Jhonny Blanco. JB.-
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Entrevista en audio a Francis Martínez realizada en el mes de junio del año 2.010 para el documental: Francis... ¡Una mujer guerrera!

Entrevista en audio a Francis Martínez realizada en el mes de junio del año 2.010 para el documental: Francis... ¡Una mujer guerrera!

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IN MEMORIAM: Francis… ¡Una mujer guerrera! de Jhonny Blanco. La Panadera de Maracaibo

Dicen que los recuerdos de la infancia nunca se olvidan, y aunque de pequeño tengo un montón de momentos inolvidables, siempre recuerdo con alegría aquella tarde que, mientras me dirigía con mi Abuela a un banco ubicado en el centro de la ciudad, una melodiosa voz distrajo mi atención por completo. Lo que parecía salir de un aparato reproductor -pues a simple vista no ubicaba a nadie cantando- en realidad venía de una mujer que conduciendo un carro de supermercado se destinaba al pasillo por el que yo iba caminando. Como buen niño curioso, me detuve en el acto para presenciar aquel espectáculo novedoso de una vendedora de panes y dulces que, cantando, conectaba rápidamente con las personas que inevitablemente terminaban siendo sus compradores. En realidad, por la premura de mi Abuela yo no terminé con un dulce en la mano, pero sí con la satisfacción de haberle escuchado y muy sorprendido de lo tranquila y desenvuelta que se notaba la vendedora mientras trabajaba. Desde entonces quedé con las ganas de seguir escuchando su dulce voz y de tener la oportunidad de conversar con ella, pero en la medida que el tiempo pasaba, no tuve la dicha de topármela nuevamente porque, entre otras cosas, yo no frecuentaba el casco central, y ese era su lugar de trabajo. Muchos años después, cuando me llegó la etapa de la universidad, la responsabilidad de salir solo a la calle y de tomar mis propias decisiones, me planteé la idea de hacer, en cualquier momento de mi carrera universitaria, un trabajo que me permitiera dar a conocer su historia; sin embargo, en el mes de julio del año 2.013, para preparar el terreno que luego me tocaría labrar en mi carrera de Periodismo Audiovisual, me inscribí en el Taller de Realización de Documentales que dictó la cineasta Patricia Ortega en PDVSA La Estancia; taller del que me quedaron grandes enseñanzas, entre ellas, recuerdo con exactitud que, en el último ejercicio, Patricia nos invitó a contar la historia de un personaje que tuviera un intercambio e interacción con otros y que además tuviera un desplazamiento. En esa oportunidad fue inevitable recordar aquella señora que, caminando por aquellos pasillos del centro de la ciudad, logró seducirme siendo tan solo un niño, así que decidí ubicarla y, sin tanta dificultad, logré encontrarla en pleno casco central, pues literalmente, la señora era un personaje reconocido y todos le llamaban, con el respeto y cariño que ella se había ganado: Francis, “La Panadera”. Mi primer contacto con ella después de tanto tiempo fue extraordinario, como me lo esperaba, ella seguía interpretando sus canciones mientras trabajaba, pero nunca imaginé lo realmente valioso y significativo que se escondía detrás de “La Panadera”; una mujer devota de Dios, madre de los hijos que tuvo y de los que la vida le regaló, bondadosa de corazón, sabia, entregada a su trabajo y a su gente. Y, aclaro, todo lo que escribo no me lo contó ella, me lo dijeron sus acciones y las pocas personas con las que, para entonces, pude conversar. En ese primer encuentro no fue mucho lo que pude grabar porque se trataba de un ejercicio que, sin edición y en una misma toma, debía cumplir con los requerimientos solicitados. De manera que todo fue muy rápido, pero esta vez, las ganas de seguir trabajando con ella se intensificaron. Finalmente, cuando mostré el video, Patricia manifestó que ya la había visto antes y que ella era la señora que quería para una escena de su ópera prima, , pero que, cuando la buscó para proponérselo, no la consiguió porque para ese momento estaba enferma. En efecto, aquella información era cierta, la señora Francis tuvo que ausentarse por varios años de su trabajo por motivos de salud; tres infartos, una hipertensión pulmonar y el diagnóstico de la enfermedad de Parkinson la detuvieron. Hasta que un buen día Dios le dio la sanación y le permitió seguir trabajando como a ella tanto le gustaba. Después de la experiencia del taller, en el siguiente año de mi carrera universitaria, como lo había imaginado, me tocó hacer un documental que efectivamente entregué en el mes de julio de 2.014. Sin pensarlo dos veces decidí retomar la historia de “La Panadera” y acudí nuevamente a la señora Francis para pedirle su colaboración. Cuando hablamos, no dudó en decirme que sí, e incluso, hizo un paréntesis en la venta de sus panes para concederme una entrevista improvisada que grabé en audio con mi teléfono celular, lo que se convirtió en el inicio de nuestro trabajo juntos y que además me sirvió para la construcción del guión y de la propuesta que le iba a presentar al profesor. Aquella entrevista fue muy emotiva, la señora Francis se conmovió mucho y, desde la vulnerabilidad, me contó detalles que antes no había dicho “para no presumir su ayuda” porque, según ella, “cuando las cosas se hacen desde el corazón no es necesario tener que alardearlas tanto porque no se debe esperar algo a cambio. Sencillamente, haz el bien y no mires a quien”, me dijo. En ese momento, ella continuó su camino; me dio la dirección de la panadería y la hora a la que salía de allá a vender sus panes, sus dulces y su popular “Gelatina Valentina”, para que cuando quisiera, me aventurara con ella a hacer el recorrido. A pocos días de vernos, iniciamos nuestro recorrido juntos y, con cámara en mano y el temor de que me