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#2. Los disléxicos
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#2. Los disléxicos

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#13. Bebiéndonos I

¡Hola, hola! Bienvenidos al decimotercer episodio de “Cadena de palabras: etimologías del día a día”, el podcast en el que comparto curiosidades acerca del origen de algunas palabras. Supongo que habéis notado que hemos cambiado la sintonía de cabecera. Espero que el sonido de este ukelele negro os guste tanto como me gusta a mí. Ahora que la primavera ha llegado, que los días se alargan y que nos empieza a apetecer salir a tomarnos alguna bebida refrescante, quisiera hablaros precisamente de eso, de bebidas. Todos deberíamos saber ya que se estima que un 96 % de nuestro organismo se compone por 4 elementos químicos: oxígeno, carbono, hidrógeno y nitrógeno, mayoritariamente en forma de agua. Pero, ¿de dónde viene la palabra agua? La voz en castellano agua viene del latín acqua, que tiene el mismo significado. De esta palabra podéis encontrar cientos de derivados: acuarela, acuario, aguada, etc… Aqua se origina a partir de la raíz indoeuropea akwa, que también significaba agua. Como podréis intuir, no todos los idiomas ha cogido esa raíz como base para formar esta palabra. Existe otra raíz indoeuropea, wed– que significa mojado, húmedo. De ahí evolucionó al griego dando la voz idro y aparecieron palabras como hídrico, hidrofobia, anhídrido, etc. Es también de esta raíz wed- de donde beben (guiño-codazo-codazo) el germánico y el eslavo para crear water (en inglés) y Wasser (en alemán). Queda claro que el agua es una bebida básica para la vida. Sobre todo cuando se macera con cebada para crear cerveza. Esta palabra, cerveza, es una evolución de cervisia  y de cerevisia que derivan, a su vez, del nombre de la diosa Ceres y de sus productos asociados “cerealia”. Conviene recordar aquí que en la mitología romana, Ceres era la diosa de la agricultura, las cosechas y la fecundidad. Su equivalente en la mitología griega era Deméter. Una curiosidad muy interesante: Ceres debe su nombre a la raíz protoindoeuropea ker-, de la que se salieron palabras como crecer y creer. Algunas personas afirman que en el vino se encuentra la verdad. Yo, además, digo que en la “cerveza, creo.” Hay una empresa que se dedica a hacer cervezas artesanales, llamada “El Oso y el Cuervo” que hace una cerveza roja llamada “Sangre de Ceres” que está riquísima. Buscadlos en internet y ya veréis, ya. Querría explicar también el origen de la palabra vino pero es todo un misterio. Sabemos, a ciencia cierta, que deriva del latín vinum pero buscar de dónde proviene esta raíz es harto complicado. Aludiendo a la arqueología de la expansión viticultora queda totalmente descartado que provenga de la palabra griega óinos, ya que el vino, producto de la uva fermentada, es desconocido en el mundo indoeuropeo y se expande a éste a partir de Oriente. Si tuviera que apostar me inclinaría por hacerlo a la palabra hebrea yáin, o a alguna derivación semítica como el árabe waynah (uva negra), pero tampoco tendría todas las de ganar. Vamos a dejarnos de tonterías y a tomar un poco de una de mis bebidas favoritas. Los que me conocéis lo habéis acertado, vamos a por una ronda de tequilas. Viene del náhualt (el idioma de los méxicas, conocidos como aztecas o nahuas). Etimológicamente se refiere al lugar donde se efectúan cierto tipo de labores. Téquilt significa trabajo, empleo y tlan, lugar. Sin duda alguna, trabajar en tiempos de los aztecas debía ser durísimo, si tenemos en cuenta que se mamaban con tequila para sobrellevarlo mejor. Vaya bacanal que nos hemos montado entre tanta bebida alcohólica… Bacanal hace referencia a las fiestas que los antiguos romanos organizaban en honor al dios Baco. No obstante, no existen referencias que indiquen que en esa festividad el vino corriera como balón cuesta abajo, sino que se celebraban concursos de coros femeninos, se comían dulces elaborados por las ancianas, los que llegaban a su mayoría de edad hacían ofrendas a los dioses y vestían, por primera vez, su toga viril. Una suerte de verbena de pueblo. Y hasta aquí el episodio de hoy. Espero que este breve paseo por la etimología os haya resultado interesante y haya despertado  también vuestra curiosidad por indagar en nuestra lengua. No olvidéis dejar vuestros comentarios o sugerencias en la valoración de este podcast.
