

Description of El permiso que te falta darte tú
Hay domingos que llevas ensayando toda la semana. Y el domingo llega, y la frase se te vuelve a quedar dentro.
Ángel necesita sus mañanas de domingo para preparar una oposición que le importa de verdad. Pero cada semana, en la comida familiar, algo le hace tragarse la conversación antes de empezarla — y no es tan sencillo como parece.
En este episodio, solo para Fans, te cuento por qué Ángel no está esperando el domingo adecuado para hablar. Está esperando un permiso que solo él se puede dar.
Si esto te suena, no eres el único o la única — lo veo cada semana en consulta.
💜 Si ya eres fan, gracias por sostener este espacio. Si todavía no lo eres, puedes hacerte fan aquí: ivoox.vip/premium?affiliate-code=0c8e40a35fe62f78a699bdee164432d6
¿Quieres anunciarte en este podcast? Hazlo con advoices.com/podcast/ivoox/583821
This content is generated from the locution of the audio so it may contain errors.
¿Qué tal? Bueno, bienvenido, bienvenida a este episodio especial para fans. Gracias por estar aquí. Me alegra mucho vernos de nuevo. Este es uno de esos episodios que no salen en el abierto. Son solo para fans. Y hoy toca algo que veo muchísimo trabajando con personas. Mira, Ángel está en casa de sus padres un domingo a mediodía, ayudando a su madre a recoger la mesa después de la comida familiar. Todos siguen en el salón con el café. Es el momento, esta vez sí, les va a decir que no puede venir todos los domingos, que necesita el tiempo para estudiar. Sin embargo, lo que le sale a Ángel es, ¿alguien quiere más postre? Lleva tres meses ensayando la misma conversación y todavía no la ha tenido ni una sola vez. Soy Mercedes Cobo, psicóloga con más de 15 años acompañando a personas en terapia.
En este podcast hablamos de los patrones que se repiten en tu vida sin que los veas venir y hoy te cuento el de Ángel. Él se ha presentado a unas oposiciones. Sabe que necesita tiempo para prepararlas. Sobre todo necesita recuperar los domingos por la mañana, que lleva años reservados, sin excepción para la comida en casa de sus padres. Lo que tiene que hacer es simple, sobre el papel, claro, que es decírselo. Pero cada domingo, según se acerca la sobremesa, se le vuelve a quedar las palabras dentro. porque sabe lo que puede pasar después. Que su madre le pregunte si ya no quiere venir, si esto es el principio de que se vaya alejando, como ya pasó con su hermano, que dejó de venir casi del todo cuando se independizó. Ángel siempre ha sido el que nunca falta y teme que pedir unos domingos para él se lea como el primer paso hacia dejar de ser eso, quién es.
Así que... Ha ido posponiendo la conversación semana tras semana, diciéndose que se lo dirá el domingo que viene. Ha ensayado la frase de camino a casa de sus padres en la ducha la noche antes de la comida. Y cada domingo, según recoge la mesa, se la vuelve a quedar. Mientras tanto, estudia lo que puede. Entre turnos partidos y domingos enteros que no ha sabido cómo no dar. Pero septiembre, con el examen, cada vez está más cerca. Ya lo tiene encima. Bueno, lo primero que hay que decir es que lo que Ángel ha hecho sin darse cuenta ha sido que ha convertido una decisión que es solo suya, presentarse a una posición, pedir tiempo para prepararla, la ha convertido en una decisión que necesita el visto bueno de otras personas antes de tomarla. No está esperando el domingo adecuado para hablar.
Está esperando permiso para algo que ya ha decidido que él quiere. Esto pasa mucho más de lo que parece. Cuando llevas años ocupando un papel, por ejemplo, el del hijo que nunca falta, el que siempre está, cualquier necesidad individual empieza a verse como una amenaza a ese papel, en lugar de como parte de algo que tiene vida propia. Y ahí entra la excusa perfecta. En vez de preguntarte a ti mismo lo que debes de hacer si te lo mereces, le pasas la pregunta a otra persona y esperas su reacción para decidir. Y todavía hay algo más, que es lo que de verdad mantiene el bucle. Cada domingo que Ángel no lo dice... la versión que tiene en la cabeza de cómo va a reaccionar su madre se hace un poco más real, un poco más certera. Él no tiene ningún dato nuevo, no le ha preguntado nada, no ha dicho nada, pero esa reacción imaginada le sirve para...














Comments of El permiso que te falta darte tú