robaran, salimos a recorrer todos los lugares que visitaba, desde que salía de la Panadería hasta que llegaba al . Desde el inicio, la idea era que ella misma, paso tras paso y acción tras acción, me contara su historia mientras yo la registraba en video. Era increíble ver cómo “La Panadera” trabajaba, pese al incesante y ardiente sol, sin cansancio alguno. Entre tantas bendiciones de saludo y cánticos de alegría, se sentía como pez en el agua haciendo el trabajo que tanto le gustaba. Mientras caminábamos, la cámara no estuvo siempre encendida y la señora Francis lo sabía, de manera que muchas de las imágenes fueron capturadas sin que ella se diera cuenta, e incluso, en muchas ocasiones se le olvidaba que yo le acompañaba, y eso era algo que a mí me agradaba porque hubo momentos en los que ayudó a quienes lo necesitaban, y ella, sin tener que improvisar su colaboración por apariencia, simplemente, lo hacía como un acto de bondad y amor al prójimo. Entonces recordé lo que me había dicho en la entrevista inicial y, sin buscarlo, pude comprobar que todo el amor que profesaba era profundo y sincero, tal y como se le notaba mientras lo decía. Tres encuentros fueron más que suficiente para darme cuenta que no me había equivocado con “La Panadera”. La señora Francis, es el ejemplo de una trabajadora insigne que no necesitó de un una carrera universitaria ni de un puesto de trabajo de alto rango para tener vida. Una luchadora que, aunque en su infancia conoció de cerca la pobreza y la necesidad; la austeridad no fue impedimento para ayudar a su prójimo, pues, aún siendo una niña, siguiendo el ejemplo de su mamá, trabajaba y cantaba en el colegio o en los escenarios de La Voz de la Fe y Ondas del Lago para ganar útiles escolares y colaborarle a los más necesitados. Una cantautora que años más tarde, aunque no precisa la cantidad de canciones compuestas, todas fueron dedicadas a sus panes, sus dulces, y al público escucha. Hoy, indudablemente, su música, ha sido el sello que le ha valido el reconocimiento de muchos y, sobre todo; con su pasión generosa, La Panadera, logró instalarse en la memoria colectiva de la gente y ocupa un sitial importante en el sentir de las personas. Una vez terminada la etapa de grabación, me dispuse a ver los videos y, aunque la gran mayoría tenía problemas de audio y algunos de enfoque, seleccioné los mejores para iniciar el proceso de posproducción junto a uno de los mejores editores que he conocido: Eliel Bueno. Él, con su trabajo le hace honor a su apellido, y en muy poco tiempo, me ayudó a finalizar el documental que con mucho cariño había realizado. Desde el punto de vista audiovisual, al momento de la entrega del documental, quedé muy contento con el producto final; sin embargo, siempre estuve consciente que tenía muchas fallas que ni siquiera en postproducción se pudieron corregir; como por ejemplo, el sonido. De igual manera, hay varios detalles que los críticos podrían conseguir y que, actualmente, hasta yo mismo puedo notar con claridad, pero luego recuerdo que fue un ejercicio que grabé solo, novato y sin tanto aparataje, y me quedo tranquilo; satisfecho como el día de la entrega. Desde el punto de vista emocional, con todo y sus detalles, este documental tiene un valor importantísimo en mi vida. Es una obra que me conecta con un personaje, que más allá de ser reconocido, es, simplemente, una persona que marcó mi vida desde pequeño. Una mujer que formó a centenares de niños, jóvenes y ancianos desamparados sin importar el motivo de su orfandad. Una heroína de carne y huesos. Lo más satisfactorio de todo el proceso fue ver el documental junto a una familia orgullosa de “La Panadera”. Un encuentro en íntimo donde su protagonista, feliz como siempre, agradeció por lo que había visto en la pantalla del televisor. Un agradecimiento recíproco que nos abrazó y nos dejó satisfechos. Un homenaje merecido que era necesario celebrar. Y hoy, escribir de la señora Francis en pasado cuesta mucho. Su cercanía y su entrega tan evidentes me resultan inolvidables. Estoy seguro que me he quedado corto, pues, los méritos de “La Panadera” son muchos. Sí, en presente. Como presente es cada momento vivido a su lado. Es recordada con especial afecto. Como La Panadera de oficio y profesional de alma. Con una entrega de corazón a todos cuantos le pedían ayuda. Una trabajadora incansable que educó a sus hijos y allegados a ganarse la vida con un quehacer honrado. Una mujer cuyo compromiso eterno, sin querer queriendo, ha sido regalarnos su alma colectiva. Indiscutiblemente, por siempre, Francis… ¡Una mujer guerrera! JB.- P.D.: Este texto no representa mis últimas palabras para la señora Francis, pues, a fin de cuentas, nunca se termina de decirlo todo. Son escasas las líneas para describir tan importante personaje Marabino. SINOPSIS DEL DOCUMENTAL: Francis Martínez es una mujer encantadora, luchadora, emprendedora, fuerte, valiente y, sobre todo, feliz. Una trabajadora que durante muchos años se ha dedicado a vender panes, tortas y gelatinas por todo el casco central de la ciudad de Maracaibo. La característica particular que la distingue del resto de los vendedores es que vende cantando y bendiciendo a todo el que le compra y, además, es reconocida por su humildad y ayuda incesante al prójimo. Una mujer capaz de demostrar que todo es posible cuando con fe, honestidad, responsabilidad, y demás valores y principios, se puede luchar por lo que se quiere y que, independientemente de la profesión u oficio que desempeñe; con esfuerzo, dedicación, entrega y amor a su trabajo se puede ser exitosa y feliz. (Julio, 2014) LINK PARA VER EL DOCUMENTAL (Julio, 2014): https://www.youtube.com/watch?v=_d9esQXKqgk&feature=youtu.be
History and humanities 9 years
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