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#12. Arabia

¡Hola, hola! Bienvenidos al duodécimo episodio de “Cadena de palabras: etimologías del día a día”, el podcast en el que comparto curiosidades acerca del origen de algunas palabras. Ya habéis sido varios los que habéis comentado que me estoy poniendo un poco pesadito con el griego antiguo y cómo este idioma dio significado a muchas de las palabras que conocemos a día de hoy. Llevaba un tiempo pensando en sacarme de la manga un programa dedicado a palabras provenientes del árabe y creo que hoy es el día indicado. Pero aprendamos primero, claro, de dónde viene esta palabra. Como todos sabréis el árabe es una lengua afroasiática. Esta palabra, árabe, proviene del término latino arabus. ¿Y sabéis de dónde deriva este vocablo? Efectivamente, lo habéis acertado: viene del griego araps. Los griegos, a su vez, tomaron la voz arabu de la antigua lengua mesopotámica akkab. Arabu quiere decir desierto. De esta palabra nos vienen también términos como Arabia, arábigo, arabio, arabesco y mozárabe. Se me hace muy complicado elegir, de entre las más de 4000 que provienen del árabe, palabras para explicar su etimología, por lo que creo que esta vez explicaré algunas de mis palabras favoritas. Una de ellas es alacrán, proveniente de al-aqrab, formada por el prefijo al– (que hace las veces del artículo determinado “el” o “la”) y el término aqrab (escorpión). Parece que esta explicación etimológica tiene poco recorrido pero no es así. El árabe aqrab viene de una raíz compuesta por cuatro consonantes común a lenguas semíticas desde hace más de 4000 años. Así aparece en el hebreo antiguo, en el arameo antiguo y en el siriaco, siempre con el significado de “escorpión”. Desde que somos pequeños, al menos en el sur, nos dejan bien claro que casi todas las palabras que comienzan por al- provienen del árabe, pero no sólo las palabras que empiezan con ese prefijo tienen esa procedencia. Otra de las palabras que más me gustan es serendipia, aceptada por la Real Academia de la Lengua Española en el año 2014 bajo la acepción: “Hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual”. Por poner una frase de ejemplo: descubrirte fue una serendipia. Esta palabra se creó por el escritor inglés Walpole en 1754 basándose en un antiguo cuento persa llamado “Los tres príncipes de Serendip”, <CONTIENE SPOILER> en el que las decisiones de los príncipes tuvieron un final tan insospechado como feliz. Serendip es el antiguo nombre de la actual Sri Lanka y deriva del árabe Sarandib. Este, a su vez, proviene del sánscrito Simhaladvipa, que significaba “la isla de los leones.” Otra de las palabras provenientes del árabe que más me gustan es tara, palabra que hace referencia al peso. En su primera acepción, designa al peso del continente de una mercancía o género, vehículo, caja, vasija, etc… que se rebaja en la pesada total con el contenido. El término proviene del árabe tarha que significa “lo que se quita”, “lo que se descuenta” y deriva del verbo taraha, tirar, restar. En primer lugar hacía referencia al embalaje, luego a la partida en peso o calidad de una mercancía, al vicio o al defecto de peso. Por extensión pasó a referirse a un “defecto físico o psíquico, por lo común importante y de carácter hereditario.” Espero que os haya resultado interesante y haber despertado en alguno de vosotros curiosidad sobre la etimología. No olvidéis dejar vuestros comentarios y sugerencias en la valoración de este podcast.
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#11. Refugiándonos

¡Hola, hola! Bienvenidos al undécimo episodio de “Cadena de palabras: etimologías del día a día”, el podcast en el que comparto curiosidades acerca del origen de algunas palabras. Por desgracia, desde hace unos meses en España y unos años en Grecia, hay palabras que se han vuelto de uso obligado a diario, tanto en conversaciones personales como en la prensa. Dejad que explique en este episodio la etimología de alguna de ellas. La palabra refugio es un cultismo procedente del latín refugium, formada por el prefijo re- (de nuevo hacia atrás) y el verbo fugare (huir, espantar). El significado etimológico de esta palabra sería, pues, huir hacia irás (si hablamos del verbo transitivo) o el lugar protegido al que uno se retira en retroceso (si hablamos del sustantivo). Un refugiado es, pues, la persona que busca refugio, la persona que huye hacia atrás. La persona espantada. El verbo fugio, también responsable de palabras como fugitivo, fuga, subterfugio, centrífugo, etc… deriva del verbo griego fefro, salir. En la actualidad este verbo ha cambiado la ro por gamma, leyéndose fefgo, salir. Al igual que en latín, la unión de este verbo con el prefijo pros, hacia algún sitio, da lugar a la palabra prósfugo, que es como se dice refugiado en el idioma heleno. De este término antiguo, y como habréis podido intuir, deriva la actual palabra en castellano prófugo, dicho de una persona que anda huyendo. Para no confundir términos, creo que se hace necesaria una explicación etimológica de la palabra inmigrante, formada por raíces latinas. Sus componentes léxicos serían el prefijo latino in– (dentro, hacia dentro), el verbo migrare (cambiar de residencia, moverse) y el sufijo -nte, que se usa para indicar el agente de la acción. Su significado, precioso, “el que salió de un lugar para establecerse en otro.” No me agradan las personas que se comportan con cualquier otra, inmigrante, refugiado o no, con vileza, con arrogancia. Arrogante deriva del verbo latino arrogare, formado a su vez por el prefijo a– y el verbo rogare, rogar. Podríamos pensar que arrogante significaría, pues, “persona que no ruega favores a nadie” pero estaríamos muy equivocados. Esta confusión vendría dada porque la palabra originaria de la que proviene arrogante es latina y no griega. El prefijo a- significa en griego “no” (como en alexia). Sin embargo en latín es totalmente lo contrario y a- quiere decir cerca o hacia. De ahí que arrogare en latín signifique apropiarse. Arrogante sería, pues, alguien que toma (sin que se lo den) honores o alguien que exagera sus facultades mentales. Si como yo consideras que tanto nuestros políticos como los turcos son unos delincuentes y unos farsantes por cómo están tratando a las personas que huyen de sus países buscando sólo vivir, te recomiendo que no te pierdas la etimología de las próximas dos palabras. La palabra delincuente deriva del verbo latino delinquere, formado por el prefijo latino de– (alejar, privar), el verbo linquere, dejar, abandonar y, de nuevo, el sufijo -nte. En la antigua Roma se denominaba “delincuentes” a aquellos que cometían una falta por abandono. No tenía un sentido tan fuerte como el actual. Como cusioridad, dejad que os diga que la palabra reliquia también tiene de este verbo, de linquere, dejar. Concretamente de relinquere, dejar tras de sí, abandonar. El origen de la palabra farsante es muy curioso. Hasta poético, llegaría yo a afirmar. Si seguimos cronológicamente su evolución, vemos que deriva directamente de la raíz indoeuropea fhrek– que significaba llenar, atestar. De ahí pasó al latín con la forma de farcire y más adelante al francés con la forma farce alrededor del siglo XIII. El farce era un picadillo que se usaba para rellenar algo tipo de ave (aún a día de hoy existe ese significado en francés y ha sido castellanizada por los MasterChefs en la voz farsa). Años más tarde denominó, en sentido figurado, a una pequeña representación teatral cómica que se representaba en los entreactos de obras dramáticas. Es de este significado de donde se crea la palabra farsante, denominando así a los actores que representaban estas farsas. Espero que este paseo por la etimología os haya resultado interesante y haber despertado en alguno de vosotros curiosidad sobre este campo. No olvidéis dejar vuestros comentarios y sugerencias en la valoración de este podcast.
