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Podcast
Meditaciones Litúrgicas
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Meditaciones de La Liturgia de todos los días de la Primera Lectura, Salmo y Evangelio.
Meditaciones de La Liturgia de todos los días de la Primera Lectura, Salmo y Evangelio.
Mi apostolado
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Meditaciones Litúrgicas
Me siento entre «la tristeza y la esperanza». En la tristeza de que no puedo escribir y grabar lo que yo tanto amo: Las Meditaciones de La Liturgia del día. Este apostolado me demandaba cerca de 4 horas al día. Fui con mi esposa a visitar a mi director espiritual a quien recién he conocido y me dijo que con que vaya a La Santa Misa todos los días y rece El Santo Rosario era suficiente. Por más que le dije que en mi negocio me estaba yendo algo regular y que no veía yo impedimento para seguir haciendo Las Meditaciones, él insistió en que no lo haga. Obedecí, y en pocos días he tenido dos problemas: Mi negocio necesitaba más trabajo porque comenzó a deteriorarse económicamente, y mi salud estaba comenzando con un poco de estrés, por lo que al acudir a un doctor, me recomendó un trabajo más disipado.
Me siento muy triste por una parte, por no hacer Las Meditaciones y hasta reducir el tiempo de oraciones, pero por otra parte, veo que bueno es Dios que me pone a Su ungido, mi Director Espiritual, en mi camino para que días después me diera cuenta que tenía que hacer lo que es bueno para mí, mi salud y mi trabajo. En esto debemos ver que como yo me puse un poco fastidiado cuando mi Director Espiritual me dijo que no hiciera más Las Meditaciones, muchos se ponen peor, como niñitos con rabieta que quieren seguir haciendo lo que les da la gana. Yo no me creo un intachable, pero cumplí con «obediencia» cuanto me pidió el Sacerdote.
Esto me da la certeza de que Dios habla a través de Sus Ungidos, y después de ello, pasa el tiempo y las cosas se van dando, yo no quería dejar Las Meditaciones, pero Dios me avisaba que me ocupara de mi negocio y de mi salud, porque además el Sacerdote que es mi Director Espiritual me recomendó hacer deporte que tiempo que no hago, tema que es necesario para combatir el estrés. El doctor que pidió comida más sana, deporte y bajar el ritmo de trabajo.
Ahora me queda «la esperanza» de estar seguro que finalmente Dios está conmigo, y le pido fuerzas para que yo nunca lo deje. Él estará, pero yo soy un costal de miserias, y consciente de ello le pido tenga piedad y misericordia de mi alma, y me conceda la gracia que necesito para caminar siempre en su voluntad.
Me encantaría vivir como «Misionero Remunerado», para vivir haciendo lo que más me gusta, trabajar predicando y enseñando La Palabra de Dios. Estudiando Teología según La Sagrada Doctrina de La Iglesia y morir con Las Sagradas Escrituras en mi pecho. Pero esto no depende de mí, depende de a quien o quienes quieran que yo les sea útil. Ellos: La comunidad donde voy u otra, o varias que quieran y vean esta posibilidad lo pueden hacer. No sé si ahora o después, o nunca se hará. Yo solo le pido a Dios que no me deje morir sin trabajar en lo que tanto, pero tanto me gusta: Ser Su misionero.
Esto me ha dejado siempre una reflexión cuando muchos dicen que El Sacerdote puede y debe como todo hombre tener una familia. Yo les digo, que Dios en el Sacramento del Orden, da la gracia para que El Sacerdote goce de la castidad hasta el fin de su vida. Ellos, los Sacerdotes, han tenido 10 años de estudios en seminarios, y otros años más en discernimiento sobre su vocación, tiempo suficiente para saber a qué se atenían. Por otro lado, en ocasiones he tenido que ver mi negocio y asistir a mi esposa en diferentes demandas antes que mi apostolado. Me daba mucha pena no poder trabajar en mi apostolado, pero primero era mi «Vocación de Matrimonio» y mi trabajo del que depende mi matrimonio. Eso es lo que le ocurriría al Sacerdote si tuviera que casarse, ver por su mujer y por sus hijos, lo que le quitaría muchísimo tiempo para ayudar a la feligresía encargada ¿Cuántas almas se hubiesen dejado de salvar por atender a sus familias? Sintiéndome indigno de comparación con un Sacerdote y de necesidad para mi apostolado, pero también preguntaría lo mismo ¿Cuántas almas se dejarán de salvar por atender a mi pequeño negocio? Y así mucha gente recrimina que un misionero deba ser remunerado, y más aún un Sacerdote tenga que recibir un sueldo. Si de ello dependen para sus condiciones básicas.
Yo necesito cubrir mis gastos de manutención, y si no trabajo y no recibo un ingreso ¿De qué vivo? ¿Cómo pago mis servicios de luz, agua, teléfono, casa, alimento y vestido? ¿De material para el apostolado como lo son libros, computadora, movilidad, seminarios, etc.? Todo esto necesario para la misma gente que necesita de los conocimientos que yo pueda impartir, pero muchos quieren todo gratis, como si a ellos les dieran todo gratis; a nosotros nadie nos da gratis tampoco. Entonces, se debe tener conciencia de los aportes a La Parroquia y a los pobres, y a los hombres que están encaminados a querer ser misioneros para que Dios por medio de ellos, se puedan salvar a muchos que tienen hambre de Dios y otros que pueden estar extraviados. El mundo tiene que tener misericordia especialmente de estos que pueden ganar una condena dolorosísima ¿Dónde está la misericordia del hombre Dios mío? ¿Cómo puede haber gente sin amor que no le interesa si su hermano muere? ¿Qué no hay pena en el hombre? ¿Por qué el hombre no quiere conocerte más?
No sé qué es lo que me espera, solo sé que estoy en la voluntad de Dios, pero Dios también espera la voluntad del hombre, y todo retraso para Dios por el querer del hombre es la victoria del Demonio. Dios tenga misericordia de nosotros porque cuentas nos pedirán por nuestras acciones.
09:08
Obispado-Primado de Pedro encargado por Jesús
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Meditaciones Litúrgicas
Reflexión:
Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc.
Queridos hermanos y hermanas:
En nuestra vida diaria cuando tenemos ocasiones de conversar acerca del Evangelio, La Sagrada Doctrina de La Iglesia, la vida de algún santo o algo relacionado a nuestra religiosidad, muchos de nuestros oyentes tienen una actitud de indiferencia hacia ello tal como son las palabras del tribuno Festo que dice: «se trataba sólo de ciertas discusiones acerca de su religión y de un difunto llamado Jesús, que Pablo sostiene que está vivo» Este tipo de expresiones como: «se trataba solo de ciertas discusiones» son producto de algunas cuestiones a saber:
1. La ignorancia.
2. La dureza de corazón.
3. El corazón frio.
1. La ignorancia. En cuanto que el hombre no ha sido instruido desde su niñez catequéticamente, o no se ha dejado instruir por su propio querer aún cuando se le haya propuesto, o porque tiene la ignorancia invencible cuando se da en casos de inadvertencia, olvido o cuando el hombre pone todo su empeño para lograr comprender, pero no puede aún cuando lo hace con buena diligencia moral, por lo que no debe haber en este caso preocupación, ya que se puede poco a poco con sus propias fuerzas y principalmente con la gracia de Dios lograr el aprendizaje.
2. La dureza de corazón. Cuando se ha heredado de padres que también tenían esta dificultad, porque ellos también no fueron educados en nuestra religiosidad porque a su vez también tuvieron otros padres de escaza educación de nuestra religiosidad. Pero la dureza de corazón puede ser también porque habiendo los padres educado a sus hijos, estos por propia voluntad dejaron de educarse y mantenerse en la perseverancia de la fe, lo que hace que poco a poco el corazón se endurezca.
3. El corazón frio. De quien habiendo llegado a una madurez, y aún cuando mantienen una religiosidad externa y de actitudes rutinarias como la oración, ir a La Santa Misa, realizar alguna obra de caridad, etc. y más aún cuando esta persona pudiera ser un religioso o laico consagrado, todo cuanto hace lo hace por rutina u obligación, pero no por amor a Dios y a sus hermanos; pues, por diversos motivos ha llegado a esa instancia de la frialdad de sus corazones.
Cuales quiera que fueran las circunstancias además de las mencionadas en cualquiera de estos tres puntos que se han expuesto, el hombre que actúa en consecuencia con «indiferencia» hacia nuestra religiosidad, debe ser asistido con toda la caridad posible para lograr llevarlo nuevamente al Sagrado Corazón de Jesús Eucarístico y logre su salvación y cante lo que nos entona el salmo de hoy: «Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios»
En Jesús hay una necesidad de los hijos que se van perdiendo, como es el caso que hemos expuesto: El ignorante, el de corazón duro y el de corazón frio. El Señor Jesús busca en el Primado de Pedro que estos hermanos e hijos de Dios sean pastoreados, principalmente los corderos que son los de condición «menor» que no solamente son los menores de edad a quienes debemos procurarle todos los cuidados porque de sus infancias dependen sus futuros, cosa que es muy importantísimo, sino, también quienes son unos infantes en su camino hacia El Señor. Estos son los corderos, el rebaño infante que Jesús desea que el Papa los apaciente, es decir, que los instruya, y de ahí la necesidad de que los niños tengan una religiosidad producto de la enseñanza de La Iglesia y de los padres que deben afanarse.
El pastoreo no solo indica que los infantes deben ser instruidos, es decir, no solo los corderos. El Señor Jesús pide que también lo haga con Sus ovejas – pide primero por los corderos, que son los que son más tiernos y luego las ovejas –; que siendo los más instruidos, pero que no dejan de tener la concupiscencia no lleguen a perderse tampoco; pues la necesidad del pastoreo la tienen infantes y adultos, porque todos llevamos la herencia del pecado y sus consecuencias, y por tanto, nadie puede decir ser salvo, ya que solo se salva el que persevere hasta el final.
La tristeza de Pedro podríamos decir que «manifestaría» que lo hizo a razón de que fue «tres» veces que Jesús le pregunta Pedro ¿me quieres?, con las «tres» negaciones de Pedro a Jesús, como que Jesús haya querido recordarle las tres negaciones no por reproche, sino, para que Pedro tenga en cuenta su debilidad humana, y que pese a todo Jesús con Su Amor de Dios, igual le encarga Su Iglesia – pastorea mis ovejas –, porque finalmente no solo es Pedro quien dirigirá Su Iglesia, sino, que lo hará con la ayuda del Espíritu Santo. Recordemos también que la Tradición de La Iglesia nos manifiesta que Pedro después de las negaciones lloró al punto que sus lágrimas marcaron surcos en sus mejías y le dejaron esas huellas en su rostro, por lo que el arrepentimiento fue desde lo más profundo de su corazón. Así Jesús no se equivocó en delegar Su Iglesia a quien tenía El Espíritu Santo de Dios y que manifestara: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo» Y luego Jesús le encargara Su Iglesia: «Tú eres Pedro»
Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas.
Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54)
En El Nombre del Padre, etc.
09:21
Oración Sacerdotal de Jesús III
Episode in
Meditaciones Litúrgicas
Reflexión:
Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc.
Queridos hermanos y hermanas:
El Apóstol Pablo hace una sola manifestación: «Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo, y me juzgan porque espero la resurrección de los muertos»… y se causa una revuelta y su protección por parte del tribuno que lo lleva al cuartel. El Señor Jesús se le presenta y lo anima, además de ser testigo de Él así como lo hizo en Jesrusalém para que lo haga en Roma.
El Salmo alienta a los cristianos: «Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con Él a mi derecha no vacilaré» "Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti"
La guía del Espíritu Santo en la boca del Apóstol, es signo de que Dios no abandona a Sus hijos, más aún les concede mayor gracia a Sus ungidos, y Pablo es prueba de ello. Él, al hablar de la Resurrección da testimonio no porque haya visto al Resucitado como lo vieron los apóstoles, sino, que por manifestación del Señor Jesús y por su fe, Pablo anuncia El Evangelio y al Resucitado.
El CIC 989 nos dice: Creemos firmemente, y así lo esperamos, que del mismo modo que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos, y que vive para siempre, igualmente los justos (los santos, los que han pasado de la vida de pecado a la vida de gracia) después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que Él los resucitará en el último día (cf. Jn 6, 39-40). Como la suya, nuestra resurrección será obra de la Santísima Trinidad:
«Si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros (Rm 8, 11; cf. 1 Ts 4, 14; 1 Co 6, 14; 2 Co 4, 14; Flp 3, 10-11). El Espíritu de Aquél Es El Espíritu Santo de Dios, que resucitó al Mismo Jesús. Si Ése Espíritu Santo habita en nosotros; es decir, si Dios habita en nosotros, porque donde está El Espíritu Santo está La Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo; por tanto al decir que si El Espíritu Santo está en nosotros, equivale a decir que si Dios está en nosotros nosotros resucitaremos.
Pero para que Dios habite «en» nosotros nuestra garantía está en el «estado de gracia», porque solo quien está en estado de gracia puede tomar a Cristo Eucaristía. Y bien si Cristo está en nosotros, es porque Su Espíritu Santo también lo está, y no puede estar en un alma que no está en estado de gracia, porque Dios no puede habitar en un alma manchada, empecatada y profanada de pecados donde está habitando sigilosa pero verdaderamente el Demonio.
Por tanto, habitemos en Dios, queriendo tener con mucho énfasis el «estado de gracia» para que El Espíritu Santo habite en nosotros, pues, en cualquier momento podemos dejar este mundo; ya en 100 años, ya en 50 años, ya en 10 años, ya mañana o ya hoy mismo; y como no sabemos en qué momento ocurrirá, pues, con mayor razón debemos urgirnos por asegurarnos el estado de gracia, y de ahí el gran hábito que debemos de tener de asistir a La Santa Misa indefectiblemente todos los domingos y fiestas de guardar, y con mayor garantía de mantener el estado de gracia; es decir, de asegurar nuestra vida de santidad es asistiendo a La Santa Misa todos los días. Que ¿no hay tiempo? Hermanos y hermanas, a mí me dio la gracia el Señor de poder asistir hasta ahora a La Santa Misa todos los días, y además trabajo y hago éste apostolado y me ocupo de mi matrimonio. Me propusieron empleos que triplican mi sueldo actual, pero decidí vivir con mayor austeridad, con pobreza evangélica: Austeridad, estética y funcionalidad; pero siempre cumpliendo con mis obligaciones, y sin que el trabajo en el que esté vaya en contra de mi asistencia a La Santa Misa. No es un mandamiento de La Santa Madre Iglesia, pero me lo hago mi mandamiento. Y se lo he pedido al Señor con lágrimas que no deje La Santa Misa diaria, que no lo deje de tomar en La Eucaristía todos los días, que tenga piedad de mí, que quiero amarlo más, que Él Es la garantía, se lo pedí desde lo más profundo de mis entrañas continuamente y me lo concedió.
No sé si se logrará lo propio con todos, o que todos tengan esa gracia, es cuestión que lo pidan y sigan una necesaria asesoría espiritual con santo un sacerdote y vayan dicerniendo cómo lograr los caminos que Dios quiere para cada quien. Para que tomando el Cuerpo de Cristo tengamos Vida Eterna, porque «Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales»
El CIC 990 nos dice: El término "carne" (Resurrección de la carne) designa al hombre en su condición de debilidad y de mortalidad (cf. Gn 6, 3; Sal 56, 5; Is 40, 6). La "resurrección de la carne" significa que, después de la muerte, no habrá solamente vida del alma inmortal, sino que también nuestros "cuerpos mortales" (Rm 8, 11) volverán a tener vida.
"Mas no ruego sólo por ellos, sino también por aquellos que, mediante la palabra de ellos, crean en Mí» Son las palabras del Divino Redentor que ruega no solo por los Apóstoles, sino, también por nosotros que hemos creido en Cristo por la palabra que los Apóstoles han manifestado del El Evangelio y La Sagrada Doctrina de La Iglesia. Y no solo por nosotros, también pide por los que escucharán, es decir, por los que aún falta predicarles a Cristo. Y de ahí la importancia de predicar El Evangelio, hablar de Cristo para que crean en Él, y creyendo en Él podrán lograr sus salvaciones, porque creyendo en Cristo, creerán en Su Iglesia que Es Sacramento de Salvación y que principalmente nos trae a Cristo en La Eucaristía.
«A fin de que todos sean uno, como Tú, Padre, en Mí y Yo en Ti» Donde Cristo nos pide la unidad de Iglesia y no las divisiones de iglesias protestantes que no son una, sino, más de 24,000 iglesias protestantes. La Unidad como lo es La Santísima Trinidad, y así lo manifiesta El Señor Jesús: «Como Tú, Padre, en Mí y Yo en Ti»
CIC 814: Desde el principio, esta Iglesia una se presenta, no obstante, con una gran diversidad que procede a la vez de la variedad de los dones de Dios y de la multiplicidad de las personas que los reciben. En la unidad del Pueblo de Dios se reúnen los diferentes pueblos y culturas. Entre los miembros de la Iglesia existe una diversidad de dones, cargos, condiciones y modos de vida; "dentro de la comunión eclesial, existen legítimamente las Iglesias particulares con sus propias tradiciones" (LG 13). Por tanto la necesidad de aceptar los diversos movimientos de La Iglesia y familias de La Iglesia que si La Santa Sede con el Sello de Pedro, es decir, El Papa; lo han aprobado dándoles la bendición de Dios; es decir, es Dios Mismo Quien ha bendecido a esos movimientos y a las nuevas familias de La Iglesia ¿Quiénes somos nosotros para juzgarlos?
La gran riqueza de esta diversidad no se opone a la unidad de la Iglesia. No obstante, el pecado y el peso de sus consecuencias amenazan sin cesar el don de la unidad. También el apóstol debe exhortar a "guardar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz" (Ef 4, 3).
Por ello continúa El Divino Maestro: «A fin de que también ellos sean en Nosotros, para que el mundo crea que eres Tú el que me enviaste» Es El Señor que nos pide unidad para que seamos uno en Ellos, en La Santísima Trinidad, así, unidos en Una Sola Iglesia, como dice El Apóstol: «Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, así como hay una misma esperanza… Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Hay un solo Dios y Padre de todos» Ef. 4, 4-5.
Esa unidad es posible al Espíritu Santo que se manifiesta en plenitud en La Iglesia Católica, porque esa plenitud es posible a que Dios lo pueda hacer en cada sacramento instituido por Cristo y por El Padre, especialmente en La Eucaristía, donde está Dios Mismo. Por tanto al tomar a Cristo Eucaristía tenemos la plenitud del Espíritu Santo que se irá manifestando según quiera, por ello dice: «Y la gloria que Tú me diste, Yo se la he dado a ellos, para que sean uno como nosotros somos Uno: Yo en ellos y Tú en Mí, a fin de que sean perfectamente uno»
«Y los amaste a ellos como me amaste a Mí» La predestinación del Padre, Quien ama a Sus hijos obedientes hasta el final como obediente hasta la Cruz fue El Hijo.
«Padre, aquellos que Tú me diste quiero que estén conmigo en donde Yo esté» Si Cristo está en Dios, El Señor está pidiendo al Padre para que nosotros estemos en el convivio eterno con El Padre. Jesús rogando para que nos salvemos, lo hace en un momento de intensa oración y de despedida para consagrarnos al Padre y logremos La Vida Eterna contemplemos La Omnipotencia que El Padre le ha heredado al Hijo; es decir, cuando logremos ver a Dios tal Cual Es, podremos ver toda Su plenitud, algo totalmente imposible ahora para el hombre, pero posible para él si logra la perseverancia final. Así dice El Señor: «para que vean la gloria mía, que Tú me diste, porque me amabas antes de la creación del mundo» Y ese antes de la creación, es antes de todos los tiempos, es decir, desde siempre, desde toda la eternidad de Dios. Es decir, que El Padre amó a Su Hijo desde siempre, lo engendró – no lo creó – y le dio toda la naturaleza divina que gozaba El Padre y El Hijo que Es Dios, y por tanto, desde siempre tuvo la gloria, que El Padre le dio cuando lo engendró.
«Padre Justo, si el mundo no te ha conocido, te conozco Yo, y éstos – los Apóstoles – han conocido que eres Tú el que me enviaste» Nuevamente se manifiesta la unidad y en consecuencia la separación de los hijos de Dios de los hijos del mundo; así como el consuelo que le da Jesús a Su Padre: «Padre Justo, si el mundo no te ha conocido, te conozco Yo» Es decir, que si puede haber tristeza en El Padre por la desobediencia y los pecados de los hombres, Cristo consuela al Padre para decirle: Ellos no quisieron conocerte, desobedecieron, pecaron y murieron en pecado hacia la condena. No llores por ellos, porque conociéndote Yo, que también Soy Dios, puedo cubrir toda tristeza que tu tienes – Pues, la tristeza que El Padre pudo y sigue sintiendo por los pecados, es una tristeza eterna, pues, Dios Es Eterno – Por tanto la única manera en que se puede cubrir la deuda de la tristeza del Padre es con el consuelo del Hijo, porque el Hijo al Ser Dios, consuela al Padre Eternamente, desde y hasta siempre; las nuestras no lo logran, porque no somos Dios.
«Yo les hice conocer tu nombre, y se lo haré conocer» Es decir, que El Señor Jesús les dio a conocer a Sus Apóstoles las enseñanzas del Padre, y con ello, conocer mejor el nombre de Dios, de lo que significa Dios para el hombre, pero había más por conocer, porque dice: «y se lo haré conocer» Es decir, que todo lo que había revelado El Señor dando asentimiento y plenitud a todo lo que dice El Antiguo Testamento, tiene que ser más conocido para conocer mejor el nombre del Padre. De ahí que La Sagrada Doctrina de La Iglesia nos haya enseñado más los misterios de Dios en cada una de sus doctrinas y Santos Dogmas que nos han ayudado a dar mayor gloria a Dios, porque ha sido más y mejor conocido. Somos una fe con doctrina creciente y evolutiva, por más que conocer de Dios. Nuestra doctrina no es estática, porque Dios no es estático. Dios se sigue dando a conocer, porque Dios Es Eterno, y solo en la eternidad veremos toda la gloria de Dios, porque lo veremos Tal Cual Es. Y es que así termina el Divino Maestro: «para que el amor con que me has amado sea en ellos y Yo en ellos» Es decir, que viviendo Dios – Jesús – en nosotros obtendremos Su Amor, que Es El Amor del Padre. Así todos los que logren la perseverancia final tengan la plenitud del Amor de Dios, Su Santo Espíritu, que Es el Amor del Padre que le entregó a Su Hijo y que nos lo va a dar para vivir amándole eternamente.
Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas.
Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54)
En El Nombre del Padre, etc.
27:29
Oración Sacerdotal de Jesús II
Episode in
Meditaciones Litúrgicas
Reflexión:
Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc.
Queridos hermanos y hermanas:
Desde el inicio de La Iglesia hubo siempre alguien que estuvo en contra de Cristo y de Su Iglesia, comenzando por Judas que vende a Jesucristo y se crea un caos que termina con la muerte de nuestro Señor. Desde ahí se nos hace ver claramente que hay y en consecuencia habrá siempre quienes vayan en contra de Cristo y de Su Iglesia, pues, Judas, al vender a Cristo, le hizo daño a Él y a Su Iglesia porque, en efecto, se vio mermada, pero no destruida, algo que hasta ahora no ocurre ni ocurrirá porque las puertas del infierno no prevalecerán, dice El Señor. Así, en Las Sagradas Escrituras se nos ha manifestado que ha habido ocasiones de discusiones en La Iglesia, pero siempre se ha mantenido la Unidad por El Espíritu Santo.
Las herejías y demás posturas en contra de Cristo y de Su Iglesia han seguido ocurriendo, y así exhorta el Apóstol: «Incluso algunos de vosotros deformarán la doctrina y arrastrarán a los discípulos. ¡Por eso, estad alerta!» Es el caso de la primera herejía en La Iglesia, que es la herejía de Arrio que negaba la divinidad de Jesucristo y su consustancialidad con el Padre, por lo que se desarrollo el Concilio de Nicea (año 325). Convocado por la autoridad del Papa San Silvestre. Formuló el "símbolo niceno" o Credo.
Luego el Concilio Primero de Constantinopla (año 381). En tiempo del Papa San Dámaso, se ocupó de las herejías de los mecedonianos, eunomianos o anomeos. Por lo que se perfeccionó el símbolo niceno, que por esto lo llamamos el credo "niceno-constantinopolitano".
Concilio de Éfeso (año 431). Convocado por el Papa San Celestino I y presidido por el Patriarca Cirilo de Alejandría, ese Concilio condenó la herejía cristológica y mariológica de Nestorio, que enseñaba la existencia de dos personas separadas en Cristo encarnado: una divina (el Hijo de Dios); otra humana (el hijo de María), cuando la verdad que enseña La Iglesia es que Cristo en Una sola persona con dos naturalezas: Divina y Humana. Por lo que el concilio proclamó la maternidad divina de María, La Theotokos: Madre de Dios (en griego). Y El símbolo de Efeso precisa que las dos naturalezas, humana y divina de Cristo, están unidas sin confusión y por lo tanto María es verdaderamente “Madre de Dios”.
Y pasando por los demás concilios veamos el Concilio de Trento (año 1545-1563). Este Concilio fue inicialmente convocado por Pablo III para tratar el problema de la escisión de la Iglesia por la pseudo reforma protestante. Se ocupó de innumerables temas doctrinales, morales, disciplinares, de acuerdo con la problemática presentada por el protestantismo.
Por lo tanto, a lo largo de la historia de La Iglesia ha habido quienes se han manifestado en contra de Cristo y de Su Iglesia, y que hasta ahora lo siguen haciendo porque la lucha continuará hasta el fin del mundo. San Pablo hace una advertencia en La Primera Lectura: «Tened cuidado de vosotros y del rebaño» Es decir, que pide que tengamos cuidado de nosotros mismos, de nuestras actitudes que pueden llevar consigo a consecuencias a favor o en contra de nosotros y del rebaño encomendado. Y es que el día de hoy podemos ver que existen algunos pastores en La Iglesia que van llevando al rebaño por caminos errados, contrarios al Evangelio y a La Sagrada Doctrina de La Iglesia.
Religiosos, religiosas y laicos que creen tener más autoridad que todos los concilios que ha iluminado Dios Mismo con Su Espíritu Santo, y mayor autoridad que todos los Santos Padres y del actual sucesor de Pedro: Benedicto XVI. A ellos debemos de decirle lo mismo: Ten cuidado con tu alma y el alma del rebaño que se te ha encargado, por que no es tuyo, es de Dios, que como dice El Apóstol: «que el Espíritu Santo os ha encargado guardar, como pastores de la Iglesia de Dios, que Él adquirió con su propia sangre». Asi que tengan cuidado queridos padres, religiosos, religiosas y laicos consagrados; y aún los que no son consagrados y tienen el encargo de enseñar alguna materia de fe en las Parroquias u otros lugares, todos ustedes como yo, tenemos gente que nos escucha pero que quiere escuchar a Cristo en Su Evangelio y La Sagrada Doctrina de La Iglesia, y no nuestra posición personal que se oponga, porque mucho se nos ha dado y mucho se nos pedirá.
Por eso continúa el Apóstol: «Ya sé que, cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces, que no tendrán piedad del rebaño» Así de duro es el corazón de quienes han entrado a La Iglesia de Dios y prometiendo obediencia han desobedecido, tienen un corazón tan duro, que no les interesa que el rebaño se pierda y los corazones de estos se endurezcan tanto que terminen condenándose. Y añade: «Incluso algunos de vosotros deformarán la doctrina y arrastrarán a los discípulos. ¡Por eso, estad alerta!»
Las Sagradas Escrituras fueron escritas por La Iglesia, y los libros seleccionados y ordenados para que se tengan a disposición tal como lo tenemos ahora y de la que tuvieron los protestantes, pero a diferencia que ellos cambiaron palabras a sus antojos y conveniencias para deformar la doctrina de Jesucristo y de Su Iglesia. Porque Las Sagradas Escrituras es doctrina de Jesucristo y no de cualquiera que quiera hacer con ella lo que le de la gana. En Ella, en La Biblia, se manifiesta que La Iglesia de Dios es la que está conferida para adoctrinar, atar y desatar en la tierra y que ello ocurrirá también en El Cielo, como lo dice El Mismo Jesús en la famosa Confesión de Pedro. Luego el Apóstol dice: «Ahora os dejo en manos de Dios y de su palabra de gracia, que tiene poder para construiros y daros parte en la herencia de los santos» Y Su Palabra de Gracia es La Santa Biblia y Su interpretación que la hace El Magisterio de La Iglesia guiado por El Mismo Dios a través de Su Espíritu Santo.
Fortalezcamos nuestra fe con lo que nos canta el salmo: «Reyes de la tierra, cantad a Dios, tocad para el Señor, que avanza por los cielos, los cielos antiquísimos, que lanza su voz, su voz poderosa: "Reconoced el poder de Dios» Su voz poderosa y su poder que ha combatido a todo aquél que se ha opuesto a Él y a Su Iglesia, porque los enemigos de Dios perecen pero Dios se mantiene vigente, Él Es El Mismo, ayer, que hoy y para siempre.
Y El Sagrado Evangelio sigue revelando con toda Su riqueza cuando dice El Señor Jesús: «Por tu nombre, que Tú me diste» El nombre del Padre es Dios y si ése nombre se lo dio El Padre al Hijo, es porque Jesucristo también Es Dios, revelación que ha sido enseñada categóricamente por La Iglesia desde antiguo. Y añade insistiendo: «para que sean uno como somos nosotros» Es decir, que El Hijo y El Padre Son Uno, Un Solo Dios con El Espíritu Santo. Y Jesús manifiesta el querer del Padre, que nosotros también seamos uno, pide la unidad de La Iglesia y la unidad en El Cuerpo Místico.
En cuanto a La Unidad de La Iglesia: Dice El CIC 813: La Iglesia es una debido a su origen: "El modelo y principio supremo de este misterio es la unidad de un solo Dios Padre e Hijo en el Espíritu Santo, en la Trinidad de personas" (Decreto Unitatis Redintegratio No. 2). La Iglesia es una debido a su Fundador: "Pues el mismo Hijo encarnado [...] por su cruz reconcilió a todos los hombres con Dios [...] restituyendo la unidad de todos en un solo pueblo y en un solo cuerpo" (Constitución Dogmática Gaudium et Spes 78, 3). La Iglesia es una debido a su "alma": "El Espíritu Santo que habita en los creyentes y llena y gobierna a toda la Iglesia, realiza esa admirable comunión de fieles y une a todos en Cristo tan íntimamente que es el Principio de la unidad de la Iglesia"
«¡Qué sorprendente misterio! Hay un solo Padre del universo, un solo Logos (Especialista: Dios) del universo y también un solo Espíritu Santo, idéntico en todas partes; hay también una sola Virgen hecha madre, y me gusta llamarla Iglesia» (Clemente de Alejandría, Paedagogus 1, 6, 42)… Y a muchos como a mí (DC) también nos gusta llamar una sola Virgen hecha Madre a Santa María.
«Yo los conservé, y ninguno de ellos se perdió sino el hijo de perdición» Es decir, que Dios ha conservado a todos los que le da la gracia, porque ellos (todos los que mueran en Cristo) así lo han decidido por propia voluntad. El Señor Jesús conservó a todos los Apóstoles, y que lo hacía porque Él le entregaba las gracias para ello, pero cada Apóstol como cada uno de nosotros somos libres de mantenernos en la gracia de Dios, es así que ninguno se puede perder, y solo será posible si es que cada uno de nosotros como Judas se quiso perder, por eso Jesús lo llama el hijo de la perdición, así como llamará a los que quieran perderse por sus propias voluntades, aunque Dios siempre está llamando. Así, para quienes queden y ya desde sus conversiones y en sus constantes perseverancias tengan la alegría de la salvación, por ello dice: «Para que ellos tengan en sí mismos el gozo cumplido que tengo Yo» Es decir, que Cristo teniendo el gozo por el que cumplió lo encomendado por El Padre, de conservar a los once, y que ahora lo tiene por quienes han dejado este mundo en Su gracia, quiere que los Apóstoles y todos nosotros tengamos ése gozo de la salvación en que podamos contemplarlo eternamente.
«Yo les he dado tu palabra y el mundo les ha tomado odio» Dice El Señor, es decir, que nosotros al conocer y ejercer La Palabra de Dios en el mundo, quienes son del mundo y no gustan del Evangelio del Señor Jesús, nos odiarán, así como han odiado a La Iglesia que no les ha dado sus caprichos a los católicos engreídos, protestantes, cismáticos, herejes, réprobos y apóstatas, y así como seguimos siendo signo de contradicción como lo fue El Señor Jesús y que también lo somos nosotros, y de ahí que cuando hablemos de Su Evangelio y de La Sagrada Doctrina de La Iglesia, tengamos serias discusiones con quienes se crucen con nosotros que en ocasiones son nuestros mismos familiares. Así como también los fundamentalistas y extemistas de alugnas religiones como los musulmanes que han dejado desolación y muerte convirtiendo Mártires a muchos hermanos en todo el mundo y a través de la historia: «El mundo les ha tomado odio».
«No ruego para que los quites del mundo, sino para que los preserves del Maligno» No somos del mundo, pero estamos en el mundo; y Cristo ruega para que El Padre nos preserve del Maligno que es del mundo y que con sus tentaciones y ofertas desenfrenadas y desordenadas nos quiere arrastrar hasta llegar a faltas en materia grave, es decir, al pecado mortal. Por tanto, estamos en el mundo, pero no le pertenecemos al mundo, sino, que estamos en el mundo (en el ambiente anticristiano) para evangelizar a quienes han sido arrastrados por el mundo (por el ambiente anticristiano) y en donde están nuestros hermanos que llevan sus almas profanadas hacia la condena, por ello añade: «Como Tú me enviaste a Mí al mundo, también Yo los he enviado a ellos al mundo» Es nuestro deber estar en el mundo pero no contaminarnos con el mundo. Y Dios está con nosotros para que nos preserve del Maligno que arrastra al mundo.
Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas.
Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54)
En El Nombre del Padre, etc.
20:36
Oración Sacerdotal de Jesús
Episode in
Meditaciones Litúrgicas
Reflexión:
Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc.
Queridos hermanos y hermanas:
Siendo la humildad la virtud moral por la que el hombre reconoce que de si mismo solo tiene la nada y el pecado, es necesario, pues, trabajar al servicio de Dios con humildad, ya que todo es un don de Dios de Quien todos dependemos y a Quien se debe toda la gloria. Por tanto, al servir a Dios con humildad no nos vanagloriaremos, porque la soberbia no está en nosotros, porque la humildad es contraria a la soberbia. El hombre humilde no aspira a la grandeza personal que el mundo admira, sino, que los elementos que encontramos en el mundo: los estudios el trabajo, y los logros que podemos encontrar en ellos deben significar para nosotros el medio para lograr nuestra salvación, porque es lo que va a durar eternamente en nosotros, y todo por la grande misericordia de Dios. El hombre actúa así, porque ha descubierto que ser hijo de Dios es un valor muy superior, porque el serlo, implica que Dios es su fin último y máximo, conformarse con Dios. Conformarse en cuanto que solo debo porque quiero tenerlo a Él por encima de todas las cosas, y para ello debo lograr mi salvación. En consecuencia si Él Es el centro de mi vida, no puedo estar lejos del centro, lejos de Dios, y para ello, para estar «en Dios», debo estar «en la gracia de Dios», asistiendo a La Confesión y tomando a Cristo Eucaristía.
El hombre humilde, es así, libre para estimarse en su justa medida y estimar a sus hermanos, dedicarse al amor y al servicio sin desviarse en juicios que no le pertenecen. Más aún cuando «no nos pertenerce» no entremos en el prejucio, porque «prejuiciar» es adelantarse al «juicio», y el juicio le corresponde a Dios. Es decir, que si no debemos juzgar ¿Qué hacemos prejuiciando? Es decir ¿Adelantándanos al juicio? Si ni el juicio nos corresponde. Por tanto, no juzguemos, ni menos prejuzguemos. Por el contrario «el sano juicio» es la crítica cuando es positiva y constructiva, es buena, porque ahí «si nos pertenece»; es decir que lo podemos hacer, porque está en nosotros poder expresar algún comentario, porque «nos pertenece» manifestar alguna aprobación que ayuda y edifica a nosotros mismos y a nuestro prójimo, esto ya no entra en un prejuicio ni en un juicio de condena. Y cuando se critica en ocasiones con dureza, si se hace en plena conciencia para ayudar a alguien a enmendar su vida, es necesario hacerlo, y hacerlo con dureza, con acidéz y aún con alguna ironía mientras sea con caridad y sin que brote de nuestros corazones el odio o menosprecio hacia la otra persona, mientras ello no nos dañe, ni dañe al prójimo, podemos criticar para ayudar y construir a nosotros mismos y al prójimo. Por tanto, el prejuicio y el juicio que son con malas intensiones, no los confundamos con la crítica constructiva y el sano juicio.
Servir así al Señor, con humildad y ayudando a nuestro prójimo, como dice el Apóstol en La Primera Lectura: «en las penas y pruebas» nos ayuda a reconfortarnos, porque en la dureza nos fortalecemos por la fe y la esperanza de lograr la corona de la gloria. Nuestra misión es de hacerlo a tiempo y destiempo y como lo dice San Pablo: «predicado y enseñado en público y en privado». Por tanto hermanos y hermanas, nos corresponde manifestar a Cristo y Su Evangelio en todo lugar y en todo momento, y no quedarnos con las enseñanzas porque mucho se nos ha dado y mucho se nos pedirá, es por ello que no debemos quedarnos con lo que sabemos, antes bien debemos expresarlo con caridad y fortaleza al mundo para que muchos puedan ser salvados.
No nos preocupemos por el mañana que tiene su propio afán, dice El Señor, y luego el Apóstol: «El Espíritu Santo, de ciudad en ciudad, me asegura que me aguardan cárceles y luchas» Contra esto, el Apóstol manifiesta seguridad pese a todo contratiempo que el hombre procura no tener, porque a nadie le gusta estar en sosobra y contrariedades, ya que propio de la naturaleza del hombre es estar con tranquilidad y vivir egoístamente para él, mientras a él (al hombre) no le ocurra nada, él no se mete con nadie, ni para bien ni para mal. Actitud egoísta, porque somos signo de contradicción porque dice: «Puesto está para caída y levantamiento de muchos en Israel y para signo de contradicción. Lc. 2, 34», y Hch. 28, 22. Ése es el cristiano, que no escapa a la oportunidad de predicar a Cristo y Su Sagrado Evangelio aunque aguarden cárceles y luchas. Animémonos con lo que nos dice el salmista: «Bendito el Señor cada día, Dios lleva nuestras cargas, es nuestra salvación. Nuestro Dios es un Dios que salva, el Señor Dios nos hace escapar de la muerte» Y añade El Apóstol Pablo: «Pero a mí no me importa la vida; lo que me importa es completar mi carrera, y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo del Evangelio, que es la gracia de Dios» y luego categóricamente dice: «Nunca me he reservado nada».
Ahondando en El Evangelio de hoy, El Señor Jesús pide al Padre: «Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a Ti» Siendo la gloria majestad, esplendor y magnificencia, El Señor Jesús pide esta gloria, no en vanagloria, sino en sentidio que todos los dones, virtudes y frutos del Espírtu Santo, es decir, que la plenitud de Dios se manifieste en Él en ése momento para que llegada su próxima hora de Su Pasión y Muerte, Él, Cristo, pueda lograr derrotar al Demonio contra las incidias que lo pueden dejar de cumplir El Plan de Dios: La Cruz. Por tanto, con El Espíritu Santo en la plenitud de Cristo se garantiza la derrota del enemigo, no porque Cristo no lo podía hacer, porque en Su naturaleza Divina es Dios y no necesitaba ser glorificado, pero Su naturaleza humana así como fue creciendo en gracia, estatura y sabiduría, necesitaba crecer en todos los dones, virtudes y frutos que le ayudaran al grande sacrificio de soportar todo lo que pasó.
Para que Cristo soporte el ultraje del hombre era necesario tener a brote todo El Espíritu Santo manifestado en ése momento para que El Hijo venciendo al Demonio pueda retribuirle la gloria a Su Padre, porque no hacerlo es quedarse con la gloria con una actitud egoísta y soberbia, que es todo lo contrario a lo que hace El Señor Jesús, por ello dice: «Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a Ti» Por tanto, El Padre alaba a Su Hijo dándole gloria, es decir, ensalsándolo por encima de todo dándole majestad con El Espíritu Santo, para que una vez obtenida la victoria el Hijo glorifique al Padre ¿Cómo? Resarciendo la ofensa que todos los hombres le hiceran, hacen y harán hasta el fin del mundo. Y que no se confunda el concepto bíblico de la palabra gloria, que es tomar a Dios en serio en toda la vida." Para el hebreo la gloria no significa -como para el griego o el francés- la fama o el renombre, sino el valor real, el peso de la gloria que es estar en Dios" (Vocabulaire de theologie biblique). Y estando en Dios es gozar de Su Espíritu Santo que nos concede lo que necesitamos para nuestra salvación.
Así, la gloria es El Mismo Espíritu Santo, porque dice: «Y ahora Tú, Padre, glorifícame a Mí junto a Ti mismo, con aquella gloria que en Ti tuve antes que el mundo existiese» ¿Qué es pues, esa gloria que tenían Padre e Hijo antes que el mundo existiese sino El Espíritu Santo? Éste Espíritu Santo que va a habitar en nosotros en la medida que estemos en la gracia de Dios, en la gracia de Cristo que en Su gloria, es decir, en Su majestad, significa como dice El Evangelio: «conforme al señorío que le conferiste sobre todo el género humano» Esa es Su majestad, Su gloria, Su reconocimiento, es decir, Su Señorío sobre todos los hombres por todo el bien que le ha hecho a la humanidad y a Su Padre resarciéndolo de las ofensas mismas del hombre. Por tanto existe la gloria que Es El Espíritu Santo y la gloria que es la majestad que se alcanza por reconocimiento a la obediencia en Cristo que goza del Señorío sobre todo el género humano, y la gloria que contiene El Espíritu Santo que manifestándose plenamente con todos sus favores en Cristo para vencer en La Cruz, y esa gloria que Es El Espíritu Santo que se entrega también al hombre para que logre la meta: Su santidad en La Vida Eterna.
Y la gloria del Señor Jesús no queda ahí, sino que añade: «dando vida eterna a todos los que Tú le has dado» Es decir, que la gloria de Dios no solo queda en El Padre y El Hijo, sino que está asociada a todos los hombres que anhelen y logren La Vida Eterna, que como añade: «es que te conozcan a Ti, solo Dios verdadero, y a Jesucristo Enviado tuyo» En lo que una vez más se manifiesta la unión estrechísima entre Cristo y Su Iglesia como Un solo Cuerpo.
El Padre engendró al Hijo y goza de la totalidad del Padre, en ése instante eterno que lo engendra (no lo crea), por ello dice: «han conocido verdaderamente que Yo salí de Ti» Luego, El Hijo hereda todo lo del Padre, entre ello, a todos nosotros, pues dice: «Eran tuyos, y Tú me los diste, y ellos han conservado tu palabra» Es decir, que si conservamos hasta el final La Palabra de Dios seremos de Cristo. Así añade: «en ellos he sido glorificado» Es decir, que Cristo es glorificado en quienes logren su salvación, pues, solo los que lograron su salvación son dignos de que dentro de ellos Cristo haya sido glorificado, y sigue: «Por ellos ruego; no por el mundo, sino por los que Tú me diste, porque son tuyos» Es decir, que quienes no murieron en Cristo y ahora no están «en Cristo» son del mundo hijos del Demonio.
Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas.
Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54)
En El Nombre del Padre, etc.
21:13
Dios preparó a La Virgen Maria para su Divina Maternidad.
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Meditaciones Litúrgicas
Vamos a dar inicio a éste Estudio saludando en primer lugar a Rosario por La Vida en su Segundo Aniversario, por sus autoridades y por todos los que la conforman.
+
M
Oración de entrada:
En el nombre del Padre,… +
Ven, Espíritu Santo, ven por medio de la poderosa intercesión del Inmaculado Corazón de María, tu Amadísima Esposa. (3 veces)
Ven, Espíritu Santo,
y llena los corazones de tus fieles,
y enciende en ellos el fuego de tu amor.
V./ Envía Señor tu Espíritu y serán creadas las cosas.
R./ Y renovarás la faz de la tierra.
Oremos:
Oh! Dios, que has iluminado
los corazones de tus fieles
con la luz del Espíritu Santo;
concédenos saber que está bien según el mismo Espíritu
y gozar por siempre de Sus consuelos.
V/. Por Jesucristo nuestro Señor. R./ Amén.
1 Padre Nuestro, 1 Ave María, 1 Gloria,
V/. Santa María Trono de La Sabiduría.
R/. Ruega por nosotros.
