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09 DOS MUNDOS FRENTE A FRENTE
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09 DOS MUNDOS FRENTE A FRENTE

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Capítulo primero
LOS ENSUEÑOS DE FIDEL AZNAR

Desde la galería de su bungalow, enclavado en la cumbre del cerro, Fidel Aznar contemplaba los frutos del esfuerzo colectivo de la colonia en sus primeras 8760 horas de febril actividad. Las campanas de la nueva iglesia, la primera construida en este joven, enorme y salvaje mundo, volteaban esparciendo en la tranquila atmósfera de la mañana sus voces de bronce.
Celebrábase el primer aniversario de la feliz arribada del autoplaneta Rayo a estas nuevas tierras de promisión, y el día era de fiesta nacional, la primera desde que la colonia empezó a asentar los cimientos de una nueva civilización. En realidad, y según la medida del tiempo de este mundo, donde los días tenían la duración de 42 horas terrestres, el planeta habría de girar todavía 1664 veces sobre su eje para completar el viaje anual alrededor del sol. En el planeta Redención, nombre con que le bautizaran los exilados de la Tierra, sólo habían transcurrido 208 días de los 1672 de que se componían sus largos años. Pero los españoles, siempre añorando su mundo de origen, continuaban llevando memoria fiel del tiempo que transcurría allá en el remoto planeta Tierra; tan lejano, que ni siquiera era visible como una puntada de luz con los más potentes telescopios electrónicos desde Redención.
En las inconmensurables profundidades del espacio, allá donde debía brillar el Sol con su cortejo de nueve planetas alrededor, la Tierra habría vivido un año más bajo la odiosa opresión de la Bestia Gris. Este aniversario de la arribada de los exilados al nuevo mundo era día de descanso y meditación para los desterrados hijos del mundo viejo. Fidel Aznar, al contemplar desde la galería de su casa la ingente labor desarrollada por la colonia en este espacio de tiempo, veía más allá del presente, en el pasado, la serie de incidentes históricos que habían culminado en el aterrizaje del autoplaneta Rayo sobre este mundo y el desembarco de los 6480 terrestres que iban a fundar una nueva civilización.
Fidel, como todos los hombres y mujeres de la colonia que estaban por debajo de los 44 años de edad, jamás había visto ni pisado la costra de su mundo de origen. Cuarenta y cuatro años antes (años en la medida del tiempo terrestre, se entiende), el hermoso planeta Tierra había sido atacado por unas abominables criaturas que, procedentes de un punto desconocido del inmenso Cosmos, se alojaron en el planeta Marte durante el siglo XX. Las naciones de la Tierra, unidas ante el enemigo común que viniera acrecentando su fuerza a lo largo de siete siglos, fueron arrolladas y vencidas por La Bestia Gris alojada en Marte.
Sólo existía en todo el mundo una fuerza combatiente capaz de rechazar y aun derrotar a los ejércitos marcianos... si su número no hubiera sido tan reducido. Esta fuerza estaba constituida por el autoplaneta Rayo, máquina interplanetaria de don Miguel Aznar y sus formidables e invictos destruelo res siderales y zapatillas voladoras. El Rayo, esfera de 600 metros de diámetro que encerraba en su interior toda una pequeña ciudad, encontrábase en Madrid al sobrevenir la estrepitosa derrota de las fuerzas aéreas aliadas y la invasión por la Bestia de tierras españolas.
En estas horas de suprema angustia, cuando la Humanidad aterrorizada se enfrentaba con un pavoroso porvenir y mientras sobre el cielo de Madrid se libraba la última batalla entre los destrozados restos de las fuerzan aéreas aliadas y las victoriosas escuadras marcianas, don Miguel Ángel Aznar concibió la desesperada idea de salvar de la hecatombe unos cuantos miles de seres —los que cupieran en el Rayo— y llevarlos en busca de un nuevo y lejano mundo donde este mísero resto de la Humanidad pudiera establecerse, reproducirse, prosperar y volver algún día al sistema planetario solar en forma de compacto ejército para liberar a la civilización cautiva de la Bestia Gris.

Capítulo primero
LOS ENSUEÑOS DE FIDEL AZNAR

Desde la galería de su bungalow, enclavado en la cumbre del cerro, Fidel Aznar contemplaba los frutos del esfuerzo colectivo de la colonia en sus primeras 8760 horas de febril actividad. Las campanas de la nueva iglesia, la primera construida en este joven, enorme y salvaje mundo, volteaban esparciendo en la tranquila atmósfera de la mañana sus voces de bronce.
Celebrábase el primer aniversario de la feliz arribada del autoplaneta Rayo a estas nuevas tierras de promisión, y el día era de fiesta nacional, la primera desde que la colonia empezó a asentar los cimientos de una nueva civilización. En realidad, y según la medida del tiempo de este mundo, donde los días tenían la duración de 42 horas terrestres, el planeta habría de girar todavía 1664 veces sobre su eje para completar el viaje anual alrededor del sol. En el planeta Redención, nombre con que le bautizaran los exilados de la Tierra, sólo habían transcurrido 208 días de los 1672 de que se componían sus largos años. Pero los españoles, siempre añorando su mundo de origen, continuaban llevando memoria fiel del tiempo que transcurría allá en el remoto planeta Tierra; tan lejano, que ni siquiera era visible como una puntada de luz con los más potentes telescopios electrónicos desde Redención.
En las inconmensurables profundidades del espacio, allá donde debía brillar el Sol con su cortejo de nueve planetas alrededor, la Tierra habría vivido un año más bajo la odiosa opresión de la Bestia Gris. Este aniversario de la arribada de los exilados al nuevo mundo era día de descanso y meditación para los desterrados hijos del mundo viejo. Fidel Aznar, al contemplar desde la galería de su casa la ingente labor desarrollada por la colonia en este espacio de tiempo, veía más allá del presente, en el pasado, la serie de incidentes históricos que habían culminado en el aterrizaje del autoplaneta Rayo sobre este mundo y el desembarco de los 6480 terrestres que iban a fundar una nueva civilización.