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#10. Pascua

¡Hola, hola! Bienvenidos al décimo episodio de “Cadena de palabras: etimologías del día a día”, el podcast en el que comparto curiosidades acerca del origen de algunas palabras. Algunos pensaríais que como soy andaluz aprovecharía la más mínima oportunidad para tomarme unos días de fiesta pero ya veis, estabais equivocados. De hecho, quiero aprovechar que estamos en Pascua para explicaros el origen etimológico de esta y algunas palabras relacionadas con esta festividad. En primer lugar, y como punto de partida, dejad que os explique de dónde viene la actual palabra Pascua. Pascua, tal y como la conocemos hoy, viene del latín páscae. Esta, a su vez, es una variación del griego pasja y pasja deriva del hebreo pésaj, que es como se sigue denominando la pascua judía a día de hoy. Pésaj es un verbo hebreo que significaba saltar. Las personas que creen en la mitología judía celebran en pésaj la liberación de su pueblo por parte del faraón egipcio alrededor del año 1500 a.C., narrada en el libro bíblico Éxodo (salida, en griego). Pero, si se celebra la liberación de los judíos, ¿por qué se llama “Salto” a esta festividad? Pues es muy curioso. Siempre según la mitología judía, su dios envió diez plagas contra los egipcios de forma que les forzara a liberar a sus seguidores. En la última de estas plagas, dios mató a todos los hijos primogénitos que había en Egipto. Antes de hacerlo, ordenó a los judíos marcar los dinteles de sus puertas con sangre de cordero y de esa forma no entraría en sus casas para matar a sus hijos. Dios, por lo tanto “se saltó” las casas de los judíos. Como esta fue la plaga definitiva, la que hizo que el faraón les dejara libres, decidieron ponerle su nombre a una de las festividades más importantes de la tradición hebrea. En países de larga tradición cristiana seguimos llamando Pascua a los días de Semana Santa, ya que Jesús, según los seguidores de la mitología cristiana, esta vez, murió mientras celebraba la citada festividad. Posiblemente a muchos os extrañará que me refiera al cristianismo o al judaísmo como mitología, por lo que creo que es necesario explicar la etimología de esta palabra. Mitología viene del latín mythología y este del griego mithología. Según el Diccionario de la Lengua Española, el vocablo mitología tiene dos acepciones: conjunto, colección de mitos y estudio, explicación de mitos. La raíz griega que da el verbo lego y el sustativo logos significa tanto reunir, recoger, juntar, como decir, hablar, racionar. De la misma raíz viene el elemento compositivo –logía, tratado, estudio, ciencia (como en geología, por ejemplo). Por otro lado, el término míthos viene definido por la literatura griega. Homero, por ejemplo, lo usa en la Odisea con el sentido de contar un relato. Platón también lo usa y crea sus míthi para encubrir alegóricamente verdades que están más allá de lo que se puede comprobar mediante la razón. Es míthos, pues, la antítesis de lógos. A día de hoy, por ejemplo, la palabra mithistórima (mithos más istoría) significa en griego novela. Literalmente, una historia  inventada y contada. Y ahora me pregunto, ¿se puede disfrutar de la mitología sin creérsela, sin tomarla como una religión? Yo opino que sí y pongo en la base de esta afirmación las diferencias etimológicas entre las palabras religión y tradición. Vamos con tradición, del latín traditio, derivada a su vez del verbo tradere. Este verbo está formado por el sufijo trans– (que significa “de un lado a otro”. Otras palabras curiosas con este sufijo son traficar, trayecto y transitar) y por el verbo dare (entregar) De este verbo vienen palabras como dar, mandar, circundar, etcétera. Es así como tradición es lo que pasa a través de las generaciones, lo que se entrega de una generación a otra. Religión, como ya vimos en el episodio dedicado al amor (suena paradójico, ¿no?), viene del latín religio, formada por el prefijo re– (que indica intensidad), el verbo ligare (ligar, amarrar) y el sufijo –ión (acción). Así, etimológicamente, significaría “acción y efecto de amarrarnos fuertemente (a dios, se intuye)”. Visto lo visto en el significado originario de esta palabra, y a pesar de defender las tradiciones, casi que prefiero amarrarme con fuerza a cosas más terrenales. Como al Betis. Y hasta aquí nuestro paseo de hoy por la etimología. Espero que os haya resultado interesante y haber despertado en alguno de vosotros curiosidad sobre la etimología. No olvidéis dejar vuestros comentarios y sugerencias en la valoración de este podcast.
