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Podcast
Libelar, vuelan las palabras...
By Libelar
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Este programa literario es una iniciativa de colaboración entre mujeres escritoras para alzar la voz femenina en el mundo de la literatura. Por ello, recibimos fragmentos o audios de escritos a podcast@libelar.com. ¡Anímate y manda! Cada domingo publicaremos un podcast nuevo de una autora.
Este programa literario es una iniciativa de colaboración entre mujeres escritoras para alzar la voz femenina en el mundo de la literatura. Por ello, recibimos fragmentos o audios de escritos a podcast@libelar.com. ¡Anímate y manda! Cada domingo publicaremos un podcast nuevo de una autora.
Aguja
Episode in
Libelar, vuelan las palabras...
La primera palabra me planteó el reto de huir de un utensilio tan cotidiano como una aguja y pensar en qué otro concepto podía aludir ese término. Días antes de comenzar el Taletober estuve en Finca Alfoliz, un restaurante en medio de la naturaleza, rodeado de grandes y vetustos pinos cuyas puntiagudas hojas cubrían sus bases. De algunas de las ramas colgaban columpios, para peques y adultos. Se me vino a la mente aquella imagen y supe que tenía que escribir un texto con una pizca de terror.
01:01
Voy a amarte hasta el final
Episode in
Libelar, vuelan las palabras...
Hola, bienvenidos al último episodio de la temporada de Libelar hasta septiembre, vuelan las palabras. Mi nombre es Cristina Álvarez y este domingo leeremos un fragmento de la escritora Rose B. Loren titulado «Voy a amarte hasta el final». Que lo disfruten. Y recuerden que podéis suscribiros a la página web libelar.com.
«El timbre suena. Debe de ser Cooper, a juzgar por el tiempo que ha transcurrido desde nuestra conversación telefónica. Ivy se levanta como un resorte y se dirige a la puerta, pero, sin ni siquiera saber de dónde ha salido, Clark se le adelanta y abre la puerta. Ambos hombres se miran, desafiantes.
—Buenos días. Vengo a buscar a Payton. Me ha dicho que está aquí —dice Cooper.
—Buenos días. Sí, pasa —acepta con tono hostil.
—Hola, tú debes de ser Cooper, el amigo de Payton. Un placer conocerte, soy Ivy —interviene la muchacha con cordialidad.
Yo me he levantado y me he dirigido allí como he podido al oír el timbre. Estoy apostada en la puerta de la cocina, observando la situación, y tengo la sensación de presenciar una pelea de gallos».
Y esto ha sido todo por hoy. Recuerden que pueden enviar sus textos o audios a podcast@libelar.com. Después del verano nos encontraremos con nuevos y frescos episodios de Libelar, vuelan las palabras.
04:09
El llanto de la tierra
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Libelar, vuelan las palabras...
Hola, bienvenidos a Libelar, vuelan las palabras. Mi nombre es Cristina Álvarez y este domingo leeremos un fragmento de la escritora Andrea Moliner titulado «El llanto de la tierra». Que lo disfruten. Y recuerden que podéis suscribiros a la página web libelar.com.
«Cuentan las voces vivas del lugar que en la Calle Santa Lucía vivía una mujer llamada Angustias. Los que todavía se acuerdan de ella la sitúan en el mismo sitio. Quieta. Con su sempiterna mirada en el horizonte. En las espesas montañas.
Cuentan las voces muertas del lugar que en su diario caminar, sus pasos la conducían hacia donde ellas descansaban. No siempre en paz. Bajo la sombra del Tejo, donde por miles las almas se agolpan. Unas encima de otras. En un baile de intimidad y terror.
Con nosotros, los muertos, Leocadia expiaba su pesar. Sus lágrimas, como lluvia de septiembre, caían sobre nuestros despojos. Aliviando el dolor de su corazón herido. Nos empapábamos de ellas. Tal vez para sentirnos más cerca de lo terrenal. De un tiempo en el que los ideales cabalgaban libremente. Hacia delante. Sin pensar en la mano y el crucifijo acechando por detrás. Tratando de amaestrarnos, doblegarnos, asesinarnos».
