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Cuentos Que Te Acarician
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Cuentos Que Te Acarician

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Todo comenzó y sin ninguna razón aparente durante el confinamiento por el Coronavirus. Todos fueron grabados en Madrid, cada tarde y enviados al mundo a partir de las veinte horas, normalmente después del aplauso a los valerosos héroes de verdad, los sanitarios. No tengo ninguna pretensión salvo la de hacer a los niños y a los mayores un poco mejor el confinamiento. Gracias por vuestra acogida y agradecimientos que me han animado para hacer este blog. Buenas noches y hasta mañana.

Todo comenzó y sin ninguna razón aparente durante el confinamiento por el Coronavirus. Todos fueron grabados en Madrid, cada tarde y enviados al mundo a partir de las veinte horas, normalmente después del aplauso a los valerosos héroes de verdad, los sanitarios. No tengo ninguna pretensión salvo la de hacer a los niños y a los mayores un poco mejor el confinamiento. Gracias por vuestra acogida y agradecimientos que me han animado para hacer este blog. Buenas noches y hasta mañana.

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“Los tilos”. Capítulo VII y último

Madrid, a 6 de julio de 2021. Buenas noches a todos; hoy doy por acabado uno de los periplos más hermosos que la vida me ha regalado. Desde marzo del año 2020, he estado contando cuentos, recitando poesías, disfrutando cada línea, palabra y verso, ha sido mi manera de acompañaros y de sentir vuestras almas acariciando la mía. Todo comienza y todo termina. Me despido hoy y aquí. No sé si volveré o no. Lo que si tengo claro es que si regreso será en otro formato y de otra manera. Gracias a todos, especialmente a los niños que me han dado tantas alegrías y emociones que nunca olvidaré. Y recordad que “Soy Jesús Arias y me encanta contar cuentos” “buenas noches y hasta siempre” El cuento de hoy se titula “Los tilos”. Capítulo VII y último #cuentosqueteacarician LOS TILOS Capítulo VII Después de dar vueltas por las dependencias del palacio, volvieron al patio central preguntándose donde estarían los dueños del lugar. Mauricio, mirando las altas ramas del gran tilo, se dio cuenta de que una de ellas llegaba hasta una alta y estrecha torre, adentrándose en ella. Parecía que la rama había seguido creciendo dentro de la torre y otras ramas más pequeñas salían por los vanos de sus ventanas. Los cuatro amigos comenzaron a trepar por las ramas del tilo. Al llegar arriba encontraron en la pequeña torre algo que les sobrecogió: las ramas del árbol habían formado un lecho y sobre él descansaba una muchacha. Era la princesa que habían visto en la estatua de piedra blanca. En su frente no había una corona sino una diadema con una estrella. Entre sus manos tenía un pequeño cofre de oro y nácar. Los cuatro la miraron sobrecogidos sin saber qué hacer. Pasaba el tiempo y no se decidían a despertar a la joven princesa. Greta observó que el cofre que sujetaba en sus manos tenía también una cerradura dorada, igual que la puerta de entrada al palacio. Se inclinó sobre la princesa, metió la llave en la cerradura y la giró. El cofrecillo se abrió dejando escapar de su interior unas notas melodiosas. Era una música bella como nunca habían escuchado, una música que alejaba de sus corazones toda la tristeza que antes habían sentido. Una palomita blanca se acercó volando y entró en la pequeña torre, posándose en el hombro de la princesa. Los cuatro la miraron cuando comenzaba a abrir sus ojos. Fue posando su mirada en cada uno de ellos. Al final esbozó una leve sonrisa y les dijo: -Os vi a los cuatro en mis sueños, veníais de muy lejos para devolverme la alegría. Entonces la princesa les contó su historia. En el pasado ella había sido una niña orgullosa y malcriada. Trataba mal a los súbditos de su bondadoso padre, derrochaba todo porque a nada le daba valor, y no sentía ninguna compasión por las demás personas a las que ella consideraba inferiores. Un día su padre, cansado del comportamiento indigno de su hija le dijo: -“Hija mía desde que tu madre murió he tratado de educarte como ella lo hubiera hecho; pero nada hay en ti que recuerde la nobleza de tu origen. Tienes todo lo que puedes desear, pero te falta lo más importante: un corazón capaz de amar. Eso es lo que ahora deberás conquistar, pues siendo hija de reyes y teniéndolo todo, tu alma esta hambrienta del único alimento que puede saciarla”. Así que mi padre me envió a este apartado palacio. Me trajeron sus heraldos cabalgando por montes y valles durante días. Siguiendo instrucciones de mi padre cerraron el palacio con llave y aquí me dejaron. Mi padre al partir me había entregado este cofrecillo cerrado con la siguiente advertencia: “Cuando tu corazón se despierte, escucharás la música que alejará tu tristeza”. Al principio mi corazón orgulloso no se quiso doblegar, me entretenía paseando por los jardines y comiendo de sus deliciosos frutos. Pero al pasar el tiempo, el orgullo se fue trocando en tristeza y melancolía. Lloré y lloré durante días abrazada al tilo del patio, que creció regado por mis lágrimas. Mi corazón se había despertado, pero mi alma seguía hambrienta del afecto de otras personas y la melancolía llenaba mis días. Me acostumbré a trepar por el querido tilo. Aquí encontraba consuelo durmiendo entre sus brazos y sujetando junto a mí este cofrecillo cerrado, que me recordaba a mi padre, pero que yo no podía abrir sin ayuda de otros. Vosotros habéis podido abrir el cofre y su música ha disipado la tristeza. Vuestra presencia ha devuelto el calor a mi corazón. Ahora sé que podré volver al castillo del rey mi padre y ser digna de vivir a su lado. La princesa envió un mensaje a su padre con la paloma y este mandó a la guardia real para recoger a su hija y a sus amigos. En el palacio del rey se celebraron grandes festejos para recibir a la heredera y a los que la habían liberado de su aislamiento y soledad. Y por fin llegó el día de la despedida. Los cuatro amigos se presentaron ante el rey y la princesa. El monarca habló: -Queridos amigos, mi corazón se siente agradecido, pues gracias a vosotros he podido recuperar a mi hija. Ella podrá ser ahora una verdadera princesa. La princesa les dijo con emoción: -Siempre os consideraré mis amigos. Mauricio habló en nombre de los cuatro: -Este viaje nos ha deparado muchas aventuras y hemos aprendido mucho. Ahora debemos partir para reencontrarnos con nuestras familias, pero sabed que siempre os llevaremos en nuestro corazón. Los cuatro amigos regresaron a su pueblo. El tilo de la plaza estaba en flor y al verlo sintieron la alegría de haber llegado a casa. Fueron felices, comieron perdices y nunca olvidaron aquella aventura.
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“Los tilos”. Capítulo VI

