007 EL OTRO COYOTE
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El otro Coyote Por José MALLORQUÍ EL COYOTE, Nº 7 EL OTRO COYOTE Capítulo primero Diligencia asaltada El tintinear de cascabeles, el ludir de unas ruedas mal engrasadas y el estruendo de las llantas sobre la desigual carretera, hicieron levantar la cabeza a Ricardo Yesares en el instante en que se disponía a encender la pequeña hoguera para guisar su sencilla comida. Junto al montón de ramitas y cortezas tenía ya un recipiente de hierro estañado que servía de plato y de sartén. En aquel momento estaba ocupado por unas largas lonjas de tocino. En la hierba, junto al plato, veíanse tres huevos y un trozo de pan. Comida de gringos, indigna de un buen paladar californiano; pero Ricardo Yesares había vivido lo suficiente entre los gringos para habituarse a su sistema de alimentación y también a su presencia en la caballeresca California, que desde la llegada de los yanquis era cada vez menos caballeresca, pues ya la palabra de un caballero carecía de valor, y en cambio un papel firmado tenía una importancia suprema. ¡Un papel firmado! ¡Bah! ¡Qué lejanos estaban los tiempos en que la palabra de un Yesares valía tanto como la del rey! Otros tiempos, otras costumbres y otro gobierno. Y todo ello en perjuicio de los californianos. Sin saber exactamente por qué, Yesares interrumpió sus esfuerzos por encender el fuego y miró hacia la carretera, por entre las ramas de los árboles. Diligencia a Los Ángeles, desde Mojave pasando por Palmdale, que era, también, el lugar adonde Ricardo se dirigía. Protegida por dos jinetes que cabalgaban delante y detrás del carruaje, armados de largos rifles, y por otros dos hombres sentados en el techo del vehículo, uno junto al conductor y otro detrás. -Debe de llevar oro -pensó Yesares.
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El otro Coyote Por José MALLORQUÍ EL COYOTE, Nº 7 EL OTRO COYOTE Capítulo primero Diligencia asaltada El tintinear de cascabeles, el ludir de unas ruedas mal engrasadas y el estruendo de las llantas sobre la desigual carretera, hicieron levantar la cabeza a Ricardo Yesares en el instante en que se disponía a encender la pequeña hoguera para guisar su sencilla comida. Junto al montón de ramitas y cortezas tenía ya un recipiente de hierro estañado que servía de plato y de sartén. En aquel momento estaba ocupado por unas largas lonjas de tocino. En la hierba, junto al plato, veíanse tres huevos y un trozo de pan. Comida de gringos, indigna de un buen paladar californiano; pero Ricardo Yesares había vivido lo suficiente entre los gringos para habituarse a su sistema de alimentación y también a su presencia en la caballeresca California, que desde la llegada de los yanquis era cada vez menos caballeresca, pues ya la palabra de un caballero carecía de valor, y en cambio un papel firmado tenía una importancia suprema. ¡Un papel firmado! ¡Bah! ¡Qué lejanos estaban los tiempos en que la palabra de un Yesares valía tanto como la del rey! Otros tiempos, otras costumbres y otro gobierno. Y todo ello en perjuicio de los californianos. Sin saber exactamente por qué, Yesares interrumpió sus esfuerzos por encender el fuego y miró hacia la carretera, por entre las ramas de los árboles. Diligencia a Los Ángeles, desde Mojave pasando por Palmdale, que era, también, el lugar adonde Ricardo se dirigía. Protegida por dos jinetes que cabalgaban delante y detrás del carruaje, armados de largos rifles, y por otros dos hombres sentados en el techo del vehículo, uno junto al conductor y otro detrás. -Debe de llevar oro -pensó Yesares.
