
CONSAGRACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA
1. La necesidad de la devoción a María
Para San Alfonso María de Ligorio era imprescindible que en sus misiones populares hubiese siempre un sermón sobre la Virgen, ya que la devoción mariana no solo es conveniente sino necesaria.
“Esta devoción – afirmaba el santo doctor – es necesaria para la salvación eterna, por eso se hace mal pronóstico de tal persona que vive habitualmente extraño a tal devoción”.
Así como, según San Alfonso, se hace “mal pronóstico” acerca de la salvación eterna de quien no es devoto de María, del mismo modo es necesario hacer un “buen pronóstico” de quien es verdaderamente su devoto.
Los santos Doctores de la Iglesia unánimemente afirman que no puede condenarse un verdadero devoto de María Santísima ya que la devoción a la Virgen es un signo de predestinación.
Exclamaba San Juan Berchmans: “Oh María Santísima, ¡bienaventurados aquellos que te aman!". El solo hecho de amarla nos hace bienaventurados en esta tierra y, aún más, nos hará partícipes de la eterna Bienaventuranza en el Paraíso.
María no puede abandonar a quien en esta vida la buscó sinceramente.
Exclama irónicamente San Bernardo: “Que deje de exaltar tu Misericordia, oh Bienaventurada Virgen María, quien quiera que, habiéndote invocado en sus necesidades, se acuerde de que tú no lo hayas asistido”.
María es, como afirma la Constitución Lumen Gentium del Concilio Vaticano II (n.61), “nuestra Madre en el orden de la gracia”. Es en ella que somos engendrados para el Cielo.
Es pues con mucha alegría y confianza en su intercesión (de la cual tenemos una necesidad aún más grande en estos tiempos difíciles) que ofrecemos este pequeño librito de consagración, con la viva esperanza que María reine en los corazones de todos.
Haciéndonos eco en este modo de la misma esperanza con la cual el gran misionero de Francia, San Luis María Grignion de Montfort, escribió el Tratado de la Verdadera Devoción a María, nuestro objetivo con este librito es por lo tanto difundir su Tratado, que encierra las más profundas verdades sobre María Santísima y sobre nuestra relación de amor con ella.
En él San Luis quiere revelar un “secreto” para alcanzar la más alta perfección cristiana.
“Así como hay secretos naturales para hacer en poco tiempo, con pocos gastos y gran facilidad ciertas operaciones naturales, también hay secretos en el orden de la gracia para realizar en poco tiempo, con dulzura y facilidad, operaciones sobrenaturales: liberarte del egoísmo, llenarte de Dios y hacerte perfecto. La práctica que quiero descubrirte es uno de esos secretos de la gracia ignorado por gran número de cristianos, conocido de pocos devotos, practicado y saboreado por un número aún menor” .
1. La necesidad de la devoción a María
Para San Alfonso María de Ligorio era imprescindible que en sus misiones populares hubiese siempre un sermón sobre la Virgen, ya que la devoción mariana no solo es conveniente sino necesaria.
“Esta devoción – afirmaba el santo doctor – es necesaria para la salvación eterna, por eso se hace mal pronóstico de tal persona que vive habitualmente extraño a tal devoción”.
Así como, según San Alfonso, se hace “mal pronóstico” acerca de la salvación eterna de quien no es devoto de María, del mismo modo es necesario hacer un “buen pronóstico” de quien es verdaderamente su devoto.
Los santos Doctores de la Iglesia unánimemente afirman que no puede condenarse un verdadero devoto de María Santísima ya que la devoción a la Virgen es un signo de predestinación.
Exclamaba San Juan Berchmans: “Oh María Santísima, ¡bienaventurados aquellos que te aman!". El solo hecho de amarla nos hace bienaventurados en esta tierra y, aún más, nos hará partícipes de la eterna Bienaventuranza en el Paraíso.
María no puede abandonar a quien en esta vida la buscó sinceramente.
Exclama irónicamente San Bernardo: “Que deje de exaltar tu Misericordia, oh Bienaventurada Virgen María, quien quiera que, habiéndote invocado en sus necesidades, se acuerde de que tú no lo hayas asistido”.
María es, como afirma la Constitución Lumen Gentium del Concilio Vaticano II (n.61), “nuestra Madre en el orden de la gracia”. Es en ella que somos engendrados para el Cielo.
Es pues con mucha alegría y confianza en su intercesión (de la cual tenemos una necesidad aún más grande en estos tiempos difíciles) que ofrecemos este pequeño librito de consagración, con la viva esperanza que María reine en los corazones de todos.
Haciéndonos eco en este modo de la misma esperanza con la cual el gran misionero de Francia, San Luis María Grignion de Montfort, escribió el Tratado de la Verdadera Devoción a María, nuestro objetivo con este librito es por lo tanto difundir su Tratado, que encierra las más profundas verdades sobre María Santísima y sobre nuestra relación de amor con ella.
En él San Luis quiere revelar un “secreto” para alcanzar la más alta perfección cristiana.
“Así como hay secretos naturales para hacer en poco tiempo, con pocos gastos y gran facilidad ciertas operaciones naturales, también hay secretos en el orden de la gracia para realizar en poco tiempo, con dulzura y facilidad, operaciones sobrenaturales: liberarte del egoísmo, llenarte de Dios y hacerte perfecto. La práctica que quiero descubrirte es uno de esos secretos de la gracia ignorado por gran número de cristianos, conocido de pocos devotos, practicado y saboreado por un número aún menor” .






