¡ÚLTIMAS HORAS! Disfruta todo 1 año de Premium al 45% de dto ¡LO QUIERO!

Messi y Riquelme Fábula
Episode in
Podcast Futbol By Hugo Torres Nakaya
Una muy bonita fábula sobre Messi y Riquelme por ESPN FC 107.9FM
07:45
Ruben Techera Universitario y Yo
Episode in
Podcast Futbol By Hugo Torres Nakaya
Dicen que los pueblos que no conocen su historia son proclives a cometer los mismos errores del pasado, pero asimismo no tienen modelos válidos que seguir por esta falta de información o cultura. Por eso con mucho orgullo hemos tenido la grata visita de RUBÉN TECHERA, aquel mítico volante uruguayo, hincha del Nacional, que en 1972 llegó a defender los colores cremas con gran aporte de coraje y pundonor, dejando verdaderamente una imagen positiva al extremo que a pesar que le tocó partir en 1975 aún sigue y seguirá perennizado en el recuerdo de la hinchada plena.
Algo alejado del mundano mundo del fútbol, se encuentra abocado a la prédica del Evangelio a través de la Iglesia Adventista, justamente el motivo de su visita corta pero imborrable a Lima. Pero en esta visita pudimos enterarnos de un hecho que lo pinta de cuerpo entero, que siempre mantuvo en reserva ya que conociéndolo jamás iba a contar este pasaje de su eterna relación con la “U”.
En 1975 se jugó la Copa Libertadores antes los equipos de Peñarol y Wanderers. Universitario ganó ambos partidos y en el primero ante el sub-campeón Wanderers que ganamos 2-0, Rubén Techera anotó de cabeza el segundo gol, con el ímpetu y garra que lo caracterizó al punto de irrumpir con pelota y todo dentro del arco, pero cayó mal y sufrió una lesión en el hombro izquierdo.
El Dr. Jorge Alva -otra institución al interior de una gran institución- le inmovilizó el brazo y l hombro para esperar los 3 días que faltaban para el partido ante el Peñarol. Techera hincha y jugador de Nacional, profesional a carta cabal y hombre que no rehuía a los retos hizo cuestión de estado prácticamente que debía jugar como fuera ante el equipo aurinegro. Es así que el día del partido, le adormecieron con infiltraciones el hombro izquierdo lo que le permitió jugar un espléndido partido que ganamos 1-0 en dramático final donde “Papelito” Cáceres le tapó un penal en la última jugada del partido a Fernando Morena, histórico goleador uruguayo.
Este gesto lo pinta de cuerpo entero, más aún que habiendo transcurrido 33 años de aquellos partidos siempre mantuvo en reserva este detalle, que llegó a nuestro oídos por un comentario de su compañera de toda la vida Graciela, que no sabía que no conocíamos este hecho que generalmente se reservan como temas de camarín o de grupo.
Pero no fue la única prueba que tuvo Rubén Techera en su trascendente paso por la “U”. Regresando de Montevideo luego de los 2 partidos triunfales, nuevamente enfrentaron al Unión Huaral con quienes habían empatado a dos goles en el primer partido. El score se repetía y Techera fue el escogido para patear un penal que hubiera significado el triunfo crema y esperar a los equipos uruguayos con mayor comodidad. Erró el penal y lamentablemente nuestra ignorancia -nos incluimos en el injusto cargamontón- llegó a tener la osadía de pensar que lo había fallado intencionalmente para favorecer a Peñarol, justamente un SEÑOR PROFESIONAL dentro y fuera de las canchas y por añadidura hincha del Nacional, el más encarnizado rival de los carboneros.
Llegó la revancha para Techera el 6 de abril de 1975 cuando a los 37´ del segundo tiempo luego que J. J. Oré había logrado el transitorio 2-2, encontró una pelota dando botecitos en el área e hizo lo que cualquier jugador de fútbol bien formado hace: Cerrar los ojos y darle con alma, vida y corazón. Golazo de la “U”, triunfo histórico y explotó en ese momento el HOMBRE injustamente cuestionado que nos tapó la boca a todos y empezó a sentar las bases para el futuro de su paso por Odriozola.
La siguiente semana y luego de la celebración de aquel memorable triunfo, con José Escajadillo y los arreglos del maestro Víctor Cuadros, compusieron “al alimón” el inolvidable e inmortal tema “UNIVERSITARIO Y YO” que como club grande no nos basta un solo himno sino que tenemos dos. “Trampolín a la Fama” fue el programa donde Rubén Techera cantó por primera vez en público este tema y lo tuvo que hacer 2 veces más en ese mismo programa ante la avalancha de llamadas que pedían escuchar nuevamente lo que es un verdadero sentimiento crema, que llega al alma y no sólo de esas generaciones que fuimos afortunados testigos presenciales de mejores épocas sino también por futuras generaciones que incluso no habían nacido cuando se produjeron estos hechos.
Ayer lo aplaudían y se reunían decenas de miles de personas para verlo jugar en las cancha del Estadio Nacional, hoy ese mismo escenario le sirve para su prédica, aportando para los demás la misma sinceridad y honestidad que tuvo como jugador de fútbol y que hoy mantiene como predicador.
Gracias Rubén Techera.
¡¡¡A TAL SEÑOR… TAL HONOR!!!
08:24
Amor a primera vista (Jaime Bayly) Sporting Cristal Perú
Episode in
Podcast Futbol By Hugo Torres Nakaya
Corría el año de 1979. Para mí, literalmente corría: me escapaba del colegio (corriendo, tras escabullirme por un hueco del alambrado), me fugaba de la casa de mis padres (corriendo por la bajada de los Cóndores, en las alturas de Chaclacayo), huía de mi soledad (corriéndomela).
Yo tenía entonces 14 años y ya algunos desengaños.