El cuento de hoy se titula “Los tilos”. Capítulo VI #cuentosqueteacarician LOS TILOS Capítulo VI Al amanecer se despertaron con el trino de multitud de pájaros. La antorcha aún brillaba pálida, y los chicos fueron saliendo del interior del tronco. Ahora con la luz del día descubrieron una pequeña loma que se encontraba un poco más adelante. Subieron a toda prisa la loma y frente a ellos encontraron algo que les dejó admirados: un castillo rodeado de un frondoso bosque de tilos,¡otra vez sus queridos tilos! El espectáculo era maravilloso. El castillo se asentaba en un fértil valle, surcado por un río cristalino que alrededor del castillo se convertía en un foso donde nadaban los patos. Los tilos salpicaban todo el valle, pero al atravesar el puente sobre el foso, los tilos formaban un tupido bosque lleno de flores silvestres, fuentes y pequeños lagos. En el centro se encontraba el palacio más hermoso que se pueda imaginar. Los cuatro amigos se dirigieron hacia él con ánimos renovados. Pero justo al cruzar el puente sobre el foso de aguas cristalinas, se apoderó de ellos una inmensa tristeza. Entonces Greta recordó lo que habían leído en el libro: “El castillo está rodeado de tristeza. La princesa, enferma de melancolía está hambrienta”. Los cuatro niños atravesaron el bosquecillo de tilos, y encontraron una fuente en cuyo centro estaba la estatua de una princesa tallada en delicada piedra blanca. La princesa era bellísima pero dos lágrimas habían sido talladas en su rostro, el más triste que pueda imaginarse. Era la princesa de la que hablaba el libro y ese, el castillo rodeado de tristeza. Presos de una gran melancolía salieron del bosquecillo de tilos, atravesando el camino empedrado y rodeado de flores que llevaba hasta la puerta misma del palacio. La puerta estaba cerrada y nadie salió a su encuentro. Era una puerta preciosa, tallada en maderas nobles y con piedras preciosas incrustadas, formando bellos rosetones. No parecía haber ningún acceso al palacio excepto aquella puerta que se encontraba cerrada a cal y canto. Tenía una pequeña cerradura dorada que a Greta le recordó la pequeña llave, también dorada, que le diera el anciano venerable, y que ella llevaba colgada al cuello. Sacó la cadena de su cuello, y ante el asombro de todos comprobó que la llave entraba perfectamente en la cerradura. Giró la llave y la puerta se abrió. El patio del palacio apareció ante sus ojos. Lleno de flores perfumadas y coloridas, con un gran tilo en el centro y colgado de una de sus ramas más gruesas, un columpio. Los niños contemplaron aquel lugar tan bonito. Recorrieron las salas a las que se accedía desde el patio. Todas eran lujosas, con grandes ventanales que daban a bellos jardines repletos de flores y árboles frutales. Había en aquel lugar todo lo que se pudiera desear. Todo menos personas.
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“Los tilos”. Capítulo V