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El otro Coyote Por José MALLORQUÍ EL COYOTE, Nº 7 EL OTRO COYOTE Capítulo primero Diligencia asaltada El tintinear de cascabeles, el ludir de unas ruedas mal engrasadas y el estruendo de las llantas sobre la desigual carretera, hicieron levantar la cabeza a Ricardo Yesares en el instante en que se disponía a encender la pequeña hoguera para guisar su sencilla comida. Junto al montón de ramitas y cortezas tenía ya un recipiente de hierro estañado que servía de plato y de sartén. En aquel momento estaba ocupado por unas largas lonjas de tocino. En la hierba, junto al plato, veíanse tres huevos y un trozo de pan. Comida de gringos, indigna de un buen paladar californiano; pero Ricardo Yesares había vivido lo suficiente entre los gringos para habituarse a su sistema de alimentación y también a su presencia en la caballeresca California, que desde la llegada de los yanquis era cada vez menos caballeresca, pues ya la palabra de un caballero carecía de valor, y en cambio un papel firmado tenía una importancia suprema. ¡Un papel firmado! ¡Bah! ¡Qué lejanos estaban los tiempos en que la palabra de un Yesares valía tanto como la del rey! Otros tiempos, otras costumbres y otro gobierno. Y todo ello en perjuicio de los californianos. Sin saber exactamente por qué, Yesares interrumpió sus esfuerzos por encender el fuego y miró hacia la carretera, por entre las ramas de los árboles. Diligencia a Los Ángeles, desde Mojave pasando por Palmdale, que era, también, el lugar adonde Ricardo se dirigía. Protegida por dos jinetes que cabalgaban delante y detrás del carruaje, armados de largos rifles, y por otros dos hombres sentados en el techo del vehículo, uno junto al conductor y otro detrás. -Debe de llevar oro -pensó Yesares.
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El otro Coyote Por José MALLORQUÍ EL COYOTE, Nº 7 EL OTRO COYOTE Capítulo primero Diligencia asaltada El tintinear de cascabeles, el ludir de unas ruedas mal engrasadas y el estruendo de las llantas sobre la desigual carretera, hicieron levantar la cabeza a Ricardo Yesares en el instante en que se disponía a encender la pequeña hoguera para guisar su sencilla comida. Junto al montón de ramitas y cortezas tenía ya un recipiente de hierro estañado que servía de plato y de sartén. En aquel momento estaba ocupado por unas largas lonjas de tocino. En la hierba, junto al plato, veíanse tres huevos y un trozo de pan. Comida de gringos, indigna de un buen paladar californiano; pero Ricardo Yesares había vivido lo suficiente entre los gringos para habituarse a su sistema de alimentación y también a su presencia en la caballeresca California, que desde la llegada de los yanquis era cada vez menos caballeresca, pues ya la palabra de un caballero carecía de valor, y en cambio un papel firmado tenía una importancia suprema. ¡Un papel firmado! ¡Bah! ¡Qué lejanos estaban los tiempos en que la palabra de un Yesares valía tanto como la del rey! Otros tiempos, otras costumbres y otro gobierno. Y todo ello en perjuicio de los californianos. Sin saber exactamente por qué, Yesares interrumpió sus esfuerzos por encender el fuego y miró hacia la carretera, por entre las ramas de los árboles. Diligencia a Los Ángeles, desde Mojave pasando por Palmdale, que era, también, el lugar adonde Ricardo se dirigía. Protegida por dos jinetes que cabalgaban delante y detrás del carruaje, armados de largos rifles, y por otros dos hombres sentados en el techo del vehículo, uno junto al conductor y otro detrás. -Debe de llevar oro -pensó Yesares.
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13 SEGUNDA FUNDACION El Primer Imperio Galáctico se prolongó durante decenas de miles de años. Había incluido todos los planetas de la Galaxia en un gobierno centralizado, unas veces tiránico, otras benevolente, pero siempre ordenado. Los seres humanos habían olvidado que pudiera existir otra forma de existencia. Todos, menos Hari Seldon. Hari Seldon fue el último gran científico del Primer Imperio. Fue él quien llevó la ciencia de la psicohistoria a su desarrollo completo. La psicohistoria era la quintaesencia de la sociología; era la ciencia de la conducta humana reducida a ecuaciones matemáticas. El ser humano individual actúa de modo imprevisible, pero, según descubrió Seldon, las reacciones de las masas humanas podían ser tratadas estadísticamente. Cuanto mayor es la masa, mayor es la exactitud de la predicción. Y el volumen de las masas con que trabajó Seldon fue nada menos que el de la población completa de la Galaxia, que en su tiempo