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#9. Viaje con nosotros

¡Hola, hola! Bienvenidos al noveno episodio de “Cadena de palabras: etimologías del día a día”, el podcast en el que comparto curiosidades acerca del origen de algunas palabras. ¿Acaso hay algo mejor que empezar un martes viajando y descubriendo algunas de las ciudades más pobladas del mundo? Yo creo que no. Bueno, sí, pero vamos a dejar a un lado la sección de dedicatorias veladas y vamos a abrocharnos el cinturón de seguridad porque estamos a punto de aterrizar en nuestro primer destino de hoy. Bienvenidos a Konstantinópolis, la ciudad de Constantino, el emperador romano que la refundó. Para todos, menos para los griegos, se llama Estambul. ¿Y de dónde viene el nombre actual de la ciudad? Pues surge en un momento histórico apasionante: de cuando los turcos acabaron con el Imperio Bizantino. La mayoría de los habitantes de lo que hoy es Turquía hablaban griego. Muchos campesinos llegaron a Constantinopla para luchar por su toma. Estos campesinos les decían a sus familiares y a los soldados que les interceptaban por el camino que iban “a la ciudad”, que iban “es tin poli”, en griego. Y de este “a la ciudad”, de este “es tin poli”, Estambul. LA CIUDAD. Volvamos a nuestro imaginario avión y despeguemos de nuevo. Esta vez nuestro destino es Moscú, la ciudad más septentrional de la Tierra con mayor población. Moscú es la castellanización de Moskba, el nombre en ruso de la ciudad. Proviene del ruso antiguo Graad Moskob, que literalmente significa “la ciudad del río Moscova”. Un antiguo dialecto finés daba nombre a ese río, calificándolo como turbio, oscuro. Moscú, la ciudad del río turbio. Infinidad de ciudades en el mundo reciben su nombre de la toponimia (del griego topos –lugar– y ónoma –nombre–) del lugar en el que se encuentran. Otro ejemplo lo encontramos también en Rusia, en la ciudad de Ulán Udé, justo en la frontera con Mongolia. “Río rojo”, significa Ulán Udé. Estando allí me contaron dos teorías sobre el calificativo de este río. La primera hacía referencia al rojo del partido comunista. La segunda, algo más truculenta, tenía algo que ver con el color que traían las aguas del río tras pasar por el gulag que construyó la presa, a la altura de Zaigraevskiy. O como se diga. Montémonos de nuevo en esta aeronave y pongamos rumbo al sur. A África. Los antiguos griegos, en su afán por dominar el mar, atracaron en un país en el que, sorprendentemente, sólo había negros. Mávros, en griego, es negro. Decidieron llamar a este territorio “la tierra de los negros”, Mavritanía. Y de ahí, la actual nomenclatura del país: Mauritania. También de ese color negro, de mávros en griego y, más adelante de maurus en latín, evolucionan moreno (siendo –eno un sufijo latino que indica procedencia) y moro. Querría haber acabado este viaje por la ciudad con más encanto del mundo, la del casco histórico más grande de todas las que forman parte de las ciudades patrimonio de la humanidad de la Unesco. Efectivamente, lo habéis acertado, querría haber acabado este paseo etimológico de hoy en Córdoba pero tanto la antigüedad de la ciudad como la falta de consenso en cuanto al origen del nombre hacen que tenga que obviarlo. Nos detendremos, eso sí, en Guarromán. Dejad de reíros, que este topónimo a medias entre el español de estar por casa y el inglés más perfecto no es más que la castellanización del árabe Wadi-r-rumman (río de los Granados). Un dato muy simpático: los guarromanenses han sabido sacar partido de su extraño nombre y han fundado la Asociación Internacional de Pueblos con nombres feos, raros y peculiares del mundo. La sede de esta organización mundial, como no podía ser de otra manera, se encuentra en la misma localidad. Y hasta aquí nuestros viajes y nuestro paseo de hoy por la etimología. Espero que os haya resultado interesante y haber despertado en alguno de vosotros curiosidad sobre la etimología. No olvidéis dejar vuestros comentarios y sugerencias en la valoración de este podcast.
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#8. Los apasionados. O no.

¡Hola, hola! Bienvenidos al octavo episodio de “Cadena de palabras: etimologías del día a día, el podcast en el que comparto curiosidades acerca del origen de algunas palabras. Son muchas las palabras en castellano que usan el sufijo griego -patía para referirse a algún tipo de enfermedad o trastorno, pero es muy interesante ver, también, la evolución del sufijo en sí. El sufijo -patía deriva del griego páthos, una palabra que es un caso muy elocuente de cambio semántico ya que ha ido cambiando su significado a lo largo del tiempo. Páthos significa, ante todo, sentimiento. De esta raíz y significado derivan palabras como apatía –sin sentimientos– (ya mencionamos el prefijo a- en el episodio dejado a la dislexia), simpatía –con sentimientos– (en el episodio dedicado a sinfonía hablamos del paradójico prefijo sin-) y antipatía (formada por anthos, contra y pathía. Contra los sentimientos). Siguiendo con el sufijo páthos, cabe destacar que más adelante pasó a significar ciertos sentimientos muy concretos y obsesivos. Este es el significado actual de páthos en griego moderno: un sentimiento obsesivo, repetitivo, casi enfermizo. Aún en periodo clásico, y a raíz de estimar que la pasión –definida como esos sentimientos obsesivos que comentábamos antes– viene a ser una enfermedad del alma que nubla la razón, el vocablo pasó a significar enfermedad. De este significado derivan palabras como patología (creada de la unión de pathos y de logos, originariamente el estudio de las enfermedades), cardiopatía (creada de la unión de cardiás y de pathos, enfermedad del corazón), osteopatía (de ósteon –hueso– y de patía, enfermedad de los huesos), frenopatía (de frénos –mente, inteligencia– y de patía, enfermedad mental), etc… Con respecto a estos dos últimos vocablos, frénos y ósteon cabe destacar un par de cosas. Ósteon deriva de la antiquísima raíz indoeuropea osth-, de la cual vienen muchísimas palabras griegas como óstreon, ostra. Sobre frénos hay una cosa muy curiosa que quiero contaros. Como he dicho anteriormente, significa mente e inteligencia, pero conviene recordar que para los griegos antiguos esta mente no estaba en el cerebro, sino en el diafragma, el músculo que nos ayuda a mantener el ritmo respiratorio. En griego antiguo, este músculo se llamaba fren. Este vocablo se integra en palabras como esquizofrenia o en la citada frenopatía. Siguiendo con fren, diafragma, otra cosa interesante. Cuando haces una fotografía en modo manual y quieres regular la cantidad de luz que entra a través del objetivo puedes hacerlo de dos formas: o cambias el tiempo de exposición o varías la apertura del diafragma de la cámara. Este cierre o apertura del diafragma se indica, internacionalmente, colocando una letra efe antes de una fracción. Efe de fren, de antiguo diafragma griego. Ahora, como sin haberlo querido, llegamos al punto CULMEN de este episodio, el momento en el que os recuerdo que homeopatía, como ya todos deberíais saber, deriva de camelo, de timo. Espero que este breve paseo por la etimología os haya resultado interesante y haya despertado vuestra curiosidad por indagar en nuestra lengua. No olvidéis dejar vuestros comentarios o sugerencias en la valoración de este podcast.
