
Escoltas: la sombra que me protegía de ETA
A finales de los años 90 pasaron muchas cosas que están marcadas en la memoria colectiva de España. Los asesinatos de Gregorio Ordóñez y de Miguel Ángel Blanco abrieron un nuevo episodio de terror en el País Vasco. Cambiaron las reglas del juego y el Estado tuvo que actuar dando protección a cualquiera que levantase la voz contra ETA, entre ellos concejales de pueblo, periodistas o profesores.
Cerca de 3.000 escoltas privados sirvieron en el País Vasco entre los años 1999 y 2012. La suya fue una profesión nueva, que se creó de la nada y con gente que apenas tenía experiencia. En ese camino marcado por la violencia, se crearon nuevas relaciones, se rompieron familias y se convivió con un enemigo invisible y letal.
A finales de los años 90 pasaron muchas cosas que están marcadas en la memoria colectiva de España. Los asesinatos de Gregorio Ordóñez y de Miguel Ángel Blanco abrieron un nuevo episodio de terror en el País Vasco. Cambiaron las reglas del juego y el Estado tuvo que actuar dando protección a cualquiera que levantase la voz contra ETA, entre ellos concejales de pueblo, periodistas o profesores.
Cerca de 3.000 escoltas privados sirvieron en el País Vasco entre los años 1999 y 2012. La suya fue una profesión nueva, que se creó de la nada y con gente que apenas tenía experiencia. En ese camino marcado por la violencia, se crearon nuevas relaciones, se rompieron familias y se convivió con un enemigo invisible y letal.
![[Extra. Entrevista con un alto cargo policial: "Los escoltas salvaron muchas vidas"]](https://img-static.ivoox.com/index.php?w=255&url=https://static-1.ivoox.com/audios/7/2/4/e/724ee66a47ac9518d9b7d2afb9e41fe8_XXL.jpg)