V/. Ave María Purísima
R/. Sin pecado Concebida
En el nombre del Padre,… +
+
M
DE LA PREPRARACIÓN DE LA VIRGEN MARIA
PARA SU DIVINA MATERNIDAD
Nexo: Como la elección de María para ser Madre de Cristo y de los hombres había de llevarse a cabo infaliblemente en el tiempo, nos es lícito suponer que Dios habría extremado sus cuidados para prepararla convenientísimamente, tanto en lo que se refiere a Su alma como en lo que se refiere a Su cuerpo, de tal manera que fuera digna Madre de Dios; no era decoroso que Dios procediera de otra forma.
§ I. – SI DIOS LA PREPARÓ EN LO QUE SE REFIERE A SU ALMA.
En lo que se refiere a Su alma: Dios la preparó de dos maneras, a saber: negativa y positivamente;
Negativamente: En cuanto la preservó de la mancha del pecado original y sus consecuencias.
Positivamente: En cuanto que la enriqueció con sus dones:
a) De la preservación del pecado original.
b) De la santificación por medio de Sus gracias.
Explicación del término Negativamente (Daniel Cueva): Dios Sapientísimo «no» quiso que La Virgen María tuviese pecado original y sus consecuencias. “Y no es que exista algo negativo o en contra De Dios para con La Virgen María”
§§ I. – SI DIOS PREPARÓ A LA VIRGEN MARÍA PRESERVÁNDOLA
DE LA MANCHA DEL PECADO ORIGINAL Y DE SUS
CONSECUENCIAS
1. Tesis: La Bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano (Doctrina de fe divina católica solemnemente definida)
Dos cosas igualmente fundamentales a tenerse en cuenta en este lugar, a saber:
a) Que todos los hombres que descienden de Adán por vía de generación natural deben contraer la mancha del pecado original, de manera que la contraigan de hecho, a no ser que por un privilegio singular de Dios se vean eximidos de su actual forma de contraer el pecado original (La estrechez del pecado de Adán para con todos los hombres) o de la obligación a contraerla. Pero esta exención, dispensa o privilegio, no puede presuponerse, reconocerse o admitirse, si no que más bien debe probarse; se presupone pues la contracción mientras no se pruebe lo contrario, ya que el pecado original es universal.
b) Que Cristo ha sido Redentor de todos, absolutamente de todos los hombres, y que a todos, sin excepción alguna los redimió con el precio de su sangre; pero téngase en cuenta que aquella será la más excelente de todas con la que un determinado individuo no solamente sea liberado del pecado ya contraído, sino que también sea preservado de contraerlo, y más aún de la ley de su contracción (La estrechez del pecado de Adán para con todos los hombres); la redención, pues de Cristo es también universal.
Explicación de términos: Fue preservada, es decir, fue ciertamente redimida por la sangre de Cristo, pero no con una redención liberativa, que es común a todos los hombres que son redimidos, si no, con una redención preservativa, que es singular y privilegiada.
• La redención liberativa consiste en que un determinado individuo «sea librado» del pecado original ya contraído.
• La redención preservativa, por el contrario consiste en que ese individuo «sea impedido» para que de hecho no caiga en él.
De toda mancha de la culpa original: Es decir, que María no contrajo el pecado original, y como en este orden de la providencia la preservación del pecado original se hace por la infusión de la gracia santificante, lo mismo se dice cuando se afirma que María estuvo adornada con la gracia santificante.
En el primer instante de su concepción, desde aquel instante en que la materia, preparada y dispuesta por los padres (San Joaquín y Santa Ana), se vio informada (tuvo forma) por el alma racional, ya tuviera lugar en la misma fecundación, ya más tarde. El alma de María fue, pues, al mismo tiempo creada por Dios, unida al cuerpo y preservada a la mancha del pecado original.
Por su singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, es decir, esta preservación no fue por los méritos de María, si no, por la gracia de Dios omnipotente; fue también un privilegio singular, o porque a Ella solo se le ha concedido, o porque es el mayor de todos los privilegios.
En atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, es decir, esta gracia se le concedió a María por los méritos previstos de Cristo; puesto que Dios, para quien todas las cosas están presentes, aplicó a María los méritos futuros de Cristo muerto en La Cruz, de la misma manera que se aplicaron a Adán penitente y a las almas de los justos del Antiguo Testamento. Es decir, que Dios se valió de los méritos que tendría Jesús en La Cruz, para otorgarle la gracia que se le concedió a María. Y aún siendo que Cristo muriera después que a María se le concediera la gracia de no contraer el pecado original, porque se le concedió esta gracia en el momento en que sus padres la concibieran, ya que en Dios todo tiempo es un tiempo presente; así que Dios tomó de los méritos futuros de Cristo en La Cruz, y de ahí tomó la gracia para otorgársela a María.
2. Se prueba la tesis:
a) POR EL MAGISTERIO ECLESIÁSTICO:
Pues además de varios documentos dados en el correr de los tiempos a favor de este dogma (Del libro EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA de Enrique Denzinger, números 734, 735, 792, 1073, 1100). Lo declara y afirma Pio IX (En el libro EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA de Enrique Denzinger, número 1641) define que ha sido revelada por Dios y, por consiguiente, que debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles la doctrina que sostiene que La Bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano. Esta doctrina está contenida en la revelación.
El Concilio Vaticano II se expresa así:
“Redimida de un modo eminente, en atención a los futuros méritos de Su Hijo y a Él unida con estrecho e indisoluble vínculo, está enriquecida con esta suma prerrogativa y dignidad: Ser La Madre de Dios y, por tanto, La Hija predilecta del Padre y El Sagrario del Espíritu Santo…” (Constitución Dogmática sobre La Iglesia, n. 53)
b) POR LA SAGRADA ESCRITURA,
a’) Del Antiguo Testamento: Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la tuya. Este te aplastará la cabeza, y tu le acecharás a él el calcañar (Gen. 3, 15) en este pasaje se nos presenta a María luchando juntamente con Su Hijo(Cristo) en contra del demonio y consiguiendo sobre él una señalada victoria; esta lucha y esta victoria se refiere al pecado original y a sus consecuencias. «Ahora bien – son palabras de Pio XII en la Encíclica «Fulgens Corona » - , si La Virgen María por estar manchada en el instante de Su concepción con el pecado original, hubiera quedado privada de la divina gracia en algún momento, en este mismo, aunque brevísimo espacio de tiempo, no hubiera reinado entre ella y la serpiente aquella sempiterna enemistad de que se habla desde la tradición primitiva hasta la definición solemne de La Inmaculada Concepción, si no, que más bien hubiera habido una servidumbre». (DocMar., BAC 128, N. 850) – Una servidumbre del pecado de La Virgen hacia la serpiente; es decir, que La Virgen no le hubiese pisado la cabeza a la serpiente, cosa que no se dio, porque Gen. 3, 15 manifiesta lo contrario: Te aplastará la cabeza.
Luego se ha de decir que La Virgen María estuvo inmune ya desde el primer instante de Su concepción, de la mancha del pecado original.
b’) Del Nuevo Testamento:
«Dios te salve, llena de gracia, El Señor es contigo…, bendita Tú entre las mujeres (Lc. 1, 28 y 42), con estas palabras tal como La Tradición Católica las ha entendido siempre «Se indica, nos dice nuevamente Pio XII en el mismo lugar – que con este singular y solemne saludo, nunca jamás oído, se demuestra que La Virgen María fue La Sede de todas las gracias divinas, adornada con todos los dones del Espíritu Santo, y más aún, tesoro casi infinito y abismos inagotable de esos mismos dones, de modo que nunca ha sido sometida a esa maldición». (DocMar., BAC 128, N. 850).
Apoyándonos pues, en La Tradición, tal como ha interpretado siempre este pasaje, podemos argumentar así: En este saludo llama El Ángel a María como por antonomasia La Llena de gracia, y ciertamente en orden a la maternidad divina que le anuncia. Ahora bien, para esto era necesario que María no solamente estuviera llena de gracia si nada más que por un instante hubiese estado bajo la mancha del pecado original, y, por tanto, apartada de Dios y bajo la servidumbre del demonio. Luego esta plenitud de gracia implica la inmunidad de toda mancha del pecado original.
c) POR LA RAZÓN TEOLÓGICA:
Pues era sumamente conveniente que María gozara de tanta inmunidad del pecado original, cuanto Dios omnipotente pudiera otorgarle. Ahora bien, La Virgen María podía conseguir la inmunidad del pecado original, y Dios también se la podía otorgar. Luego María la tuvo. En efecto: Dios podía, en atención a los méritos futuros de Cristo, preservar el alma de María, sin que por eso padeciera de menoscabo ni la universalidad del pecado, por una parte, ni de la redención por otra; bastaba para esto que María, por ser hija de Adán, debiera contraer el pecado original; y que, por ser preservada en atención a los méritos futuros de Cristo, no lo contrajera.
Luego, dice a este propósito Pío XII: «Dios podía ciertamente, en previsión de los méritos del Redentor, adornarla de este singularísimo privilegio; no cabe, pues, pensar que no lo haya hecho. Convenía, en efecto, que la Madre del Redentor fuese lo más digna posible de Él; más no hubiera sido tal si contaminándose con la mancha de la culpa original, aunque solo fuera en un instante de Su concepción, hubiera estado al triste dominio de Satanás» (DocMar., BAC 128, N. 852)
***
Hermanos y hermanas: Aquí es necesario recordar el Plan Salvífico de Dios: DE LA VIRGEN MARIA, MADRE DE LA IGLESIA, por tanto es incongruente e irrazonable que María Santísima haya tenido que contaminarse con la mancha de la culpa original, aunque solo fuera en un instante de Su concepción, hubiera estado al triste dominio de Satanás.
La Voluntad Salvífica de Dios:
Se puso de manifiesto en los principios del género humano, cuando Dios dijo a la serpiente: “Por haber hecho esto…, pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y el suyo; éste te aplastará la cabeza, y tú le acecharás el talón”. (Gen. 3, 15), con estas palabras no solo se anuncia un Salvador, sino que también entra en escena una Mujer, Su Madre, la cual debe conseguir juntamente con Su Hijo, una insigne victoria sobre el enemigo común. No siendo, pues, esta mujer, otra que La Virgen María, con toda razón se ha de decir que Ella, ya desde el principio estuvo unida con lazo indisoluble al Salvador Cristo Jesús, a fin de destruir la obra del demonio.
En los libros de La Sagrada Escritura, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento y en La Venerable Tradición, se va aclarando día a día esta Voluntad Salvífica de Dios – dice el concilio Vaticano II -, y en ellos se prepara paso a paso el advenimiento de Cristo y se ilumina la figura de La Mujer Madre del Redentor; Ésta es insinuada proféticamente en promesa de la victoria de la serpiente, dada a nuestros primeros padres caídos en pecado (Gen. 3, 15) Constitución dogmática, n. 55).
Comentarios del Suscrito:
1. Pongo enemistad entre ti y la mujer: Entre el demonio y La Virgen.
La Biblia no menciona explícitamente…, como tampoco menciona explícitamente muchas otras doctrinas que la Iglesia recibió de los Apóstoles. La palabra "Trinidad", por ejemplo, no aparece en la Biblia. Pero por ejemplo La Inmaculada Concepción se deduce de la Biblia cuando ésta se interpreta correctamente a la luz de la Tradición Apostólica.
2. Entre tu linaje y el Suyo: Entre la totalidad de los demonios (y aquí también está incluida la serpiente, Lucifer, él no queda excluido, ya que se debe tomar en sentido totalitario: Entre Lucifer con su legión de ángeles caídos) y María y Jesucristo – María por ser Madre de Jesucristo; es decir que de Ella nace la nueva descendencia, pero sujeta a Cristo, pues, de Él pende toda gracia que pudo derrotar al Demonio –, conjuntamente con nosotros, todos los que mueran en Cristo (1 Tes. 4, 16), los que son miembros de La Iglesia, donde Cristo es La Cabeza: Colosenses 1:17-18: “Y Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en Él subsisten; y Él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia” Y también en Romanos 12:4-5: “Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros”.
***
I. CÓMO FUE REDIMIDA LA VIRGEN MARÍA
María Santísima fue redimida de la manera más sublime y de la manera más perfecta y de la manera más eminente, y que era más pura que los mismos ángeles. Pío XII en La Bulla «Fullgens corona» DocMar., BAC 128, N. 852), y el Concilio Vaticano II en «La Constitución Dogmática de La Iglesia» cap. 8 n. 53. Debido a que La Virgen María en virtud de un decreto Eterno y por razón de Su misma existencia, antes estuvo asociada a Cristo hombre, como Madre de Cristo y de los hombres, que unida a Adán pecador…
Explicación de términos Daniel Cueva:
Dios desde Su Eternidad predestina a María asociada a Cristo hombre; entonces, en ese momento eterno de Dios, María aún no existe. Por tanto, María Santísima no podía contraer el pecado original porque aún no existía, solo estaba asociada a Cristo hombre por Decreto Eterno del Padre. Y en cuanto que estaba asociada a Cristo hombre era porque como Madre de Él, era, pues, necesario que no existiera pecado en Ella. Por tanto, por predestinación (Dicho de Dios: Destinar y elegir ab aeterno a quienes por medio de su gracia han de lograr la gloria) María sería Madre de Dios antes que unida a Adán pecador de quien se hereda el pecado original, y por tanto María no lo heredó de Adán.
… Por lo cual no era conveniente que la asociación de La Virgen María con Cristo se subordinara a la unión que tenía con Adán, si no, que al contrario, como fácilmente se puede ver. Por lo cual como Dios previera que Adán debiera de pecar, debió, ipso facto, excluir a su Madre de que éste – Adán – la representara moralmente, en lo cual consiste la redención preservativa: en que un individuo sea impedido para que de hecho no caiga en el pecado original.
II. SI LA VIRGEN MARÍA TUVO EL «FOMES PECATTI», O SEA, LA CONCUPISCENCIA
Concupiscencia (Del lat. concupiscent?a). Inclinación al mal. Es el apetito del bien sensible, o sea, la tendencia al bien aprehendido por los sentidos. Deseo de bienes terrenos y, en especial, apetito desordenado de placeres deshonestos.
Como La Virgen María no contrajo el pecado original, se deduce fácilmente que tampoco sufrió las consecuencias, entre los cuales ocupa el primer lugar el «fomes» del pecado o la concupiscencia.
Pero se objetará diciendo que María sufrió algunas consecuencias del pecado original, como, por ejemplo, la pasibilidad (que es pasible, o sea, que puede y es capaz de padecer), la necesidad de morir. Respondemos que estos efectos los tuvo La Virgen María, no como penales (de la pena del pecado, de lo cual Ella estaba libre), si no como naturales (que se produce por solas las fuerzas de la naturaleza) en el cuerpo, y que pudo tenerlos, porque no implican ninguna imperfección moral; lo cual no puede decirse del fomes del pecado o la concupiscencia, ya que esta procede del pecado y esta inclina, y además no se compagina con la perfecta santidad de María, ni tampoco la hacía más apta para su oficio de Corredentora. Del mismo modo se diría que Cristo también hubiera tenido el pecado original, toda vez que Él nació y creció y que por tanto podía, sino en La Cruz, por vejez, morir también, porque contrajo el pecado original, cosa a todas luces totalmente falso.
III. SI LA VIRGEN MARÍA FUE INMUNE DE TODO PECADO VENIAL PERSONAL:
Pío IX y Pío XII nos enseñan esta misma doctrina, cuando dicen que La Virgen María estuvo inmune aún de toda mancha de la culpa original, y: que estuvo libre de toda mancha personal y original, y unida siempre estrechísimamente a Su Hijo (DocMar., BAC 128, N. 712)
Esta doctrina también está contenida en Gen. 3, 15 y Lc. 1, 28: en el primero porque ahí se anuncia un triunfo pleno contra el demonio, y en el segundo, porque se le llama La Llena de gracia, y ni uno ni lo otro serían verdad si La Virgen María hubiera estado alguna vez sometida al pecado venial.
Por último, esto mismo nos lo atestigua la razón teológica, puesto que: a aquellos a quienes Dios elige para alguna cosa, de tal manera los prepara y los dispone para aquello para lo cual son elegidos, que se encuentren idóneos… La Virgen María fue elegida por Dios, para ser Madre de Dios… Y no sería idónea Madre de Dios si alguna vez pecara. Por tanto se ha de pensar que La Virgen María no cometió jamás ningún pecado mortal ni venial.
IV. SI LA VIRGEN MARÍA FUE IMPECABLE:
Se ha de responder en sentido afirmativo; así como Cristo fue impecable por razón de la unión hipostática (cuerpo material y del alma espiritual unidos sustancialmente, o sea, unidos en esas dos sustancias: cuerpo material y el alma espiritual), así también La Virgen María, fue impecable a razón de Su divina maternidad, y esto desde el primer instante de Su existencia. Todos los teólogos admiten en el día de hoy el hecho de la impecabilidad después de la definición de La Inmaculada Concepción; en cuanto al modo de explicarlo, ha de decirse que es una consecuencia de que en María, por una parte, no existió el fomes del pecado, y, por otra, de que tuvo una protección divina especial, tanto interna como externa.
§§ I. – SI DIOS PREPARÓ A LA VIRGEN MARÍA ENRIQUECIÉNDOLA
CON SUS DONES DE GRACIA
1. Tesis: La Virgen María, ya desde el primer instante de Su Concepción, estuvo llena de toda gracia santificante.
a. Definición de La Gracia.- Don sobrenatural concedido gratuitamente a la criatura racional, en orden a la consecución de La Vida Eterna. Es decir, que la gracia se concede para que el hombre logre La Vida Eterna.
La gracia santificante es un don personal sobrenatural y gratuito, que nos hace verdaderos hijos de Dios y herederos del cielo.
La gracia santificante es una cualidad que hace subir de categoría al hombre dándole como una segunda naturaleza superior. Es como una semilla de Dios. La comparación es de San Juan (1 Jn. 3, 9).
Desarrollándose en el alma produce una vida en cierto modo divina, como si nos pusieran en las venas una inyección de sangre divina. La gracia santificante es la vida sobrenatural del alma (Antonio Royo Marín: Hijos de Dios). Se llama también gracia de Dios.
La gracia de Dios es lo que más vale en este mundo. Nos hace participantes de la naturaleza divina (2 Pe 1, 4).
a.1. La gracia está en el alma por su propia esencia. Ahora bien, según expone San Agustín en XII Super Gen. ad litt., todo aquello que se encuentra en el alma por su propia esencia lo conocemos con certeza absoluta. Luego el que posee la gracia lo puede saber con toda certeza.
a.2. La gracia es un don de Dios al igual que la ciencia (El saber o erudición – amplio conocimiento). Pero aquel a quien Dios concede la ciencia sabe que la tiene, según aquello de Sab 7,17: El Señor me dio la ciencia verdadera de las cosas que existen… Luego, por la misma razón, quien recibe de Dios la gracia sabe que la tiene.
a.3. La luz es más fácil de conocer que las tinieblas, ya que, según dice el Apóstol en Ef 5,13, todo lo que se manifiesta es luz. Pero el pecado, que es una tiniebla espiritual, es conocido con certeza por el que lo comete. Luego con mucha más razón se conoce la gracia, que es una luz espiritual.
a.4. Hemos recibido, dice el Apóstol en 1 Cor 2,12, no el espíritu de este mundo, sino el espíritu de Dios, para que conozcamos los dones que Dios nos ha concedido. Pero la gracia es el principal de estos dones de Dios. Luego el hombre que recibe la gracia por obra del Espíritu Santo sabe por el mismo Espíritu que le ha sido dada.
a.5. Según Gén 22,12 se le dice a Abraham en nombre del Señor: Ahora conocí que temes al Señor, es decir: Te lo hice conocer. Más aquí se trata de un temor santo, que no se da sin la gracia. Luego el hombre puede conocer que está en gracia. (Fuente: Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino)
Gracia Santificante y gracia «Gratis Dada», según que primariamente y por si misma se ordene a la utilidad propia espiritual del que la recibe, o a la utilidad de los demás.
• Gracia Santificante: Cualidad sobrenatural, inherente – unido e inseparable – a nuestra alma, que nos hace partícipes real, formal, pero accidentalmente – es decir, que la gracia santificante es una cualidad o estado que aparece en nuestra alma, sin que haya sido parte de ella –, de la naturaleza y de la vida divina. La gracia santificante es un don habitual, una disposición estable y sobrenatural que perfecciona al alma para hacerla capaz de vivir con Dios, de obrar por su amor; la gracia habitual es disposición permanente para vivir y obrar según la vocación divina.
Un autor contemporáneo, para expresar la idea de que la gracia es una vida nueva, la compara a un injerto divino introducido en el tronco silvestre de nuestra naturaleza, y que se junta y combina con nuestra alma para constituir un principio vital nuevo, y, por ende, una vida de orden mucho más elevado. Mas, así como el injerto no comunica al tronco silvestre toda la vida de la esencia o sustancia de donde la tomó, sino solamente algunas de sus propiedades vitales; tampoco la gracia santificante nos da toda la naturaleza de Dios, sino solamente alguna cosa de su vida que para nosotros constituye una vida nueva; participamos de la vida divina, pero no la poseemos por entero.
Esta divina semejanza prepara al alma para una unión muy íntima con la Santísima Trinidad que en ella mora.
• Gracia «Gratis Dada»: Para definir el objetivo de las gracias "gratis datae", santo Tomás se refiere a la afirmación de I Cor 12,7: "A cada cual se le da la manifestación del Espíritu para la utilidad"; completándola, sin embargo, en el sentido de la utilidad de los demás: "ad utilitatem, scilicet, aliorum" : La gracia gratis dada es una gracia "mediante la cual un hombre ayuda a otro a volver a Dios" (I-II, q. 111,a. 1, responden; a. 4 responden). Esta opinión se ha hecho tradicional y los traductores la introducen en el texto de I Cor 12,7, donde hablan de utilidad común. Pero Pablo no escribió "común", y la forma con que luego se expresa a propósito de la glosolalia (Capacidad de hablar en lenguas o que es ininteligible) demuestra que la utilidad de ciertos dones puede muy bien no ser muy común, sino sólo personal: "El que habla en lenguas extrañas se aprovecha a sí mismo...; si yo fuera a veros y os hablara en lenguas extrañas, ¿qué os aprovecharía?" (I Cor 14,4-6). Pablo manifiesta un gran aprecio por el don de la glosolalia (14,5.18), pero no la considera de utilidad común; por eso no admite su manifestación en las asambleas cristianas, a no ser que haya un intérprete que pueda revelar su sentido (14,27-28). Para ser fieles a la enseñanza paulina hay que renunciar, por tanto, a la precisión restrictiva que limita a la utilidad de los demás la importancia de las gracias gratis dadas o de los carismas. En efecto, son frecuentes los carismas útiles a la oración personal o al progreso personal en la virtud. (Fuente: www.mercaba.org)
2. Nexo: Hemos visto en la tesis anterior como La Virgen María fue preservada de toda mancha del pecado original y del fomes del pecado; como en este orden de la providencia no se quita ningún pecado sino por la infusión de la gracia santificante, el recto orden de las cuestiones exige que estudiemos este nuevo elemento positivo.