El cuento de hoy se titula “Los tilos”. Capítulo V #cuentosqueteacarician LOS TILOS Capítulo V Ahora se encontraban los tres dentro de la inmensa montaña de rocas. Cuando la antorcha se encendió, admiraron igual que Mauricio la cueva de amatistas y después buscaron el pasadizo que el chico les había indicado en la tela rasgada. Al encontrarlo subieron las empinadas escaleras de caracol, hasta alcanzar la cima del acantilado. La alegría al reencontrarse los cuatro amigos fue inmensa. Ahora que habían estado separados comprendían el verdadero valor de estar juntos. Era ya completamente de noche, y Viveca, Nils y Greta se acercaron al manantial y bebieron ávidamente, después Mauricio les llevó a una cercana cueva que formaban las rocas del abrupto acantilado. Allí pasaron la noche resguardados, con la antorcha haciendo una vez más de fogata con la que calentarse. Al amanecer, miraron a su alrededor preguntándose cómo seguir adelante. A lo lejos divisaron un pequeño sendero que discurría entre matorrales. Más lejos todavía podían verse altas montañas en cuyas faldas habían frondosos bosques. Caminaron por el estrecho sendero durante toda la mañana. Cuando el sol estaba ya muy alto en el horizonte, el paisaje era muy distinto al que tomaron cuando se alejaron de los acantilados. Los matorrales habían ido desapareciendo y poco a poco la vegetación había ido haciéndose más frondosa. Ahora frente a ellos se hallaba un hermoso tilo y un poco más allá comenzaba el bosque de cedros y abetos. Los niños se sentaron bajo el tilo. Fue como sentirse un poco en casa. Los cuatro recordaron el bosquecillo de tilos que había junto a su pueblo y tantas horas pasadas jugando en él en primavera. -¿Cómo seguiremos ahora? ¿Es que nunca regresaremos a nuestro hogar? Preguntó Nils. Un bosque inmenso se alzaba frente a ellos y él sólo deseaba cerrar los ojos y encontrarse bajo los tilos queridos de su pueblo. Viveca que siempre llevaba el viejo libro junto a su pecho le dijo: - No te desanimes Nils. Tal vez el libro vuelva a darnos la respuesta que necesitamos. Se sentó erguida, apoyando su espalda en el tronco del gran tilo. Abrió el libro al azar y leyó: “El castillo está rodeado de tristeza. La princesa, enferma de melancolía, está hambrienta”. ¿Qué querrían decir aquellas extrañas palabras? Por allí no se veía ningún castillo, ni tampoco princesa alguna. Los muchachos siguieron su camino internándose en el bosque. Encontraron ricos y dulces frutos silvestres, y pequeños riachuelos cruzaban de vez en cuando su camino, y en ellos podían calmar su sed y refrescar sus cansados pies. Era ya muy avanzada la tarde y apenas los rayos del sol podían atravesar las frondosas copas de los árboles. Pararon para descansar y decidir que hacer. -La noche está al caer-dijo Viveca. No sería bueno pasarla a la intemperie, pues estos frondosos bosques pueden tener lobos u otras alimañas que salgan en la noche. Nada más decir esto Viveca, se escuchó a lo lejos el aullido de un lobo. Los muchachos se asustaron, mirando con desconfianza alrededor. -Tenemos que encontrar un lugar resguardado donde pasar la noche- dijo Mauricio. Greta encontró un árbol gigantesco, cuyo tronco había sido alcanzado por un rayo mucho tiempo atrás. Ahora ese robusto tronco estaba hueco, y en él cabían los cuatro muchachos sentados. Sólo faltaba pensar cómo cerrar la entrada. Buscaron troncos y los ataron con la cuerda que el anciano venerable les había dado. Encajaron la improvisada puerta en el hueco del árbol, dejando antes la antorcha clavada en el suelo. Sabían que al oscurecerse del todo, la antorcha se encendería y eso ahuyentaría a las fieras. Los cuatro chicos esperaron acurrucados en el interior del tronco. A lo largo de este tiempo de aventura se habían hecho más fuertes y también más valientes. Habían sobrevivido al frío, a la noche y al miedo. Habían hecho frente al hambre, a la sed, a la soledad y al desánimo. Habían sentido el verdadero valor de la amistad. Ahora se encontraban allí, agazapados en el vientre acogedor de un gran árbol, escuchando cómo los aullidos de los lobos se acercaban más y más. El brillo de la antorcha era todavía débil, pues aún no era noche cerrada. A lo lejos podía verse, entre los troncos de la rudimentaria puerta, la silueta de los lobos acercarse. Los dientes de Viveca castañeteaban de miedo y su hermano le pasó el brazo por el hombro infundiéndole ánimo. -¡Que se haga de noche, que se haga de noche y se encienda la antorcha!, rogó en voz alta Greta. Los lobos estaban ya cercanos y sus aullidos helaban la sangre de los chicos. Pero la oscuridad era ya total y la silueta amenazadora de los lobos, que avanzaban hacia el árbol, se detuvo de golpe cuando la antorcha brilló, ¡por fin! con toda intensidad. Los niños respiraron aliviados al ver detenerse a las fieras que, desconcertadas por el fuego, se movieron dando rodeos hasta alejarse del lugar. Los aullidos se escucharon lejanos durante toda la noche, pero ahora los niños estaban más tranquilos. Poco a poco se fueron durmiendo todos... todos menos Mauricio, que al ser algo más mayor que los demás se sentía responsable de sus amigos. Toda la noche miró la antorcha, temiendo que al dormirse él pudiera apagarse. Pero la antorcha no se apagó, más bien esa noche brilló con una intensidad y un brillo mayor.
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“Los tilos”. Capítulo IV