Y esto ha sido todo por hoy. Recuerden que pueden enviar sus textos o audios a podcast@libelar.com. El próximo domingo nos encontraremos con un nuevo episodio de Libelar, vuelan las palabras.
02:07
Un sueño muy peligroso
Episode in
Libelar, vuelan las palabras...
Hola, bienvenidos a Libelar, vuelan las palabras. Mi nombre es Cristina Álvarez y este domingo la escritora Andrea López leerá un fragmento de su libro titulado «Un sueño muy peligroso». Que lo disfruten. Y recuerden que podéis suscribiros a la página web libelar.com.
«[...] Sentada en el mullido banco que ocupa la parte inferior de la ventana y que las dos últimas noches me ha servido de cama improvisada, observo sobrecogida el jardín. Todas las luces de los farolillos y los focos que normalmente lo iluminan permanecen apagadas sumiéndolo en una oscuridad solo mitigada por la luz de la luna, que con su manto plateado baña árboles, plantas y flores confiriéndoles un aspecto mágico, haciéndolos brillar de forma casi irreal, y por los pequeños puntos de luz que las luciérnagas van depositando aquí y allá cada vez que se posan en algún sitio. Absorta, sigo su vuelo por la negrura del cielo y, sin poder evitarlo, mi mente retrocede muchos años atrás. El sentimiento de nostalgia que me oprime el pecho es tan fuerte que me duele respirar, y la sensación de soledad que se apodera de mí se vuelve insoportable. Quiero dejar de mirar, parar de perseguirlas con la vista para esconderme y escapar de los recuerdos y las emociones que me provocan, pero soy incapaz de apartar los ojos de esas pequeñas luces que revolotean ante mí como pequeñas estrellas descendidas del cielo».
Y esto ha sido todo por hoy. Recuerden que pueden enviar sus textos o audios a podcast@libelar.com. El próximo domingo nos encontraremos con un nuevo episodio de Libelar, vuelan las palabras.
06:56
Los muertos no saben nadar
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Libelar, vuelan las palabras...
Hola, bienvenidos a Libelar, vuelan las palabras. Mi nombre es Cristina Álvarez y este domingo la escritora Ana Lena Rivera leerá un fragmento de su libro titulado «Los muertos no saben nadar» de la editorial Maeva Noir. Que lo disfruten. Y recuerden que podéis suscribiros a la página web libelar.com.
«Mario Menéndez Tapia, jefe de policía del Principado, encendió un puro sentado en el sillón orejero de su salón y miró a los turistas que caminaban por la calle, en pleno casco histórico de Oviedo, en busca de un restaurante para cenar. Menéndez fumaba de tanto en tanto, resto de un hábito que intentó asumir como propio cuando los hombres muy hombres fumaban, y más si eran tipos duros como los policías. De aquella no llegó a conseguir que el tabaco le enganchara del todo. En cambio, cuando llegó el momento en el que las fotos de pulmones podridos por la nicotina sustituyeron a las del vaquero de Marlboro, el hábito no arraigado se negó a abandonarle. El cerebro humano, como la vida, era caprichoso. Mario era un hombre de principios, satisfecho con su trabajo, a pesar de los treinta años que llevaba dedicado al Cuerpo de Policía, y firme creyente de que la labor policial era vital para la sociedad. Policías, médicos y profesores eran, en su opinión, los pilares básicos de la humanidad, los que conseguían que la sociedad siguiera funcionando y que el mundo fuera cada día mejor. Con semejante visión de la vida y de su profesión, recuperaba en los integrantes del cuerpo la ilusión infantil que los había llevado a ser policías: perseguir a los malos y proteger a los buenos. Sin familia directa, y sin más aficiones que cantar en el Coro Vetusta, con el que incluso había grabado un disco, dedicaba muchas horas al trabajo y exigía lo mismo a sus equipos».