3. Estado de Cuestión: Se trata, pues, de saber aquí como fue la santificación de La Virgen María por medio de la infusión de la gracia santificante, y de los demás dones sobrenaturales que la acompañan; respondemos diciendo que La Virgen María fue llena de gracia, y esto ya desde el primer instante de Su Concepción.
4. Explicación de Términos: Ya desde el primer instante; es decir, no solamente desde el momento en que fue hecha Madre de Dios, sino desde el mismo momento que fue concebida, pues estaba destinada para ser Madre de Dios y de los hombres.
Estuvo Llena, es decir, tuvo tanta gracia santificante cuanto requería su elección para Madre de Dios y de los hombres; no se trata, pues, en la tesis de una plenitud absoluta – La cual es propia de solo Cristo -, sino de una plenitud relativa, por la que una persona está suficientemente dispuesta para desempeñar el oficio para la cual ha sido elegida por Dios.
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Explicación de términos, Daniel Cueva:
1. La plenitud absoluta de la gracia es propia de Cristo: Gracia que lo abarca completa y totalmente todo; porque, Cristo al Ser Dios, Es Todo, Es Absoluto, y lo que Él lleva o tiene también es absoluto; luego, si Cristo tiene gracia santificante, esta la tiene de una plenitud absoluta, total, que lo abarca todo.
2. La plenitud relativa de la gracia se le concede a La Virgen María: Gracia que es en condición no absoluta; sino, relativa; o sea, que está en relación a Ella; pero a Ella se le concede de Dios La gracia santificante que la llene completamente, de una manera especialísima, en relación a que tenía que tener tanta gracia santificante cuanto requería su elección para Madre de Dios y de los hombres. Ya que para ser Madre de Dios, Ella tenía que estar dotada totalmente de gracia; o sea, Llena de Gracia, porque era digno para Dios Omnipotente. Y si ya con ser Madre de Dios necesitaba estar Llena de gracia, también tenía que estarlo para ser Madre de los hombres, pero de todos los hombres, desde Adán hasta el último hombre nacido en el fin del mundo.
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Continúa el texto anterior a la Explicación de términos, Daniel Cueva: Esta plenitud relativa es mayor o menor, según que el estado, al que cada uno es destinado por Dios, sea más o menos elevado; por tanto, como La Virgen María fue elegida para Ser Madre de Dios y de los hombres, cuya dignidad es la más grande de todas cuantas pueden darse, se comprende fácilmente que la plenitud de gracia de María aventaje con creces a toda la plenitud de los santos.
De toda gracia santificante; es decir, tanto de la gracia santificante habitual, que es como una nueva naturaleza participada en el hombre, como de las virtudes infusas del Espíritu Santo, que son ciertos hábitos naturales, con los cuales el alma del justo queda perfeccionada en orden a recibir los impulsos del Espíritu y seguirlos con más facilidad y prontitud; tratamos, pues de estos solamente y no de las virtudes y gracias gratis dadas.
5. Se prueba La Tesis:
a) POR EL MAGISTERIO ECLESIÁSTICO, pues Pío IX nos enseña esta doctrina cuando dice:
a’) Que Dios, en tanto grado, La amó por encima de todas las criaturas que con Ella sola se complació con señaladísima complacencia.
b’) Que tan maravillosamente la colmó de la abundancia de todos los celestiales carismas…, muy por encima de todos los ángeles y santos, que Ella, absolutamente libre siempre de toda mancha de pecado, y toda hermosa y perfecta manifestase tal plenitud de inocencia y santidad, que no concibe en modo alguno mayor después de Dios y nadie puede imaginar fuera de Dios.
Y León XIII, cuando pide que La Virgen María, viniendo a nosotros en nuestro auxilio: «nos haga partícipes de la plenitud de la gracia de Dios, que recibió desde el principio para ser Su Madre. Esta abundancia de la gracia… la eleva sobre todos los hombres y sobre todos los ángeles, aproximándola a Cristo más que todas las criaturas» (DocMar BAC 128, n. 391)
Y Pío XII, cuando dice: «cuya alma santísima fue más que las demás creadas por Dios, llena del Espíritu divino de Jesucristo…» (DocMar BAC 128, n. 713)
Y el Concilio Vaticano II: Con un don de gracia tan eximia, antecede con mucho a todas las criaturas celestiales y terrenas (Constitución Dogmática, cap. VIII, n. 53)
b) POR LA SAGRADA ESCRITURA: Pues La Virgen es saludada por el Ángel como por antonomasía la llena de gracia (Lc. 1, 28) con las cuales palabras se indica que María, no solamente en aquel momento, sino también siempre, estuvo llena de la gracia santificante sobre todas las criaturas.
c) POR LA TRADICIÓN: Pues los Santos Padres unánimemente ensalzaron a María sobre todos los hombres y sobre todos los Ángeles y Arcángeles, Tronos y Dominaciones, Virtudes y Principados, Querubines y Serafines: «A nadie como a Ti se le ha concedido la plenitud de La Gracia. Y con razón, pues nadie estuvo más cerca de Dios… A todos vences, a todos aventajas…» (San Sofrionio, PG 86, 3237)
d) POR LA RAZÓN TEOLÓGICA: Pues por tres motivos debió tener María la plenitud de la gracia:
1°. Porque fue predestinada para ser Madre de Dios y de los hombres.
2°. Porque fue más querida de Dios que todas las criaturas.
3°. Porque fue asociada a Cristo hombre como mediadora de todo el género humano.
6. Cuestiones Complementarias:
I. DEL AUMENTO DE LA GRACIA EN LA VIRGEN MARÍA. Como la plenitud de la gracia de La Virgen María no fue absoluta, sino solamente relativa, es evidente que pudo crecer más y más, tanto porque Ella era la vía hacia Cristo, como porque Sus obras, que procedían de la más ardiente caridad, podían merecer mayor aumento de gracia y de gloria. Creció pues la gracia en María no solo ex opere operato (basado en que los sacramentos son signos externos, instituidos por Jesucristo para comunicar la gracia) mediante la recepción que María tuviese en La Eucaristía después de la muerte de Cristo; es decir, que María hubiese incrementado Su gracia por tomar del Cuerpo de Cristo; sino también ex opere operantis (Ex opere operantis significa 'en virtud del que obra', lo cual se puede referir tanto al sujeto que recibe el sacramento como a quien lo administra); es decir, que en virtud a que María al recibir del Cuerpo de Cristo, obrara acciones de caridad y ello le incrementara las gracias. Así mismo, Su gracia se incrementó en Ella en una medida tal que nosotros no podemos ni sospechar; creció indudablemente su gracia cuando llevaba en Su seno virginal al Niño Dios hecho Hijo Suyo, y cuando le daba su pecho y lo alimentaba y lo tenía en Sus brazos; si, pues, cuanto más cerca está uno de la fuente, tanto más participa de Su influjo ¿Qué habrá de decir de María, que estuvo cercanísima a Cristo, cuya humanidad recibida de Ella, era instrumento de santidad y de gracia?
Teniendo, pues, presente todos estos antecedentes, los teólogos han llegado a las siguientes conclusiones:
1° Que la gracia inicial de La Virgen María aventaje a la gracia inicial de cualquier hombre, es doctrina teológicamente cierta.
2° Que la gracia inicial de La Virgen María aventaje a la gracia final de cualquier santo o ángel, es doctrina común.
3° Que la gracia inicial de La Virgen María aventaje a la gracia final de todos los ángeles y todos los hombres juntos, es doctrina probable.
7. II. SI LA VIRGEN MARÍA, MERECIÓ EL AUMENTO DE LA GRACIA EN TODOS LOS ACTOS DE SU VIDA, NO SOLAMENTE DESDE EL PRINCIPIO DE SU CONCEPCION, SINO TAMBIÉN DURANTE EL SUEÑO (pues, no murió, adormeció). A lo que respondemos:
a’) Que La Virgen María merecía desde el primer momento de Su Concepción, depende si desde el primer instante de su existencia tuvo o no tuvo uso de razón y libre albedrío. La mayor parte de los teólogos lo admite.
b’) Que La Virgen María no solamente despierta; es decir, en vida, sino también durante el sueño (pues, no murió, adormeció) mereciera con sus actos el aumento de la gracia: lo sostienen algunos teólogos, pero hay quienes también lo niegan; empero, la sentencia afirmativa sostiene que La Virgen María tuvo ciencia infusa permanente.
Ciencia: Es un conocimiento insigne, excelente, extraordinario, de las cosas naturales.
Ciencia Infusa: Se puede adquirir con el discurso propio y la experiencia propia, pero de hecho la da Dios; así, por ejemplo, el don de lenguas concedido a los Apóstoles.
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Oración de salida:
En el nombre del Padre,… +
Te damos gracias Señor por todos los beneficios que hemos recibido de tu gran bondad, Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
1 Padre Nuestro, 1 Ave María, 1 Gloria,
V/. Ave María Purísima
R/. Sin pecado Concebida
En el nombre del Padre,… +
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01:24:57
Los hijos de La Virgen María y los hijos del Demonio
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Meditaciones Litúrgicas
Reflexión:
Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc.
Queridos hermanos y hermanas:
El cristiano debe actuar con mansedumbre, con amabilidad y con actitud de servicio, y esto es posible por la humildad que se adquiere por la caridad. La actitud revanchista de los judíos con Pablo manifiesta una falta de caridad y tolerancia hacia el prójimo, esta es la actitud de quienes no tienen a Cristo como modelo y no hacen de su vida una vida cristiana. En efecto, el hombre que no ha conocido a Cristo actúa como los judíos que tampoco conocieron a Cristo (Su Evangelio) ya que mataron al Mismo Cristo y luego se ve lo propio con Pablo porque predicaba a Cristo.
La revancha es una actitud vengativa que desea el mal del prójimo por una ofensa, daño o derrota. Es pagar el mal con mal; mientras que la caridad implica amor sin condición, y por tanto se ama a quien nos agrede respondiéndole con caridad ante cualquier ofensa, daño o derrota que se nos hiciese. Miremos a Cristo, Su Amor y Su perdón, Él, que en efecto, enmudeció ante sus enemigos y fue llevado como oveja al esquilador, no profirió insultos, ni respondió con mal el mal que le acometían. Si El Señor Jesús levantaba la mano para ordenar que el ejército celestial bajara para que se citiara el mundo y no se blasfemara e irrespetara contra Él, porque se hartó de tanta ofensiva, hubiese cometido venganza, la ira se hubiese apoderado de Él, y con ello se hubiese demostrado que no es Dios, pues, en Dios no se encuentra pecado. Por el contrario se dejó matar para luego recuperar su vida, para enseñarnos como debemos amar hasta el extremo, para que el mal sea combatido con el bien, para que Dios venza al Demonio, para que nosotros que estamos en Dios venzamos a los que están en el Demonio, para que la estirpe de La Santísima Virgen María le pise la cabeza al Demonio y su estirpe, contando a todos los hombres hasta el fin del mundo. Así se divide la humanidad, entre los hijos de Dios y los hijos del Demonio, no interesa si al final queda un puñado de católicos fieles contra miles de millones infieles, porque ese puñado de católicos son parte toda la estirpe de María y miembros del Cuerpo Místico de La Iglesia y herederos del Reino de Dios. Así el salmo se pone a tono con toda La Liturgia y nos dice: «Dios es el Rey del mundo. Él nos somete los pueblos y nos sojuzga las naciones; Él nos escogió por heredad suya: gloria de Jacob, su amado»
Por tanto queridos hermanos vayamos con valor a predicar El Evangelio de Cristo para henchir al mundo del Amor de Dios, comentándoles cuanto ama Dios a los hombres, y rezando por nuestros hermanos, por su salvación, y es que así nos anima El Divino Redentor: "No temas, sigue hablando y no te calles, que Yo estoy contigo, y nadie se atreverá a hacerte daño; muchos de esta ciudad son pueblo mío." Algunos necios dirán: Hay muchos que siendo fieles católicos han muerto por sus antagonistas, por lo que Dios no está con ellos y todo es una farza, porque Dios mintió. A ello respondemos, que la promesa de Dios es para heredar La Vida Eterna, que Dios nos promete según nuestras decisiones, – sumergidos en la humildad – la gracia de la perseverancia final, por ello, nadie nos hará daño espiritual, es una sentencia asegurada para con los hijos de Dios, por aquello que dice el Apóstol: «Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio». Ef. 6, 12
Y en El sagrado Evangelio, El Señor Jesús nos manifiesta la continuidad de la cruz que debemos seguir a lo largo de nuestra vida, pues, bien dice: «La mujer, en el momento de dar a luz, tiene tristeza, porque su hora ha llegado», lo mismo que nos dice el Apóstol: «Sabemos que la creación entera, hasta el presente, gime y sufre dolores de parto» Rm. 8, 22. Luego añade El Señor: «pero, cuando su hijo ha nacido, no se acuerda más de su dolor, por el gozo de que ha nacido un hombre al mundo» Y es que el hombre en el vientre de La Santísima Virgen María como Su estirpe prometida por Dios en el protoevangelio del Génesis, llega a su realización total de hijo de Dios cuando deja este mundo en estado de gracia y ha heredado La Vida Eterna, solo hasta ese momento el hombre tiene la garantía de haber sido salvado, y en consecuencia, ya no es un hombre caduco, se vuelve a la eternidad del gozo de Dios; ya no está en el vientre de María, porque Ella lo ha dado a luz para Dios, totalmente salvado como ofrenda agradable de La Madre hacia El Padre por medio de Su Hijo Jesucristo. Por ello dice El Señor: «el gozo de que ha nacido un hombre al mundo» Así también complementa el salmo de hoy: «Dios es El Rey del mundo» es decir, de todo lo creado, de todo el cosmos, y no confundamos éste mundo del salmo y del que nos dice El Señor Jesús con el mundo del Demonio, que son las miserias que tiene por tentación para la perdición del hombre.
Por tanto queridos hermanos y hermanas, tengamos esperanza y fortaleza para saber que nos espera un Cielo en el que contemplaremos la belleza de Dios. Así nos anima el Divino Redentor: «Así también vosotros, tenéis ahora tristeza, pero Yo volveré a veros, y entonces vuestro corazón se alegrará y nadie os podrá quitar vuestro gozo» Donde la tristeza es cambiada por la recompensa del gozo y gozo eterno, por ello dice: «nadie os podrá quitar vuestro gozo». Y que si bien el pasaje corresponde a la esperada resurrección de Cristo para que vuelva a ver a Sus Apóstoles, también es referida para los que dejan este mundo en gracia de Dios, y vean a Jesús en el Primer Juicio y escuchen decir de sus labios redentores: «Ven a Mí bendito de Mi Padre, y toma herencia del Reino que está prometido» Cuando se le haya dicho esto al último hijo de Dios en el fin del mundo, en ése momento se habrá conformado todo el Cuerpo Místico de La Iglesia, que teniendo a Cristo por Cabeza se forma la creación entera de Dios que ha gemido con María los dolores de parto; es decir, que ha gemido los tormentos de La Cruz, y que luego María a dado a luz a esta criatura. Así toda la creatura; es decir, toda La Iglesia como «Su hija ha nacido» para Dios, porque se ha salvado, pues, en efecto, en Su hija es triunfante y ahí ya no hay ningún malvado que le haga daño, por ello, ya «no se acuerda más de su dolor, por el gozo de que ha nacido un hombre al mundo»… al mundo de Dios que es todo lo creado y todo lo que el hombre necesita que es El Paraíso prometido.
Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas.
Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54)
En El Nombre del Padre, etc.
12:39
Evangelización con Amor
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Meditaciones Litúrgicas
Reflexión:
Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc.
Queridos hermanos y hermanas:
Nuestro celo por la salvación de las almas debe estar siempre encendido, porque este celo proviene de la caridad que es El Amor de Dios que impregna en nuestros corazones para que podamos en esta caridad, amar a nuestros hermanos, porque los queremos bautizados o que hayan recurrido a cualquier sacramento que les faltara. En efecto, el celo por ver el alma de nuestro hermano, hermoseada por la redención misericordiosa de Dios en cada sacramento, nos debe llevar siempre a ver a nuestro hermano como si fuera de nuestra propia sangre; aunque sabemos que por nuestra naturaleza humana y la costumbre de haber vivido con nuestros familiares, sintamos más aprecio por ellos y menos aprecio que por cualquier amigo, conocido y menos aún por un desconocido. Pero aún sabiendo ello, cuando el hombre se ejercita en la vida de piedad con oraciones, ayunos y limosnas, y todas estas se ejerzan cada vez con mayor intensidad, la gracia de Dios inundará más nuestros corazones principalmente con la caridad, pues, de ella se desprende y mana todos los dones y virtudes que el hombre necesita para la salvación de su alma, la de sus hermanos y mayor gloria de Dios.
Así nos da el ejemplo El Apóstol en La Primera Lectura: «Todos los sábados discutía en la sinagoga, esforzándose por convencer a judíos y griegos»… Esta práctica de «esforzarse por convencer», en efecto, no es un comportamiento fariseo o testarudo que no entiende de razones y se cierra en la necedad de quien debe predicar La Palabra de Dios, sino, que ejerce por encima de todo «La Caridad: Amor de Dios» Luego de que se sabe uno mismo con este don de la caridad, en efecto, lo que el hombre haga lo hará con amor, y cuando el hombre vea que no está correspondiendo a la caridad para con su semejante, debe recordar que tampoco le está correspondiendo a Dios con sus actos, porque si amamos a Dios, debemos amar lo que Él ama, y Él ama a nuestros hermanos incondicionalmente y nosotros debemos esforzarnos por imitar a Cristo que nos amó hasta el extremo.
Si por el contrario, el hermano se cierra en no querer ser evangelizado, pese a tus manifiestos de ímpetu y de caridad, nos debemos a la oración por ellos, pues, en ése momento seguimos amando para que ésa alma se salve. Ése debe seguir siendo nuestra caridad, pensar en que si no se salva aquél hermano puede sufrir el cruel tormento eterno, porque el infierno es ausencia de Dios, es decir, que el hombre no sentirá el amor ni por él mismo, ni por sus hijos, ni padres, ni ningún familiar ni amigo, ni menos hacia cualquier prójimo, porque el alma del hombre ya no tiene amor, solo odio y amargura por él mismo y por todo ser vivo, porque en el infierno no está Dios, y si Él no está ahí, tampoco hay absolutamente nada de él ahí y por supuesto tampoco Su Amor.
Por tanto saber de nuestros hermanos que sufrirán eternamente nos debe condoler hasta las más profundas entrañas, imaginarlos en sufrimiento eterno, en donde estarán miles de millones de años y más hacia la eternidad y seguirán sufriendo y teniendo solo en el alma odio y amargura por ellos mismos y por todos, y Dios no estará en sus vidas… Reflexión.
Las palabras del Divino Redentor que manifestaba Su Resurrección cuando dice: "Un poco de tiempo y ya no me veréis: y de nuevo un poco, y me volveréis a ver, porque me voy al Padre". Pero para no verlo tenía que pasar por su amarga y dolorosa Pasión y Muerte, y es así que dice: «Vosotros vais a llorar y gemir, mientras que el mundo se va a regocijar»… pues, en efecto, esto es lo que pasó, mientras ellos lloraron Su Pasión y Muerte, el mundo, es decir, quienes lo sentenciaron y ejecutaron, ya que ellos, que no aceptaron al Mesías como lo manifestaban Las Escrituras y los profetas, llevaban en sus corazones las opresiones que el mundo ejercía sobre ellos y por tanto vivían con corazones endurecidos; por eso es que dice El Señor: «el mundo se va a regocijar»… Recordemos, pues, que el Demonio poseedor del Espíritu del mal, es llamado también «Príncipe de este mundo» (Jn 14, 30; 16, 11; Ef 6, 12).
El mundo, en este sentido desfavorable, sigue significando parte de la humanidad que rechaza la luz de Cristo, que vive en el pecado (Rm 5, 12-13), es decir, después de Cristo todos los que lo rechazan son del mundo, de las miserias del mundo, de las miserias que el Demonio invita y que el hombre acepta apegándose a estos placeres desmedidos o que los cambia por ejemplo por la asistencia dominical de La Eucaristía.
Efectivamente, los hombres que rechazan a Cristo conciben la vida presente con criterios contrarios a la ley de Dios, a la fe, al Evangelio que dice en 1 Jn 2, 15-17: No amen al mundo ni las cosas mundanas. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo (en el ambiente anticristiano) es concupiscencia de la carne, codicia de los ojos y ostentación de riqueza. Todo esto no viene del Padre, sino del mundo; pero el mundo pasa, y con él, su concupiscencia (inclinación al mal). En cambio, el que cumple la voluntad de Dios permanece eternamente.
Por tanto, el hombre vive con amarguras y gozos. Amarguras por causa del Demonio y gozos por causa de Dios. Amarguras porque el Demonio nos incita y caemos, e incita a otros a que caigan y cayendo ellos en ocasiones también es para impedir nuestros gozos que son la salvación de nuestras almas y las de nuestros hermanos. En efecto, el Demonio no solo se encarga de nosotros, sino, que ataca a otros para que ellos nos impidan nuestros crecimientos o el cumplimiento de nuestros apostolados que ayudan a nuestros hermanos, y como éste enemigo no quiere que nadie se salve, va hurgando por todos lados para hacernos la vida imposible. Por ello es que El Divino Redentor nos dice: «Estaréis contristados», y luego añade: «pero vuestra tristeza se convertirá en gozo» porque después de la cruz hay resurrección.
Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas.
Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54)
En El Nombre del Padre, etc.
14:57
La Sabiduría de Dios en La Iglesia, Madre y Maestra
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Meditaciones Litúrgicas
Reflexión:
Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc.