Madrid, a 1 de julio de 2021. El cuento de hoy se titula “Los tilos”. Capítulo IV #cuentosqueteacarician LOS TILOS Capítulo IV La antorcha que Mauricio llevaba en la mano comenzó poco a poco a alumbrar, primero con una luz pálida, que en contraste con la oscuridad fue adquiriendo intensidad. Se encontraba en una especie de pequeña bóveda en la que habían incrustados cristales. Cuando fue serenándose se dio cuenta de que estaba en el interior de una geoda gigante, donde se habían desarrollado a lo largo de los siglos preciosas amatistas. Un techo de puntas de estrellas violetas que brillaban a la luz de la antorcha. Admirando la belleza que le rodeaba se dio cuenta que tenía las fuerzas para salir de allí y que debía encontrar la forma de volver a reunirse con sus amigos. Agradeció a la tierra, por esa maravilla que podía contemplar. Se acordó de su abuela que siempre decía: “El hombre olvida que pertenecemos a la tierra y que es ella la que nos da la fuerza”. Su abuela siempre iba a dar paseos por la Naturaleza y decía que eso le daba la vida. Acordarse de la abuela también reconfortó a Mauricio. Miró alrededor buscando una salida y fue pasando suavemente sus manos por las puntas de cristales violetas hasta que, entre las preciosas amatistas, descubrió un estrecho paso. Se aventuró por el pasadizo y comenzó a ascender por una escalera labrada en la roca. Mientras tanto, en el exterior, Viveca y sus amigos le habían estado buscando todo el día. Ahora, al atardecer descansaban exhaustos y desanimados sobre la arena. La primera estrella ya apuntaba en el cielo. Greta la señaló con el dedo y les dijo: -¡Mirad! Los tres habían escuchado desde niños que si se pide a esa estrella un deseo bueno, éste se cumple. La única condición es que sea algo bueno. Los tres niños se miraron, luego miraron a la estrella y los tres desearon lo mismo: “Que Mauricio esté bien y podamos encontrarlo”. Mientras tanto, Mauricio había estado subiendo y subiendo aquella estrecha escalera de caracol. Según iba subiendo una mayor claridad llegaba a sus ojos. Al final, la escalera se abría en lo alto del acantilado. La antorcha ya se había apagado y Mauricio dio un brinco saltando el último peldaño. Sus pulmones se llenaron de aire fresco y pudo contemplar el bello cielo del atardecer, rasgado de tonos violetas y anaranjados. Vio esa primera estrella y otras que ya apuntaban en la lejanía y deseó que sus amigos estuvieran bien y poderlos encontrar pronto. Cuando Mauricio llegó a lo alto del acantilado, lo primero que llamó su atención fue el murmullo del correr del agua. Allí mismo, junto a una roca brotaba un pequeño manantial del que bebió hasta saciar su sed. De nuevo pensó en sus amigos ¡ojalá pudieran ellos beber de esa fresca agua! Entonces avanzó hasta el mismo borde del precipicio del acantilado y allí abajo pudo divisar a su hermana y sus amigos. Tumbados en la arena miraban la estrella esperando todavía el milagro de ver cumplido su deseo. Mauricio les gritó con todas sus fuerzas, pero el acantilado era muy alto y los chicos no podían oírle. Mauricio cogió pequeñas piedras y comenzó a echarlas donde estaban sus amigos. Estos reaccionaron rápido al ver caer cerca de ellos las piedras, miraron hacia arriba y pudieron distinguir, por fin, a Mauricio que les gritaba ahora: -¡Golpead la roca!, pero ellos no podían oírle. -¿Cómo podríamos subir ahí arriba? Se preguntaba Nils en voz alta. Mauricio se dio cuenta de que sus amigos no podían oírle. Rasgó un trozo de su camisa y mojando tierra con su propia saliva hizo una pasta con la tierra oscura que había entre las rocas del acantilado. Sobre la tela rasgada escribió: "golpead la roca y buscad el pasadizo". Ató la tela al mango de la antorcha y lo lanzó a la playa. La antorcha quedó clavada sobre la arena. Nils la arrancó y leyó con dificultad los trazos de su amigo: “golpead la roca y buscad el pasadizo”. Los tres avanzaron juntos, golpeando la pared de roca. Greta llevaba la antorcha en la mano, y con ella dio justo en el lugar que Mauricio había dado. La piedra se abrió y engulló a la niña igual que había hecho con su amigo, pero esta vez Nils y Viveca habían presenciado lo sucedido, de manera que ellos mismos repitieron los golpes en el mismo lugar. Así aparecieron junto a Greta dentro de la roca.
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“Los tilos”. Capítulo III