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#7. Y al séptimo, descansó

¡Hola, hola! Bienvenidos al séptimo episodio de “Cadena de palabras: etimologías del día a día”, el podcast en el que comparto curiosidades acerca del origen de algunas palabras. Había pensado vivir como dios, descansar en este séptimo día y publicar un audio sin sonido alguno para que también digáis de mí que “al séptimo, descansó” pero he preferido relacionar este séptimo día con términos que todos, con más o menos alegría según el momento, usamos. La palabra semana viene del latín “septimana”, formada por la raíz numeral “septem-“, siete. En este sentido, septimana es la forma femenina de “septimanus”, referido a “conjunto de siete.” Septimanus también hacía referencia a un conjunto de siete meses y a todos los soldados de la séptima legión. Como curiosidad es interesante citar el nombre originario de la ciudad francesa Béziers, que era “Colonia Iulia Septimanorum Bacterrae”. ¿Y por qué lo de “Septimanorum Bacterrae? Bueno, pues  porque muchos de los soldados veteranos de la séptima legión cuando se jubilaban, cuando se hacen veteranos, se establecían allí. Esa zona del sureste francés recibió el nombre de Septimania hasta que el siglo V los visigodos la ocuparon antes de pasar a Hispania y formar el reino visigodo a la caída del Imperio romano. Pero es es otra historia, no es lo que os quería contar hoy. Los nombres de los días de la semana provienen de siete objetos celestiales que los mesopotámicos veían moverse. Los griegos, y más tarde los romanos, adoptaron esta medida y modificaron su terminología en función a sus dioses. De la nomenclatura latina salen los nombres de los días actuales: Lunes (Lunae dies, día de la luna), Martes, (Martis dies, día de Marte), Miércoles (Mercurii dies, día de Mercurio), Jueves (Iovis dies, día de Júpiter), Viernes (Veneris dies, día de Venus). Hasta aquí, como podéis comprobar, la relación latín-castellano es bastante fácil de seguir pero ¿qué ocurre en nuestro querido fin de semana? En latín, el sábado se denominaba Saturni dies, día de Saturno. El domingo era, como haréis podido intuir, el día del Sol, Sol dies. En castellano ambos nombres cambiaron debido al influjo de la mitología judía y de la mitología católica, respectivamente, pero la relación con el latín se ve muy clara si se citan estos días en inglés: Saturday, el día de Saturno; Sunday, el día del Sol. En nuestra lengua, y como he citado anteriormente, por influencia de las mitologías judía y católica, cambiamos la denominación de estos días. Así, sábado proviene del hebreo Shabbath, literalmente “el séptimo”, el día de descanso de los judíos, el día en el que el dios de la mitología judía descansó tras crear el mundo. Conviene recordar aquí que la semana judía comienza en lo que para nosotros es domingo, Iom Rishon, día primero. El domingo, por otro lado, viene del latín Dominica, día del señor, el día de descanso para los que creen en la mitología católica. La relación entre el original día del Sol y el actual día del señor –día de dios– no es baladí: Zeus, el mandamás de los dioses del Olimpo, tiene en griego antiguo otro nombre –Días– proveniente de la raíz indoeuropea dyeu-/dyu-, que significa “luz diurna.” Espero que este breve paseo por la etimología os haya resultado interesante y haya despertado vuestra curiosidad por indagar en nuestra lengua. No olvidéis dejar vuestros comentarios o sugerencias en la valoración de este podcast.
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#6. Los instruidos

Bienvenidos a una nueva edición de “Cadena de palabras: etimologías del día a día”, el podcast en el que comparto con vosotros curiosidades acerca del origen de algunas palabras. A lo largo de la historia, las personas han pasado por diferentes instituciones para adquirir conocimientos y para formarse. Hoy quisiera explicaros la etimología –y en parte la historia– de algunas de ellas. En una de sus acepciones, el Diccionario de la lengua española indica que academia es un “establecimiento docente, público o privado, de carácter profesional, artístico, técnico, o simplemente práctico.” En otra de sus acepciones nos da una pista acerca del origen etimológico de esta palabra, ya que también la define como una “casa con jardín, cerca de Atenas, junto al gimnasio del héroe Academo, donde enseñaron Platón y otros filósofos.” Academia viene de Akademía, que era el nombre de la escuela filosófica creada por Platón. De hecho, su escuela toma el nombre del lugar físico en el que se encontraba, un pequeño bosque al norte de Atenas en el que, según Plutarco, yace el héroe mitológico Akademo, que interviene en el mito en el que Helena fue raptada por Teseo. Ya que hemos citado su nombre, ¿sabéis porque Platón se llamaba así? Platón viene de la raíz griega plátos, que significa ancho o plano (de ahí deriva también la actual palabra plato). Se dice que le dieron este sobrenombre porque era ancho de espaldas. Siguiendo con los filósofos y con Atenas, quisiera hablaros del bonito origen de la palabra liceo, recogida en el diccionario como “institución cultural o recreativa” y como la “escuela de Aristóteles.” Dicha escuela se situó entre lo que en la actualidad son dos importantes avenidas en Atenas. A través de una de ellas discurría un río en el que los pastores se acercaban para que las ovejas pudieran beber agua mientras pastaban. Este lugar concreto en el que las ovejas podía bajar al río a beber agua quedaba a los pies de una montaña en la que habitaban muchos lobos, de la montaña Likabittos. Permitidme un pequeño paréntesis para explicar que lobo deriva de la raíz líkos –como en licántropo, por ejemplo, formada por líkos y ánthropos, hombre lobo–. A fin de proteger a los rebaños, los pastores decidieron levantar un templo en el que rendir culto a Apolo Likio (Apolo, el que mata a los lobos), por lo que con el tiempo ese punto concreto en el que Aristóteles impartía cátedra se conoció como Likíon. Y de likíon, por el templo a Apolo Likio, Liceo. Seguro que alguna que otra vez hemos tenido que asistir a alguna “conferencia o reunión en que se examina y discute tema determinado”, a algún aburrido simposio. En sus orígenes, un simposio (derivado del griego simpósion) era de todo menos aburrido. Esta palabra, formada por el prefijo sim– (juntos, a la vez, como vimos en el episodio dedicado a las sinfonías) y por la raíz pósis, beber, en sus inicios hacía referencia al acto de beber junto a otras personas. El vocablo se refería concretamente a la segunda parte de cualquier banquete, justo después de la comida. Lo que a día de hoy llamamos sobremesa y a lo que los romanos llamaron “convivium”, acto de vida en común (de ahí derivan verbos como convivir y términos como convivencia). Lo que en aquella época consideraban mujeres decentes tenían prohibida la entrada a los simposios griegos. No así las cortesanas que no sólo satisfacían los deseos sexuales sino que hacían las veces de “geishas” al tratarse de mujeres elegidas entre las más inteligentes y mejor formadas de la sociedad. Denominaban a estas mujeres étera (la otra, la diferente. De ahí la raíz hetera). Cuando te vuelvan a invitar a un simposio, pregunta si es de los de beber y vivir o de los de escuchar. Más que nada para ir preparado. Espero que este breve paseo por la etimología os haya resultado interesante y haya despertado vuestra curiosidad por indagar encuentra lengua. No olvidéis dejar vuestros comentarios o sugerencias en la valoración de este podcast.