Y esto ha sido todo por hoy. Recuerden que pueden enviar sus textos o audios a podcast@libelar.com. El próximo domingo nos encontraremos con un nuevo episodio de Libelar, vuelan las palabras.
05:04
La prisa
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Hola, bienvenidos a Libelar, vuelan las palabras. Mi nombre es Cristina Álvarez y este domingo la escritora Eva Fernández leerá un poema titulado «La prisa». Que lo disfruten. Y recuerden que podéis suscribiros a la página web libelar.com. «Estoy harta de la prisa y de sus malas pasadas. No se puede andar siempre como si Esto no importara. Rodeada de seres bajitos, la inmunda prisa se disipa. Ellos tienen un sexto sentido y una poderosa llama; les impulsa a concentrarse y a vivir Esto con calma. La lluvia, una lombriz; El viento, una hoja; una mosca en la nariz. La vida, al fin y al cabo. Es importante y es así».
Y esto ha sido todo por hoy. Recuerden que pueden enviar sus textos o audios a podcast@libelar.com. El próximo domingo nos encontraremos con un nuevo episodio de Libelar, vuelan las palabras.
01:18
Peregrino salvaje
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Libelar, vuelan las palabras...
Hola, bienvenidos a Libelar, vuelan las palabras. Mi nombre es Cristina Álvarez y este domingo leeremos un poema de la escritora Ayphos titulado «Peregrino salvaje». Que lo disfruten. Y recuerden que podéis suscribiros a la página web libelar.com. «Desquitaré mis penas en un triste baile, ahogaré tu esencia en una copa de aire, hoy beberé mis penas en nombre del caído en combate para olvidar tu rastro en mi lecho inquebrantable. Sacudiré mis huesos y encontraré el brebaje que me despertará del sueño de tus engranajes, no olvidaré tu gesto, mas mi memoria salvaje logrará cesar su ritmo entre el denso oleaje. Despertaré del sueño de tus mil combates y miraré al cielo marcando el fin de mi peregrinaje.» Y esto ha sido todo por hoy. Recuerden que pueden enviar sus textos o audios a podcast@libelar.com. El próximo domingo nos encontraremos con un nuevo episodio de Libelar, vuelan las palabras.
01:23
La amistad
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Hola, bienvenidos a Libelar, vuelan las palabras. Mi nombre es Cristina Álvarez y este domingo leeremos un poema de la escritora Aurora Seguí titulado «La amistad». Que lo disfruten. Y recuerden que podéis suscribiros a la página web libelar.com. «Amistad, ¡que hermosa palabra! no todo el mundo te puede conocer, eres la princesa de un reino escondido y todos quisiéramos acceder a él. Tienes compañeros que habitan contigo pero ellos no alcanzan ni a besar tus pies, ni Amor, ni Cariño, ni otros sentimientos pueden aunque quieran tu aura oscurecer.» Y esto ha sido todo por hoy. Recuerden que pueden enviar sus textos o audios a podcast@libelar.com. El próximo domingo nos encontraremos con un nuevo episodio de Libelar, vuelan las palabras.
01:29
«Hope» de «Quiéreme, o no»
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Libelar, vuelan las palabras...
Hola, bienvenidos a Libelar, vuelan las palabras. Mi nombre es Cristina Álvarez y este domingo leeremos un fragmento de la escritora Galiana titulado «Hope». Que lo disfruten. Y recuerden que podéis suscribiros a la página web libelar.com.
«A todos nos llega ese momento en la vida en la que todo se ha vuelto rutina. Te despiertas al amanecer, te levantas y miras como la persona que lleva durmiendo a tu lado casi dos décadas sigue ahí. Te duchas, te embutes en un traje de chaqueta y unos zapatos de tacón, te maquillas tapando arrugas que delatan la edad, pero sin parecer que llevas una gota de pintura sobre la piel, bajas al garaje, te subes al coche y una vez sales por la puerta que separa la casa del resto del mundo conectas el teléfono para que tu secretaria te vaya leyendo la agenda mientras conduces camino al trabajo»
Y esto ha sido todo por hoy. Recuerden que pueden enviar sus textos o audios a podcast@libelar.com. El próximo domingo nos encontraremos con un nuevo episodio de Libelar, vuelan las palabras.