Fidel, como todos los hombres y mujeres de la colonia que estaban por debajo de los 44 años de edad, jamás había visto ni pisado la costra de su mundo de origen. Cuarenta y cuatro años antes (años en la medida del tiempo terrestre, se entiende), el hermoso planeta Tierra había sido atacado por unas abominables criaturas que, procedentes de un punto desconocido del inmenso Cosmos, se alojaron en el planeta Marte durante el siglo XX. Las naciones de la Tierra, unidas ante el enemigo común que viniera acrecentando su fuerza a lo largo de siete siglos, fueron arrolladas y vencidas por La Bestia Gris alojada en Marte.
Sólo existía en todo el mundo una fuerza combatiente capaz de rechazar y aun derrotar a los ejércitos marcianos... si su número no hubiera sido tan reducido. Esta fuerza estaba constituida por el autoplaneta Rayo, máquina interplanetaria de don Miguel Aznar y sus formidables e invictos destruelo res siderales y zapatillas voladoras. El Rayo, esfera de 600 metros de diámetro que encerraba en su interior toda una pequeña ciudad, encontrábase en Madrid al sobrevenir la estrepitosa derrota de las fuerzas aéreas aliadas y la invasión por la Bestia de tierras españolas.
En estas horas de suprema angustia, cuando la Humanidad aterrorizada se enfrentaba con un pavoroso porvenir y mientras sobre el cielo de Madrid se libraba la última batalla entre los destrozados restos de las fuerzan aéreas aliadas y las victoriosas escuadras marcianas, don Miguel Ángel Aznar concibió la desesperada idea de salvar de la hecatombe unos cuantos miles de seres —los que cupieran en el Rayo— y llevarlos en busca de un nuevo y lejano mundo donde este mísero resto de la Humanidad pudiera establecerse, reproducirse, prosperar y volver algún día al sistema planetario solar en forma de compacto ejército para liberar a la civilización cautiva de la Bestia Gris.

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Capítulo primero LOS ENSUEÑOS DE FIDEL AZNAR Desde la galería de su bungalow, enclavado en la cumbre del cerro, Fidel Aznar contemplaba los frutos del esfuerzo colectivo de la colonia en sus primeras 8760 horas de febril actividad. Las campanas de la nueva iglesia, la primera construida en este joven, enorme y salvaje mundo, volteaban esparciendo en la tranquila atmósfera de la mañana sus voces de bronce. Celebrábase el primer aniversario de la feliz arribada del autoplaneta Rayo a estas nuevas tierras de promisión, y el día era de fiesta nacional, la primera desde que la colonia empezó a asentar los cimientos de una nueva civilización. En realidad, y según la medida del tiempo de este mundo, donde los días tenían la duración de 42 horas terrestres, el planeta habría de girar todavía 1664 veces sobre su eje para completar el viaje anual alrededor del sol. En el planeta Redención, nombre con que le bautizaran los exilados de la Tierra, sólo habían transcurrido 208 días de los 1672 de que se componían sus largos años. Pero los españoles, siempre añorando su mundo de origen, continuaban llevando memoria fiel del tiempo que transcurría allá en el remoto planeta Tierra; tan lejano, que ni siquiera era visible como una puntada de luz con los más potentes telescopios electrónicos desde Redención. En las inconmensurables profundidades del espacio, allá donde debía brillar el Sol con su cortejo de nueve planetas alrededor, la Tierra habría vivido un año más bajo la odiosa opresión de la Bestia Gris. Este aniversario de la arribada de los exilados al nuevo mundo era día de descanso y meditación para los desterrados hijos del mundo viejo. Fidel Aznar, al contemplar desde la galería de su casa la ingente labor desarrollada por la colonia en este espacio de tiempo, veía más allá del presente, en el pasado, la serie de incidentes históricos que habían culminado en el aterrizaje del autoplaneta Rayo sobre este mundo y el desembarco de los 6480 terrestres que iban a fundar una nueva civilización. Fidel, como todos los hombres y mujeres de la colonia que estaban por debajo de los 44 años de edad, jamás había visto ni pisado la costra de su mundo de origen. Cuarenta y cuatro años antes (años en la medida del tiempo terrestre, se entiende), el hermoso planeta Tierra había sido atacado por unas abominables criaturas que, procedentes de un punto desconocido del inmenso Cosmos, se alojaron en el planeta Marte durante el siglo XX. Las naciones de la Tierra, unidas ante el enemigo común que viniera acrecentando su fuerza a lo largo de siete siglos, fueron arrolladas y vencidas por La Bestia Gris alojada en Marte. Sólo existía en todo el mundo una fuerza combatiente capaz de rechazar y aun derrotar a los ejércitos marcianos... si su número no hubiera sido tan reducido. Esta fuerza estaba constituida por el autoplaneta Rayo, máquina interplanetaria de don Miguel Aznar y sus formidables e invictos destruelo res siderales y zapatillas voladoras. El Rayo, esfera de 600 metros de diámetro que encerraba en su interior toda una pequeña ciudad, encontrábase en Madrid al sobrevenir la estrepitosa derrota de las fuerzas aéreas aliadas y la invasión por la Bestia de tierras españolas. En estas horas de suprema angustia, cuando la Humanidad aterrorizada se enfrentaba con un pavoroso porvenir y mientras sobre el cielo de Madrid se libraba la última batalla entre los destrozados restos de las fuerzan aéreas aliadas y las victoriosas escuadras marcianas, don Miguel Ángel Aznar concibió la desesperada idea de salvar de la hecatombe unos cuantos miles de seres —los que cupieran en el Rayo— y llevarlos en busca de un nuevo y lejano mundo donde este mísero resto de la Humanidad pudiera establecerse, reproducirse, prosperar y volver algún día al sistema planetario solar en forma de compacto ejército para liberar a la civilización cautiva de la Bestia Gris.
