
CUENTO "CONEJO EN LA LUNA"
Entre los dioses había uno llamado Nanahuatzin, a quien nadie
hacía caso. Era pequeño, muy feo y tenía una desagradable enfermedad
de la piel, que algunos creen que era lepra. Además, casi nunca hablaba. Sólo oía lo que los otros dioses decían y casi nunca daba su
opinión. No le gustaba intervenir en las conversaciones de los otros
dioses. Pero esa vez, uno de ellos le habló y le dijo:
—Tú, Nanahuatzin, debes de ser el otro dios que se encargue de
dar luz al mundo.
Entre los dioses había uno llamado Nanahuatzin, a quien nadie
hacía caso. Era pequeño, muy feo y tenía una desagradable enfermedad
de la piel, que algunos creen que era lepra. Además, casi nunca hablaba. Sólo oía lo que los otros dioses decían y casi nunca daba su
opinión. No le gustaba intervenir en las conversaciones de los otros
dioses. Pero esa vez, uno de ellos le habló y le dijo:
—Tú, Nanahuatzin, debes de ser el otro dios que se encargue de
dar luz al mundo.