LOS TILOS Capítulo III Viveca se sentó sobre una piedra con "el libro que todo lo sabe" sobre sus rodillas. Era un libro con aspecto de ser muy antiguo. Se quedó callada con sus manos sobre el libro cerrado. Los demás niños la rodearon y ella les dijo: -Tal vez aquí encontremos alguna respuesta. Con reverencia abrió el libro. En la primera página ponía: “Nunca se nos presenta una prueba que no podamos superar y en los momentos de mayor dificultad los recuerdos son la fuerza en el corazón”. Viveca había leído en voz alta, después cerró el libro y lo apretó contra su pecho. Los niños cerraron los ojos y Greta , recordando, les dijo: "El año pasado, cuando tuve aquellas fiebres tan grandes que me tuvieron meses en la cama, creía que iba a morirme. También mis padres lo creían. Una noche les escuche hablar con el médico, que les dijo: -“Nada más puedo hacer, ahora todo depende de Greta y de su fuerza para luchar contra el mal que la aqueja”. Al principio me asusté mucho, me sentía cobarde y pequeña para luchar contra aquello, pero al mirar cada mañana a través de mi ventana el gran tilo del pueblo, algo me susurraba: -¡Ánimo Greta, puedes porque eres grande como el árbol más grande! Y cuando miraba las montañas y los pájaros, ese susurro me decía: - "eres fuerte como la gran montaña que se ve desde el pueblo, libre como las golondrinas que se acercan a tu ventana en primavera, inmensa como las estrellas!” Y así, día a día, fui ganando fuerzas, fui mejorando hasta que estuve completamente recuperada. Los demás habían escuchado en silencio. Los recuerdos de Greta les habían dado fuerza y ánimo. -De acuerdo- dijo Nils. Pongámonos en marcha. Lo primero es buscar comida y el mar nos la dará. Con Nils a la cabeza, los cuatro se adentraron un poco en el agua. El mar era transparente y bucearon pegados a las rocas. Después de muchos intentos fueron sacando moluscos y algunos peces. En la orilla, utilizando la antorcha como fogata los asaron, y con ganas los comieron. Una vez saciada su hambre inspeccionaron a su alrededor. Aparentemente no había ninguna rendija o saliente por donde escalar el acantilado y hasta donde se perdía la vista continuaba ese muro rocoso infranqueable. Mauricio se repetía la frase leída en el libro: “No se presenta una prueba que no seamos capaces de superar”... Y con esta frase en la cabeza, comenzó a recorrer el muro deslizando su mano por la pared rocosa. De vez en cuando, como martilleando la roca al ritmo de la frase, la golpeaba con el mango de la antorcha apagada, mientras caminaba lentamente, pero sin detenerse. Los demás niños no se habían dado cuenta de que Mauricio se estaba alejando bastante. En un momento, al dar el niño uno de estos golpes contra la roca, esta cedió de repente, como una puerta que se abriese batiéndose hacia dentro y volviéndose a cerrar con rapidez. El niño quedó dentro de la roca. Viveca fue la primera que echó en falta a su hermano. No era un terreno donde alguien pudiera esconderse; a un lado el mar y al otro gigantescas rocas, imposibles de escalar. -¡Mauricio, Mauricio!, hermano mío ¿dónde estás? Nils y Greta llamaban también angustiados a su amigo. Era como si la tierra se lo hubiera tragado. ¿Dónde podía haber ido, si sólo mar y muros de piedra les rodeaban? Dentro de la gran mole de roca se encontraba Mauricio, muy asustado y sin comprender lo que había sucedido. La frase del libro que había estado repitiéndose sonaba en su cabeza como un eco: “no se nos presenta ninguna prueba que no seamos capaces de superar”. Ahora él se sentía frente a la prueba más dura: solo y separado de sus amigos, en la oscuridad de una montaña de roca.
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“Los tilos”. Capítulo II

LOS TILOS Capítulo II El anciano les miró con mirada severa y a la vez compasiva, no inspiraba miedo pero si un gran respeto. -¿Qué hacéis aquí?, ¿a qué habéis venido? - preguntó el anciano. -Nos hemos perdido, teníamos mucho frío y vimos el resplandor de la luz. -Lo sé, os alejasteis demasiado de vuestras casas y de vuestras familias. El bosque que habéis atravesado no tiene vuelta atrás, por eso no encontráis la salida para volver al pueblo. Nunca podréis regresar por él. Pero habéis tenido la fortuna de dar con mi cueva, así que os ayudaré para que podáis encontrar el camino de vuelta a casa. No será fácil ya que deberéis pasar pruebas difíciles antes de poder regresar. Estar vigilantes y permanecer unidos. Yo sólo podré acompañaros hasta el umbral, tras el cual se encuentra la escalera de caracol que debéis descender. Antes de despedirles, el anciano les dio algo que les serviría de gran ayuda: la antorcha que nunca deja de brillar en la oscuridad, la cuerda que no se suelta, la llave dorada que abre todas las puertas y el libro que todo lo sabe. El venerable anciano encendió la antorcha con el fuego que había en el centro de la cueva y se lo entregó a Mauricio, la llave que abre todas las puertas a Greta, la cuerda que no se suelta a Nils y el libro que todo lo sabe a Viveca. Greta colgó la pequeña llave en una cadenita que llevaba al cuello; Nils ató la cuerda a su cintura; Viveca apretó el libro contra su pecho y Mauricio sujetó con firmeza la antorcha, que les iba a acompañar durante todo el camino. -Os deseo buena suerte. Comenzáis un camino en el que tendréis que enfrentar peligros, pero si los afrontáis con valor y bondad de corazón venceréis a la oscuridad que siempre nos acecha. Los niños hicieron una reverencia ante el anciano y comenzaron a descender por la empinada escalera de caracol. Mauricio iba el primero con la antorcha en alto para alumbrar a sus compañeros que venían detrás. Descendieron y los escalones se iban haciendo cada vez más bajos, hasta que finalmente desaparecieron quedando sólo una superficie lisa por la que los niños se resbalaban, cayendo cada vez a más velocidad. Después, poco a poco, la pendiente se fue suavizando y los niños fueron parando el alocado descenso hasta quedar detenidos por completo. Se encontraban tumbados sobre una superficie de arena de playa. Se quedaron quietos y en silencio; a lo lejos se oía el rumor de las olas del mar. En el cielo lucía una espléndida luna que permitía ver con claridad alrededor. No sabían cuánto tiempo habían estado caminando ni hacia dónde. A su izquierda estaba el mar, a su derecha sólo oscuridad, sobre ellos el cielo oscuro alumbrado por la luna. En medio de la oscuridad adivinaron una sombra más oscura todavía, era una gran mole sobre la que parecía que iban a chocar si seguían caminando. Los cuatro avanzaron muy despacio, hasta que alargando sus manos pudieron tocar aquella sombra oscura. Era la base de un gran acantilado, donde el mar, que rugía con fuerza, golpeaba sobre las rocas. Los niños avanzaron siguiendo la pared rocosa que ahora les cortaba el paso. Esperaban encontrar algún camino a través de aquella pared, pero sólo alcanzaban a ver un muro sin fin a lo largo y alto. Cansados se sentaron sobre la arena, apoyados en la roca con la antorcha en medio a modo de fogata. Se durmieron. Al amanecer les despertó la claridad de un sol débil. A su alrededor encontraron un ambiente sobrecogedor. Muros inexpugnables de roca se extendían hasta donde alcanzaba la vista. Muros imposibles de ser escalados. Ningún árbol ni arbusto, ninguna casa ni ser humano. Sólo muros de piedra y al otro lado el mar. Los niños se miraron desolados, no sabían qué hacer y además sentían hambre y sed. Parecía que ahora sí que estaban en una situación desesperada.
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“Los tilos”. Capítulo I