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Capítulo primero LOS ENSUEÑOS DE FIDEL AZNAR Desde la galería de su bungalow, enclavado en la cumbre del cerro, Fidel Aznar contemplaba los frutos del esfuerzo colectivo de la colonia en sus primeras 8760 horas de febril actividad. Las campanas de la nueva iglesia, la primera construida en este joven, enorme y salvaje mundo, volteaban esparciendo en la tranquila atmósfera de la mañana sus voces de bronce. Celebrábase el primer aniversario de la feliz arribada del autoplaneta Rayo a estas nuevas tierras de promisión, y el día era de fiesta nacional, la primera desde que la colonia empezó a asentar los cimientos de una nueva civilización. En realidad, y según la medida del tiempo de este mundo, donde los días tenían la duración de 42 horas terrestres, el planeta habría de girar todavía 1664 veces sobre su eje para completar el viaje anual alrededor del sol. En el planeta Redención, nombre con que le bautizaran los exilados de la Tierra, sólo habían transcurrido 208 días de los 1672 de que se componían sus largos años. Pero los españoles, siempre añorando su mundo de origen, continuaban llevando memoria fiel del tiempo que transcurría allá en el remoto planeta Tierra; tan lejano, que ni siquiera era visible como una puntada de luz con los más potentes telescopios electrónicos desde Redención. En las inconmensurables profundidades del espacio, allá donde debía brillar el Sol con su cortejo de nueve planetas alrededor, la Tierra habría vivido un año más bajo la odiosa opresión de la Bestia Gris. Este aniversario de la arribada de los exilados al nuevo mundo era día de descanso y meditación para los desterrados hijos del mundo viejo. Fidel Aznar, al contemplar desde la galería de su casa la ingente labor desarrollada por la colonia en este espacio de tiempo, veía más allá del presente, en el pasado, la serie de incidentes históricos que habían culminado en el aterrizaje del autoplaneta Rayo sobre este mundo y el desembarco de los 6480 terrestres que iban a fundar una nueva civilización. Fidel, como todos los hombres y mujeres de la colonia que estaban por debajo de los 44 años de edad, jamás había visto ni pisado la costra de su mundo de origen. Cuarenta y cuatro años antes (años en la medida del tiempo terrestre, se entiende), el hermoso planeta Tierra había sido atacado por unas abominables criaturas que, procedentes de un punto desconocido del inmenso Cosmos, se alojaron en el planeta Marte durante el siglo XX. Las naciones de la Tierra, unidas ante el enemigo común que viniera acrecentando su fuerza a lo largo de siete siglos, fueron arrolladas y vencidas por La Bestia Gris alojada en Marte. Sólo existía en todo el mundo una fuerza combatiente capaz de rechazar y aun derrotar a los ejércitos marcianos... si su número no hubiera sido tan reducido. Esta fuerza estaba constituida por el autoplaneta Rayo, máquina interplanetaria de don Miguel Aznar y sus formidables e invictos destruelo res siderales y zapatillas voladoras. El Rayo, esfera de 600 metros de diámetro que encerraba en su interior toda una pequeña ciudad, encontrábase en Madrid al sobrevenir la estrepitosa derrota de las fuerzas aéreas aliadas y la invasión por la Bestia de tierras españolas. En estas horas de suprema angustia, cuando la Humanidad aterrorizada se enfrentaba con un pavoroso porvenir y mientras sobre el cielo de Madrid se libraba la última batalla entre los destrozados restos de las fuerzan aéreas aliadas y las victoriosas escuadras marcianas, don Miguel Ángel Aznar concibió la desesperada idea de salvar de la hecatombe unos cuantos miles de seres —los que cupieran en el Rayo— y llevarlos en busca de un nuevo y lejano mundo donde este mísero resto de la Humanidad pudiera establecerse, reproducirse, prosperar y volver algún día al sistema planetario solar en forma de compacto ejército para liberar a la civilización cautiva de la Bestia Gris.