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#5. Sinfonía

  Bienvenidos a una nueva edición de “Cadena de palabras: etimologías del día a día”, el podcast en el que comparto con vosotros curiosidades acerca del origen de algunas palabras. En este nuevo episodio quiero hablaros de una palabra que a mí me gusta mucho. La palabra sinfonía proviene del griego sinphonía, y está formada por el prefijo sin-, que, paradójicamente, significa con, junto, a la vez; por la voz foní, sonido y por el sufijo –ía, acción o cualidad tal y como vimos en nuestro episodio dedicado a la dislexia. La traducción literal vendría a ser “lo que suena junto.” En el griego moderno existe un verbo que me encanta: sinfonó. Se usa cuando estás de acuerdo con alguien. Literalmente dice “sonamos igual”. A mí me gusta utilizarlo mucho. Así no discuto con nadie, claro ¿Conocéis alguna palabra que comience con el prefijo sin-? Seguro que muchísimas: sinarquía (gobierno de varios que trabajan conjuntamente), sincrónico (relativo a lo que ocurre al mismo tiempo), síntesis (conjunto de conclusiones), sintrofía (asociación de organismos para metaforizar alimentos). Os animo a escribir en las notas del programa todas aquellas que se os ocurran De la voz griega foní, sonido como ya hemos comentado, derivan muchísimas palabras. Voy a citar sólo tres: megafonía (de megálo y fonía: sonido grande), polifonía (de polí y fonía: muchos sonidos) y telefonía (de tele y fonía literalmente, sonido lejano). Cuando el latín adoptó la voz foní, lo hizo transformándola en fari, ampliando su significado a hablar. De fari, sonido, hablar, se crea la palabra infari y de ahí infans, el que no habla. De infans derivan, como ya habréis podido intuir, las actuales palabras infante e infancia,  “incapaz de hablar.” Espero que este breve paseo por la etimología os haya resultado interesante y haya despertado  también vuestra curiosidad por indagar en nuestra lengua. No olvidéis dejar vuestros comentarios o sugerencias en la valoración de este podcast.
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#4. Los románticos

Bienvenidos a una nueva edición de “Cadena de palabras: etimología del día a día”, el podcast en el que comparto con vosotros curiosidades acerca del origen de algunas palabras. La etimología es la especialidad lingüística que estudia el origen de las palabras, la razón de su existencia, de su significación y de su forma. Conocer el origen de nuestras palabras nos va a permitir saber más acerca de nuestra lengua y también nos va a ayudar a hacer un mejor uso de ella. En el día a día, al tratar los temas más cotidianos, solemos recurrir a palabras cuyo origen en ocasiones resulta chocante o, cuanto menos, curioso. Quiero poner algunos ejemplos sobre algo que, de alguna manera, nos afecta a todos. Aunque aún no estemos en primavera y el frío de estas últimas pasadas nos tenga el corazón helado, vamos a hablar de términos relacionados con el enamoramiento. Por ejemplo, ¿quién de vosotros no ha coqueteado alguna vez? Pues mucho cuidado porque tal vez no volvamos a hacerlo después de averiguar el origen del verbo coquetear Coquetear empieza a utilizarse en el siglo XVIII como préstamo del francés “coquette” que está derivado, a su vez, de la palabra Coq, que significaba gallo. De ahí que en la actualidad el significado de esta palabra sea alardear en presencia de mujeres como lo hace un gallo entre las gallinas. Es, pues, una palabra de origen onomatopéyico creada a partir del sonido que emiten los gallos. Creo que puedo afirmar que ya no nos resulta un verbo tan refinado. Siguiendo con esta línea de lisonjas y coqueteos nos encontramos con la palabra ligar, muy común sobre todo entre los jóvenes. El origen de este verbo está en el término latino “ligare”, que significaba atar, amarrar, fijar una cosa a otra. Significado que aún se conserva hoy en día y al que se ha sumado otro más coloquial, que es tratar de entablar relaciones amorosas pasajeras. Lo curioso es que de este mismo origen, más concretamente del verbo “religare” parece que procede la palabra religión, también teniendo en cuenta  ese sentido de vincular. A mí me resulta muy sorprendente que dos palabras de índole tan distinta hayan derivado de una raíz común. El lenguaje, a veces, es maravilloso. ¿Sabéis cuál es el origen de piropo? Bueno, pues piropo proviene de la antigua palabra latina piropus, que aludía a una aleación de cobre y oro de color rojo brillante. Piropus, a su vez, deriva del griego piropos, que significa de color encendido, semejante al fuego. Esta palabra que hoy usamos con el valor de “expresión lisonjera que se dice a una persona bonita” cuando nació se empleaba para referirse a cierta piedra preciosa de color rojizo. Ya podéis relacionar el color rojizo de esta piedra preciosa antigua con el color en el que nuestra cara se torna cuando nos dicen algún piropo. No obstante, y si aceptáis un consejo, después de escuchar alguna de estas expresiones extended la mano como yo he hecho un par de veces en al vida, a ver si hay suerte y os dan esa piedra preciosa. Conmigo no ha funcionado. Terminemos con el origen de una de las palabras más deseadas por cualquier persona enamorada que sueña despierta: Ojalá. Este término no deriva del árabe “In sha´a Allah”, si Dios quiere, como muchas personas creen, sino que proviene de la expresión áraba “Law sha´a Allah”, si Dios hubiese querido. Notad el pluscuamperfecto del subjuntivo. Según los estudios del arabista Federico Corriente, su pronunciación en el dialecto árabe andalusí pasó por diferentes estados: de “lawshaa´alláh” a “lawshallá”, luego “loshalá”, y el castellano antiguo la tomó –con aféresis de la ele inicial– como “oxalá”, que dio lugar al español “ojalá”. Espero que este breve paseo por la etimología castellana os haya resultado interesante y haya despertado vuestra curiosidad por indagar en nuestra lengua. No olvidéis dejar vuestros comentarios o sugerencias en la valoración de este podcast.
