
Paramilitarismo 2.0 en Colombia: De la Espriella alarma con nueva doctrina | La BaseLatam 1x210

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Inna Afinogenova, Marco Teruggi y Estefanía Veloz analizan el Bloque de Defensa para la Seguridad Urbana anunciado por Abelardo De la Espriella y el riesgo de abrir la puerta a un paramilitarismo 2.0 en Colombia. Un programa sobre CONVIVIR, autodefensas, parapolítica, Salvatore Mancuso, Álvaro Uribe, militarización, megacárceles, recortes sociales, persecución política y las alternativas democráticas para enfrentar la inseguridad sin entregar otra vez el país a la violencia organizada.
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Desobediencia civil. Pacífica. Llamo e invito a los millones de electores que depositaron en mí su confianza a que hagan lo propio y a que si no se cumple lo que enuncio, desconozcan pacíficamente cualquier orden, cualquier disposición o cualquier mandato de alguien que no responde a la condición de guardián y garante de nuestra constitución política. Quiero finalizar con esto. Algunos loquitos hablan de desobediencia civil, que no es otra cosa que primeras líneas, bloqueos y terrorismo urbano. Yo propongo, queridos defensores de la patria, obediencia constitucional. Todo aquello que esté por fuera de la ley, sin importar de dónde venga o quién lo promueva, será enfrentado con toda la fuerza del Estado de Derecho. Que les quede claro. Aquí no habrá privilegios para los violentos, ni contemplaciones para quienes pretendan desafiar el orden constitucional. Que les quede claro. Queridos colombianos, la patria milagro ya empezó a construirse.
El 7 de agosto firmaré el decreto creando el bloque de defensa para la seguridad urbana, no más extorsiones, atracos y homicidios en nuestra patria. Lo escribió Abelardo de la Espriella, presidente electo de Colombia, hace apenas unos días. Y antes incluso de preguntarnos qué puede salir mal, porque es la pregunta que aparece de manera automática, conviene explicar de qué estamos hablando. El llamado bloque de defensa para la seguridad urbana sería, según lo ha anunciado, una estructura de defensa territorial. en ciudades como Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Bucaramanga, es decir, en los grandes centros urbanos donde se concentran algunos de los índices más graves de inseguridad. Grupos organizados para combatir extorsiones, atracos y homicidios. Grupos que, aunque se presenten con lenguaje administrativo, patriótico y moderno, abren una pregunta de fondo. ¿Quién va a ejercer la fuerza, con qué controles, con qué límites, con qué armas, con qué mando, con qué responsabilidad jurídica y contra quién exactamente? Porque la palabra seguridad en América Latina nunca viene sola.
La palabra seguridad suele llegar acompañada de uniformes, de enemigo interno, de estado de excepción, de mano dura, de megacárceles, de zonas militarizadas, de detenciones arbitrarias, de cuerpos tirados en las periferias y de un aplauso mediático bastante entusiasta hasta que la sangre ya no se puede esconder debajo de la alfombra. Y en Colombia, precisamente en Colombia, esta discusión no es teórica. No estamos hablando de un país que... conozca los efectos de trasladar el monopolio de la fuerza del Estado a estructuras paralelas, privadas, mixtas, comunitarias o supuestamente defensivas. Colombia sabe demasiado bien cómo empieza esa historia y sabe sobre todo cómo termina, porque el paramilitarismo colombiano no nació presentándose como paramilitarismo, no llegó con un cartel que dijera venimos a destruir el tejido social del país. Llegó hablando justamente de seguridad, de protección frente a la guerrilla, al crimen y al caos. Así que cuando De la Espriella anuncia un bloque de defensa para las ciudades, el debate no es si Colombia necesita enfrentar la extorsión, los atracos o los homicidios. Claro que necesita hacerlo. El debate está en qué respuesta se construye ante esa realidad.
Porque una cosa es fortalecer instituciones públicas, investigación criminal, prevención social, empleo juvenil, lo que en México se le suele llamar políticas de atención a las causas. Y otra muy distinta es abrir la puerta a estructuras de defensa. con lógica de enemigo interno. Colombia sabe muy bien que cuando se normaliza la idea de que la seguridad vale más que los derechos, los muertos empiezan a aparecer tirados a miles de kilómetros de sus casas y con botas puestas al revés. Entonces, no, no basta con decir no más extorsiones, no más atracos, no más homicidios. Todos queremos eso. La pregunta es ¿a qué precio? Y sobre todo, ¿quién paga ese precio? Resulta que en Colombia, como en buena parte de América Latina, Casi siempre lo pagan los mismos. De la Espriella está intentando construir una nueva doctrina de seguridad interna. Un paramilitarismo 2.0, urbano, televisado, con lenguaje de gestión, diseñado para una época de redes sociales, drones y algoritmos. Pero el nuevo envoltorio no debería confundirnos. La estructura mental es la de siempre. Violencia para resolver los efectos de una violencia anterior. Punto. Entonces, de nuevo, ¿qué puede salir?















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