02:00
El aviso
Episode in
Libelar, vuelan las palabras...
«El inspector Meyers siguió explorando la habitación donde continuaba el cadáver esperando la llegada del forense. Revisó visualmente la habitación, no quería tocar nada hasta que llegaran los de la científica, pero quería hacerse una idea de la vida que había llevado el muerto antes de pasar a su nueva situación. La habitación era un dormitorio de un hombre soltero, en el tocador ni frascos de perfume ni cosméticos hacían acto de presencia, solamente un vacía bolsillos con las llaves, un par de tarjetas de visita que estudiaría posteriormente y su billetera. La cama había sido despojada de todo rastro de ropa, el colchón desnudo, sin funda ni almohada. Poco más podía hacer allí por el momento. Decidió bajar al sótano para intentar conocer algo más al causante de que no estuviera emborrachándose en ese momento. En la cocina, modelo años noventa y, al parecer, con poco uso ya que los poyetes estaban desiertos de fruteros o pequeños electrodomésticos».
03:08
Somos magia
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Libelar, vuelan las palabras...
Hola, bienvenidos a Libelar, vuelan las palabras. Mi nombre es Cristina Álvarez y este domingo leeremos un fragmento de la escritora Rocío González titulado «Somos magia». Que lo disfruten . Y recuerden que podéis suscribiros a la página web libelar.com.
«Somos polvo de Estrellas. Somos un fractal del Universo. Somos parte de una sinfonía única y maravillosa.
Somos magia.
Nos llevaron a creer que la magia es algo que sucede fuera de nosotros. Que es algo que se hace, que es algo a lo que solo algunos pocos pueden acceder.
Magia es encarnar nuestra verdadera esencia, nuestra verdad espíritual, dentro de nuestra experiencia humana.
Magia es traer el cielo a la Tierra.
Magia es asumir tu rol y tu labor en el mandala de la vida y llevarte a la experiencia de la vida desde tu verdad. Desde tu corazón.
Magia es estar al servicio de la Vida. Y no dejar que la aparente realidad te arrebate tu única y auténtica expresión.
Magia es abrazar y honrar tu camino, tus pasos, todos. Porque todos te han conducido y te llevarán finalmente a ser quien has venido a ser.
Nos llevaron a creer en muchísimas distorsiones.
Es tiempo de entrar en tu corazón y que sea él quien pueda contarte tu verdad».
Y esto ha sido todo por hoy. Recuerden que pueden enviar sus textos o audios a podcast@libelar.com. El próximo domingo nos encontraremos con un nuevo episodio de Libelar, vuelan las palabras.
02:48
La chica de las redes sociales
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Hola, bienvenidos a Libelar, vuelan las palabras. Mi nombre es Cristina Álvarez y este domingo leeremos un fragmento del libro titulado «La chica de las redes sociales» de la escritora Laura Pérez Martín. Que lo disfruten . Y recuerden que podéis suscribiros a la página web libelar.com.
«Consiguió emborrachar un poco a Natalia sin que se gastaran un euro en copas. Y esta le dijo que con ella todo parecía fácil. Que tenía que aprender de ella. María le preguntó por su vida con curiosidad. La otra contó que había sido una buena hija obediente. No fue rebelde. «Es inteligente pero reprimida», pensó María. Sus padres eran de clase media. Tenía un hermano pequeño, había tenido que cuidar de él y ser «la mayor», la responsable y obediente. Se dio cuenta de que en el fondo idealizaba al padre de Carmen, su amiga de la infancia, le hubiera gustado tener un padre así. Cuando María le decía que los tipos de alrededor se las querían follar, Natalia sonreía nerviosa. María quería despertar a la mosquita muerta, percibía todo su potencial y no le gustaba nada verla tan desquiciada con su marido y la suegra».