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Capítulo primero LOS ENSUEÑOS DE FIDEL AZNAR Desde la galería de su bungalow, enclavado en la cumbre del cerro, Fidel Aznar contemplaba los frutos del esfuerzo colectivo de la colonia en sus primeras 8760 horas de febril actividad. Las campanas de la nueva iglesia, la primera construida en este joven, enorme y salvaje mundo, volteaban esparciendo en la tranquila atmósfera de la mañana sus voces de bronce. Celebrábase el primer aniversario de la feliz arribada del autoplaneta Rayo a estas nuevas tierras de promisión, y el día era de fiesta nacional, la primera desde que la colonia empezó a asentar los cimientos de una nueva civilización. En realidad, y según la medida del tiempo de este mundo, donde los días tenían la duración de 42 horas terrestres, el planeta habría de girar todavía 1664 veces sobre su eje para completar el viaje anual alrededor del sol. En el planeta Redención, nombre con que le bautizaran los exilados de la Tierra, sólo habían transcurrido 208 días de los 1672 de que se componían sus largos años. Pero los españoles, siempre añorando su mundo de origen, continuaban llevando memoria fiel del tiempo que transcurría allá en el remoto planeta Tierra; tan lejano, que ni siquiera era visible como una puntada de luz con los más potentes telescopios electrónicos desde Redención. En las inconmensurables profundidades del espacio, allá donde debía brillar el Sol con su cortejo de nueve planetas alrededor, la Tierra habría vivido un año más bajo la odiosa opresión de la Bestia Gris. Este aniversario de la arribada de los exilados al nuevo mundo era día de descanso y meditación para los desterrados hijos del mundo viejo. Fidel Aznar, al contemplar desde la galería de su casa la ingente labor desarrollada por la colonia en este espacio de tiempo, veía más allá del presente, en el pasado, la serie de incidentes históricos que habían culminado en el aterrizaje del autoplaneta Rayo sobre este mundo y el desembarco de los 6480 terrestres que iban a fundar una nueva civilización. Fidel, como todos los hombres y mujeres de la colonia que estaban por debajo de los 44 años de edad, jamás había visto ni pisado la costra de su mundo de origen. Cuarenta y cuatro años antes (años en la medida del tiempo terrestre, se entiende), el hermoso planeta Tierra había sido atacado por unas abominables criaturas que, procedentes de un punto desconocido del inmenso Cosmos, se alojaron en el planeta Marte durante el siglo XX. Las naciones de la Tierra, unidas ante el enemigo común que viniera acrecentando su fuerza a lo largo de siete siglos, fueron arrolladas y vencidas por La Bestia Gris alojada en Marte. Sólo existía en todo el mundo una fuerza combatiente capaz de rechazar y aun derrotar a los ejércitos marcianos... si su número no hubiera sido tan reducido. Esta fuerza estaba constituida por el autoplaneta Rayo, máquina interplanetaria de don Miguel Aznar y sus formidables e invictos destruelo res siderales y zapatillas voladoras. El Rayo, esfera de 600 metros de diámetro que encerraba en su interior toda una pequeña ciudad, encontrábase en Madrid al sobrevenir la estrepitosa derrota de las fuerzas aéreas aliadas y la invasión por la Bestia de tierras españolas. En estas horas de suprema angustia, cuando la Humanidad aterrorizada se enfrentaba con un pavoroso porvenir y mientras sobre el cielo de Madrid se libraba la última batalla entre los destrozados restos de las fuerzan aéreas aliadas y las victoriosas escuadras marcianas, don Miguel Ángel Aznar concibió la desesperada idea de salvar de la hecatombe unos cuantos miles de seres —los que cupieran en el Rayo— y llevarlos en busca de un nuevo y lejano mundo donde este mísero resto de la Humanidad pudiera establecerse, reproducirse, prosperar y volver algún día al sistema planetario solar en forma de compacto ejército para liberar a la civilización cautiva de la Bestia Gris.
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Capítulo primero LOS ENSUEÑOS DE FIDEL AZNAR Desde la galería de su bungalow, enclavado en la cumbre del cerro, Fidel Aznar contemplaba los frutos del esfuerzo colectivo de la colonia en sus primeras 8760 horas de febril actividad. Las campanas de la nueva iglesia, la primera construida en este joven, enorme y salvaje mundo, volteaban esparciendo en la tranquila atmósfera de la mañana sus voces de bronce. Celebrábase el primer aniversario de la feliz arribada del autoplaneta Rayo a estas nuevas tierras de promisión, y el día era de fiesta nacional, la primera desde que la colonia empezó a asentar los cimientos de una nueva civilización. En realidad, y según la medida del tiempo de este mundo, donde los días tenían la duración de 42 horas terrestres, el planeta habría de girar todavía 1664 veces sobre su eje para completar el viaje anual alrededor del sol. En el planeta Redención, nombre con que le bautizaran los exilados de la Tierra, sólo habían transcurrido 208 días de los 1672 de que se componían sus largos años. Pero los españoles, siempre añorando su mundo de origen, continuaban llevando memoria fiel del tiempo que transcurría allá en el remoto planeta Tierra; tan lejano, que ni siquiera era visible como una puntada de luz con los más potentes telescopios electrónicos desde Redención. En las inconmensurables profundidades del espacio, allá donde debía brillar el Sol con su cortejo de nueve planetas alrededor, la Tierra habría vivido un año más bajo la odiosa opresión de la Bestia Gris. Este aniversario de la arribada de los exilados al nuevo mundo era día de descanso y meditación para los desterrados hijos del mundo viejo. Fidel Aznar, al contemplar desde la galería de su casa la ingente labor desarrollada por la colonia en este espacio de tiempo, veía más allá del presente, en el pasado, la serie de incidentes históricos que habían culminado en el aterrizaje del autoplaneta Rayo sobre este mundo y el desembarco de los 6480 terrestres que iban a fundar una nueva civilización. Fidel, como todos los hombres y mujeres de la colonia que estaban por debajo de los 44 años de edad, jamás había visto ni pisado la costra de su mundo de origen. Cuarenta y cuatro años antes (años en la medida del tiempo terrestre, se entiende), el hermoso planeta Tierra había sido atacado por unas abominables criaturas que, procedentes de un punto desconocido del inmenso Cosmos, se alojaron en el planeta Marte durante el siglo XX. Las naciones de la Tierra, unidas ante el enemigo común que viniera acrecentando su fuerza a lo largo de siete siglos, fueron arrolladas y vencidas por La Bestia Gris alojada en Marte. Sólo existía en todo el mundo una fuerza combatiente capaz de rechazar y aun derrotar a los ejércitos marcianos... si su número no hubiera sido tan reducido. Esta fuerza estaba constituida por el autoplaneta Rayo, máquina interplanetaria de don Miguel Aznar y sus formidables e invictos destruelo res siderales y zapatillas voladoras. El Rayo, esfera de 600 metros de diámetro que encerraba en su interior toda una pequeña ciudad, encontrábase en Madrid al sobrevenir la estrepitosa derrota de las fuerzas aéreas aliadas y la invasión por la Bestia de tierras españolas. En estas horas de suprema angustia, cuando la Humanidad aterrorizada se enfrentaba con un pavoroso porvenir y mientras sobre el cielo de Madrid se libraba la última batalla entre los destrozados restos de las fuerzan aéreas aliadas y las victoriosas escuadras marcianas, don Miguel Ángel Aznar concibió la desesperada idea de salvar de la hecatombe unos cuantos miles de seres —los que cupieran en el Rayo— y llevarlos en busca de un nuevo y lejano mundo donde este mísero resto de la Humanidad pudiera establecerse, reproducirse, prosperar y volver algún día al sistema planetario solar en forma de compacto ejército para liberar a la civilización cautiva de la Bestia Gris.
