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Palabras que sanan: poemas en voz de mujer
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Una lectura de poemas en la voz de Martha Alzate, uno por día, mientras dura la cuarentena. Producción de lacebraquehabla.com
Una lectura de poemas en la voz de Martha Alzate, uno por día, mientras dura la cuarentena. Producción de lacebraquehabla.com
Despedida de la serie con: Amor, Rosario Castellanos
Episode in
Palabras que sanan: poemas en voz de mujer
Palabras finales de la presentadora: Martha Alzate, directora de La cebra que habla y lectura del poema final.
Amor, Rosario Castellanos
Sólo la voz, la piel, la superficie
Pulida de las cosas.
Basta. No quiere más la oreja, que su cuenco
Rebalsaría y la mano ya no alcanza
A tocar más allá.
Distraída, resbala, acariciando
Y lentamente sabe del contorno.
Se retira saciada
Sin advertir el ulular inútil
De la cautividad de las entrañas
Ni el ímpetu del cuajo de la sangre
Que embiste la compuerta del borbotón, ni el nudo
Ya para siempre ciego del sollozo.
El que se va se lleva su memoria,
Su modo de ser río, de ser aire,
De ser adiós y nunca.
Hasta que un día otro lo para, lo detiene
Y lo reduce a voz, a piel, a superficie
Ofrecida, entregada, mientras dentro de sí
La oculta soledad aguarda y tiembla.
02:28
En el último bar, Karmelo C. Iribarren
Episode in
Palabras que sanan: poemas en voz de mujer
En el último bar, Karmelo C. Iribarren
Y qué pasó
entonces.
Pasó una mujer.
Pero qué pasó.
Que era
de las que nunca
terminan
de pasar.
00:28
Dos Meditaciones, Rosario Castellanos
Episode in
Palabras que sanan: poemas en voz de mujer
Dos Meditaciones, Rosario Castellanos
Considera, alma mía, esta textura
Áspera al tacto, a la que llaman vida.
Repara en tantos hilos tan sabiamente unidos
Y en el color, sombrío pero noble,
Firme, y donde ha esparcido su resplandor el rojo.
Piensa en la tejedora; en su paciencia
Para recomenzar
Una tarea siempre inacabada.
Y odia después, si puedes.
01:13
Por las noches, George Trakl
Episode in
Palabras que sanan: poemas en voz de mujer
El azul de mis ojos esta noche se ha extinguido,
el oro bermejo de mi corazón. ¡Oh, qué apacible ardió la luz!
Tu manto azul abarcaba los descensos.
Tu boca roja selló en tu amigo la demencia.
00:36
Los días normales, Karmelo C. Iribarren
Episode in
Palabras que sanan: poemas en voz de mujer
Para Vicente Llorente
Llegan
y se van sin hacer ruido
—como buenos
clientes—,
luego el tiempo
los confunde en la memoria,
y ya ni sabes
si aquel lunes era jueves
o al revés.
Que no te engañen,
no son tan poca cosa
como parecen:
suelen poder
con el amor.
00:45
Parábola de la inconstante, Rosario Castellanos
Episode in
Palabras que sanan: poemas en voz de mujer
Antes cuando me hablaba de mí misma, decía:
Si yo soy lo que soy
Y dejo que en mi cuerpo, que en mis años
Suceda ese proceso
Que la semilla le permite al árbol
Y la piedra a la estatua, seré la plenitud.
Y acaso era verdad. Una verdad.
Pero, ay, amanecía dócil como la hiedra
A asirme a una pared como el enamorado
Se ase del otro con sus juramentos.
Y luego yo esparcía a mi alrededor, erguida
En solidez de roble,
La rumorosa soledad, la sombra
Hospitalaria y daba al caminante
- a su cuchillo agudo de memoria -
el testimonio fiel de mi corteza.
Mi actitud era a veces el reposo
Y otras el arrebato,
La gracia o el furor, siempre los dos contrarios
Prontos a aniquilarse
Y a emerger de las ruinas del vencido.
