
IGLESIA CRISTIANA AMOR, VIDA Y PLENITUD
El Espíritu Santo sigue impulsando y atrayendo al Padre a los que viven en el pecado. Él no puede morar en un corazón no rendido y que no cambia, pero con mucha paciencia y amor le guía al arrepentimiento (Juan 16:8). Cuando una persona somete su voluntad a la voluntad del Padre, es convertido en hijo de Dios por medio de la fe en Cristo Jesús. Al tal Dios envía su Espíritu. “Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!” (Gálatas 4:6).
El Espíritu Santo sigue impulsando y atrayendo al Padre a los que viven en el pecado. Él no puede morar en un corazón no rendido y que no cambia, pero con mucha paciencia y amor le guía al arrepentimiento (Juan 16:8). Cuando una persona somete su voluntad a la voluntad del Padre, es convertido en hijo de Dios por medio de la fe en Cristo Jesús. Al tal Dios envía su Espíritu. “Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!” (Gálatas 4:6).