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Capítulo primero LOS ENSUEÑOS DE FIDEL AZNAR Desde la galería de su bungalow, enclavado en la cumbre del cerro, Fidel Aznar contemplaba los frutos del esfuerzo colectivo de la colonia en sus primeras 8760 horas de febril actividad. Las campanas de la nueva iglesia, la primera construida en este joven, enorme y salvaje mundo, volteaban esparciendo en la tranquila atmósfera de la mañana sus voces de bronce. Celebrábase el primer aniversario de la feliz arribada del autoplaneta Rayo a estas nuevas tierras de promisión, y el día era de fiesta nacional, la primera desde que la colonia empezó a asentar los cimientos de una nueva civilización. En realidad, y según la medida del tiempo de este mundo, donde los días tenían la duración de 42 horas terrestres, el planeta habría de girar todavía 1664 veces sobre su eje para completar el viaje anual alrededor del sol. En el planeta Redención, nombre con que le bautizaran los exilados de la Tierra, sólo habían transcurrido 208 días de los 1672 de que se componían sus largos años. Pero los españoles, siempre añorando su mundo de origen, continuaban llevando memoria fiel del tiempo que transcurría allá en el remoto planeta Tierra; tan lejano, que ni siquiera era visible como una puntada de luz con los más potentes telescopios electrónicos desde Redención. En las inconmensurables profundidades del espacio, allá donde debía brillar el Sol con su cortejo de nueve planetas alrededor, la Tierra habría vivido un año más bajo la odiosa opresión de la Bestia Gris. Este aniversario de la arribada de los exilados al nuevo mundo era día de descanso y meditación para los desterrados hijos del mundo viejo. Fidel Aznar, al contemplar desde la galería de su casa la ingente labor desarrollada por la colonia en este espacio de tiempo, veía más allá del presente, en el pasado, la serie de incidentes históricos que habían culminado en el aterrizaje del autoplaneta Rayo sobre este mundo y el desembarco de los 6480 terrestres que iban a fundar una nueva civilización. Fidel, como todos los hombres y mujeres de la colonia que estaban por debajo de los 44 años de edad, jamás había visto ni pisado la costra de su mundo de origen. Cuarenta y cuatro años antes (años en la medida del tiempo terrestre, se entiende), el hermoso planeta Tierra había sido atacado por unas abominables criaturas que, procedentes de un punto desconocido del inmenso Cosmos, se alojaron en el planeta Marte durante el siglo XX. Las naciones de la Tierra, unidas ante el enemigo común que viniera acrecentando su fuerza a lo largo de siete siglos, fueron arrolladas y vencidas por La Bestia Gris alojada en Marte. Sólo existía en todo el mundo una fuerza combatiente capaz de rechazar y aun derrotar a los ejércitos marcianos... si su número no hubiera sido tan reducido. Esta fuerza estaba constituida por el autoplaneta Rayo, máquina interplanetaria de don Miguel Aznar y sus formidables e invictos destruelo res siderales y zapatillas voladoras. El Rayo, esfera de 600 metros de diámetro que encerraba en su interior toda una pequeña ciudad, encontrábase en Madrid al sobrevenir la estrepitosa derrota de las fuerzas aéreas aliadas y la invasión por la Bestia de tierras españolas. En estas horas de suprema angustia, cuando la Humanidad aterrorizada se enfrentaba con un pavoroso porvenir y mientras sobre el cielo de Madrid se libraba la última batalla entre los destrozados restos de las fuerzan aéreas aliadas y las victoriosas escuadras marcianas, don Miguel Ángel Aznar concibió la desesperada idea de salvar de la hecatombe unos cuantos miles de seres —los que cupieran en el Rayo— y llevarlos en busca de un nuevo y lejano mundo donde este mísero resto de la Humanidad pudiera establecerse, reproducirse, prosperar y volver algún día al sistema planetario solar en forma de compacto ejército para liberar a la civilización cautiva de la Bestia Gris.