Cada hora suplantaba a alguno; cada hora
Me iba de algún mesón desmantelado
En el que no encontré ni una mala bujía
Y en el que no me fue posible dejar nada.
Usurpaba los nombres, me coronaba de ellos
Para arrojar después, lejos de mi, el despojo.
Heme aquí, ya al final, y todavía
No sé qué cara le daré a la muerte.
01:46
Y vosotros, mares, Saint-John Perse
Episode in
Palabras que sanan: poemas en voz de mujer
I
Y vosotros, Mares, que leíais en más vastos sueños, ¿nos abandonaréis una noche a los rostros de la Ciudad, entre la piedra pública y los pámpanos de bronce?
Más grande, oh muchedumbre, es nuestra audiencia en esta vertiente de una edad sin ocaso: el Mar, inmenso y verde corno una aurora en el oriente de los hombres,
El Mar en fiesta sobre sus gradas como una oda de piedra: vigilia y fiesta en nuestras fronteras, murmullo y fiesta a la altura de los hombres -el Mar mismo nuestra vigilia, corno una promulgación divina…
El olor fúnebre de la rosa no ha de cercar ya las rejas de la tumba; la hora viva en las palmeras no ha de encubrir ya su alma de extranjera… Nuestros labios de vivientes, ¿fueron amargos alguna vez?
He visto sonreír en las hogueras de alta mar la inmensa cosa en feria: el Mar en fiesta de nuestros sueños, como una Pascua de heno verde y como fiesta que se santifica,
Todo el Mar en fiesta de confines, bajo su halconera de nubes blancas, como dominio de franquicia y como tierra de manos muertas, como provincia de mala hierba que hubiese sido jugada a los dados…
¡Inunda, oh brisa, mi nacimiento! ¡Y que mis auspicios
se marchen al circo de más vastas pupilas!… Las azagayas del Mediodía vibran a las puertas del júbilo. Los tambores de la nada se rinden ante los pífanos de la luz. ¡Y el Océano, aplastando de una parte a otra su carga de rosas muertas,
Sobre nuestras terrazas de calcio levanta su cabeza de Tetrarca!
02:18
Infancia, George Trakl
Episode in
Palabras que sanan: poemas en voz de mujer
El saúco de frutas cargado. La infancia tranquila habitaba
una caverna azul. Sobre veredas antiguas,
donde parda ya la salvaje hierba crepita,
medita el ramaje calmo. El crujir de la hojarasca
un idéntico, cuando el agua azul en el acantilado suena.
Tierno es el lamento del mirlo. Un pastor
sigue atónito el sol que patina por la colina otoñal.
Una mirada azul solo significa más alma.
Sobre el coto del bosque se asoma un tímido animal y mansos
yacen por el suelo las viejas campanas y los oscuros caseríos.
Más piadoso conoces tú el significado de los años sombríos,
frío y otoño en solitarias estancias,
y en azules sagrados tañen sin parar escrituras fulgurantes.
Queda rechina una ventana abierta. Hasta las lágrimas
conmueve la vista del cementerio derruido junto la loma,
recuerdo de leyendas contadas. Sin embargo el alma a veces se ilumina;
cuando piensa los hombres felices, días de primavera dorado oscuro.
01:53
Tormenta de verano, Karmelo C. Iribarren
Episode in
Palabras que sanan: poemas en voz de mujer
Para José Fernández de la Sota
Están cogidos de la mano,
en silencio,
bajo los soportales.
El niño mira su columpio,
muy triste,
bajo la lluvia,
y no lo entiende.
El padre mira al niño:
es la vida, hijo
—quisiera poder decirle—,
y no ha hecho más que empezar.
00:42
Ser río sin peces, Rosario Castellanos
Episode in
Palabras que sanan: poemas en voz de mujer
Ser Río sin Peces, Rosario Castellanos
Ser de río sin peces, esto he sido.