Y esto ha sido todo por hoy. Recuerden que pueden enviar sus textos o audios a podcast@libelar.com. El próximo domingo nos encontraremos con un nuevo episodio de Libelar, vuelan las palabras.
03:28
La llamada
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Hola bienvenidos a Libelar, vuelan las palabras. Mi nombre es Cristina Álvarez y este domingo leeremos un fragmento titulado “La llamada” de la escritora Consuelo Pérez-Gomez y leído por Alma Alanís. Que lo disfruten. Y recuerden que podéis suscribiros a la página web libelar.com. «¡No estés triste princesa! ¿Dónde había ido a parar esa voz que en las ocasiones en que ella se veía desbordada acudía en su auxilio y, con las cuerdas fuertes de sus brazos, extraía del infausto pozo donde caía cada vez más a menudo, secuestrándola, y, trayéndola de nuevo a la luz? Odiaba el ruido del teléfono…Ese artefacto siempre portador de algo inquietante, removedor, perturbador…Una llamada cambiando de lugar los asientos de una vida… Aquel día podría haber sido uno de tantos, pero el puto teléfono que no paró de sonar hasta dar con ella, fue el responsable de la tiniebla que cubrió el resto de su existencia… ¿El teléfono? Siempre se lincha al cartero…el teléfono solo era el vehículo que pasaba la información, el «hecho» es lo macabro, no quien lo difunde. Cuando aquella mañana el operario de telefonía se presentó con su maletín y, comenzó a examinar cable por cable, habitación por habitación hasta revisar la casa entera, ella, sintió que de nuevo la tragedia se avecinaba… «Deje ese cacharro del diablo mudo, haga el favor» estuvo a punto de espetarle, pero claro ¿Qué culpa tenía el imberbe muchacho atado a un trabajo no elegido? De pronto recordó que, en algún cajón de un mueble, donde el tiempo había dejado su impronta cubriéndolo todo con la sábana del olvido que cubre aquello que jamás ha de salir a la luz, seguía guardada la pistola causante de su redención, pero que a cambio le dejó un subsistir de asalto en forma de teléfono. Fue automático, sin pensar, no tuvo que aplicar carga, estaba intacta, tal y como quedó el día de marras. ¡Pummmmm! Un estallido, el ruido de la bala al impactar contra el aparato y, este voló por los aires en mil partículas interestelares. «Bienvenida tristeza» …Y le hizo un hueco en el lugar vacío de su alma; fue elegida a partir de aquel momento como compañera de camino. El tiro de gracia, redentor, acertando en la diana del horizonte.» Y esto ha sido todo por hoy. Recuerden que pueden enviar sus textos o audios a podcast@libelar.com. El próximo domingo nos encontraremos con un nuevo episodio de Libelar, vuelan las palabras.
02:55
Canción bajo el agua
Episode in
Libelar, vuelan las palabras...