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Capítulo primero LOS ENSUEÑOS DE FIDEL AZNAR Desde la galería de su bungalow, enclavado en la cumbre del cerro, Fidel Aznar contemplaba los frutos del esfuerzo colectivo de la colonia en sus primeras 8760 horas de febril actividad. Las campanas de la nueva iglesia, la primera construida en este joven, enorme y salvaje mundo, volteaban esparciendo en la tranquila atmósfera de la mañana sus voces de bronce. Celebrábase el primer aniversario de la feliz arribada del autoplaneta Rayo a estas nuevas tierras de promisión, y el día era de fiesta nacional, la primera desde que la colonia empezó a asentar los cimientos de una nueva civilización. En realidad, y según la medida del tiempo de este mundo, donde los días tenían la duración de 42 horas terrestres, el planeta habría de girar todavía 1664 veces sobre su eje para completar el viaje anual alrededor del sol. En el planeta Redención, nombre con que le bautizaran los exilados de la Tierra, sólo habían transcurrido 208 días de los 1672 de que se componían sus largos años. Pero los españoles, siempre añorando su mundo de origen, continuaban llevando memoria fiel del tiempo que transcurría allá en el remoto planeta Tierra; tan lejano, que ni siquiera era visible como una puntada de luz con los más potentes telescopios electrónicos desde Redención. En las inconmensurables profundidades del espacio, allá donde debía brillar el Sol con su cortejo de nueve planetas alrededor, la Tierra habría vivido un año más bajo la odiosa opresión de la Bestia Gris. Este aniversario de la arribada de los exilados al nuevo mundo era día de descanso y meditación para los desterrados hijos del mundo viejo. Fidel Aznar, al contemplar desde la galería de su casa la ingente labor desarrollada por la colonia en este espacio de tiempo, veía más allá del presente, en el pasado, la serie de incidentes históricos que habían culminado en el aterrizaje del autoplaneta Rayo sobre este mundo y el desembarco de los 6480 terrestres que iban a fundar una nueva civilización. Fidel, como todos los hombres y mujeres de la colonia que estaban por debajo de los 44 años de edad, jamás había visto ni pisado la costra de su mundo de origen. Cuarenta y cuatro años antes (años en la medida del tiempo terrestre, se entiende), el hermoso planeta Tierra había sido atacado por unas abominables criaturas que, procedentes de un punto desconocido del inmenso Cosmos, se alojaron en el planeta Marte durante el siglo XX. Las naciones de la Tierra, unidas ante el enemigo común que viniera acrecentando su fuerza a lo largo de siete siglos, fueron arrolladas y vencidas por La Bestia Gris alojada en Marte. Sólo existía en todo el mundo una fuerza combatiente capaz de rechazar y aun derrotar a los ejércitos marcianos... si su número no hubiera sido tan reducido. Esta fuerza estaba constituida por el autoplaneta Rayo, máquina interplanetaria de don Miguel Aznar y sus formidables e invictos destruelo res siderales y zapatillas voladoras. El Rayo, esfera de 600 metros de diámetro que encerraba en su interior toda una pequeña ciudad, encontrábase en Madrid al sobrevenir la estrepitosa derrota de las fuerzas aéreas aliadas y la invasión por la Bestia de tierras españolas. En estas horas de suprema angustia, cuando la Humanidad aterrorizada se enfrentaba con un pavoroso porvenir y mientras sobre el cielo de Madrid se libraba la última batalla entre los destrozados restos de las fuerzan aéreas aliadas y las victoriosas escuadras marcianas, don Miguel Ángel Aznar concibió la desesperada idea de salvar de la hecatombe unos cuantos miles de seres —los que cupieran en el Rayo— y llevarlos en busca de un nuevo y lejano mundo donde este mísero resto de la Humanidad pudiera establecerse, reproducirse, prosperar y volver algún día al sistema planetario solar en forma de compacto ejército para liberar a la civilización cautiva de la Bestia Gris.
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Capítulo primero LOS ENSUEÑOS DE FIDEL AZNAR Desde la galería de su bungalow, enclavado en la cumbre del cerro, Fidel Aznar contemplaba los frutos del esfuerzo colectivo de la colonia en sus primeras 8760 horas de febril actividad. Las campanas de la nueva iglesia, la primera construida en este joven, enorme y salvaje mundo, volteaban esparciendo en la tranquila atmósfera de la mañana sus voces de bronce. Celebrábase el primer aniversario de la feliz arribada del autoplaneta Rayo a estas nuevas tierras de promisión, y el día era de fiesta nacional, la primera desde que la colonia empezó a asentar los cimientos de una nueva civilización. En realidad, y según la medida del tiempo de este mundo, donde los días tenían la duración de 42 horas terrestres, el planeta habría de girar todavía 1664 veces sobre su eje para completar el viaje anual alrededor del sol. En el planeta Redención, nombre con que le bautizaran los exilados de la Tierra, sólo habían transcurrido 208 días de los 1672 de que se componían sus largos años. Pero los españoles, siempre añorando su mundo de origen, continuaban llevando memoria fiel del tiempo que transcurría allá en el remoto planeta Tierra; tan lejano, que ni siquiera era visible como una puntada de luz con los más potentes telescopios electrónicos desde Redención. En las inconmensurables profundidades del espacio, allá donde debía brillar el Sol con su cortejo de nueve planetas alrededor, la Tierra habría vivido un año más bajo la odiosa opresión de la Bestia Gris. Este aniversario de la arribada de los exilados al nuevo mundo era día de descanso y meditación para los desterrados hijos del mundo viejo. Fidel Aznar, al contemplar desde la galería de su casa la ingente labor desarrollada por la colonia en este espacio de tiempo, veía más allá del presente, en el pasado, la serie de incidentes históricos que habían culminado en el aterrizaje del autoplaneta Rayo sobre este mundo y el desembarco de los 6480 terrestres que iban a fundar una nueva civilización. Fidel, como todos los hombres y mujeres de la colonia que estaban por debajo de los 44 años de edad, jamás había visto ni pisado la costra de su mundo de origen. Cuarenta y cuatro años antes (años en la medida del tiempo terrestre, se entiende), el hermoso planeta Tierra había sido atacado por unas abominables criaturas que, procedentes de un punto desconocido del inmenso Cosmos, se alojaron en el planeta Marte durante el siglo XX. Las naciones de la Tierra, unidas ante el enemigo común que viniera acrecentando su fuerza a lo largo de siete siglos, fueron arrolladas y vencidas por La Bestia Gris alojada en Marte. Sólo existía en todo el mundo una fuerza combatiente capaz de rechazar y aun derrotar a los ejércitos marcianos... si su número no hubiera sido tan reducido. Esta fuerza estaba constituida por el autoplaneta Rayo, máquina interplanetaria de don Miguel Aznar y sus formidables e invictos destruelo res siderales y zapatillas voladoras. El Rayo, esfera de 600 metros de diámetro que encerraba en su interior toda una pequeña ciudad, encontrábase en Madrid al sobrevenir la estrepitosa derrota de las fuerzas aéreas aliadas y la invasión por la Bestia de tierras españolas. En estas horas de suprema angustia, cuando la Humanidad aterrorizada se enfrentaba con un pavoroso porvenir y mientras sobre el cielo de Madrid se libraba la última batalla entre los destrozados restos de las fuerzan aéreas aliadas y las victoriosas escuadras marcianas, don Miguel Ángel Aznar concibió la desesperada idea de salvar de la hecatombe unos cuantos miles de seres —los que cupieran en el Rayo— y llevarlos en busca de un nuevo y lejano mundo donde este mísero resto de la Humanidad pudiera establecerse, reproducirse, prosperar y volver algún día al sistema planetario solar en forma de compacto ejército para liberar a la civilización cautiva de la Bestia Gris.
