
Elizabeth Chaquinga
Érase una vez un león que dormía plácidamente cuando un pequeño ratoncito le hacía cosquillas, el león se despertó sobresaltado y cogió al ratón con sus garras con intención de darle bocado. El ratón le dijo al león le prometo que no volveré a molestarle y si algún día necesita de mi ayuda, le serviré con gusto, pues quedaré en deuda con usted”. “¿Servirme tú a mí con lo pequeño que eres?” Le respondió el león. “No sé en qué podrías ayudarme, pero me has hecho reír tanto que te perdonaré la vida y te dejaré marchar” Un buen día, años más tarde el león se vio en una situación desagradable para él; cayó en una trampa que había sido preparada por unos cazadores fue una casualidad que el pequeño ratón anduviera por la zona y acudiera en su auxilio.
Érase una vez un león que dormía plácidamente cuando un pequeño ratoncito le hacía cosquillas, el león se despertó sobresaltado y cogió al ratón con sus garras con intención de darle bocado. El ratón le dijo al león le prometo que no volveré a molestarle y si algún día necesita de mi ayuda, le serviré con gusto, pues quedaré en deuda con usted”. “¿Servirme tú a mí con lo pequeño que eres?” Le respondió el león. “No sé en qué podrías ayudarme, pero me has hecho reír tanto que te perdonaré la vida y te dejaré marchar” Un buen día, años más tarde el león se vio en una situación desagradable para él; cayó en una trampa que había sido preparada por unos cazadores fue una casualidad que el pequeño ratón anduviera por la zona y acudiera en su auxilio.