Y revestida voy de espuma y hielo.
Ahogado y roto llevo todo el cielo
y el árbol se me entrega malherido.
A dos orillas del dolor uncido
va mi caudal a un mar de desconsuelo.
La garza de su estero es alto vuelo
y adiós y breve sol desvanecido.
Para morir sin canto, ciego, avanza
mordido de vacío y de añoranza.
Ay, pero a veces hondo y sosegado
se detiene bajo una sombra pura.
Se detiene y recibe la hermosura
con un leve temblor maravillado.
01:08
Para celebrar una infancia, Saint-John Perse
Episode in
Palabras que sanan: poemas en voz de mujer
¡Palmeras…!
Entonces te bañaban en el agua de hojas verdes;
y era también el agua verde sol, y las sirvientas de tu madre,
altas mozas lucientes, meneaban sus cálidas piernas cerca de tu temblor…
(Hablo de una alta condición, antaño, entre los trajes, en el reino de girantes claridades.)
¡Palmeras…! ¡y la dulzura
de una vejez de las raíces…! la tierra
entonces deseó ser más sorda, y el cielo más
profundo en donde los árboles demasiado grandes,
fatigados de un oscuro designio, anidaban un pacto
inextricable…
(He tenido este sueño, en la estimulación: una segura
permanencia entre las telas entusiastas.)
Y las altas
raíces curvadas celebraban
la partida de los prodigiosos caminos, la invención de las bóvedas y las naves,
y la luz entonces, en más puros hechos fecunda,
inauguraba el blanco reino al que lleve tal vez un cuerpo sin sombra…
(Hablo de una alta condición, antaño, entre hombres y sus hijas, que masticaban cierta hoja.)
Entonces, los hombres tenían
una boca más grave, las mujeres tenían brazos más lentos;
entonces, de nutrirse como nosotros las raíces, grandes bestias taciturnas se ennoblecían;
y más largos sobre más sombra se levantaban los párpados…
(Tuve ese sueño, nos ha consumido sin reliquias.)
02:06
Culpa de sangre, George Trakl
Episode in
Palabras que sanan: poemas en voz de mujer
La noche se avecina al lugar de nuestros besos.
Se oye un susurro: ¿quién los exime de la culpa?
Trémulos aún por la hollinienta dulce lujuria
Rezamos: ¡Santa María, allá en tu gloria, perdónanos!
De las macetas con flores brota un voraz olor
que seduce nuestras frentes pálidas de culpa.
Cansados bajo el perfume de los aires húmedos
Soñamos: ¡Santa María, allá en tu gloria, perdónanos!
Pero más fuerte aún brama el pozo de las sirenas
y surge, aún más negra, la esfinge ante nuestra culpa,
que hace a nuestros corazones más pecaminosos
Lloramos: ¡Santa María, allá en tu gloria, perdónanos!
01:13
El amigo, Karmelo C. Iribarren
Episode in
Palabras que sanan: poemas en voz de mujer
El amigo, Karmelo C. Iribarren
Llora cuanto quieras
sobre mi hombro,
desahógate,
cuenta conmigo
para lo que te haga falta.
Pero no te equivoques,
no soy mejor que él:
le envidio
cada una
de tus lágrimas.
00:36
Destino, Rosario Castellanos
Episode in
Palabras que sanan: poemas en voz de mujer
Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.
El hombre es anima de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.
Ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su actitud
que es a la vez reposo y amenaza.
El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo del tigre.
El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve
-antes que lo devoren- (cómplice, fascinado)
igual a su enemigo.
Damos la vida sólo a lo que odiamos
01:30
El muro, Saint-John Perse
Episode in
Palabras que sanan: poemas en voz de mujer
El lienzo de muro está enfrente, para conjurar el círculo de tu sueño.
Pero la imagen lanza su grito.