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Capítulo primero LOS ENSUEÑOS DE FIDEL AZNAR Desde la galería de su bungalow, enclavado en la cumbre del cerro, Fidel Aznar contemplaba los frutos del esfuerzo colectivo de la colonia en sus primeras 8760 horas de febril actividad. Las campanas de la nueva iglesia, la primera construida en este joven, enorme y salvaje mundo, volteaban esparciendo en la tranquila atmósfera de la mañana sus voces de bronce. Celebrábase el primer aniversario de la feliz arribada del autoplaneta Rayo a estas nuevas tierras de promisión, y el día era de fiesta nacional, la primera desde que la colonia empezó a asentar los cimientos de una nueva civilización. En realidad, y según la medida del tiempo de este mundo, donde los días tenían la duración de 42 horas terrestres, el planeta habría de girar todavía 1664 veces sobre su eje para completar el viaje anual alrededor del sol. En el planeta Redención, nombre con que le bautizaran los exilados de la Tierra, sólo habían transcurrido 208 días de los 1672 de que se componían sus largos años. Pero los españoles, siempre añorando su mundo de origen, continuaban llevando memoria fiel del tiempo que transcurría allá en el remoto planeta Tierra; tan lejano, que ni siquiera era visible como una puntada de luz con los más potentes telescopios electrónicos desde Redención. En las inconmensurables profundidades del espacio, allá donde debía brillar el Sol con su cortejo de nueve planetas alrededor, la Tierra habría vivido un año más bajo la odiosa opresión de la Bestia Gris. Este aniversario de la arribada de los exilados al nuevo mundo era día de descanso y meditación para los desterrados hijos del mundo viejo. Fidel Aznar, al contemplar desde la galería de su casa la ingente labor desarrollada por la colonia en este espacio de tiempo, veía más allá del presente, en el pasado, la serie de incidentes históricos que habían culminado en el aterrizaje del autoplaneta Rayo sobre este mundo y el desembarco de los 6480 terrestres que iban a fundar una nueva civilización. Fidel, como todos los hombres y mujeres de la colonia que estaban por debajo de los 44 años de edad, jamás había visto ni pisado la costra de su mundo de origen. Cuarenta y cuatro años antes (años en la medida del tiempo terrestre, se entiende), el hermoso planeta Tierra había sido atacado por unas abominables criaturas que, procedentes de un punto desconocido del inmenso Cosmos, se alojaron en el planeta Marte durante el siglo XX. Las naciones de la Tierra, unidas ante el enemigo común que viniera acrecentando su fuerza a lo largo de siete siglos, fueron arrolladas y vencidas por La Bestia Gris alojada en Marte. Sólo existía en todo el mundo una fuerza combatiente capaz de rechazar y aun derrotar a los ejércitos marcianos... si su número no hubiera sido tan reducido. Esta fuerza estaba constituida por el autoplaneta Rayo, máquina interplanetaria de don Miguel Aznar y sus formidables e invictos destruelo res siderales y zapatillas voladoras. El Rayo, esfera de 600 metros de diámetro que encerraba en su interior toda una pequeña ciudad, encontrábase en Madrid al sobrevenir la estrepitosa derrota de las fuerzas aéreas aliadas y la invasión por la Bestia de tierras españolas. En estas horas de suprema angustia, cuando la Humanidad aterrorizada se enfrentaba con un pavoroso porvenir y mientras sobre el cielo de Madrid se libraba la última batalla entre los destrozados restos de las fuerzan aéreas aliadas y las victoriosas escuadras marcianas, don Miguel Ángel Aznar concibió la desesperada idea de salvar de la hecatombe unos cuantos miles de seres —los que cupieran en el Rayo— y llevarlos en busca de un nuevo y lejano mundo donde este mísero resto de la Humanidad pudiera establecerse, reproducirse, prosperar y volver algún día al sistema planetario solar en forma de compacto ejército para liberar a la civilización cautiva de la Bestia Gris.