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#3. Me duele aquí. Ponte allí

Bienvenidos a una nueva edición de “Cadenas de palabras: etimología del día a día”, el podcast en el que comparto con vosotros curiosidades acerca del origen de algunas palabras. La etimología es la especialidad lingüística que estudia el origen de las palabras, la razón de su existencia, de su significación y de su forma. Conocer el origen de nuestras palabras nos va a permitir saber más acerca de nuestra lengua y también nos va a ayudar a hacer un mejor uso de ella. En primer lugar quisiera pedir disculpas por el largo título de este episodio. Básicamente es una simpática broma que, entre risas, nos gastamos mi hija y yo. Sirva este largo título de pequeño homenaje El diccionario de la RAE define la hipocondría como “afección caracterizada por una gran sensibilidad del sistema nervioso con tristeza habitual y preocupación constante y angustiosa por la salud.” Las personas que padecen esta tristeza y esta constante angustia por la salud se denominan hipocondríacos o hipocondriacos (ambas voces son aceptadas). ¿Y por qué se denominan así? Es muy curioso. Hipocondríaco es una palabra proveniente del término griego hipojondriakós, que está formada por el prefijo hipo (abajo, debajo) y la voz jondrionós, cartílago. En anatomía, la palabra hipocondrio se utiliza para denominar a la región del abdomen inmediatamente debajo de las costillas (que tienen cartílago), por lo que se llamó “hipocondríacos”  a las personas que tienen la fama de tocarse esa zona cuando fingen, o cuando creen, estar enfermos. Hipojondriakós pasó al latín transformada en hypocondriacus y de allí al castellano antiguo y al resto de lenguas romance. En este punto conviene diferenciar entre el prefijo hipo– debajo, (que aparece en palabras como hipocondriaco, hipoteca, hipotálamo, etc…) del prefijo hippos– (caballo, que forma palabras como hipódromo, hipocampo, hipopótamo, etc…) Podemos aseverar, sin ningún genero de dudas, que la hipocondría es un trastorno importante que provoca pánico en las personas. Si bien el Diccionario de la Real Academia Española reconoce el origen griego de la palabra: Panikós -que posteriormente pasó al latín (pánicus)-, y también reconoce su relación con el dios  griego Pan, no explica la raíz de dicho vocablo. El antiguo dios griego Pan (cuyo equivalente romano es el dios Fauno) era, originalmente, el dios de los pastores y sus rebaños. Pan estaba intensamente enamorado de una ninfa llamada Siringa, pero esta ninfa no le correspondía. Se dice que una vez, mientras huía de Pan, la ninfa se lanzó al río Ladón y quedó acorralada. Pidió la ayuda de sus hermanas y ellas, conmovidas, la convirtieron en un cañaveral. Se cuenta que cuando Pan llegó al lugar, sólo pudo abrazar las cañas que se mecían con el viento, causándole tal agrado el rumor que producían que decidió construir un nuevo instrumento musical con ellas. Según la mitología así se creó lo que conocemos como “flauta siringa“, que también se denomina “flauta de pan” en recuerdo de la ninfa o del dios que menciona, respectivamente. Pan se creó una pobre reputación, en gran parte por su desagradable carácter. Odiaba ser despertado de su sueño y, cuando esto sucedía, se enfurecía y profería sonidos tan terribles, que causaba gran temor en las personas que lo escuchaban. Se dice que el dios Pan hacía apariciones repentinas por la noche, lo que causaba “pánico“ en las personas. Para finalizar, quiero contaros una curiosidad. He mencionado anteriormente que la ninfa Syringa fue convertida en caña. La caña tiene forma de tubo y se la asoció con la flauta por su sonido. Es muy curioso comprobar que la palabra ‘jeringa‘ apareció a principios del siglo XVII como derivación del antiguo ‘siringa’, que estaba registrada en el año 1495. Todo parece indicar que jeringa proviene también de esa caña en la que se transformó la ninfa Siringa. Prometo que en algún episodio intentaré no hablar tanto de palabras provenientes del griego. Bueno, a lo mejor no lo prometo Espero que este breve paseo por la etimología os haya resultado interesante y haya despertado  también vuestra curiosidad por indagar en nuestra lengua. Os pido, por favor, que no olvidéis dejar vuestros comentarios o sugerencias en la valoración de este podcast.
