana, Colombia, donde también es capellán. Autor de varios libros de teología y espiritualidad, se dirige a un público mayormente universitario aunque el contenido será de interés para la formación y la vida interior de los fieles en general.
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Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José, mi Padre y Señor, ángel de mi guarda, intercedan por mí. Uno de los primeros experimentos escolares que casi todos recordamos es de biología, la germinación de una semilla. Para la curiosidad del niño es impresionante ese milagro de la vida, ver cómo se producen nuevas plantas a partir de un simple grano. Seguramente todos recordamos ese frasquito de bajo la cama y ver cómo el frijol iba permitiendo que fuera surgiendo la nueva rama. En algún momento del progreso de la humanidad, el ser humano experimentó esa misma sensación y dejó de ser nómada al dedicarse a las labores agrícolas.
En Egipto, en Oriente Medio siempre ha sido muy difícil esa labor por tratarse de una zona desértica y en algunas partes pedregosa. Las personas de esas regiones son conscientes del esfuerzo que supone y por eso desde los primeros ritos de las religiones primitivas se le ha dado mucha importancia a todo lo que tiene que ser peticiones por la siembra y la cosecha. La revelación judía asumió algunos de sus cultos y los elevó en su liturgia. Por ejemplo, el profeta Isaías compara la palabra de Dios con la parábola de una semilla que germina gracias a la lluvia que el Señor envía. Dice así el capítulo 55 de Isaías, como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y de hacerla germinar, Para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será la palabra que sale de mi boca. No volverá a mi vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo.
El Salmo 64, llamado el canto de la primavera, agradece a Dios esas lluvias fecundas que preparan las cosechas. Y la liturgia cristiana da un paso adelante Al aplicar estas palabras a la encarnación del Hijo de Dios, ábranse los cielos y llueva de lo alto, bien hecho Rocío, como Riego Santo, interpreta. Un gozo tradicional del Adviento, unas palabras del Antiguo Testamento. También siempre la Iglesia pide a Dios tiempo bueno, maduración de los frutos. También en nuestra oración aprovechamos para pedirle al Señor que... Que no haga falta el agua, que haya suficiente recurso para todos en todos los momentos. Los evangelios sinópticos reportan el discurso de las parábolas del Señor. Lo veíamos la vez pasada. Mateo y Marcos lo enmarcan a la orilla del mar. El púlpito es la barca. Acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca. Se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Pues Mar es un decir, que es el lago de Genezaret, llamado Mar de Galilea porque es muy grande.
Les habló muchas cosas en parábolas. La jornada debía de ser agradable. La barca, probablemente la de Pedro, sirve como púlpito y la playa como auditorio. Por su parte, el Evangelio de San Lucas tiene su centro en el discurso del llano y las parábolas del reino. Y la primera de estas es la parábola del sembrador, que para los labriegos de aquel paraje debería sonar muy familiar. Dice Jesús, salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino. Lo pisaron y los pájaros del cielo se lo comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso y después de brotar se secó por falta de humedad. Otra parte cayó entre abrojos, y los abrojos, creciendo al mismo tiempo, la ahogaron. Y otra parte cayó en tierra buena, y después de brotar, dio fruto al ciento por uno. Esta parábola es la más representativa de todas, ya que es la única que aparece narrada y explicada en los tres evangelios sinápticos.














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