Queridos hermanos y hermanas:
El apóstol Pablo con gran entereza y guiado por El Espíritu Santo de Dios revela y evangeliza a los gentiles, que entre los judíos, se dice de un gentil a la persona o comunidad que profesa otra religión. Así, Pablo lleva La Palabra de Dios a los atenienses que eran muy esmerados en lo religioso, al punto de tener de entre los diversos dioses que tenían también a un «dios desconocido». Pablo anuncia al Único y Verdadero Dios, y les dice: «El Dios que hizo el mundo y lo que contiene, Él es Señor de cielo y tierra»… Con estas palabras el Apóstol manifiesta y confirma que hay Un Solo Dios, porque Uno Solo es el que hizo el mundo y lo que contiene, partiendo que en aquellos tiempos se consideraba al mundo como lo único explorable, y más aún es enfático, porque dice que «Él es Señor de cielo y tierra»… teniendo por cielo al lugar donde Dios habita y la tierra el lugar de los hombres, y en consecuencia no hay más nada para lo que se viva, y si Dios Es El Señor de ambas cosas: Cielo y tierra, quiere decir que nuestro Dios Es El Único y que lo es tanto para el cielo como para la tierra, es decir, para todo lo creado, y si lo es para todo es que todos son para Él. Por ello añade: «Quería que lo buscasen a Él, a ver si, al menos a tientas, lo encontraban» Es decir, Dios creando todo y luego del pecado de nuestros primeros padres, el hombre, en efecto, al perder la gracia deja de tener intimidad sensitiva con Dios, pero por la misericordia de Dios, Él, en efecto, siguió manifestándose para que Sus hijos logren su salvación y logren nuevamente la gracia de tener la intimidad sensitiva con Dios, porque, en efecto, añade La Escritura: «aunque no está lejos de ninguno de nosotros, pues en Él vivimos, nos movemos y existimos». Es decir, que mientras estemos necesariamente «en su gracia»:
1. Es que «vivimos dentro de Él», y vivimos en gracia para alcanzar La Vida Eterna. Luego, nos movemos «dentro de Él», es decir, que estando en Su gracia nos movemos o bien para que aun haciendo nuestra voluntad pero según Sus mandamientos logremos la salvación; y haciendo Su divina voluntad – que es mejor – y cumplimos Sus mandamientos y Su querer tanto como Él lo haya designado, porque ello es garantía de nuestra salvación y mayor gloria de Él.
2. En cuanto «nos movemos dentro de Él» es porque todo cuanto realizamos lo hacemos porque dependemos de Dios para poder movernos, pues, todo cuanto hace el hombre por propios movimientos es posible por Dios, comenzando desde el hombre mismo, pues, el hombre tiene la capacidad de pensar y hacer según sus cualidades y máximos talentos porque Dios se lo dio, y así no se puede vanagloriar de nada, porque todo viene de Dios como un don gratuito de Su grande misericordia.
3. Y en cuanto «existimos dentro de Él» no es lo mismo que vivir «dentro de Él» porque vivir supone estar en gracia para nuestra salvación, y existir implica «ser», es decir, que Él nos haya creado para poder ser, para poder existir, y en efecto, lo seguimos haciendo corporalmente hasta que Él lo determine, o hasta que nosotros por nuestras necedades queramos, como lo es en efecto, quienes mueren por exceso de algún consumo que deteriore la salud, o por arriesgar la vida con algún medio de transporte, etc, que en éste caso, no fue la voluntad de Dios, fue el hombre quien provocó su partida de éste mundo, y de ahí la importancia de vivir «dentro de la gracia de Dios» pero en Su voluntad.
Luego el Apóstol tiene una desavenencia cuando los atenienses, dice, La Lectura: «Al oír "resurrección de muertos", unos lo tomaban a broma, otros dijeron: "De esto te oiremos hablar en otra ocasión."»… Y así como a él, a muchos nos ocurre que cuando evangelizamos a algunas personas y éstas no están necesitadas de Dios, o por soberbia, o por apatía, o por ignorancia invencible, etc., se sonríen, o de alguna manera buscan que retirarse de la conversación. Pero el cristiano tiene una tarea encomendada en este mundo: Anunciar de palabra y obra la evangelización a todos sus hermanos con quienes se crucen en su camino, y si algunos no se muestran favorables, otros si lo harán, por ello añade La Lectura: «Algunos se le juntaron y creyeron» Y todos cantaremos las alabanzas al Señor como nos invita el salmo de hoy: «"Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria." Alabad al Señor en el cielo, alabad al Señor en lo alto. Alabadlo, todos sus ángeles; alabadlo, todos sus ejércitos.»
Luego El Divino Maestro nos va enseñando como es que El Espíritu Santo se va mostrando a Sus Apóstoles y en consecuencia a Su Iglesia desde la primitiva hasta nuestras fechas. El Señor Jesús, en efecto, manifiesta una realidad que ha acontecido en la historia de La Iglesia, y es básicamente su maestría, pues, alguien debía enseñar al respecto, y obviamente al deceso del primer Pontífice tenía que haber alguien quien siga conduciendo a La Iglesia, porque no podía quedar a la deriva esta Iglesia que tanto sufrimiento y muerte le costó al Señor. Imagínense pues, que El Señor Jesús haya tenido que instituir Su Iglesia y que desaparezca luego del deceso de los doce, sería incongruente para Quien Es El Divino Maestro, Dios Mismo, Jesucristo nuestro Señor. Y que no se diga que La Iglesia tenía que seguir a La Luz del Espíritu Santo sin líder que la dirigiese porque el sucesor de Pedro es Lino y todos los antiguos registros de los obispos romanos, que nos han sido transmitidos por San Ireneo, Padre de La Iglesia nacido en el año 130 dC, así como Julius Africanus, San Hipólito, Eusebio, también el catálogo Liberiano del 354, colocan el nombre de Lino (Que reinó en su pontificado entre los años 67 y 76 aprox.) directamente después del Príncipe de los Apóstoles, San Pedro. Estos registros se trazan en una lista de los Obispos Romanos que existieron en el tiempo del Papa Eleuterio (cerca del 174-189). La lista romana en Irenaeus tiene reclamos más grandes hacia la autoridad histórica. Este autor – San Ireneo – reclama que el Papa Lino, es el Lino mencionado por S. Pablo en 2 Timoteo 4, 21.
Es por ello que El Señor Jesús manifiesta con sabia claridad: «Tengo todavía mucho que deciros, pero no podéis soportarlo ahora»… en relación a que todo lo que ha ido revelando El Señor a través de la historia de La Iglesia en sus documentos pontificios, Dogmas, Encíclicas y un larguísimo etc. es una revelación que era necesaria hacerla después de la partida del Señor; y que todos estos documentos, sobre todo los Dogmas no podían revelarse en un tiempo tan corto como lo fue la vida del Señor Jesús; además, que era necesario que pasara el tiempo para lograr la necesidad de esas revelaciones y la maduración del Magisterio de La Iglesia, es decir, del conocimiento cada vez mayor de La Iglesia, lo mismo que un niño va aprendiendo poco a poco cuando va alcanzando su madurez y que ocurrió, efectivamente como lo dice San Lucas 2, 52: «Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres»…
Y añade por ello: «Cuando venga Aquél, el Espíritu de verdad, Él os conducirá a toda la verdad; porque Él no hablará por Sí mismo, sino que dirá lo que habrá oído, y os anunciará las cosas por venir»…
Él me glorificará, porque tomará de lo mío, y os (lo) declarará. Dice El Señor.
Lo glorificará, porque por Sus enseñanzas al Magisterio de La Iglesia, el hombre conoce más y da gloria a Dios por ello, así como por esa enseñanza se logra la evangelización de los hombres quienes logrando sus conversiones dan gloria a Dios porque, en efecto, muchos se salvaron, como lo registran la historia de los santos que de antiguo algunos aún no se convertían, sino, hasta las enseñanzas de las autoridades de La Iglesia, como es el caso de san Agustín, convertido por san Ambrosio, Obispo de Milán.
Es así que tenemos una enseñanza no estática, sino, evolutiva y creciente en La Iglesia. Nosotros, en efecto, conocemos más que los antiguos Papas, doctores de La Iglesia, santos y demás, porque ahora hay más dogmas y demás documentos pontificios que años antes.
La Lectura prosigue y añade: «Tomará de lo mío» (El Espíritu Santo)
¿Qué es de Dios y se aplica a éste pasaje bíblico? Su Sabiduría
¿El hombre la necesita? Sí.
¿Por qué? Porque la sabiduría es la luz que se recibe de lo alto; es decir, que es una participación especial en ese conocimiento misterioso y sumo, que es propio de Dios. Por tanto, si el hombre necesita de la sabiduría de Dios, y El Señor Jesús manifiesta que El Espíritu Santo tomará de lo que es del Señor Jesús, es porque se está refiriendo a la sabiduría, porque añade en La Escritura: «os (lo) declarará».
Esta sabiduría superior es la raíz de un «conocimiento nuevo», un conocimiento impregnado por la caridad – El Amor de Dios –, gracias al cual el alma adquiere familiaridad con las cosas divinas. Por ello es que por El Amor de Dios se nos da la sabiduría, y no por la sabiduría de Dios se nos da Su Amor, porque Dios amándote primero te da la sabiduría para que conozcas de Él, siempre que tú quieras aceptar Su bendito llamado. Luego si esa sabiduría se nos da a todos, cuanto más se lo ha podido delegar a los Doce, y luego con tanta necesidad a los Sucesores de Pedro para el bien del pueblo de Dios. De ahí la necesidad de que el hombre se deje guiar por La Santa Madre Iglesia que es Maestra también.
Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas.
Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54)
En El Nombre del Padre, etc.
22:43
El pecado, La Justicia y El Juicio
Episode in
Meditaciones Litúrgicas
Reflexión:
Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc.
Queridos hermanos y hermanas:
El paso a la gloria es consecuencia de la adversidad que padece el hombre, así nos muestran en distintos lados Las Sagradas Escrituras y así nos lo ha prometido El Señor Jesús. Él, en efecto, es prueba de ello con Su gloriosa Resurrección, pues, con ella, el hombre ha sido fiel testigo de lo que nos espera después de la adversidad que padecemos. Él padeció y resucitó, nosotros padecemos y Él nos resucitará; pero ello, en efecto, sucederá en cuanto nos mantengamos unidos a Él, y la unión garantizada hacia Él es con Él Mismo porque se quiso dejar estar en La Santa Eucaristía. Así, el hombre al tomar de Cristo Eucaristía logra la unión mística con el Cuerpo Místico de La Iglesia cuya Cabeza es Cristo, y unidos en esa comunión santa nos anima a perseverar en esa misma santidad hasta el final.
Después de que los Apóstoles recibieran cruel tormento porque los apalearon; ellos, dice La Escritura: «Pablo y Silas oraban cantando himnos a Dios. Los otros presos escuchaban»… y luego añade: «Las puertas se abrieron de golpe, y a todos se les soltaron las cadenas»… Es decir, que después de la adversidad, los Apóstoles nos animan a seguir afincados en Dios en la oración con la esperanza de la liberación. De ello dan cuenta las innumerables sanaciones, conversiones y también santificaciones en vida como en el lecho de la muerte misma, pues, quien deja este mundo en oración, afincado en Dios con los santos sacramentos de El óleo de los enfermos y más que nada La Santa Eucaristía.
El mismo salmo nos alienta a un recital: «Tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.
"Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia"… Es el pasaje bíblico utilizado por muchos protestantes, quienes creyendo en única y exclusivamente en lo que dicen Las Sagradas Escrituras, y leyendo cualquiera de los pasajes de Ella, saliendo fuera del contexto, de todo lo que dice el capítulo del pasaje meditado, por éste pasaje: "Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia"… los protestantes piensan que basta la conversión de uno solo de la familia para que todos se conviertan y se salven. Pregunto: Si un miembro de la familia nuclear se convierte y su hermano, padre o madre muere «sin arrepentirse» porque estaba en pecado mortal (era delincuente, asesino, prostituta, narcotraficante, etc.) ¿A caso se habrá salvado? Ciertamente nadie puede decir que si o que no, porque nadie está en el momento del primer juicio para saber la decisión que tomó El Justo Juez, Jesucristo Señor nuestro. Pero bien sabemos que existe un Cielo y un infierno, y por tanto hay un infierno para quienes obraron el mal con gravedad y no se arrepintieron, porque la víctima no puede estar con su asesino sentados ambos en el banquete de La Vida Eterna, si ello nos parece injusto a nosotros que somos humanos ¿Cuánto más le será injusto al Justo Juez?
Por tanto querido hermano y hermana, Las Sagradas Escrituras tienen que ser entendidas en todo su contexto, en lo que refiere en todo el Capítulo, y «no solo es», sino, que además debe estar enseñada por El Magisterio de La Iglesia que Cristo ha instituido, pues, en el contexto de La Primera Lectura continúa: «y se bautizó en seguida con todos los suyos»… Es decir, que su familia se salvaría porque inician su vida cristiana con El Bautismo, pero en otro lado dice El Divino Redentor: «El que persevera hasta el final, ése salvará»… además de las condiciones que conlleva esta perseverancia de la cual nos enseña sabiamente La Santa Madre Iglesia.
La Santa Madre Iglesia nos ha enseñado con santidad todo lo que El Espíritu Santo de Dios ha ido tejiendo en toda la historia de La Iglesia. Los dogmas, encíclicas, cartas post sinodales, etc. Todo a la luz del Espíritu Santo, pues, luego del Pentecostés La Iglesia de Cristo ha surgido y la tierra se ha visto henchida de La Palabra de Dios que tiene que ser aún llevada hasta los confines del mundo como El Mismo Cristo nos lo ha pedido. Pidamos al Espíritu Santo que siempre nos acompañe en nuestra vida, para que nuestra vida sea una vida de testimonio como lo ha sido con La Iglesia, pues, le dijo a los doce: «Os conviene que me vaya; porque, si Yo no me voy, el Intercesor no vendrá a vosotros; mas si me voy, os lo enviaré»
Añade en El Sagrado Evangelio de hoy: «Y cuando Él venga, presentará querella al mundo»… Ya que El Espíritu Santo actuará como el fiscal ante El Justo Juez contra quienes son responsables de delito ¿Qué delito cometí? Preguntarán aquél día: La respuesta: Cada pecado tuyo armaron los clavos de Cristo en La Cruz. ¿Cuáles pecados preguntarás? Respuesta: Todos aquellos que son mandamientos de Dios y de Su Iglesia y que van contrarias a lo que el Demonio te ofrece por nuestras ambiciones y deseos de poseer algo. Ser reycitos sobre alguien o alguna cosa. Que nos postremos ante el Demonio, por medio de la idolatría de alguna persona a quien creamos más que Dios, aunque muchos digan: ¡Yo amo solo a Dios! pero con sus actos de dedicar más tiempo a alguien o a algo: deporte, dinero, juegos de azar, etc. y no recogerse por una hora en La Santa Misa y dejar aquellas apetencias, que si son desordenadas y pasan el límite de lo permisible, ciertamente se está llegando a la gravedad del pecado, lo cual significa desobedecer a Dios, y éste no goza de Dios.
La querella que ya hay en el mundo y que se aplicará a quienes vayan dejando este mundo y que también se hará en el juicio final dice El Señor es:
«Por resolución de pecado, porque no han creído en Mí» Pues, creer implica admitir como cierto las verdades reveladas por Dios, y estas verdades están en efecto, en Las Sagradas Escrituras que van siendo entendidas por El Magisterio de La Iglesia. Pues La Iglesia es quien nos ha transmitido La Palabra de Dios desde el inicio como Iglesia Primitiva. Por tanto no creer en Dios y en Su Iglesia a pesar de haber sido instruido o no querer dejarse instruir que Jesús Es Dios y que Él nos da la salvación por medio de Su Iglesia que es Sacramento de Salvación, y luego que el hombre no crea, se le tomará como querella, es decir, como acto reprochable por el que se ejercerá ante Dios, por no haber creído en Él, ni en Su Iglesia que es Cuerpo Místico y que teniendo unido indisolublemente a Cristo por Cabeza, hace de que no creer en La Iglesia es no creer en Dios. Entonces esto es «Por resolución de pecado, porque no han creído en Mí»
«Por resolución de justicia, porque Yo me voy a mi Padre, y vosotros no me veréis más» Pues La Iglesia a lo largo de la historia con la guía del Espíritu Santo que El Señor, como lo dice El Evangelio de hoy, se la prometió y la entregó. Y es La Iglesia quien desde su inicio ha sabido aprender y enseñar la justicia al mundo; pues, la justicia es la virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido (CIC 1807)
Por tanto, una vez adoctrinado el hombre con el conocimiento real de lo que es la justicia, la conciencia del hombre está apta para ser sometida ante Dios, ya que se le enseñó lo que está bien y lo que está mal y hasta en materia grave que lleva a la condena. Entonces esto es «Por resolución de justicia, porque Yo me voy a mi Padre, y vosotros no me veréis más»
Por resolución de juicio, porque el príncipe de este mundo está juzgado. Serán conducidos por el Paráclito al cumplimiento de toda justicia, con lo cual su vida será un reproche constante para el mundo pecador. El Espíritu Santo que enseña la justicia dará contra el espíritu mundano este tremendo testimonio: La Vida del Evangelio de Jesucristo que será un tremendo reproche para el mundo pecador, es decir, que la justicia está anunciada en su plenitud en El Sagrado Evangelio, de Él se despliega todo conocimiento de verdadera justicia basada en la caridad que es El Amor de Dios, y todo este conocimiento del Evangelio explicado por Su Iglesia Católica ha ayudado a enseñar a los hombres para que salgan del pecado, y así, el Demonio ha sido juzgado y sigue siendo juzgado en el comportamiento de toda la vida del hombre. Por ello, dice Mons. Straubinger, el reproche de La Vida de Cristo en Su Evangelio consiste en demostrar que, no obstante las virtudes que suele pregonar el espíritu mundano, tiene como rector al mismo Satanás. Y así quedará también evidenciada, para los hijos de la sabiduría humana, la condenación de la causa de Satanás.
1041 El mensaje del Juicio final llama a la conversión mientras Dios da a los hombres todavía "el tiempo favorable, el tiempo de salvación" (2 Co 6, 2). Inspira el santo temor de Dios. Compromete para la justicia del Reino de Dios. Anuncia la "bienaventurada esperanza" (Tt 2, 13) de la vuelta del Señor que "vendrá para ser glorificado en sus santos y admirado en todos los que hayan creído" (2 Ts 1, 10).
1022 La retribución inmediata después de la muerte de cada uno como consecuencia de sus obras y de su fe. La parábola del pobre Lázaro (cf. Lc 16, 22) y la palabra de Cristo en la Cruz al buen ladrón (cf. Lc 23, 43), así como otros textos del Nuevo Testamento (cf. 2 Co 5,8; Flp 1, 23; Hb 9, 27; 12, 23) hablan de un último destino del alma (cf. Mt 16, 26) que puede ser diferente para unos y para otros.
Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas.
Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54)
En El Nombre del Padre, etc.
21:37
El Primer Papa y El Primer Magisterio de La Iglesia
Episode in
Meditaciones Litúrgicas
Reflexión:
Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc.
Queridos hermanos y hermanas:
Existe como ya lo hemos conocido El Magisterio que es la autoridad de la Iglesia investida a los obispos, como sucesores de los Apóstoles, para enseñar la fe bajo la autoridad del Sumo Pontífice, sucesor de Pedro. Esto está referido en La Lectura de hoy que dice: «Hemos decidido, por unanimidad, elegir algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo»… dicen los doce Apóstoles, y antes se manifiesta la autoridad del Sumo Pontífice, pues, dice: «después de una fuerte discusión, se levantó Pedro y dijo a los apóstoles y a los presbíteros: Hermanos, desde los primeros días, como sabéis, «Dios me escogió entre vosotros» para que los gentiles «oyeran de mi boca» el mensaje del Evangelio, y creyeran» Es decir, que claramente que dentro de los doce Apóstoles, es Pedro, el primer Sumo Pontífice, el que se dirige a los otros, es quien toma el liderazgo y hace énfasis en ello, no por vanagloria, sino, por decisión divina de Jesús: «Tú eres Pedro», y luego: « Yo te dará las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo». Es por estas palabras decisivas y de designio divino por la que nuestro primer Papa se pone en pie en una necesidad de de respuesta a la evangelización de los pueblos, y así dice: «Dios me escogió entre vosotros» porque le había dicho: «Tú eres Pedro» y ya no Simón; porque recordemos hermanos y hermanas que Dios cuando hace un cambio de nombre en un personaje principal lo hace porque va a realizar un cambio en la historia de la humanidad. Así nuestro padre Abran, que significa padre ejemplar le fue cambiado el nombre por Abrahán, que significa padre de las muchedumbres, por el designio que Dios le prometió: Haré de tu descendencia más grande que las estrellas del cielo. Así con Pedro sucedió que se iba hacer sobre él la edificación de La Iglesia de Dios: «y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia»
Es El Mismo Cristo el que escogió a los doce y a Pedro como cabeza de La Iglesia instituida por El Señor, que quiere que las decisiones y la guía de La Iglesia a través de sus enseñanzas perdure hasta los confines del mundo y hasta el fin de los tiempos en que esperamos la gloriosa venida del Señor. Así es como Cristo lo quiso, instituir Su Iglesia, que ésta enseñe con su Magisterio y la guía del Espíritu Santo, porque dice: «vuestro fruto permanezca; para que el Padre os dé todo lo que le pidáis en Mi nombre» En cuanto que dice que «permanezca», es porque es necesario que el fruto de las enseñanzas de La Iglesia permanezcan para las gentes, y pidiendo todo en nombre del Señor Jesús, es como lo ha desarrollado La Iglesia, con el Papa, el Magisterio y la guía del Espíritu Santo.
Pedro, en efecto, fue encomendado para edificar La Iglesia de Dios porque él mismo dice en La Primera Lectura de hoy: «para que los gentiles «oyeran de mi boca» el mensaje del Evangelio, y creyeran» Es decir, que se pronuncia él como Sumo Pontífice por designio de Dios, y luego la necesaria Sucesión Apostólica: Lino, Cleto, Clemente, etc. pues, al deceso de la primera piedra le debe seguir la segunda, porque de lo contrario ni se continúa con la edificación de La Iglesia, ni se tiene quién la dirija porque no existiría una jurisprudencia que es el conjunto de sentencias, y doctrina que contienen las instituciones, como lo es La Iglesia instituida por Dios, Jesucristo Señor nuestro. En efecto, sin esta jurisprudencia, todos harían lo que se les venga en gana.