se calculaba en trillones de personas. Así pues, fue Seldon quien previó, contra todo sentido común y creencia popular, que el brillante Imperio que parecía tan fuerte se hallaba en un estado de irremediable decadencia. Previó (o resolvió sus ecuaciones e interpretó sus símbolos, lo cual equivale a lo mismo) que la Galaxia, si no recibía ayuda, pasaría por un período de treinta mil años de miseria, anarquía y barbarie antes de que una forma de gobierno unificado apareciese de nuevo. Se dispuso a remediar la situación de forma que la paz y la civilización se restaurasen en un solo milenio. Cuidadosamente, estableció dos colonias de científicos a las que llamó «Fundaciones». Las colocó deliberadamente «en extremos opuestos de la Galaxia». Una Fundación fue instituida con conocimiento de todos y amplia publicidad. La existencia de la otra, la Segunda Fundación, fue sumida en el silencio. En Fundación y Fundación e Imperio se describen los tres primeros siglos de la historia de la Primera Fundación. Empezó como una pequeña comunidad de enciclopedistas perdida en el vacío de la periferia exterior de la Galaxia. Periódicamente se enfrentaba a una crisis derivada de las relaciones humanas y las corrientes sociales y económicas de la época. Su libertad de movimientos se desarrollaba a lo largo de una línea determinada y sólo en ella, y cuando se movía en aquella dirección, un nuevo horizonte de desarrollo se abría ante ella. Todo había sido planeado por Hari Seldon, fallecido hacía ya mucho tiempo. La Primera Fundación, con su ciencia superior, se apoderó de los planetas bárbaros que la rodeaban. Se enfrentó a los anárquicos señores guerreros que se separaron del Imperio moribundo, y los derrotó. Se enfrentó a los restos del propio Imperio, gobernados por su último y poderoso emperador y su también último general, y los derrotó. Entonces se enfrentó a algo que Hari Seldon no había podido prever: el poder arrollador de un solo ser, un mutante. El ser conocido como el Mulo nació con la facultad de moldear las emociones y las mentes de los hombres. Sus más acérrimos adversarios se convirtieron en sus fieles servidores. Los ejércitos no podían, no querían, luchar contra él. Frente a él, la Primera Fundación cayó, y los planes de Seldon fracasaron parcialmente. Quedaba la misteriosa Segunda Fundación, objetivo de todas las búsquedas. El Mulo tenía que encontrarla para completar su conquista de la Galaxia. Los fieles que sobrevivieron a la Primera Fundación tenían que encontrarla por una razón completamente distinta. Pero ¿dónde estaba? Eso no lo sabía nadie. Esta, pues, es la historia de la búsqueda de la Segunda Fundación. Updated
14 LOS LIMITES DE LA FUNDACION Ciclo de la Fundacion. Ciclo de trantor. Cuarto relato.- La seguridad de la Segunda Fundación había desaparecido. La Primera Fundación conocía la existencia de la Segunda, y la Primera no deseaba un futuro en el que estuvieran fiscalizados por los mentalistas. La Primera Fundación era superior en fuerza física, mientras que la Segunda Fundación no sólo estaba en desventaja por ese hecho, sino por tener que realizar una doble labor: tenía que detener a la Primera Fundación, a la vez que recobrar su anonimato. La Segunda Fundación, bajo su gran «primer orador», Preem Palver, consiguió hacerlo. La Primera Fundación fue inducida a creer que había vencido, que había derrotado a la Segunda Fundación, y fue adquiriendo cada vez más poder en la Galaxia, totalmente ignorante de que la Segunda Fundación seguía existiendo. Ya han pasado cuatrocientos noventa y ocho años desde que la Primera Fundación apareció en escena. Se encuentra en el apogeo de su poder, pero hay un hombre que no acepta las apariencias... Updated
01 YO ROBOT YO ROBOT - NOVELA DE ISAAC ASIMOV - 1950 - LA PRIMIERA DE LA SERIE DE LOS ROBOTS - CICLO DE LA TIERRA, COMPUESTA POR CINCO NOVELAS MAS - BOVEDAS DE ACERO - SOL DESNUDO -ROBOTS DE AMANECER - ROBOTS E IMPERIO -------------------------------------------------------------------- Updated
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CUENTOS DE LA CASA DE LA BRUJA Los Cuentos de la Casa de la Bruja es un podcast semanal de Ficción Sonora y Audiolibros de Misterio, Ciencia Ficción y Terror. Todos los viernes, en Ivoox, un nuevo audio narrado por locutores humanos. ¿Te atreves? Divago a diario en mi Twitter: @VengadorT. Además te ofrezco mis servicios como locutor online con estudio propio. Puedes contactar conmigo en www.locucioneshablandoclaro.com o en info@locucioneshablandoclaro.com Updated
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