Hola bienvenidos a Libelar, vuelan las palabras. Mi nombre es Cristina Álvarez y este domingo leeremos un fragmento del libro titulado “Canción bajo el agua” de la escritora Fátima Beltran Curto. Que lo disfrutéis. Y recuerden que podéis suscribiros a la página web libelar.com. «Aquel mes de noviembre de mil novecientos cuarenta y cinco ardía en la chimenea de la casa reconstruida que habitaba la ya anciana doña Agripina Cisneros junto a su hija mayor, la marchitada Úrsula Ferlosio, el último intento fallido de pierna ortopédica que Eladio había tallado con sus propias manos para Eleonora Cardenal haría casi seis años. Úrsula echó la frustrada prótesis de pino a la lumbre con un asomo de mala baba que no lograba contener a pesar de sus esmerados esfuerzos por disimularlo. —¡Qué ganas tenía de quemarlas todas! Ni se lo imagina, madre… El mal cuerpo que me ponía ver tanta pata de palo amontonada durante años, allí apiñadas formando un siniestro montículo, como si esto fuese una ermita repleta de exvotos, pero sin presupuesto para unos buenos cirios. »No sé para qué me esfuerzo hablándole, madre; rara vez me contesta y si lo hace, me dice cosas incomprensibles que no tienen ningún sentido, ni pies ni cabeza, y me malhumora más. Es un suplicio vivir de esta manera, sin ninguna ayuda ni reconocimiento por parte de nadie, como si fuese una mula, ¿sabe? »En mala hora nací mujer. ¿De qué me ha servido? ¡Dígame! Para, al final, quedarme sola y limpiar su mierda. Para eso y para nada más. Eladio sí ha hecho su vida; hasta Eleonora Cardenal ha logrado hacerla y eso que se quedó tullida, sin pierna y sin ojo cuando el bombardeo del pueblo, y su fachoso Cipriano Valcárcel escampó, huyendo despavorido, como la rata cobarde que era y que siempre había sido, sin demorarse ni un minuto por no cargar con el mochuelo sobre las espaldas de una esposa lisiada. Con muy buenas palabras, eso sí, que era hombre instruido y sabía mejor que nadie usar el verbo para quedar como un caballero, pero lo que hizo…Ya me dirá usted…». Y esto ha sido todo por hoy. Recuerden que pueden enviar sus textos o audios a podcast@libelar.com. El próximo domingo nos encontraremos con un nuevo episodio de Libelar, vuelan las palabras.
03:02
El regreso
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Libelar, vuelan las palabras...
Hola bienvenidos a Libelar, vuelan las palabras. Mi nombre es Cristina Álvarez y este domingo leeremos un relato titulado “El regreso” de la escritora Ana Larraz. Que lo disfrutéis. Y recuerden que podéis suscribiros a la página web libelar.com. «El hombre caminaba muy despacio. Miraba las calles como queriendo empaparse de ellas. Poco habían cambiado en su ausencia, alguna casa que él conocía muy bien faltaba y otras habían surgido en su lugar, pero eran las menos. Solo él era distinto.
Llevaba mucho, muchísimo tiempo fuera, pero algo le impulsó a volver.
Ya no podía más. Todo su mundo se había ido desmoronando poco a poco y recurrió al único lugar que sabía no le fallaría. Estaba seguro de que únicamente allí recuperaría las fuerzas. Esa tierra seca y ese aire gélido eran lo que necesitaba para volver a renacer.
Notó que algunas cabezas se movían arriba y abajo a modo de saludo a su paso. No reconoció a los dueños de ellas, pero se dio cuenta de que ellos sí sabían quién era él. Por mucho que hubiera cambiado, esa gente con la que se iba cruzando mientras subía la cuesta que le llevaba a la plaza no tenían ninguna duda sobre su identidad.
Él no recordaba quiénes eran. Por su vida habían pasado miles y miles de caras y ya no era capaz de distinguir unas de otras. Solo había unos rostros y unos nombres que nunca olvidó, los de sus amigos de la infancia.
«¿Qué habrá sido de ellos?», se preguntó para sí mismo mientras miraba alrededor».
Y esto ha sido todo por hoy. Recuerden que pueden enviar sus textos o audios a podcast@libelar.com. El próximo domingo nos encontraremos con un nuevo episodio de Libelar, vuelan las palabras.
08:07
El reencuentro será maravilloso
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Libelar, vuelan las palabras...