Por tanto, tenemos la gracia de contar con un Sumo Pontífice que quiso Dios que dirigiera Su Iglesia por medio del Espíritu Santo, porque dice continuada la Lectura: «Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros» Donde «nosotros», es en efecto, el primer Magisterio de La Iglesia Primitiva, así como es lo que dice El Señor en El Evangelio: «os he llamado amigos, porque todo lo que aprendí de mi Padre, os lo he dado a conocer» Pues, ellos, los Apóstoles, conociendo todo lo que El Señor Jesús les había enseñado, gozaban del conocimiento del Sagrado Evangelio, el cual debían ponerlo en práctica, con Pedro como primer Papa a la cabeza y con «el Espíritu Santo que Dios ha enviado a los que le obedecen» Hch. 5, 32.
Así nos anima y anima al Santo Padre el salmo de hoy que dice: «Te daré gracias ante los pueblos, Señor; tocaré para ti ante las naciones»… Es la voz del profeta que manifiesta el querer de Dios, que se lleve El Sagrado Evangelio a todas las naciones, y todo por la grande misericordia de Un Dios que quiere que Sus hijos se salven, porque añade: «por tu bondad, que es más grande que los cielos; por tu fidelidad, que alcanza a las nubes. Elévate sobre el cielo, Dios mío, y llene la tierra de tu gloria.» La gloria de Dios que en días postreros será sumergida en toda la tierra cuando seamos un solo rebaño y Un Solo Pastor.
Para que toda esta amorosa sentencia, que es una promesa del Dios Vivo, sea realidad, el hombre debe de dar su sacrificio por amor de Dios y de sus hermanos, entregando su vida a imitación de Cristo que nos dice en El Sagrado Evangelio de hoy: «Nadie puede tener amor más grande que dar la vida por sus amigos» Así lo hicieron los primeros Papas que llegaron al martirio como San Pedro que murió también crucificado, luego el Papa San Clemente, exiliado por el emperador Trajano del Ponto, fue arrojado en el mar con un áncora al cuello en el año 97 dC.
Efectivamente, así siguieron los mártires que hasta hoy dan la vida por sus hermanos, pues, no niegan a Cristo a pesar de la condena de martirio y con sus muertes logran más cristianos como nos dice Tertuliano: «La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos» Y aunque es duro el mandamiento del señor Jesús que dice: «Vosotros sois mis amigos, si hacéis esto que os mando», el cristiano tiene la ventaja de la gracia concedida para que pueda con aplomo seguir el camino indicado por Dios, Quien esperando nuestro «hágase-fiat», nosotros por obediencia y sometimiento de nuestra propia voluntad podemos obtener del Señor la garantía de La Vida Eterna, pues, una vez sometidos a Él, solo Él dirige, y cuanto Él dirige es certeramente garantizado todo.
¿Qué más podemos pedir si con Cristo estamos asegurados? Así, el hombre, sumergido en la misericordiosa y divina voluntad de Dios, está en el Corazón de Cristo, y estando anclado ahí, en efecto, el hombre puede amar más a sus hermanos, y es que Dios nos dice: «Estas cosas os mando, para que os améis unos a otros»
Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas.
Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54)
En El Nombre del Padre, etc.
14:38
Permanecer en Cristo para dar fruto
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Meditaciones Litúrgicas
Reflexión:
Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc.
Queridos hermanos y hermanas:
La misericordia de Dios penetra los corazones de los hombres, cuando decimos todos los hombres, hablamos de todas las razas y todos los idiomas, que aunque tengan otros credos, ya muchos de ellos han convertido sus corazones a Dios y ya son parte de La Iglesia Católica. Así lo mandó desde el inicio, ya así los dice La Primera Lectura cuando Pedro dice: «Dios me escogió entre vosotros para que los gentiles oyeran de mi boca el mensaje del Evangelio, y creyeran.» En efecto, Dios quiso un pueblo santo y consagrado a Él, numeroso como las estrellas del cielo, le dijo a Abrahám, para ello era necesario que se les predicara El Sagrado Evangelio, pues, de lo contrario ¿cómo podían saberlo? Dice San Agustín: «Dame, Señor, a conocer y entender qué es primero, si invocarte o alabarte, o si es antes conocerte que invocarte. Mas ¿quién habrá que te invoque si antes no te conoce? Porque, no conociéndote, fácilmente podrá invocar una cosa por otra. ¿Acaso, más bien, no habrás de ser invocado para ser conocido? Pero ¿y cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán si no se les predica?
Ciertamente, alabarán al Señor los que le buscan, porque los que le buscan le hallan y los que le hallan le alabarán.
«Que yo, Señor, te busque invocándote y te invoque creyendo en ti, pues me has sido predicado.»
Por tanto, queridos hermanos y hermanas: Prediquemos La Palabra de Dios a todo hombre en todas las naciones, no pongamos trabas para la predicación, para la salvación de nuestros hermanos, que nuestras limitaciones se abran por la misericordia de Dios que quiere abrazar a otros hijos Suyos, porque dice: «Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor» Jn. 10, 16.
Dios misericordioso reconstruyó al hombre dándole nueva vida por medio de Su Hijo Jesucristo, Señor nuestro. Él restituyó nuestros cuerpos glorificándolo al Padre con Su Cuerpo Resucitado. Por tanto hay dos regeneraciones, la del alma a la que le es arrancada la mancha del pecado, y la regeneración del cuerpo que resucitará al último día y glorificado ya no vuelve a morir, porque vivirá en la unidad de lo que somos como ser: alma, cuerpo y espíritu. (1 Tes. 5, 23). Así mismo lo dice La Primera Lectura: «Después volveré para levantar de nuevo la choza caída de David; levantaré sus ruinas y la pondré en pie»
Así nos acompaña el salmo de hoy que pide un nuevo cantar, tanto al cristiano converso, como al pagano converso, ellos deben unir sus voces con nuevos cantos que sus labios no lo han hecho con El Amor de Dios que ha convertido sus corazones, pues, así dice el salmo: «Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre.»
Así como la semilla tiene que morir para caer en tierra fértil y dar fruto; del mismo modo, El Señor Jesús se dejó morir para caer Su Cuerpo en éste mundo e inundarlo de misericordia en las almas fértiles que darán fruto; esto es, ayudando a otros a que logren La Vida Eterna.
Yo Soy La Vid, dice El Señor. En efecto, Él siendo La Vid, se dejó crucificar en el áspero madero para que pueda emular más exactamente al árbol de la vid. Sus brazos abiertos de par en par son como las ramas frondosas de la vid, porque Él unido en el árbol de la cruz por los clavos que son los pecados de los hombres, como si se transformase Él Mismo con el madero en el árbol de La Cruz, de Él manó Su Sangre como el vino de las uvas de la vid. Ése vino que es Su Sangre por la que Él Mismo dijo: «Esta es Mi Sangre que será derramada por muchos». Y ciertamente es Y ciertamente es «por muchos» y no «por todos»; pues no todos gozarán de La Vida Eterna, porque hay muchos que yacen en La Condena Eterna. Aunque La Sangre de Cristo si haya sido derramada para reparar el daño del pecado de «todos» los hombres: los del infierno, los del Paraíso y de los que aún perseveramos en esta vida. Pero La Sangre de Cristo no es derramada para la salvación de «todos» porque no todos se salvarán porque hay un infierno, y en consecuencia, La Sangre de Cristo fue derramada para la salvación de «muchos».
Al hombre le toca permanecer en Cristo, lo mismo que las ramas permanecen en el árbol de la vid para beber de la sabia que brota del Divino Redentor, pues, nos dice El Sagrado Evangelio de hoy: «Como mi Padre me amó, así Yo os he amado: permaneced en mi amor.» También nos dice San Juan de Ávila: "Aunque no hubiese infierno que amenazase, ni Paraíso que convidase, ni mandamiento que constriñese (obligara), obraría el justo por sólo el amor de Dios lo que obra." Porque quien permanece en La Vid que Es Cristo, va a tomar del Amor de Dios, y Ése Amor de Dios es el que enseña que el hombre no necesita de que se le recuerde el tormento del infierno para que ame a Dios y a sus hermanos, ni el mismo Paraíso, ni el mismo mandamiento dado por Dios; Es Dios quien mueve al hombre a amarlo y que ame incondicionalmente a sus hermanos también. Más el que aún no sabe amar a sus enemigos, es porque aún no tiene sumergido fuertemente su corazón en El Corazón de Dios.
Así mismo, en la Santa Misa, San Juan de Ávila centraba toda la evangelización y vida sacerdotal. La celebraba empleando largo tiempo, con lágrimas por sus pecados. Sobre la Eucaristía jamás le faltó materia para predicar, especialmente en la fiesta y octava del Corpus Christie. “Trátalo bien, que es hijo de buen Padre”, dijo a un sacerdote de Montilla que celebraba con poca reverencia; la corrección tuvo como efecto conquistar un nuevo discípulo. Ya enfermo en Montilla, quiso ir a celebrar misa a una ermita; por el camino se sintió imposibilitado; el Señor, en figura de peregrino, se le apareció y le animó a llegar hasta la meta.
Abracemos La Eucaristía, centro de La Vida Cristiana que da al hombre la garantía de La Vida Eterna, y de Ella encontraremos los frutos necesarios para la evangelización hasta los confines del mundo como lo ha pedido El Señor Jesús.
Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas.
Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54)
En El Nombre del Padre, etc.
12:28
La Vid y los sarmientos
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Meditaciones Litúrgicas
Reflexión:
Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc.
Queridos hermanos y hermanas:
Antes de Cristo y después de Cristo. Hay un antes y un después en la vida del hombre, y Cristo es el centro de la vida del hombre. El hombre, efectivamente, inicia su vida como hijo de Dios con el Bautismo. Mientras que la circuncisión manifestaba un cumplimiento de La Ley desde Abrahám y su descendencia, hasta los tiempos del Redentor; el Bautismo, en cambio, es ley para todos los pueblos y para todos los hombres, hasta el fin del mundo. La circuncisión era una señal «corporal», por ende una señal externa, que daba derecho a los bienes corporales y terrenos; el Bautismo, en cambio, no consiste solo en un signo externo sino que encierra en sí la gracia, imprime al alma un carácter indeleble y comunica bienes muchos más elevados, espirituales y celestiales. Mons. Straubering.
Si bien La Primera Lectura manifiesta un caldeado ánimo entre algunos con los discípulos Pablo y Bernabé, finalmente se contrapone el espíritu de obediencia y de lealtad hacia La Iglesia, porque dice: «se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre la controversia»
Éste será el inicio de la primera discusión de un Concilio en La Iglesia, el conocido Concilio de Jerusalén. Cabe, pues, destacar la importancia de que La Iglesia Primitiva tiene un orden hacia una jerarquía: Apóstoles y presbíteros con Pedro como cabeza de La Iglesia, que dirigido por El Espíritu Santo va llevando el querer de Dios para la salvación de los hombres.
Hermanos y hermanas: Cantemos el salmo que cantan los recién bautizados: ¡Qué alegría cuando me dijeron: "Vamos a la casa del Señor" Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. Es el alma del hombre que se regocija de saber que va a entrar en la morada, en el Corazón de Dios por el sello del Bautismo.
Si se ha recibido el Bautismo hemos recibido nueva vida, la vida de perseverancia, pues el Bautismo es un ingresar a la vida en Cristo, estamos llamados a perseverar para gozar de la otra vida La Vida Eterna. Dice el CIC 1213: El Bautismo es el fundamento de la vida cristiana y es el pórtico de la vida en el espíritu y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión
("El bautismo es el sacramento del nuevo nacimiento por el agua y la palabra": Catecismo Romano 2, 2, 5) Por el Agua es por El Espíritu Santo que tenemos el nuevo nacimiento, y por la palabra, por la que recibimos instrucción de La Iglesia de lo que tiene que hacer todo cristiano para que bien guiado, transite durante toda su vida por los Sacramentos de salvación que La Iglesia administra, y el hombre llegue a buen puerto, La Casa del Padre. Toda la vida del cristiano es un caminar de la mano de La Iglesia que le dota de La Palabra de Dios en donde se encuentran todos los Sacramentos instituidos por Dios para la salvación del hombre.
Cuando El Señor nos dice: «Todo sarmiento que lleva fruto, lo limpia, para que lleve todavía más fruto» Nos está diciendo que todos los sarmientos son los cristianos, en efecto, que se mantienen en la gracia de Dios; por eso dice: «Todo sarmiento que, estando en Mí»… por los Sacramentos donde se encuentra Dios Vivo, lleva fruto por el Sacramento que se le ha administrado, y éste fruto: dones y virtudes va limpiando y desenterrado toda impureza en el alma del hombre, y lo hace por El Espíritu Santo, porque dice: «Todo sarmiento que lleva fruto, lo limpia»… para que sean de utilidad para nuevos cristianos; es decir, a nuevos sarmientos, y es que así dice: «para que lleve todavía más fruto»… y que a su vez los cristianos o los que aún no eran cristianos, son limpiados por los mismos Sacramentos que habían sido olvidados y desechados, ya por inconsciencia, ya por consciencia del hombre.
«Vosotros estáis ya limpios»… es decir, quienes han recibido los Sacramentos, y añade: «gracias a la palabra que Yo os he hablado»… porque todo cuanto nos ha revelado El Divino Maestro ha sido necesario para nuestra salvación. Por tanto, si permanecemos en obediencia a La Palabra de Dios y El Magisterio de Su Iglesia permaneceremos a salvo. Apartados de La Iglesia no hay vida porque dice: «Así como el sarmiento no puede por sí mismo llevar fruto, si no permanece en la vid» Dirán los necios: La vid es El Señor Jesús, no La Iglesia Católica. Y nosotros respondemos: Si, La Vid Es El Señor Jesús, pero El Señor Jesús está en los Sacramentos que La Iglesia administra, por ello La Iglesia es Sacramento de Salvación. Así como lo Es El Santísimo Sacramento, La Santa Eucaristía, Él, Cristo Eucaristía, está en La Iglesia Católica, y por La Eucaristía el hombre tiene salvación. Quien no come del Cuerpo de Cristo no se salva.
Si el hombre no toma de los Sacramentos que Dios ha instituido no desea su salvación; pues, El Mismo Señor Jesús dice: «Si alguno no permanece en Mí, es arrojado fuera como los sarmientos, y se seca»… Bien sabemos que un alma fresca y viva es como las ramas verdes y frondosas que sirven para dar frutos; más el alma seca al igual que el leño seco, como dice El Señor Jesús: «después los recogen y los echan al fuego, y se queman»… y en otro lado dice: «Si así tratan al árbol verde ¿Qué pasará con el seco?»…
Demos gloria a Dios con nuestros actos, trabajando para ayudar a que nuestros hermanos se salven, todos tenemos parte en este trabajo que nos está encomendando El Divino Maestro, porque dice: «En esto es glorificado mi Padre: que llevéis mucho fruto, y seréis discípulos míos»
Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas.
Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54)
En El Nombre del Padre, etc.
13:37
El Hijo Dios, engendrado, no creado
Episode in
Meditaciones Litúrgicas
Reflexión:
Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc.
Queridos hermanos y hermanas:
La recompensa divina se nos manifiesta «en parte» en esta vida a manera de gracia; aunque la recompensa total la veremos en la otra vida. En esta vida se ganan las gracias de Dios, si es para el bien de nuestras almas y mayor gloria de Dios. De ello podemos dar cuenta de los muchísimos milagros que han acontecido en la historia de La Iglesia, y de los muchos favores que Dios les da a Sus fieles. En efecto, éste es el caso de Pablo que habiendo sido apedreado por los judíos de Antioquía e Icónio, dice La Sagrada Escritura: «Después de predicar el Evangelio en aquella ciudad y de ganar bastantes discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía» Es decir, que Pablo recibió odio y maltrato y a cambio Dios dio la gracia de ganar bastantes discípulos. Del mismo modo nos dice Tertuliano: «La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos».
Por Cristo, efectivamente, hemos obtenido un nuevo régimen de gracia, en donde Cristo, por Su Sangre preciosa, nos ha procurado la ganancia divina. Él, que yacía en el áspero madero, convirtió el sufrimiento en ganancia; pues, su sufrimiento y su muerte conforman el total de la entrega hacia El Padre para nuestra salvación, aunque como dice Santo Tomás de Aquino: «Una sola gota de la Sangre Santísima de Jesús, derramada en el Calvario, hubiera bastado»
El Señor Jesús, Santo dentro de los santos, Inmáculo por Su condición divina, en efecto, no tuvo de qué purificarse, lo sufrido por Él fue un reparo hacia el Padre por la ofensa que el hombre le hiciera. Ése mismo sufrimiento sirvió para la purificación de nuestras almas, pero ese sufrimiento del Señor Jesús debe ser sumada e imitada por nuestra vida penitencial y de sufrimientos que si son asociados a La Cruz de Cristo y conservamos el estado de gracia, nos sirven de reparo por nuestras ofensas cometidas.
La Cruz de Cristo es marcada en la vida del cristiano que debe asumirla con fe y esperanza ante la eminente realidad de sufrimientos que podamos pasar. No negamos que nuestra naturaleza humana siempre demandará un sufrimiento y con ello nos venga la desesperanza, pero ésta deberá ser combatida con la oración, que más efectiva se hace con la oración comunitaria y la sublime y blanca oración de los niños, a quienes debemos recurrir, ya que ellos en su inocencia, son almas más puras que piden a Dios con sencillez, humildad, ternura y sinceridad; ya que estos dones son de mayor agrado a Dios porque son más compatibles a Él.
Por tanto, las oraciones nos dan la esperanza de sabernos liberados de los momentos de tormenta por el que pasaremos los cristianos; así como nos queda la exhortación a la perseverancia en la fe que nos pide La Lectura de hoy. Si a eso nos concientizamos, que La Cruz es continua, y lo recordamos en esos momentos de tormento, sabremos asumir más tranquilamente con fe y esperanza los sufrimientos por los que debemos pasar, ya que será un vivir una amargura de la cual anticipadamente se nos ha hablado. Así nos dice La Primera Lectura: «Animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios.»
El Salmo de hoy nos invita a meditar en que El Reino de Dios, como dice San Agustín, ya está en nosotros. Éste Reino, En efecto, se puede dar también cuando el hombre en gracia de Dios desarrolla una buena obra, y cuando lo aquejan los pesares; pues, en la ganancia que le deparan los pesares, el hombre estará incrementando su gracia, y si así ocurre en cada hombre, El Reino de Dios va aquilatándose, y ello ha ido ocurriendo a través de los años. Así nos dice el salmo: Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y majestad de tu reinado… Donde las hazañas de Dios son manifestadas en los hombres; pues, así dice La Primera Lectura: «Les contaron lo que Dios había hecho “por medio de ellos” y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe» Y luego el salmo añade: «Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad» Que es El Reinado de Dios en los corazones de los hombres, quienes a imitación de Cristo seguimos sus pasos y juntos construimos El Reino de Dios, que, de en edad en edad, es decir de generación en generación se va generando la perpetuidad del Reino de Dios.
El Divino Maestro nos enseña a mantener siempre la esperanza a través de la paz cuando nos dice en El Evangelio de hoy: «Os dejo la paz, os doy la paz mía»… Dándonos una paz que viene de Dios encontramos una paz de amor y lleno de virtudes que aprovechan para nuestra vida en el mundo. En efecto, esa paz con El Amor de Dios llega a un corazón que no está acostumbrado a la paz que viene del Amor constante e inmenso porque viene de Dios. No confundamos la tranquilidad, el tiempo de inactividad o del paseo por el campo con la paz de Dios. Menos la confundamos con diversiones efímeras y pecaminosas que en nada aprovechan para nuestra alma y que son pasatiempos que el mundo da, porque El Mismo Señor nos dice: «[la paz] no os doy Yo como da el mundo.»
«El Padre es más grande que Yo» Dice El Señor en El Evangelio de hoy. Para lograr comprender esta relación de respeto comprendamos primero lo que nos dice El CIC 264 "El Espíritu Santo procede principalmente del Padre, y por concesión del Padre, sin intervalo de tiempo procede de los dos como de un principio común" (S. Agustín, De Trinitate, 15, 26, 47). Es decir, que no hay espacios de tiempos en el momento que El Padre nos concede a Su Espíritu Santo, y desde el momento en que procede del Padre, pero El Espíritu Santo es concedido y originado principalmente desde El Padre. Y se dice principalmente, en sentido que procede del Padre. Así también, no se considera que El Padre nos otorgue Su Espíritu Santo en un tiempo determinado, porque El Espíritu Santo también Es Dios, y al Serlo, no tiene principio ni fin, por lo tanto, El Espíritu Santo no procede del Padre en tiempo alguno, sino, que procede desde toda La Eternidad; pues, recordemos que El Espíritu Santo es producto del Amor entre El Padre y El Hijo, y si El Hijo y El Padre existieron siempre, es porque siempre se amaron, y si se amaron siempre, siempre también existió El Espíritu Santo, que Es El Amor de Dios, pues, de Éste Espíritu Bendito, Dios nos ha manifestado Su Amor creándonos y creando todo lo que necesitamos para vivir en éste mundo y para vivir Eternamente.
Nos dice el primer Concilio Ecuménico de Nicea que el Hijo es "consubstancial" (de la misma sustancia, naturaleza indivisible y esencia) al Padre nacido del Padre antes de todos los siglos, [Es decir, desde siempre] Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado (CIC 242) El Hijo es engendrado por El Padre, porque Jesús Es Su Hijo; pues, dice en un lado: es Verdadero, en su Hijo Jesucristo. (1 Jn. 5, 20) Por tanto, es Hijo Verdadero, engendrado, pero no creado, porque crearlo hubiese requerido producir al Hijo desde la nada; es decir, que El Hijo necesariamente hubiese requerido tener principio, y no es así, porque El Hijo Es Dios y siempre existió.
Luego, también hay una connotación con El Padre según dice: Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió (Jn. 6, 44); es decir, que si El Padre envió al Hijo, es porque hay un querer del Padre como Persona, un querer que El Hijo acepta, porque el Padre engendró al Hijo, por eso dice: porque el Padre es más grande que Yo, dice El Señor Jesús. En efecto, esto es así, nos dice Mons. Straubinger, porque el Padre es el origen y el Hijo la derivación; El Hijo deriva del Padre que lo engendró. Y como dice S. Hilario, el Padre no es mayor que el Hijo en poder, eternidad o grandeza, sino en razón de que El Padre es principio del Hijo. Y si El Padre es el principio, y El Padre Es Eterno, es porque desde La Eternidad de Dios fue engendrado El Hijo; es decir, que fue engendrado desde siempre, porque El Hijo salió del Padre, así lo dice El Divino Redentor: «porque Yo he salido de Dios y vengo de Él» Jn. 8, 42.