Antes de descansar unas semanas y hasta septiembre si Dios quiere, os quiero dejar un recuerdo maravilloso. A lo largo de esta semana os mandaré un cuento dividido en siete capítulos, espero sinceramente que os guste. El cuento de hoy se titula “Los tilos”. Capítulo I #cuentosqueteacarician LOS TILOS Capítulo I Hace ya muchos años en un pueblecito cerca de Laponia, en un reino muy al Norte, vivía una familia que tenía dos hijos: Viveca y Mauricio. Los niños eran muy felices pues el pueblo estaba muy cerca del bosque, un bosque de grandes árboles donde los niños se internaban con sus amigos para jugar. Aquel invierno había sido especialmente frío. La nieve cubría los tejados de las casas, las copas de los abetos y todo el suelo de calles y caminos. El tilo que se erguía majestuoso en el centro de pueblo tenía ahora desnudas sus ramas, y parte de su tronco estaba cubierto de nieve. En el bosque se podía escuchar ese silencio que sólo puede oírse cuando un manto de nieve lo cubre, y el lago cercano al pueblo se había transformado en una divertida pista donde los niños se deslizaban patinando alegremente. Viveca y Mauricio habían salido a patinar muy abrigados, con los guantes de lana y el gorro que su abuela les había tejido aquel invierno. Estuvieron toda la mañana patinando con sus amigos Nils y Greta. Tan entretenidos estaban que no se dieron cuenta de que era ya la hora de ir a casa a comer. A Mauricio se le ocurrió acercarse al bosque a buscar piñas para hacer adornos para la fiesta de Santa Lucía, pues ya se acercaba esa festividad en la que los niños llevaban coronas de luz en sus cabezas. Pasaron mucho rato cogiendo piñas del suelo y jugando, hasta que Viveca se dio cuenta de que el sol estaba ya muy bajo en el horizonte. Alertó a los demás niños y los cuatro comprendieron que habían pasado demasiado tiempo fuera de casa. Ya debería ser muy tarde y sus familias estarían muy preocupadas por ellos. Comenzaron a correr para salir del bosque pero no conseguían encontrar la salida. Una y otra vez, cuando ya creían que estaban en el camino correcto, se daban cuenta de que no reconocían el lugar en el que se encontraban. El frío era tremendo y comenzaban a sentir que sus piernas y pies se quedaban helados. Los cuatro niños se juntaron formando una piña, así se daban calor unos a otros. -"No nos separemos”- se dijeron. Temblaban de frío y de miedo y ya todo era oscuridad a su alrededor. Así pasó un largo tiempo y los niños se fueron quedando dormidos, sentados sobre la nieve unos apoyados en los otros. Viveca despertó en mitad de la noche y allí a lo lejos comenzó a divisar algo. -¡Mauricio, Mauricio!- gritó la niña. ¡Mira! Mauricio no contestaba, ni tampoco los otros dos niños. Viveca los zarandeó hasta que los despertó y abrieron los ojos. -¡Mirad, mirad!- dijo la niña- allí a lo lejos se ve una luz. Los cuatro corrieron en la dirección de la luz y cuando ya se acercaban se dieron cuenta de que se trataba de una cueva. De ella salía un gran resplandor pero no se escuchaba ningún sonido. Los cuatro se cogieron de la mano y comenzaron a avanzar hacia dentro. Un suave calor que salía de la cueva les hizo sentirse mejor. La entrada se fue ensanchando hasta convertirse en un espacio amplio y redondo en cuyo centro había una gran hoguera. Los niños quedaron asombrados, pues de la hoguera parecía no desprenderse humo alguno y sin embargo ardía sin cesar con gran luz y calor. Comenzaron a mirar a su alrededor con mayor detenimiento. El techo de la cueva estaba tachonado de estrellas. Largo rato estuvieron los niños admirando tal maravilla, hasta que de repente se escuchó el grito de admiración de Mauricio. Todos giraron su rostro hacia él y vieron que miraba fijamente a un lugar de la cueva. Allí descubrieron con asombro que no estaban solos, con ellos se encontraba otro ser. Se trataba de un anciano, un anciano venerable.
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LA VIDA Y LA MUERTE

El cuento de hoy se titula “LA VIDA Y LA MUERTE” Cuento extraído del libro “Cuentos para entender el mundo 2” de Eloy Moreno. #cuentosqueteacarician Este cuento, nos hace reflexionar una vez más ante el debate más antiguo del ser humano. ¿Qué hay después de la muerte? Yo soy de la opinión que la muerte es parte de la vida, y que todos los que hemos nacido, en algún momento moriremos. Entonces reflexiono y pienso en que la mejor manera de vivir es AMAR. El Amor prevalece para siempre. “La vida es tan hermosa qué si tienes que perderla, hazlo por los demás” Jesús Arias
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El traje nuevo del emperador