«El 22 de abril de 2014, murió mi hijo Jaume. Cumplía tres años y tres meses justo aquel día. En este libro voy a intentar trasmitiros todo lo que sentí y cómo lo viví. Describiré cómo sucedió e intentaré hacer un recorrido por estos casi tres años que han pasado desde entonces. Cuando muere un hijo, nada vuelve a ser igual. Parte de ti muere con él. El dolor es tal, es tan indescriptible que, a veces, he tenido la sensación de que iba a perder la cabeza o estallar en mil pedazos. Lástima que en ese momento no lo hiciera; hubiese sido mucho más fácil. Pero no, tienes que seguir viviendo, tienes que seguir levantándote por las mañanas y ver cómo el mundo sigue, la vida sigue, la gente sigue y tú… tú no puedes ni quieres seguir, pero no hay opción. O sí la había: podía morir en vida, convirtiendo a mi hijo en mi verdugo o, por el contrario, podía poner todo de mi parte para sobrevivir. Yo elegí la segunda: elegí vivir y convertir cada día de mi vida en un homenaje a mi hijo. Por todo lo que me dio, lo que me enseñó y por la persona en la que me convirtió solo siento agradecimiento. También por los que estaban a mi lado, que no eran pocos; más adelante hablaré de ellos. Todos estábamos sufriendo mucho, teníamos que salir de esto sin más tragedia. Por todo eso, decidí vivir. Busqué y busqué. Estaba inmersa en una búsqueda sin fin: terapia, libros, cursos, reiki, yoga, documentales… Buscaba respuestas y actividades que me hicieran sentir mejor y a la vez me acercaran a mi hijo. Lloraba y lloraba. Gritaba hasta caer rendida un día tras otro. Ahora me doy cuenta de que llorar es la única manera de sanar el alma».
04:23
Existo, para vivir
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Libelar, vuelan las palabras...
Hola bienvenidos a Libelar, vuelan las palabras. Mi nombre es Cristina Álvarez y este domingo leeremos un fragmento del libro “Existo para vivir” de la escritora Ana de Lacalle, de la editorial terraignota ediciones. Que lo disfrutéis. Y recuerden que podéis suscribiros a la página web libelar.com. «Mi intención era abrir vías por las que Ceci pudiera adentrarse, para que empezara a disfrutar profundamente de algo, y abandonara esa actitud volátil de deambular por la superficie de la realidad y optar por una ceguera que recompensa un instante, pero nunca una vida. Era como si me empeñara en transmitirle que no hay recetas mágicas sobre cómo existir, sino que el ser determinado que constituimos se gesta despacio, lentamente, mediante pequeñas decisiones que tienen como resultante una vida u otra. Por tanto, no podemos cambiar la vida que ya poseemos de un plumazo; existir, viviendo, exige paciencia, tesón y mucho esfuerzo y, claro está, una perspectiva halagüeña, hacia la que abocarse con un cierto sentido.». Y esto ha sido todo por hoy. Recuerden que pueden enviar sus textos o audios a podcast@libelar.com. El próximo domingo nos encontraremos con un nuevo episodio de Libelar, vuelan las palabras.
03:53
Centro Carbono 60
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Libelar, vuelan las palabras...
«Del templo de mis furias
han nacido las vocales
a la orilla de la tundra
perpetra el eco un acecho
atisba mi lengua
una tensión mineral
parida hacia dentro
preñada de islas
rueda en mi garganta
mi propia voz de otros
condensa la ínfima partícula
de luz trascendental que somos
quiero que me encuentres en la mina
quiero que me seques el sudor
voz temperamental
del sueño en esta vida:
cultiva el ojo en el acierto
de la rosa
deslumbra el miedo
con calor fundamental
busca tu centro
y permanece
mineral».
01:42
De momentos
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Libelar, vuelan las palabras...