El Padre nada recibe de otro alguno, mas El Hijo recibe su naturaleza divina del Padre por «eterna generación»; es decir, que El Padre engendró al Hijo desde La Eternidad de Dios; es decir, que lo engendró desde siempre, y no en un tiempo específico, y al engendrarlo, El Padre le dio su naturaleza divina, se lo dio desde siempre, y El Hijo fue engendrado adquiriendo la divinidad, por así decirlo desde el flujo de Dios de donde mana la divinidad El Padre sacó esa naturaleza divina y la entregó al Hijo engendrándolo y El Hijo asumió la divinidad en Su Persona como Dios Hijo. Qué hermoso ese momento eterno en el que El Padre engendra al Hijo, como Dios Hijo y El hijo goza de la misma plenitud divina de Dios Padre.
Sin que el hecho de que El Padre haya engendrado al Hijo tenga que implicar imperfección en el Hijo, porque El Hijo Es Dios como El Padre también Es Dios. De ahí la inmensa gratitud de Jesús y su constante obediencia y adoración del Padre. Un buen hijo, aunque sea adulto y tan poderoso como su padre, siempre lo mirará como a superior.
Por otro lado, el príncipe del mundo: Satanás, se nos manifiesta en El Evangelio de hoy; de esto decimos que es el tiempo del Señor Jesús en Quien la causa de Su envío por parte del Padre, además fue para que el Demonio haya sido derrotado, ya que desde siempre era sabido por El Padre y El Hijo, y así nos dice en un lado: «Ahora ha llegado el juicio de este mundo, ahora el Príncipe de este mundo será arrojado afuera.» Aquí El Señor Jesús está hablando con conocimiento de lo que ocurrirá en el futuro, lo habla como Profeta, pero también lo habla como Dios conocedor de todo, desde todos los tiempos; es decir, que lo sabe desde siempre. Y hoy El Sagrado Evangelio dice: «Ya no hablaré mucho con vosotros, viene el príncipe del mundo. No es que tenga derecho contra Mí, pero es para que el mundo conozca que Yo amo al Padre» Es decir, que si El Señor Jesús no hablaría más con Sus discípulos, es porque iba a dejar este mundo y no porque el Demonio tenga derecho sobre El Señor Jesús; pues, Él derrotó al príncipe del mundo: al Demonio, porque amó al Padre obedeciéndolo con Su muerte en Cruz.
Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas.
Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54)
En El Nombre del Padre, etc.
21:17
La Revelación tiene que ser revelada
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Meditaciones Litúrgicas
Reflexión:
Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc.
Queridos hermanos y hermanas:
Hay una dependencia en el hombre, en el que está sujeto al egocentrismo, que es la exagerada exaltación de la propia personalidad del hombre, hasta considerar esta personalidad como centro de la atención de quienes lo rodean, así como también todas las actividades generales que el hombre desarrolla, son consideradas para el egocéntrico como el centro de atención. En efecto, mientras que el hombre viva en ése afán desmedido de soberbia, no podrá encontrar el Amor de Dios, que está sumergido totalmente en la humildad. Estas dos contraposiciones, la soberbia y la humildad; en efecto, no pueden adherirse y hacerse una sola cosa, porque es El Señor que nos quiere en un matrimonio donde no existen separaciones. Éste matrimonio entre Él y Su Esposa que es La Iglesia que la conformamos todos, se mantiene siempre adherido por el amor recíproco; porque, efectivamente, cuando el Amor no encuentra Amor, no tiene como unirse, porque solo El Amor se puede unir con el Amor; es decir, que El Amor de Dios se puede unir con el amor del hombre. Pero para que ello ocurra, el hombre tiene que dar el paso, tiene que manifestar amor por Dios, aunque en ese primer instante de conversión, de mirada hacia Dios, sea del hombre una minúscula entrega de amor, porque, en efecto, el hombre aún no sabe amar integralmente, porque no ha conocido más a Dios como ya muchos santos de La Iglesia lo han amado.
Así, pues, el lisiado de Listra que nos narra Los Hechos de Los Apóstoles, dice: «Escuchaba las palabras de Pablo»… Éste es el primer instante de acercamiento del hombre hacia Dios, que en este caso tiene por intermediario al Apóstol Pablo; el hombre, en efecto, quiso escuchar lo que se decía de Dios. El hombre se deja atraer por Su Creador, tiene hambre de Dios, tiene hambre de Eterno. Esa manifestación del hombre tiene respuesta de su Dios, por ello añade: «y Pablo, viendo (al lisiado de Listra) que tenía una fe capaz de curarlo, le gritó, mirándolo: "Levántate, ponte derecho.» Y se manifiesta la misericordia de Dios en el hombre, por la propia voluntad del hombre que quiso acercarse a Dios, aunque sin saberlo en ese momento el hombre, Dios estaba primero; porque Dios siempre está al lado del hombre sustentándolo para que viva.
El Amor Total de Dios está entregado al hombre, Dios lo ha manifestado con la muerte y resurrección de Su Hijo; pues, Él como Padre con Su Hijo y El Espíritu Santo son indisolubles. Por tanto, El Padre donando a Su Hijo hace Su donación de Dios Uno y Trino, una donación total, que se hará total en el corazón del hombre en la medida que éste abra más su corazón, tanto en el momento del inicio de su conversión y en cada momento de su vida después de éste inicio hasta que deje éste mundo. Todo momento de vida del converso es un proceso de aprendizaje del Amor de Dios.
Y es en la humildad, en la que el hombre manifiesta más amor por Dios, sabe amar más cuando es más humilde, sino, escuchemos lo que nos dice el salmista: «No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu Nombre da la gloria» Estas son las palabras que Dios quiere que nosotros Sus hijos pronunciemos, no porque Él lo necesite, sino, porque nosotros necesitamos hacernos siempre humildes cada vez más, para imitar la humildad incomparable y magnánima que tuvo Dios para con nosotros, por ello el hombre añade el salmo: «por tu bondad, por tu lealtad.»
Así mismo, El Sagrado Evangelio nos habla del Amor de Dios, que quiere que el hombre acepte Su Amor para que habiendo correspondido el hombre a las insinuaciones del Señor, el hombre sea amado por Dios, pues, así dice: «El que me ama guardará mi palabra»… es decir, quien ama a Dios cree en Dios, en Su Palabra, en Las Sagradas Escrituras inspiradas por Dios hacia el hombre, y no solo cree, sino que éste la guardará, la conservará, observará y cumplirá los mandamientos de Dios. Y añade: «y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.» Para que el hombre sea correspondido en El Amor de Dios. Y Dios habitando en el hombre pueda manifestar todo cuanto quiera revelar hasta el fin de los tiempos.
Estas revelaciones posteriores a La Revelación máxima que son Las Sagradas Escrituras, son revelaciones entregadas por Dios a Su Iglesia, y que está contenida en La Sagrada Tradición y La Sagrada Doctrina de La Iglesia que han manifestado a La Luz del Espíritu Santo, la conducción y salvación de Su Iglesia que somos todos nosotros; pues, así dice: «El Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.» La revelación proclama otra revelación cuando dice: «El Espíritu Santo, será quien os lo enseñe todo» Porque cuando dice «todo», quiere decir, que no todo está revelado. Aunque Las Sagradas Escrituras son «toda» la revelación que Dios nos ha entregado, es una revelación que necesita ser instruida y revelada por una autoridad: La Iglesia que Dios fundo. Es decir, «La Revelación tiene que ser revelada», tiene que ser enseñada por una jurisprudencia, porque de lo contrario todos harían lo que les da la gana.
Esta jurisprudencia está en «El Magisterio de La Iglesia», siendo el Magisterio la autoridad de la Iglesia investida a los obispos, como sucesores de los Apóstoles, para enseñar la fe bajo la autoridad del Sumo Pontífice, sucesor de Pedro, Vicario de Cristo y cabeza visible de la Iglesia Católica. El magisterio incluye la enseñanza de la doctrina, la moral y las costumbres.
Así nos confirma La Tradición de La Iglesia con «Didaché» o «Didajé» o «Didakhé», que es sino, el primer documento que enseña la revelación de Las Sagradas Escrituras. En efecto, Didajé, que significa Enseñanza de Los Apóstoles, y que es contemporánea a Los Sagrados Evangelios, ya que tuvieron su origen en los años 70 después de Cristo.
Y «La Tradición» es toda la revelación, desde el comienzo de la historia hasta el final de la era Apostólica, transmitida por los fieles de generación en generación y preservada por la guía divina del Espíritu en la Iglesia instituida por Cristo. La Sagrada Tradición, más técnicamente, se refiere, dentro de la revelación, a aquella parte que no está contenida en las Sagradas Escrituras porque no se escribió hasta más tarde. El depósito de la fe, de la revelación, está compuesto por las Sagradas Escrituras y la Tradición Apostólica. El depósito de la fe fue revelado por Jesús a los Apóstoles y confiado a la Iglesia. Por ello El Señor Jesús nos dice hoy: «El Espíritu Santo será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.»
Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas.
Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54)
En El Nombre del Padre, etc.
12:38
Dios solo sabe amar como Dios
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Meditaciones Litúrgicas
Reflexión:
Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc.
Queridos hermanos y hermanas:
La obediencia y la humildad son necesarias para ir de la mano de Dios. La desobediencia trajo consigo la caída de Luzbel quien por soberbia quiso ser igual o más que Dios. Luego éste, al ser egoísta de la gracia en la que sí contaban Adán y Eva, quiso arrebatárselos a Dios, los tentó y ellos también desobedecieron, porque por soberbia quisieron ser como Dios. Así mismo, los profetas anunciaron al Mesías y pedían al pueblo judío y sus gobernantes que se volvieran a Dios y no sean un pueblo de dura cerviz. Vino El Señor Jesús, Quien obró milagros y se manifestó tanto como dijeron Las Sagradas Escrituras, desde Su venida hasta Su muerte en Cruz y gloriosa Resurrección, pero los judíos por desobediencia a Dios por lo dicho en Las Sagradas Escrituras; las autoridades judías, desobedecieron por soberbia también, porque anhelaban seguir gozando de los privilegios que tenían a costas del pueblo, se creyeron dioses que jamás abdicarían o cederían el puesto a un humilde dentro de los humildes, al Señor Jesús, que Siendo Dios se encarnó y se hizo esclavo en el Seno de Una Virgen y esclavo también en un cuerpo mortal al que inmortalizó. Así estaban escritas Las Sagradas Escrituras en sus profecías sobre El Divino Redentor, pero el corazón endurecido de los judíos, que aún no conocían el Amor de Dios, ni cuanto menos lo que podemos conocer ahora nosotros por la obra de Dios a través de Su Iglesia, ellos, los judíos, por extrañeza de las palabras del Evangelio que manifestó El Señor Jesús, le fue difícil de entender, más aún hicieron clara sus extrañezas para con El Evangelio en Juan Capítulo 6: El Pan de Vida y La Eucaristía, en donde El Señor Jesús pide que coman de Su Cuerpo y beban de Su Sangre para que tengan vida eterna.
Así mismo, en la historia de La Iglesia se han manifestado diferentes desobediencias, como es el caso de las herejes, réprobos, cismáticos y apóstatas; todos estos hermanos que han convulsionado y causado una herida profunda en La Iglesia no han obedecido al Vicario de Dios, al Papa; y lo hicieron por soberbia, porque la soberbia supone una estima de sí mismo, o amor propio indebido, que busca la atención y el honor y se pone uno en antagonismo con Dios (CIC 1866) Es un pecado Capital. Y San Gregorio entiende que la soberbia «es esa estructura mental en la que un hombre, a través del amor a la propia valía; es decir, a su propio valor, aspira a alejarse de la sujeción a Dios Todopoderoso, y no hace caso de las órdenes de los superiores.»
Por tanto, la soberbia es el pecado rey de todos los vicios, y pone en su lugar la vanagloria como uno de los pecados capitales, dice Santo Tomás de Aquino confirmando a San Gregorio, y por ello, la soberbia es la que toca a todos los hombres, porque siempre estará hasta el fin de la vida del hombre, donde éste va a tener un pequeño sentimiento de orgullo por el que quiera el hombre hacerse respetar ante una agresión, aunque sea mínima, cuanto menos en el pensamiento cuando ya se haya neutralizado las respuestas de palabra, obra y omisión.
1. De pensamiento: Cuando se responde agresivamente desde la conciencia y queda en tu pensamiento.
2. De palabra: Respuesta con insultos o cualquier otra manifestación que agrede a quien te agredió.
3. De obra: Respuesta de agresión física a quien te agredió.
4. De omisión: Respuesta inactiva pero ofensiva. Inactiva: porque se omite manifestarse a favor de alguien quien te agredió, y esa omisión se torna indiferencia para que aquél no se beneficie, por lo que la respuesta se convierte en Ofensiva: porque tiene una respuesta de venganza de quien omitió ayudar al que lo agredió. Se agredió al prójimo con la indiferencia y venganza, porque no se le ayudó en lo que éste necesitaba.
*En el caso del pensamiento, cuando llega la idea a tu mente, pero desechas el mal sentimiento contra otra persona, y no lo deseas, no es pecado, porque ha sido una tentación del Demonio a la que le has dicho no, por lo que no estuvo en tu corazón, no tuviste malos sentimientos en tu corazón, solo llegó a tu mente como una tentación, la que desechaste, y por lo tanto tu alma no se manchó.
Por tanto, la soberbia es la enfermedad del alma, es el peor pecado, muy duro de desterrar de nuestras vidas. Es la soberbia la que estuvo arraigada en el hombre en tiempos pasados, y que El Señor Jesús nos enseñó a combatirla. En efecto, mientras los judíos pensaban en que se deshacían del Señor Jesús matándolo, más fuertemente se cimentaba El Reinado de Él, porque cuanto más era despreciado y llegado a culmen su vida en la cruz, más fuertemente se afirmaban las profecías del Antiguo Testamento. Así lo clama el salmo de hoy: «Tú eres Mi Hijo: Yo te he engendrado hoy»… Estas palabras que también la manifiesta El Apóstol Pablo en La Primera Lectura de hoy, las manifiesta en sentido en que a la muerte del Señor Jesús, El Padre engendra un nuevo tiempo para el hombre: El Reinado del Señor Jesús, El Padre lo engendra como Rey, por ello es que el salmo luego añade: «Pídemelo: te daré en herencia las naciones, en posesión, los confines de la tierra»
Esta afirmación del Padre en la boca del salmista da asentimiento de su querer que lo manifiesta El Hijo que le dice a Felipe: «Yo Soy en el Padre, y el Padre en Mí» Es decir, que El Señor Jesús en éste conocido «Supremo Discurso de Jesús» manifiesta primero Su condición divina porque dice:
«Yo Soy», que es lo que dijera El Padre al Patriarca Moisés: «Yo Soy el que Soy». Y añade: «en El Padre»; es decir, dentro del Padre, en el que manifiesta la unidad indisoluble con El Padre, porque la frase es: «Yo Soy en El Padre»
Es decir, que si El Señor Jesús, El Hijo, Es «Yo Soy»
y Yo Soy es Dios; por tanto El Señor Jesús Es Dios.
Además, si El Padre también es Dios,
y El Hijo está en el Padre, dentro del Padre,
Es decir que El Hijo está dentro de Dios,
Pero si El Hijo Es Dios y El Padre también es Dios,
por tanto Dios está dentro de Dios;
Dios Hijo está dentro de Dios Padre.
Además, Dios Padre también está dentro de Dios Hijo,
Porque dice: «y el Padre en Mí»;
Es decir, El Padre dentro de Mí.
Es decir, «Dios en Dios», o sea, Un Solo Dios, porque Dios Siendo Uno solo, en efecto, La Unidad Total del Hijo puede ser absorbida totalmente por El Padre y al Padre no faltarle nada, porque El Hijo puede otorgarle al Padre todo lo que El Padre necesita, toda su infinitud, porque El Hijo Es Dios, y El Padre también Es Dios, así como lo Es también El Espíritu Santo porque El Espíritu Santo Es El Creador y Consolador, todo lo que ha creado ha sido por Amor y cuanto ha consolado lo ha hecho por Amor; pues, habiendo siempre existido El Padre y El Hijo, y en Ellos siempre existiera El Amor que nace del Espíritu Santo, es porque El Espíritu Santo también existió siempre, porque Dios siempre tuvo Amor, desde los siglos de los siglos antiguos, hasta por los siglos de los siglos.
El Hijo Es Dios, también porque dice: «Felipe le dijo: "Señor, muéstranos al Padre, y esto nos basta". Respondióle Jesús: "Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, ¿y tú no me has conocido, Felipe? Es decir, que Felipe quería conocer al Padre y Jesús responde: «¿Tú no me has conocido?» Y luego añade: «El que me ha visto, ha visto a mi Padre… ¿No crees que Yo Soy en el Padre, y el Padre en Mí?» y luego «El Padre, que mora en Mí, hace Él mismo sus obras.» Es decir, que todo lo que ha querido hacer y revelar El Padre lo ha hecho por medio de Su Hijo Jesucristo.
Es pues, el querer de Un solo Dios que se haya manifestado La Revelación de Un Dios Trinitario, de un Padre que entrega Su Amor Total al hombre porque ha entregado a Su Hijo Único, como nadie lo ha hecho, porque Dios solo sabe amar como Dios, porque cuando El Padre envió a Su Hijo se donó Él también como Padre y con El Espíritu Santo por la unión indisoluble que hay en El Dios Trinitario. En efecto, Dios solo sabe amar como Dios, no sabe amar como los hombres, el amor de los hombres es terminable, y El Amor de Dios es Infinito, porque la infinitud es un atributo de Dios.
Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas.
Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54)
En El Nombre del Padre, etc.
17:27
Jesús, Legado Divino
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Meditaciones Litúrgicas
Reflexión:
Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc.
Queridos hermanos y hermanas:
En estos tiempos de pascuas mantenemos la alegría en el cuerpo y en el alma, dando gracias a Dios por la regeneración de nuestra vida y recibir un nuevo régimen de gracia que nos procura el convivio eterno en La Casa del Padre: Su Corazón, Su Amor. A la vez que hemos reducido las penitencias por estos tiempos de felicidad, no obstante, tengamos la prudencia y la buena gana de disponernos al ayuno y a la oración en momentos importantes de cualquier obra de misericordia, más aún en las prédicas, donde El Espíritu Santo va a dignarse en morar en nosotros para expresar la voluntad de Dios.
Tengamos en cuenta, pues, que nada está escrito en piedra y que debemos tener buenos criterios para la obra de Dios. Pon conciencia y no dejes que te guíe la pereza, ni la disipación; porque eres un instrumento de Dios, Quien te ha dado talentos para que lo pongas a Su servicio, ayudando a tus hermanos que te necesitan y más necesitan de Dios. Dispón, pues, la diligencia y la caridad para con Dios, tus hermanos y para ti que te debes salvar ejercitándote y trabajando en el Plan que Dios ha preparado. A eso has venido al mundo, no para que seas del mundo, sino, para que estando en el mundo cumplas tu misión encomendada por Dios. ¿Cómo lo sabré? ¿Qué pasos debo seguir? Ponte en oración y si es muy importante tu gestión, ayuna además, porque la oración sumada al ayuno, sube como el incienso, como una ofrenda agradable a los Cielos, a La Casa de Dios, para Dios, para que Él Sea glorificado y te envíe Su Santo Espíritu y te pongas por obra a mantener y hacer grande tu santidad y la de tus hermanos, para que sean salvados y gocen eternamente de La Presencia de Dios.
Ahora que sabes para que Dios te ha elegido, no seas gravemente dañoso y perjudicial para tu alma y la de tus hermanos, ambos necesitan salvarse y servir a Dios que los ha creado. Mira que tan importante es la oración a la que nos exhorta JPII: «Es necesario estar dispuestos a renunciar a cualquier cosa legítima con vistas a un bien superior. Sobre todo hay que ser conscientes de que todo se puede obtener de Dios con la oración». Juan Pablo II, 1-IV-2003. Es decir, que renunciando a las vaguedades que ofrece el mundo podemos estar dispuestos a hacer un bien superior, nuestra salvación, esta que podemos lograrla con la oración que le hagamos a Dios, pues, Dios quiere que nos salvemos, y de Él la obtendremos con la oración, que es el medio con el que nos comunicamos con Dios.
San Alfonso María de Ligorio: «Nos disteis con el gran medio de la oración la llave de todos vuestros tesoros; y nosotros, por empeñarnos en no rezar, vivimos siempre en la más grande miseria espiritual» ... Porque Dios tiene infinitas gracias, que son tesoros del Reino de Los Cielos que Dios nos quiere dar, pero no nos la da porque no pedimos, y si no pedimos no tenemos los tesoros, y si no tenemos los tesoros, ciertamente que somos pobres y andamos en la miseria.
Y luego para caer en la cuenta de que anterior a la obra es necesaria la oración también dice San Alfonso: «¿de qué sirven las prédicas, las meditaciones y todos los otros medios que dan los maestros de la vida espiritual sin la oración, cuando el Señor ha dicho que no quiere conceder sus gracias sino al que reza? Pedid y recibiréis»… Y también: «Sin oración, según los planes ordinarios de la providencia, inútiles serán las meditaciones, nuestros propósitos y nuestras promesas»
El salmo así mismo nos exhorta: «Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra?... Pues, el hombre cantando a Dios, lo que hace es rezar más intensamente que cuando solo reza, porque dice San Agustín: «el que canta reza dos veces» Así, cantando a Dios elevamos el potencial de nuestras súplicas, y Dios conmovido por la intensidad nuestra dirige nuestras vidas, gobernando Él el mundo por medio de nosotros.