El cuento de hoy se titula “EL TRAJE NUEVO DEL EMPERADOR”. #cuentosqueteacarician Cuanta sin razón y desasosiego tiene que haber en aquellas personas que tan sólo quieren escucharse siempre así mismas. No existe peor ciego que aquel que no quiere ver. Reflexionemos: Pensando en nosotros: ¿Hasta dónde soy capaz de llegar con tal de no reconocer mi desnudez, mi fragilidad, mi incapacidad? Y ahora pensando en los demás: ¿Sería capaz de ser tan inocente como lo fue el niño de confesar la desnudez de los demás y no tener rubor? “Cada mañana es mejor reconocerse en el espejo y dar gracias por nuestros defectos, que presumir de lo que no tenemos y no somos” Jesús Arias
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EL PRESTAMO

El cuento de hoy se titula “EL PRESTAMO” Cuento extraído del libro “Cuentos para entender el mundo 2” de Eloy Moreno. #cuentosqueteacarician Este cuento, nos hace comprender que debemos confiar en aquellos que realmente nos aman. En ocasiones buscamos cariño en brazos de personas extrañas y les confiamos nuestros secretos como si fuéramos inmunes, que manera más fácil de perder nuestro dinero y nuestra intimidad. “La sabiduría del anciano, prevalece sobre la fuerza del joven” Jesús Arias
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Caperucita Roja

El cuento de hoy se titula “Caperucita Roja”. #cuentosqueteacarician Cada vez que contamos un cuento de los que llamamos clásicos. Parece como que no nos paramos para reflexionar lo que el autor nos quiso enseñar cuando lo escribió. Yo me pregunto: ¿Cuantas veces nos fiamos de las personas equivocadas pensando que ellas al ser más grandes, más guapos, altas, fuertes, no, nos van a engañar? “Cada ser humano es importante y no importa su raza, su edad, su religión, su cultura, lo realmente importante es su alma y su corazón” Jesús Arias
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El cuento de hoy se titula “LA CARRETA”

El cuento de hoy se titula “LA CARRETA” Cuento extraído del libro “Cuentos para entender el mundo 2” de Eloy Moreno. #cuentosqueteacarician Qué corto es este cuento, tan corto como lo fácil que es entender lo que nos quieren enseñar. “Mucho ruido y pocas nueces”. “No por mucho madrugar amanece más temprano”. “Dime, de qué presumes y te diré de qué careces”. “Por sus frutos le conoceréis”. Cuando era niño mi padre me solía decir, “Jesusín” hijo, no te fíes ni de tu padre. Al buen entendedor pocas palabras bastan. Jesús Arias
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Blanca y nieves

El cuento de hoy se titula “Blancanieves” y se lo quiero dedicar a mi querida Paola, una preciosa niña de Cabezuela. Sus papas me han dicho que se comporta muy bien, es obediente y estudia muchísimo. Un besito muy gordo. Este cuento clásico lo hemos escuchado tantas y tantas veces que yo creo que nos hemos olvidado de las lecciones que nos quiere contar. Yo puedo ver valores tan importantes como la obediencia, la ternura, el respeto, y a la vez contravalores como la furia, la venganza, la envidia o la falta de amor. Seamos como los enanitos o el cazador, personas que respetan a los demás y dejemos de pensar como esa envidiosa madrastra. Todo lo demás son excusas baratas que nos alejan de la enseñanza de este maravilloso y clásico cuento. “Todos podemos llegar a ser como Blancanieves, víctimas de la envidia”
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LA NIÑA DE LAS CERILLAS

El cuento de hoy se titula “LA NIÑA DE LAS CERILLAS” Este cuento tan bonito y especial se lo quiero dedicar a mi amiguita Abril que acaba de tener un hermanito que se llama Diego. Mi corazón se llena de alegría cada vez que nace un nuevo niño, sed muy felices amiguitos. ¡Que Dios os bendiga mucho a vosotros y a vuestros padres! #cuentosqueteacarician Puede parecer un cuento un poco triste, sin embargo, nos cuenta una historia muy real. Cada día miles de niños, mueren en condiciones que ni siquiera podríamos relatar. Sólo en 2018, más de 5.200 niños fueron víctimas de graves violaciones de sus derechos. No debemos ni podemos olvidarnos de los más débiles. Ni un caso más de violencia infantil “No puedo entender que existan personas que no les gusten la mirada de un niño” Jesús Arias
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ARENAS MOVEDIZAS

El cuento de hoy se titula “ARENAS MOVEDIZAS” Cuento extraído del libro “Cuentos para entender el mundo 2” de Eloy Moreno. #cuentosqueteacarician Este pequeño cuento nos habla de cuál es nuestra actitud ante los problemas, las dificultades. Nos hundimos, parece que llegamos a no tener fin a nuestras desgracias, nos comparamos con los demás y siempre nos pasa a nosotros mucho más de todo que a ellos. ¿Es fácil salir del agujero? ¿Quiero salir de mi ansiedad o mi cómoda posición de victima? “Dejarse ayudar por los demás es parte de la grandeza de amarse y amar” Jesús Arias
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“Las distintas verdades”