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09 aznar 02

Capítulo primero LOS ENSUEÑOS DE FIDEL AZNAR Desde la galería de su bungalow, enclavado en la cumbre del cerro, Fidel Aznar contemplaba los frutos del esfuerzo colectivo de la colonia en sus primeras 8760 horas de febril actividad. Las campanas de la nueva iglesia, la primera construida en este joven, enorme y salvaje mundo, volteaban esparciendo en la tranquila atmósfera de la mañana sus voces de bronce. Celebrábase el primer aniversario de la feliz arribada del autoplaneta Rayo a estas nuevas tierras de promisión, y el día era de fiesta nacional, la primera desde que la colonia empezó a asentar los cimientos de una nueva civilización. En realidad, y según la medida del tiempo de este mundo, donde los días tenían la duración de 42 horas terrestres, el planeta habría de girar todavía 1664 veces sobre su eje para completar el viaje anual alrededor del sol. En el planeta Redención, nombre con que le bautizaran los exilados de la Tierra, sólo habían transcurrido 208 días de los 1672 de que se componían sus largos años. Pero los españoles, siempre añorando su mundo de origen, continuaban llevando memoria fiel del tiempo que transcurría allá en el remoto planeta Tierra; tan lejano, que ni siquiera era visible como una puntada de luz con los más potentes telescopios electrónicos desde Redención. En las inconmensurables profundidades del espacio, allá donde debía brillar el Sol con su cortejo de nueve planetas alrededor, la Tierra habría vivido un año más bajo la odiosa opresión de la Bestia Gris. Este aniversario de la arribada de los exilados al nuevo mundo era día de descanso y meditación para los desterrados hijos del mundo viejo. Fidel Aznar, al contemplar desde la galería de su casa la ingente labor desarrollada por la colonia en este espacio de tiempo, veía más allá del presente, en el pasado, la serie de incidentes históricos que habían culminado en el aterrizaje del autoplaneta Rayo sobre este mundo y el desembarco de los 6480 terrestres que iban a fundar una nueva civilización. Fidel, como todos los hombres y mujeres de la colonia que estaban por debajo de los 44 años de edad, jamás había visto ni pisado la costra de su mundo de origen. Cuarenta y cuatro años antes (años en la medida del tiempo terrestre, se entiende), el hermoso planeta Tierra había sido atacado por unas abominables criaturas que, procedentes de un punto desconocido del inmenso Cosmos, se alojaron en el planeta Marte durante el siglo XX. Las naciones de la Tierra, unidas ante el enemigo común que viniera acrecentando su fuerza a lo largo de siete siglos, fueron arrolladas y vencidas por La Bestia Gris alojada en Marte. Sólo existía en todo el mundo una fuerza combatiente capaz de rechazar y aun derrotar a los ejércitos marcianos... si su número no hubiera sido tan reducido. Esta fuerza estaba constituida por el autoplaneta Rayo, máquina interplanetaria de don Miguel Aznar y sus formidables e invictos destruelo res siderales y zapatillas voladoras. El Rayo, esfera de 600 metros de diámetro que encerraba en su interior toda una pequeña ciudad, encontrábase en Madrid al sobrevenir la estrepitosa derrota de las fuerzas aéreas aliadas y la invasión por la Bestia de tierras españolas. En estas horas de suprema angustia, cuando la Humanidad aterrorizada se enfrentaba con un pavoroso porvenir y mientras sobre el cielo de Madrid se libraba la última batalla entre los destrozados restos de las fuerzan aéreas aliadas y las victoriosas escuadras marcianas, don Miguel Ángel Aznar concibió la desesperada idea de salvar de la hecatombe unos cuantos miles de seres —los que cupieran en el Rayo— y llevarlos en busca de un nuevo y lejano mundo donde este mísero resto de la Humanidad pudiera establecerse, reproducirse, prosperar y volver algún día al sistema planetario solar en forma de compacto ejército para liberar a la civilización cautiva de la Bestia Gris.
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15 FUNDACION Y TIERRA Ciclo de la Fundacion.- Ciclo de Trantor. Es el quinto relato en el que Golan Trevize no se siente conforme con su decisión y junto con dos compañeros, el doctor Pelorat y la joven Bliss parten en busca de un misterioso planeta, hundido en las neblinas de la mitología, llamado Tierra. Updated
11 FUNDACION 11 - Fundacion.- Tercera novela del Ciclo de Trantor y primera de las Trilogia de la Fundacion. Tal y como habia pensado Harry Seldon, la primera fundacion ya ha sido creada y se expande por toda la galaxia, a la misma vez que intenta salvaguarda los conocimientos del antiguo Imperio Galactico ya desaparecido. La Fundacion trata de que todo el conocimiento de la humanidad no se pierda en los años de barbarie que estan llegando despues de la desaparicion del imperio. Pero con su expansion encontrara los restos del antiguo imperio. Las apariciones del difunto Harry Seldon van desvelando el plan de los psicohistoriadores para mantener en pie a la humanidad, pero pueden aparecer factores imprevisibles que amenacen todo este plan. Updated
05 ROBOTS E IMPERIO Robots e imperio.- Isaac Asimov. Es la ultima novela de la serie de los robots - Ciclo de la Tierra - En esta novela, el detective terreste Elija Baley ya ha muerto. Los terrestres han empezado a colonizar los mundos. Los espacianos estan casi vencidos. Pero existe un gran peligro y su colega R. Daneel junto con un nuevo compañero Giskard deben evitar este peligro. Updated
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38 PUENTE DE MANDO PUENTE DE MANDO narra la guerra entre valeranos y sadritas en la superficie de la Tierra después de los fulgurantes éxitos iniciales en el espacio, la cual para desesperación de los generales valeranos se muestra estancada e incluso desfavorable para las armas humanas sin que ninguno de los responsables conozca la razón Puesto que los sadritas siempre han sorprendido a sus rivales con armas nuevas (conviene no olvidar que ellos fueron los inventores de la luz sólida), cabe pensar que en los miles de años transcurridos desde la última visita de Valera bien pueden haber desarrollado otra invención diabólica capaz de traer en jaque a las armas humanas Updated
33 UNIVERSO REMOTO comienza esta novela casi trescientos años después de que Valera consiguiera la independencia del gobierno de Redención, tiempo que ha invertido en una marcha a través del universo en busca de la fuente de unas misteriosas señales de radio que han llegado hasta él. El protagonista principal será Miguel Ángel Aznar, el mismo que dirigiera la lucha contra los redentores, que hastiado de la incomprensión de sus conciudadanos una vez lograda la independencia (los Aznar eran entonces muy mal vistos en el planetillo) había solicitado ser hibernado mientras Valera no alcanzara su destino.Pero Valera lo ha alcanzado ya, por lo que Miguel Ángel Aznar es resucitado de su letargo secular. Updated
53 GUERRA DE AUTOPLANETAS A su llegada al circumplaneta Valera no se encuentra con el autoplaneta thorbod, ya que hace mucho que éste ha partido en dirección a la Tierra. De este modo Valera no encuentra enemigo en la flota thorbod destacada en Atolón, a la que arrasa con toda facilidad en apenas dos meses de campaña tal como nos describe el autor al inicio de la novela sin pararse en describir menores detalles. Updated
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