Por su parte El Divino Redentor asumió la carne mortal para enseñarnos hablar con El Padre de la manera más íntima, pues, comienza diciendo lo primero: «Padre», y luego dice «nuestro»; es decir, la dirección total y primera al Padre, pues, Él Es el centro de nuestra vida, por ello dice «nuestro», porque Dios es para nosotros, porque en nadie se ha interesado como en nosotros, y nos lo ha demostrado dándonos la salvación por medio de Su Hijo Jesucristo, Quien es la marca del Ser del Padre; pues, es en Cristo en Quien encontramos al Padre, ya que Él Mismo nos dice en El Evangelio de hoy: «El que cree en Mí, no cree en Mí, sino en Aquel que me envió; y el que me ve, ve al que me envió»
La revelación Dios nos la ha dado para nuestra salvación ¿Se ha escuchado de alguien que se haya salvado sin cumplir lo que Dios manda? Es, pues, necesario ser adiestrado para que conociendo Los Mandatos de Dios el ignorante se instruya. Y si el ignorante no lo desea por propia voluntad y sin mayores reparos, y sin importarle nada su salvación, despreciando La Palabra de Dios que lo revela perfectamente Su Iglesia, éste pobre hombre se condena, porque bien dice El Divino Maestro: «Si alguno oye mis palabras y no las observa, Yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvarlo» Pero si en otro lado dice que Es El Justo Juez, ¿cómo es que aquí dice que Él no juzga? Pues, El Señor Jesús se manifiesta en tiempo presente, en ése instante en que enseñaba este pasaje de La Sagrada Escritura; es decir, que vino a enseñar y no a juzgar en ese momento de Su primera venida; pero ciertamente que después de su estancia en este mundo y cuando ya todo había sido revelado, sí asumió Su rol de Justo Juez, por ello dice seguidamente: «El que me rechaza y no acepta mi palabra, ya tiene quien lo juzgará: la palabra que Yo he hablado, ella será la que lo condenará, en el último día» Es decir, que La Palabra que Es Él, El Verbo que se hizo carne ya ha hablado, antes de Su venida y luego, en Su venida: Antiguo y Nuevo Testamento; todo cuando tuvo que revelar El Padre, ya lo ha hablado Su Hijo, y Su Iglesia le ha dado orden por orden de Él; es decir, que La Palabra de Dios fue agrupada en lo que llamamos hoy Las Sagradas Escrituras. Esta, en efecto, es la Verdad revelada que nos salva por medio de Su Iglesia que es Sacramento de Salvación, pues, de ella obtenemos todos los Sacramentos que el hombre necesita para que se salve. Ya que si no te confiesas, no puedes comulgar, y si no comulgas tomando El Cuerpo de Cristo no te salvas. Así mismo en el sacramento del matrimonio, el cual es necesario para que te juntes en el débito conyugal con la persona que amas, pues, no tomando este sacramento, ciertamente tienes el alma muerta.
Mira pues, la importancia de La Iglesia en nuestras vidas, nos da los Sacramentos instituidos por Dios, nos confecciona oraciones para hablar santa y exactamente lo que le tienes que decir a Dios, y nos ha armado toda La Santa Biblia, y más aún, nos la interpreta por orden del Justo Juez.
Por tanto La Verdad Revelada, La Santa Biblia, Es La Palabra de Dios, El Verbo de Dios, El Mismo Jesús, El Justo Juez; porque si Él Es El Verbo, La Palabra de Dios, Él juzgará, por ello dice: «El que me rechaza y no acepta Mi palabra, (Es decir, a Él Mismo) ya tiene quien lo juzgará: la palabra (Es decir, Él Mismo) que Yo he hablado, ella (Es decir La Palabra, Él Mismo) será la que lo condenará, en el último día» Es así que quien no cumple Los Mandamientos de Dios, rechaza a Dios, y rechaza todo lo que Él nos ha revelado; así también, está incluido en Su revelación, en Su Palabra, la institución de Su Iglesia y la de todos los sacramentos que La Iglesia conserva y otorga para que el hombre se salve; y así quienes obedezcan La Palabra de Dios por medio de Su Iglesia se salvará, porque dice El Mismo Señor Jesús: «El Padre, que me envió, me prescribió lo que debo decir y enseñar; y sé que su precepto es vida eterna»
Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas.
Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54)
En El Nombre del Padre, etc.
15:51
El Buen Pastor
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Meditaciones Litúrgicas
Reflexión:
Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc.
Queridos hermanos y hermanas:
Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. 1 Tim 2, 4. En efecto, Dios que ha creado a todos los hombres, quiere que todos los hombres conozcan lo que tanto le ha costado: Enviar a Su Hijo Único, Jesucristo nuestro Señor, para que El Sagrado Evangelio sea llevado a todos los hombres, porque dice: «serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra». Hch. 1, 8. Es decir, que así como El Padre eligió al Pueblo Judío para que sea Su grey de donde vendría El Salvador, así, habiendo los judíos no aceptado al Salvador, era, pues, necesario que se eligieran doce y luego a más judíos que creyeron en El Evangelio, es decir, que todos estos judíos y demás judíos que abrazaran El Evangelio son los que Jesús quería cuando dice: «Serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea». Queriendo, pues, El Señor Jesús que se empiece por el mismo pueblo Judío pues, ahí eligió a los doce y luego a más.
Luego la extensión de La Iglesia ha sido posible hasta los confines de la tierra, porque dice Los Hechos de Los Apóstoles: «hasta los confines de la tierra»; es decir, que ello compromete a todos los hombres de toda raza en todo el mundo. Ello se manifiesta desde antiguo al Patriarca Abraham, a quien Yahvé le promete la descendencia numerosa como las estrellas del cielo. Y luego en La Iglesia Primitiva era una necesidad para el surgimiento y crecimiento de La Iglesia, y ello lo manifiesta Pedro en la visión que dice: «algo semejante a un gran lienzo que descendía, que por las cuatro puntas era bajado del cielo y venía hasta mí». Es decir, que el gran lienzo es el cosmos en el que Dios pinta a toda la creación en donde nos encontramos todos los hombres, Sus hijos a quienes nos quiere salvar; y ello da más asentimiento cuando manifiesta: «por las cuatro puntas era bajado del cielo»… es decir, que el número cuatro en la Biblia simboliza el cosmos, el mundo, ya que son 4 los puntos cardinales. Cuando se dice que en el Paraíso había 4 ríos (Gn. 4, 10) significa que todo el cosmos era un Paraíso antes del pecado de Adán y Eva. O sea, no se trata de un sitio determinado, aunque algunos continúen buscando dónde estaba. Ez 37, 9 Ap. 4, 6.
Por tanto las cuatro puntas del lienzo que vio Pedro es el cosmos, todo lo creado, que como dice era bajado del cielo, es decir, que del Cielo, por Dios fue creado. Luego dice: Mata y come, a todos los animales, que Pedro decía que era inmundo, en donde todos los animales, es la representación de todo lo que Dios ha creado, es necesario para el hombre, con lo que se tira abajo toda la ley judaica llena de normas, que de suyo propio, los fariseos cumplían al pie de la letra de la manera más exagerada. La norma es buena, pero nada está escrito en piedra, no todo tiene que ser estricto, pero se debe tener discernimiento para pasar de solo la ley, a la ley y al uso de la razón con tolerancias. Y es que quienes no estaban circuncidados como los judíos, no eran vistos como aceptables para que siguieran El Evangelio. Luego dice: «Lo que Dios limpió, no lo llames tú manchado». Es decir, que lo que Dios ha limpiado con La Sangre de Su Hijo, el hombre, en efecto no es nadie para despreciarlo, por lo que tanto judíos y todo hombre en el orbe es llamado por Dios a la salvación. Y es que Jesucristo nos justificó ante El Padre con Su Sangre, pero nuestra reconciliación también depende de nosotros, de dejar la vida disipada y llevar una vida como Dios quiere.
Además, el hombre tiene impregnado en su corazón, en lo más profundo de su alma la búsqueda del Único y Verdadero Dios, por ello dice el salmo de hoy: «Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a Ti, Dios mío». Y es que habiendo esta búsqueda de Dios por parte del hombre, es, pues, necesario que nosotros como Iglesia vayamos en pos de estos nuestros hermanos dispersos por doquier que necesitan de Dios a través de Su Iglesia.
Y es así, que El Sagrado Evangelio nos dice: «Quien no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es un ladrón y un salteador». Es decir, que el aprisco es La Iglesia que resguarda al rebaño de la intemperie del mundo en el que se puede contaminar; así el ladrón que no entra por la puerta que Es Dios, ése es el Diablo, que roba en los despoblados, donde están las ovejas sin pastor, es decir, donde aún La Iglesia no ha llegado, o donde hay hombres que conocen del Señor Jesús y de Su Iglesia pero que necesitan de un pastoreo continuo, y el Diablo con sus insidias se afana por llevar a la condena a estas pobres ovejas.
Es por ello la gran necesidad de seguir a los pastores de La Iglesia, y la necesidad más aún de pastores santos que no engañan, roban y degüellan a los hijos de Dios, para destruir La Iglesia. Los pastores son los que en La Persona de Cristo llaman a los hijos de Dios, los llama a cada uno por su nombre, en sus corazones, ellos escuchan su voz y dejan el mundo, porque El Señor los hace salir de sus vidas disipadas y de error, siguen a Jesús, a Su Evangelio, a Su Iglesia con Su Santa Doctrina. Sus ovejas, en efecto, siguen al Señor no solo una vez, sino, constantemente hasta el fin de sus vidas cuando ya están fuera del mundo y alcanzaron la gloria de La Salvación.
Entremos por la puerta que Es Cristo, pues, Él nos dice: «Yo Soy la puerta, si alguno entra por Mí, será salvo; podrá ir y venir y hallará pastos» es decir, que si caminamos en la presencia de Dios y de Su Iglesia en donde Ella está unida y amalgamada a Él por El Espíritu Santo, se salvará, y podrá estar por doquier ya sin contaminarse, porque el hombre está sumergido en Dios que Es Jesús, y Él a través de Su Iglesia le dará «pastos», es decir, «los Sacramentos» que Dios instituyó para la salvación del hombre.
Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas.
Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54)
En El Nombre del Padre, etc.
10:20
El Pan de Vida y La Eucaristía
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Meditaciones Litúrgicas
Reflexión:
Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc.
Queridos hermanos y hermanas:
La conversión del hombre es una manifestación de la misericordia de Dios Quien quiere que el hombre se salve. En efecto, cuando el hombre dice con asentimiento: FIAT – Hágase, Dios que ha sido respetuoso de la decisión del hombre, solo hasta éste momento envuelve con Su Santo Espíritu al hombre y lo deja protegido, por ello dice en La Primera Lectura con respecto a Saulo: «Una luz celeste lo envolvió con su resplandor»… Dios, efectivamente, mantiene al hombre en ese momento en estado de gracia para que pueda lograr su salvación. El hombre ha sido sumergido en la misericordia de Dios y está apto para un nuevo régimen de vida, tanto cuanto él quiera mantenerse en el estado de gracia.
El hombre que vive apartado de la gracia salvadora de Dios, no puede ver los dones y virtudes del Espíritu Santo, porque el pecado nubla la acción de Dios en el hombre pecador; tanto en signos externos, porque el hombre no puede actuar como medio para Dios porque Dios no puede habitar plenamente en quien está manchado, aunque hemos sido testigos de casos muy distanciados en que ha sido posible, pero justamente no es una constante en la vida de La Iglesia. Igualmente en los signos internos, como la intimidad de Dios en el corazón del hombre pecador no se puede dar a plenitud, porque justamente el hombre ha decidió no tener intimidad con Dios, alejándose del estado de gracia y viviendo en pecado.
La gracia de Dios santifica al hombre y lo regenera, cuando el hombre acepta total y voluntariamente someterse íntegramente a Dios, cuando el hombre acepta que Dios convierta su corazón errante al Corazón Divino lleno de amor de Dios. Mientras tanto, el hombre no puede ver, aunque ve; es decir, que ve todo lo que puede por naturaleza propia de la vista, pero no ve la acción sobrenatural de Dios, así como no puede ver, es decir, no puede entender lo que Dios quiere, Su Palabra, Sus Mandamientos, Sus Sacramentos y todo instrumento de salvación que Dios ha puesto para que el hombre se salve, y es que así nos dice La Primera Lectura: «Los ojos abiertos pero no veía»… y es que debemos tener en cuenta que Dios pudo hablar a Saulo, pero Saulo no podía ver porque aún no se había convertido al Amor de Dios, Saulo aún no daba el FIAT – Hágase. Saulo, en efecto, tuvo que pasar por una etapa por la que pasa todo convertido: oración y ayuno, y más aun en tres días, donde podemos ver en el número tres a Las Tres Personas de La Santísima Trinidad. Además, el Apóstol tuvo que recibir la acción de Amor, de conversión del Espíritu Santo a través de la imposición de las manos.
«Yo Soy Jesús a Quien tú persigues»… es El Señor Jesús el que habla a Saulo en quien se refleja el accionar de los perseguidores de Su Iglesia. En efecto, cuando alguien persigue a los discípulos de Jesús, a Su Vicario o a alguno de los fieles de La Iglesia, está persiguiendo y atacando a Jesús, porque todos somos miembros del Cuerpo Místico de La Iglesia, donde Cristo Es La Cabeza, y es más, Cristo que habita en cada uno de nosotros, es El Todo en todos, por ello, cuando se persigue, «se respiran amenazas y muerte contra los discípulos de Jesús», es decir, si se ataca a un solo miembro de La Iglesia, Dios responde: «Yo Soy Jesús a Quien tú persigues»
Es necesario el sufrimiento para purificar los pecados, ya que El Mismo Señor le dice a Ananías que Saulo va a «Sufrir en nombre de Jesús» y va a ser «un instrumento elegido por Mí» Es decir, que Dios no promete los grandes momentos en esta vida, sino en la postrera, a costa de los sufrimientos que tengamos, y que van a la par de nuestra conversión. Así ha ocurrido en toda la historia de La Iglesia, porque estamos unidos a Cristo, La Víctima y Mártir; y esa unión con Jesús es la que nos hereda La Cruz del martirio y el sufrimiento en nuestras vidas, pero así como La Cruz trajo consigo la gloria de La Vida Eterna, del mismo modo la heredaremos nosotros. ¡Ánimo hermanos, la gloria es la recompensa!
Dios nos ha dado El Alimento de Vida Eterna, Él ha querido quedarse en La Eucaristía para que el hombre se salve comiendo del Cuerpo de Cristo. En efecto, nosotros nos unimos al Cuerpo Místico de Cristo y al Mismo Cristo comiendo Su Cuerpo. Él nos dice: «Porque la carne Mía verdaderamente es comida y la sangre Mía verdaderamente es bebida» La verdad es la conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa, y si Cristo, daba conformidad de lo que decía, es porque era así, era la verdad pura, Él Es La Verdad y La Vida, y como Él Mismo dice: «Yo digo lo que he visto junto a mi Padre» Jn. 8, 38. Por tanto, si Él ha dicho todo lo que ha visto junto a Su Padre, es porque es verdad que Su Carne es verdadera comida y Su Sangre verdadera bebida.
Y luego añade en El Evangelio de hoy: «El que de Mí come la carne y de Mí bebe la sangre, en Mí permanece y Yo en él»… Es decir, que Dios quiere que el hombre dé el primer paso para que se acerque a Él, porque Dios respeta su voluntad, si el hombre quiere se salvará porque se acercó al llamado que Dios le va haciendo en todo momento. Dios quiere que el hombre acepte Su llamado y luego Dios le responde con Su gracia salvadora, el hombre se arrepiente y Dios lo salva _ en Mí permanece, es decir que el hombre se acerque a Dios, y luego dice y Yo en él; es decir, que luego que el hombre dio el paso, el Sí, Dios lo envuelve con Su espíritu Santo. El Señor Jesús en esta frase hace mención de la unidad en Su Cuerpo, de una manera en la que comiendo verdaderamente de Él, de una manera tangible de Su Cuerpo Divino, el hombre, en efecto, se divinice, porque si tomamos de La Carne Divina del Mismo Dios, ello nos garantiza una mayor y arraigada unidad en Dios, tomar tangiblemente de Él Mismo. Además Dios, al conocer perfectamente al hombre de su necesidad de lo tangible para que se fortalezca su fe, no se quiebre y no se condene, es que generosamente ha manifestado portentosos milagros en toda la historia de la humanidad.
Y es así que quiso hacer el más grande milagro de nuestra historia, hacerse un pedazo de Pan para nuestra salvación. Jesús por ello manifiesta la necesidad del hombre en lo tangible en el Maná con referencia a Él, Pan Eucarístico: «Éste es el Pan bajado del cielo, no como aquel que comieron sus padres, los cuales murieron» Es decir, que los judíos comieron porque pedían comida y pedían a Moisés señales de milagros en el desierto, del mismo modo lo hacen en ese momento con Jesús cuando le preguntan los judíos: «¿Qué milagro haces Tú, para que viéndolo creamos en Ti? ¿Qué obra haces?» Responde Jesús: «Es Mi Padre el que les da el verdadero Pan del Cielo» Es decir, que Moisés fue el que les dio el pan, el Maná; Dios lo dio pero por un intercesor: Moisés. En este caso, Dios da al Mismo Jesús como Pan del Cielo, queriéndonos decir El Señor Jesús, que Él Es El Pan de Vida que El Padre quiere dar porque dice Él: «Yo digo lo que he visto junto a mi Padre» Jn. 8, 38. Por ello añade: «Yo, enviado por el Padre viviente» Es decir, Dios da al Mismo Jesús como Pan del Cielo.
Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas.
Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54)
En El Nombre del Padre, etc.
17:32
La humildad para predicar El Evangelio
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Meditaciones Litúrgicas
Reflexión:
Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc.
Queridos hermanos y hermanas:
En la carta del Apóstol San Pedro se nos menciona la humildad y sumisión, dones importantes para ser un verdadero hijo de Dios. La humildad, en efecto, derrota a la soberbia, es su contrariedad; pues, manteniéndose en humildad se mantiene la sobriedad y la vigilancia de nuestras actitudes y no caer en el pecado que nos aleja de Dios. Ya que la humildad consiste en el conocimiento de nuestras propias limitaciones y debilidades y obramos conociendo nuestras dolencias, es que no entramos en soberbia, porque el humilde de corazón, es sumiso y se rinde ante su realidad y ante Dios en Quien se abandona, porque sabe que Dios se interesa por nosotros. El Diablo también se interesa por nosotros, pero lo hace para devorarnos, pues, como dice La Escritura: «vuestro enemigo, el Diablo, como león rugiente, ronda buscando a quién devorar.» Y luego añade: «Resistidle firmes en la fe»… Es decir, que nosotros por fe sabemos que existe el Diablo, enemigo de Dios y nuestro también, y que con la fe lo resistimos ¿Cómo? Teniendo fe que la humildad lo derrotará.
Hermanos y hermanas: No confundamos la humildad con ser zonzo, taciturno y callado, porque la humildad no se contrapone con la verdad, y la verdad tampoco está reñida con el carácter, es decir, con el tono de voz enérgico; o sea, que la humildad tampoco tiene que estar reñida con decir la verdad con tono enérgico cuando se requiere, pues, muchos padres dejan que sus hijos se posen en sus cabezas, y hasta los dejen defecar en ellos, con el consentimiento, sonrisa zonza y mala crianza que hacen que los hijos crezcan como soberbios y orgullosos, como niños mimados que creen que todo se lo merecen. Por ello es necesario que el cristiano deba ser humilde pero con carácter para los momentos necesarios, porque si dejamos que hablen en contra de nuestra fe, o actúen en contra de la verdad, o si dejamos que otros hagan lo que no es correcto, porque nosotros hablamos con tono bajo, creyendo que somos humildes, porque el humilde no grita, estamos equivocados. Somos humildes pero enérgicos y exigentes cuando se va en contra de Dios, Su Madre, los seres que amamos, en contra del Sagrado Evangelio y nuestra amada Iglesia; así como todo aquello que se opone a la verdad y que nos daña. Todas estas son formas de resistir con fe al Demonio, porque no dejamos que él se salga con la suya, que es que yo peque de omisión y que mi hermano crea que está en la verdad cuando el Demonio lo está arrastrando.
No nos preocupemos por las desavenencias que tengamos en nuestros sufrimientos, porque Dios se preocupa por nosotros, Él Mismo dice: Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo… para que después no lleve a Su Reino de gloria. Y San Pedro nos alienta hoy diciéndonos que nos mantengamos en la gracia. Esta gracia bendita queridos hermanos y hermanas es la que nos regenera con Dios, porque Él nos regenera con Su gracia, dándonos un nuevo ser a nuestras almas que hemos degenerado, Dios nos mejora y nos destierra todas nuestras imperfecciones, por ello dice: os restablecerá, os afianzará, os robustecerá… dice hoy El Apóstol Pedro. Así, Dios hace que abandonemos nuestras malas conductas o hábitos reprobables para llevar una vida moral y físicamente ordenada. ¿Con qué se logra todo esto que Dios nos promete? Con amor, para que teniéndola encontremos entre hermanos la paz.
«Más que el cielo has afianzado tu fidelidad»… Es la respuesta que añade el salmo de hoy, porque, en efecto, en lo alto, en donde habita Dios, en Su estancia, en el lugar donde solo Él puede estar, ahí sostuvo Su fidelidad; es decir, que la promesa de Dios la hizo Él dentro de Él, en Sí Mismo, porque viene de Él, y si nadie ni nada puede contener a Dios excepto Su Espíritu, es porque en Su Espíritu Santo es que nace toda promesa de Dios, ahí donde habita Dios, en su Espíritu, en Su Amor, ahí hizo su promesa, ahí sostuvo Su fidelidad: «Os restablecerá, os afianzará, os robustecerá»
Animados con esta promesa de Dios, podemos ser testigos de Él, pues, si Él nos ha dado Su promesa con asentimiento, El Espíritu de Dios estará en nosotros con asentimiento, pero esperando que nosotros actuemos para que se manifieste la verdad que Cristo y El Padre nos han prometido, que nos enviará El Paráclito para vivir conforme a lo que Dios nos ha enseñado, pues, viviendo así predicamos El Evangelio, además de proclamarlo de viva voz también. Proclamemos a Cristo, hablemos de Él sin temor, sin ningún tipo de vergüenzas, así nos lo pide Él: «Id por el mundo entero, predicad el Evangelio a toda la creación.»
En el nombre de Dios manifestemos que somos Sus hijos, y los demonios huirán de nosotros, de nuestras almas y de las almas de aquellos a quienes le prediquemos, pues, conociendo la verdad, y permaneciendo ellos en la verdad, el Demonio ya no estará en sus vidas, así se expulsan también los demonios en el nombre de Dios, así se harán todo tipo de prodigios y en todo enfermo del cuerpo y del alma «pondrán sus manos y sanarán.» Dice El Señor.
Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas.
Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54)
En El Nombre del Padre, etc.
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Los audios que traten de la vida de los filósofos estarán más orientados al entretenimiento, por lo que trataremos de dar a los mismos una perspectiva más histórica. Por otro lado, aquellos en los que hablemos de la filosofía de un pensador están concebidos con el fin de que puedan ser utilizados por estudiantes y por todos aquellos a los que pueda interesar, como complemento a la hora de buscar información.
En todo caso, nos gustaría aclarar que es prácticamente imposible realizar una exposición en profundidad sobre el pensamiento de un filósofo en un archivo de audio; por ello, y como ya hemos dicho, nuestros podcasts tendrán como objetivo fundamental resumir y organizar los aspectos esenciales de la reflexión filosófica de los distintos pensadores que tratemos aquí.
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