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#2. Los disléxicos

Bienvenidos a una nueva edición de “Cadena de palabras: etimología del día a día.” La etimología es la especialidad lingüística que estudia el origen de las palabras, la razón de su existencia, de su significación y de su forma. Conocer el origen de nuestras palabras nos va a permitir saber más acerca de nuestra lengua y también nos va a ayudar a hacer un mejor uso de ella . Seguro que alguna vez os haréis cruzado con alguna persona disléxica. Como yo. De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, la dislexia es una dificultad en el aprendizaje de la lectura o la escritura. Recuerdo que, cuando era más pequeño, mi entretenimiento favorito para tratar de minimizar los efectos dela dislexia era, precisamente, jugar a las “cadenas de palabras”. De ahí el nombre de este podcast. Que el podcast se llame Cadena de palabras y que el dominio en el que está alojado sea caNedadepalabras.net es, también, fruto de este trastorno. Dislexia proviene del griego “dislexía“, y está formada por tres componentes: el prefijo “dis-“, que indica algo que está mal o cuando se presenta alguna dificultad; la raíz “lexis” (que significa palabra) y el sufijo “-ia“, cualidad. Literalmente y aunque suene a broma sería, pues, la cualidad de tener dificultades con las palabras. Esa dislexia es un trastorno totalmente diferente a la alexia, en la que el único componente que varía es el prefijo. Alexia indica una incapacidad total para leer. De lexi, palabra, derivan términos como lexema y lexicología. La citada palabra “lexi” deriva del verbo griego “légin“, una voz antigua para referirse al acto de leer de la que también salen palabras como “logos”, que significa palabra o estudio, como en filólogo, podólogo, etc y como “logía“, que sería la capacidad para estudiar, como en biología, tecnología, psicología, etc. ¿Y de dónde viene “légin“, os preguntaréis?. Pues de la aún más antigua raíz indoeuropea “leg-“ que también está presente en el latín “legere”, de donde provienen palabras como leer, leyenda, elegir, elegante, inteligencia, sacrilegio, sortilegio y muchísimas más. Volviendo al título de este episodio y a la composición de la palabra dislexia (conviene recordar que se escribe sin tilde al ya que se trata de una palabra llana acabada en vocal), podemos citar otras voces formadas con el mismo prefijo y sufijo: Disartia, disemia, disencefalia, disfasia, dismnesia, todos ellos términos médicos que indican la incapacidad de nuestro organismo para realizar alguna función. Espero que este brevísimo paseo por la etimología os haya resultado interesante y haya despertado vuestra curiosidad por indagar encuentra lengua. Espero, también, que nunca olvidéis que los disléxicos también somos persianas. No olvidéis dejar vuestros comentarios o sugerencias en la valoración de este podcast.
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#1: Etimología, claro.

Bienvenidos a “Cadena de palabras, etimologías del día a día.” A lo largo de las emisiones de este podcast quisiera hablaros de la etimología de las palabras poniendo ejemplos de nuestro idioma. El objetivo final de este pequeño espacio semanal es compartir el conocimiento del origen de nuestras palabras, lo que nos permitirá saber más acerca de nuestra lengua y hacer un mejor uso de esta. Para empezar creo que sería interesante hablar del origen etimológico de etimología Se denomina etimología al estudio del origen de las palabras cuando son incorporadas a un idioma. La etimología analiza cuáles son las fuentes originarias de dicha palabra y cómo su forma y significado han ido cambiando a lo largo de la historia. En idiomas con una larga tradición escrita, como el castellano, la etimología es una disciplina relacionada con la lógica y la lengua histórica. La palabra etimología proviene del griego “??????????” y es un cultismo formado de “étimos” –???????–, significado verdadero, y “logos” –?????–, término que antiguamente se usaba para definir “palabra” y que en el griego actual se usa para hablar de “estudio”. La etimología estudia, pues, el significado verdadero de las palabras, su origen. La palabra griega étimos hace referencia a la raíz o palabra de la que procede un vocablo. Por ejemplo: “padre” en castellano, al igual que “padre” en italiano, “pai” en portugués, “pare” en catalán, “paire” en occitano y “père” en francés, tiene el étimo latino “pater”. La raíz griega lógos es muy común en la creación de términos que expresan una relación con las palabras, como diálogo (un término acuñado por Platón y que literalmente significa “a través de la palabra), filólogo (que literalmente significa “el que ama las palabras”) y prólogo (literalmente “antes de la palabra”, pero con un origen muy especial). He comentado antes que el término etimología es un cultismo, pero ¿qué es un cultismo? Pues son palabras introducidas en el lenguaje por filósofos, escritores, incluso científicos para expresar conceptos inexistentes en el lenguaje vulgar. Muchos cultismos son tomados directamente del latín o del griego clásico, por lo que no sufren muchas transformaciones. Como curiosidad, dejadme que os cuente que uno de los primeros diccionarios etimológicos se escribió en latín por Isidoro de Sevilla. Se llamaba Etymologiarum Libri XX. El estudio de la etimología nos ayuda a comprender el significado de las palabras, a ampliar el vocabulario y a mejorar nuestra ortografía. El lingüista Joan Corominas afirma que la etimología se destina, especialmente, a todo el público educado que no se contenta con un conocimiento superficial de su idioma. No quiero acabar por hoy sin comentaros el origen de “prólogo”. En el teatro griego se denominaba prólogos –? ????????– (antes de la palabra, el que habla antes) a uno de los actores que salía a escena antes de que comenzara la obra para explicar un poco el argumento y la situación inicial de los hechos. Con el tiempo, se denominó “prologos” a ese preámbulo, y de ahí el posterior valor de escrito o discurso que es la introducción a una obra cualquiera. Volveré el proximo miércoles para desentrañar el origen de otras palabras y expresiones. Tanto como si os gusta este podcast como si no, no olvidéis dejar vuestros comentarios o sugerencias en el apartado destinado a la valoración de mismo.
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