El cuento de hoy se titula “Las distintas verdades” Cuento extraído del libro “Cuentos para entender el mundo 2” de Eloy Moreno. #cuentosqueteacarician Cada día nos podemos preguntar dónde está la verdad. La verdad es tan relativa y tiene tantas caras como personas tiene el mundo. Sin embargo, hay verdades irrefutables; por ejemplo “la vida o la muerte”. Un prisma, en geometría, es un poliedro que consta de dos caras iguales y paralelas llamadas bases, y de caras laterales que son paralelogramos. La situación es la misma y depende de donde estés situado la verdad dependerá de la cara donde estés situado en el prisma. “Ama siempre, ese sentimiento jamás engaña nadie” Jesús Arias
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La verdadera y única historia del Ratoncito Pérez

Existen historias muy bonitas que nos acompañan a lo largo de toda la vida y en ocasiones no sabemos el origen de estas. La verdadera historia del Ratón Pérez es un alegato al esfuerzo y a la virtud basada en la vocación verdadera y el esfuerzo. “Borremos de nuestras vidas los temores, cuando observamos aprendemos” Jesús Arias
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La taza llena

El cuento de hoy se titula “La taza llena” Cuento extraído del libro “Cuentos para entender el mundo 2” de Eloy Moreno. Este cuento nos explica de manera muy gráfica lo triste que es la soberbia. Es imposible aprender nada si tu ego es inmenso. Para poder llenar tu corazón y tu mente, primero debes de entender que necesitas aprender. “Primero reconoce tu debilidad, luego es muy posible que te llenes de algo más que sabiduría” Jesús Arias
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La Ratita Tita y sus amigas

Desde que el mundo es mundo cada uno hemos tenido una función en la Tierra, en nuestra sociedad, en nuestra historia. Aceptarnos significa entender que todos somos importantes dentro de un plan natural y trascendental. “Lo importante es que soy capaz de participar en el desarrollo de la sociedad siendo como soy y haciendo lo que se hacer mejor” Jesús Arias
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LOS TOMATES

El cuento de hoy se titula “LOS TOMATES” Cuento extraído del libro “Cuentos para entender el mundo 2” de Eloy Moreno. Siempre he pensado y practicado que lo que pueda hacer yo por mí mismo me haría mejor persona. Es verdad que existen personas que han abusado de la generosidad de los poderosos, llegando a creer que ellos eran tan importantes como ellos. “No presumas ni de lo que puedas construir con tus propias manos y siempre sé humilde” Jesús Arias
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“Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada” VEINTE POEMAS DE AMOR Y UNA CANCIÓN DESESPERADA PABLO NERUDA Este libro de poemas es el más conocido de Pablo Neruda, una de sus obras cumbre y que marcará su futura obra poética en la que uno de los temas centrales, si no el más importante, será el amor. Estos poemas en sí mismos no gozarán de originalidad en la temática. Al fin y al cabo, el tema del amor es recurrente en la obra de la inmensa mayoría de los poetas. Pero en estos poemas Neruda no sólo abordará la pasión que siente por su amada, sea imaginaria o real, sino también por las metáforas que encierra, la virtud que supone para el hombre o la mujer amar y ser amado, llegando a la conclusión de que a la postre amar es sufrir. Updated
Cuentos Que Te Acarician - Eloy Moreno Después de pedir autorización a Eloy Moreno, me atrevo a poner voz a estos cuentos maravillosos. La Portada e ilustraciones son de Pablo ZERDA El autor Eloy Moreno creo un ebook gratuito para que estos días de cuarentena os pasen más rápido y de una forma más entretenida. Estos cuentos son tanto para adultos como para niños y niñas a partir de 7-8 años. Lo más bonito es leerlos, compartirlos y comentarlos. Todos los cuentos que os voy a leer pertenecen a los libros > Cuentos para entender el mundo 1 > Cuentos para entender el mundo 2 > Cuentos para entender el mundo 3 Ahora mismo podéis conseguir los libros completos en su versión electrónica en Kindle Amazon y su edición en papel en librerías online y en la web: www.eloymoreno.com Edición digital, 17 de marzo, 2020 www.eloymoreno.com “EL QUE NO CREE EN LA MAGIA NUNCA LA ENCONTRARÁ” ROALD DAHL Updated
Cuentos Que Te Acarician - José Carlos Bermejo Tuve la inmensa fortuna de que cayera en mis manos el libro de José Carlos Bermejo, titulado ” Regálame la salud de un cuento” de SALTERRAE. Voy a intentar leeros con emoción y el corazón los 58 cuentos que se relatan en este maravilloso libro. Y como dice el autor: Leer un cuento es saludable. Leer un cuento a otra persona es más saludable aún: genera bienestar, contribuye al equilibrio emocional, provoca relajación y , en muchas ocasiones, invita a mirarse a sí mismo dejándose interpelar por su provocación ética. Yo sólo pondré la VOZ y mis emociones y espero de todo corazón que consiga ser mensajero de valores. Jesús Arias Updated
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Cuentos para irse a Dormir En estos cuentos tan especiales que hacemos tenemos a nuestra protagonista Lara, una niña que lleva desde los 2 añitos y medio compartiendo cuentos de todo tipo con vosotros. Comenzamos con cuentos pero Lara va creciendo (ya tiene casi 7 añitos) y vamos incorporando cosas como lecturas o podcast y quien sabe que otras sorpresas tendremos Updated
¿Me lees un cuento? Podcast de la Editorial Hola monstruo. Recomendaciones literarias y narraciones de nuestros álbumes ilustrados, libros y películas preferidas. Descubre todos los episodios en www.holamonstruo.com Updated
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