Hola bienvenidos a Libelar vuelan las palabras. Mi nombre es Cristina Álvarez y este domingo leeremos el fragmento preferido de la bloguera y escritora Isasaweis en su libro De momentos. Que lo disfruten. Y recuerden que podéis suscribiros a la página web libelar.com. «Si hay algo que te da la edad es el entender que no era tan difícil esto de ser feliz. Que uno puede equivocarse cada día. Que los errores los comete el que toma decisiones y que es divertido así porque el mundo pertenece al que hace la llamada. Que no hay que preocuparse más de lo necesario. Que los problemas se afrontan y las soluciones llegan. Y a veces hay que elegir la menos mala y que incluso estas veces tampoco pasa nada. Que no debes esperar recibir en la misma medida que das. Que cada uno es dueño de lo que tiene y de lo que regala, y que no hay nada como entregar con los ojos cerrados. Que no se puede obligar a querer y que el desamor tiene cura. Que nadie es insustituible y que hay millones de personas en el mundo para darle tanta importancia a una. Que debemos disfrutar cada momento y coger cada oportunidad. Pero que la felicidad a menudo no es un dónde ni un cómo, es tan sólo un con quién. Y que a veces el con quién no eres más que tú. Que hay quien llega a tu vida y se queda y quien estaba y se va. Que el amor y el respeto no son inquebrantables y que a menudo hay que soltar las cuerdas. Que debes hacer lo que quieras. Que vivir es una aventura donde tú pones las normas, pero que si vas acompañado tendrás que saber turnarte para llevar el timón. Que nunca debes dar todo por sabido, que no hay nada para siempre y que los años te van borrando los esto nunca. Que el mundo está lleno de valientes plagados de moratones y de cobardes intactos, pero que cada herida cuenta una historia que ha merecido la pena. Que el verdadero valor está en lo que ha sido luchado aunque en ocasiones no todo el esfuerzo tenga su recompensa. Que no hay que subestimar a nadie, que de todo el mundo se aprende pero que hay que pararse a escuchar para poder hacerlo. Que algunas personas se quedan cuando todos se van y que puede que no sean las que tú esperabas, pero que perdonar es sin duda el mejor de los caminos. Que cada uno es de su padre y de su madre, tiene sus motivos y sus motores, y que es sólo uno mismo el que puede dar explicaciones. Que siempre hay más preguntas que respuestas y que es tan importante no necesitar las segundas como no dejar nunca de hacerse las primeras. Que la vergüenza es absurda, los yo no puedo mentira y los algún día sólo excusas... Que la cama por la noche no recibe bien los problemas pero que la luz de un nuevo día nos descubre siempre que al final no eran tan graves. Que no todo lo que sube baja, ni el tiempo pone todo en su sitio, ni a todo cerdo le llega su San Martin, pero que el mejor descanso es apoyar la cabeza sobre una conciencia tranquila. Que la vida va de ir y venir, de sitios y de personas. Y que cuando vayas procures hacerlo siempre con las manos llenas. Y que cuando te marches, lo hagas sólo sabiendo que dejas un buen recuerdo.»
04:37
Juana, la estrella de la Luz. El gran viaje a Nordenstain
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Hola, bienvenidos a Libelar, vuelan las palabras. Mi nombre es Cristina Álvarez y este domingo leeremos un fragmento del libro titulado Juana, la estrella de la luz. El gran viaje a Nordenstain de la escritora Carla Rovella. Que lo disfruten. Y recuerden que podéis suscribiros en la página web de libelar.com.«[...]—¡Vete ya! —¿Por qué? ¿Qué está sucediendo? —preguntó temblorosa mirando hacia todas partes y a ninguna en particular, buscando algo que le permitiera entender que pasaba. —¡Corre, Juana! ¡Corre por tu vida y no te des vuelta! —ordenó enérgicamente. Abrumada por el grito de Uriel, comenzó a moverse, pero seguía mirando al elfo. —¡No hay tiempo; debes escapar! —suplicó esta vez el joven elfo. —Ven conmigo, Uriel —pidió la maga, mientras corría hacia el túnel. —No, yo… trataré de detenerla. Corre rápido, no dejes que te atrape —imploró casi gimiendo Uriel. Esta vez Juana comenzó a correr impetuosa. Quería correr más deprisa, pero sus músculos parecían no obedecerle. Buscaba desesperada la entrada que la devolviera al palacio. Sin embargo, su angustia por Uriel le impedía concentrarse en la oscuridad. No quería dejarlo solo. Escuchó un zumbido seguido de una briza espeluznante que le paralizó el alma. Intuyó que algo horrible se le aproximaba»[...]. Y esto ha sido todo por hoy. Recuerda que pueden enviar sus textos o audios a podcast@libelar.com. El próximo domingo, nos encontraremos en un nuevo episodio de Libelar, vuelan las palabras.
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