La cabeza contra una oreja del sillón grasiento, exploras tus dientes
con tu lengua: el sabor de las grasas y las salsas infecta tus encías,
y sueñas con las nubes puras sobre tu isla, cuando el alba verde
crece lúcida en el seno de las aguas misteriosas.
Es el sudor de las savias en exilio, la suarda amarga de las plantas silicuosas,
la insinuación acre de los manglares carnosos y la ácida delicia
de una negra sustancia en las vainas.
Es la miel silvestre de las hormigas en las galerías del árbol muerto.
Es un sabor de fruto verde que acidula el alba que bebes:
el aire lechoso enriquecido con la sal de los alisios…
¡Alegría!, ¡oh alegría desatada en las alturas del cielo!
Las telas puras resplandecen, los invisibles atrios están sembrados de hierbas
y las verdes delicias del suelo se pintan al siglo de un largo día.
01:43
Gitanos, George Trakl
Episode in
Palabras que sanan: poemas en voz de mujer
Arde el anhelo en sus nocturnas miradas,
por aquella patria que nunca encuentran.
Así los empuja un destino nefasto
que solo la melancolía puede penetrar.
Las nubes avanzan sus caminos,
las aves que migran a veces los acompañan,
hasta haber perdido de tarde su huella,
y a veces trae el viento los tañidos del ángelus.
En sus guaridas la soledad de las estrellas
hincha sus canciones llenas de nostalgia
y sollozan maldiciones y penas heredadas,
que sin esperanza las nobles estrellas iluminan.
01:04
Eso era amor, Karmelo C. Iribarren
Episode in
Palabras que sanan: poemas en voz de mujer
Te veía
llegar,
cruzar la puerta,
darme un besazo en el morro,
mirarme a los ojos
de esa manera única,
como solo tú miras
a los ojos: rompiendo
el calendario.
Te veía
hacer esas cosas sencillas
que tú haces
para que el mundo
entre en razón;
y no sabía
a quién
darle las gracias.
EL AMIGO
Llora cuanto quieras
sobre mi hombro,
desahógate,
cuenta conmigo
para lo que te haga falta.
Pero no te equivoques,
no soy mejor que él:
le envidio
cada una
de tus lágrimas.
00:45
Imperfecto, Justo Braga
Episode in
Palabras que sanan: poemas en voz de mujer
Hoy he mirado tu diario
a escondidas y he roto algunas hojas
que llevo conmigo a todas partes.
En ellas he leído tus traiciones.
Dijiste que me amabas a mí solo
y no era cierto.
Te ves con él casi a diario
y es, por lo que leo, magnífico y hermoso.
Es perfecto y además no fuma.
En el fondo casi lo prefiero de este modo
y enterarme por escrito de todo.
Saber que me engañas
me produce cierta alegría.
Lo esperaba.
Ya tenía ganas de contarte
que a mí me pasa lo mismo:
fumo y soy imperfecto.
01:09
Imagen de amor, Ileana Espinel
Episode in
Palabras que sanan: poemas en voz de mujer
Podría renacer de las cenizas,
viva lumbre de sed desparramada.
Podría consumarse en el despojo
de todo lo tangible que perece.
Podría ser el tótem que somete
al exilio la sangre enajenada.
Podría ser la luz, mas es tan sólo
el madero que flota en el naufragio.
00:47
Los teléfonos de la ciudad, Justo Braga
Episode in
Palabras que sanan: poemas en voz de mujer
De vez en cuando escribo versos. Para eso,
necesito estar ausente,
salir del despacho
y jugarme la vida con alguna carambola.
Por las tardes voy al viejo café
en el que tanto nos quisimos
y miro a todas las mujeres
con ese descaro que tú sabes.
En días como estos,
necesito sentirme joven
y quiero llamarte por teléfono.
Entonces veo que estás comunicando,
como siempre,
y salgo corriendo a la calle
y cuelgo todos los teléfonos de la ciudad,
porque pienso que todos son el tuyo.
01:02
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