Una mañana de invierno me marché de la casa de mis padres. No era la primera vez, no sería la última. Llevaba conmigo una vieja maleta de mi abuelo. Antes de huir, confundí en ella una radio portátil, revista de fútbol, una foto estragada de Farrah Fawcett y algo de ropa.
Qué hubiera sido de mí en esos años sin Pocho y Farrah Fawcett. Pocho me acompañaba en la radio todas las noches (Ovación de radio El Sol; un Perú en sintonía), a Farrah Fawcett la amaba, afiebrado, con una mano. El gordo era mi amigo del alma; la rubia, mi amante furtiva (y en este caso fugitiva).
Escondido en un modesto hotel del centro de Lima, leí en la prensa que Cristal jugaría ese fin de semana en Huancayo. No lo dudé: fuí a la estación de Desamparados, compré un boleto y viajé en tren a Huancayo. Mentiría si dijera que el viaje fue una paliza. Una guapa estudiante de la Católica, que me invitó cigarrillos y me permitió recostarme en sus piernas y acaricio mi aturdida cabeza, me enseñó que es posible encontrar ternura y belleza en un tren de madrugada a la sierra.
Yo todavía no era hincha de nadie. No quería ser de la “U”, tampoco del Alianza. Desde chico me he resistido (es un instinto que agradezco) a estar en las mayorías. Veía con simpatía al Muni y a Cristal. Me gustaba que fuesen equipos marginales, minoritarios.
Tal vez me sentía más cerca del Muni, por que ciertas tardes después del Colegio de regreso a Chaclacayo, me trepaba a los muros del Hebraica y lo veía entrenar.
Cristal era entonces una causa perdida. A mí siempre me han gustado las causas perdidas.
Ese domingo en el estadio de Huancayo fuí uno de los treinta o cuarenta entusiastas que, agitando banderas, golpeando bombos, y fatigando las gargantas, afirmamos a viva voz, sobre los crujientes bancas, nuestra (desolada) pasión por Cristal.
Conocí aquella tarde que no siempre goles son amores: a veces, si los gritas allá arriba, en la montaña, son también soroches.
Borracho de alegría (aunque no solo de alegría), pasé esa noche procurando inútilmente alguna forma de comercio verbal con dos alemanes que, del todo indiferentes a mis ardores futboleros, fumaban, taciturnos, una pipa de marihuana.
Por supuesto, no podía faltar al siguiente partido de Cristal, Habría sido un crimen perderme los desplantes del Loco Quiroga, las operaciones sin anestesia del Panadero Díaz, la aérea elegancia del Gran Capitán, el zig zag del Trucha, la zurda astuta del Ciego y sobre todo, el arte muy peruano de Cachito, que consistía, bien se sabe, en despreciar los goles fáciles (pelota reventada a la tribuna), para sólo convertir los imposibles.
La cita fue en el Nacional de Lima contra la “U”. Compré entrada en la tribuna Oriente para estar con la despoblada barra de Cristal, pero, sobre todo, porque no me alcanzó la plata para comprar Occidente.
Me veo ahora sentado en una banca de Oriente Alta, apretujado, comiendo incontables barquillos, la radio a pilas encendida en Ovación, la voz risueña de Pocho recorriendo como un eco el estadio, los olores recios a fritangas, café y maní, las manos rojas de aplaudir.
Cuando Percy metió el primer gol, un hombre obeso, en guayabera, que había estado observándome sentado en las gradas, me cogió del brazo y, en medio del griterío, me dijo al oído:
- Soy policía, Mejía de la PIP. Vengo contratado por tu viejo. Andaba buscándote. Vamos, tengo que llevarte a tu casa.
Le rogué que me permitiera ver el partido. Se negó, siempre agarrándome del brazo. Tenía que cumplir su papel de duro. Bajando las escaleras, esquivando riachuelos de orina, insistí:
- Ya pues, hermano. Sé buena gente, que te cuesta. Vemos el partido y nos vamos.
En ese momento, las tribunas rugieron gol. Era obvio, por el estruendo de los festejos, que la U había metido ese gol.
- Mierda, nos empataron - dijo Mejía, olvidando sus tareas de sabueso, delatando su pasión por Cristal.- Vamos, corre -añadió, y trepó de dos en dos las pestilentes escaleras, de regreso a la tribuna.
El fútbol tiene esa magia: suspende la realidad, suprime, aunque sólo sea por noventa minutos, las contrariedades y amarguras que a todos nos son inevitables, inventa un mundo propio, donde, por lo general, prevalecen la destreza, el arrojo, la armonía (pero en el cual, como en la vida, no siempre ganan los buenos).
Mejía y yo nos sentamos en las gradas porque mi sitio ya había sido ocupado. Cuando Cristal metió el segundo gol, Mejía saltó, gritó como un oso, exhibió sin pudor su condición de fanático.
Yo no me alegré tanto. Estaba pensando en lo que me esperaba en casa de mis padres después del partido. Pero fue con el tercer gol de Cristal cuando Mejía enloqueció de alegría, me disolvió en un abrazo virulento y, sometiéndome al severo olor de sus axilas, gritó conmigo, como un niño:
- ¡Gol, carajo, Gol!
Saltaba a la vista (literalmente saltaba) que Mejía era un hincha de los que lloran cuando pierde su equipo.
Esa noche Cristal ganó tres a uno, y Mejía me llevó a Chaclacayo. En el camino, media hora de huecos y camiones, sólo hablamos de fútbol, Pocho en la radio comentando y entrevistando desde camerinos (Oye, Panadero, ahora que han ganado, ¿me vas a invitar por fin el cebiche que me debes?). Al despedirnos, Mejía me abrazó con la complicidad de la victoria.
- Nos vemos en el estadio el próximo domingo- me dijo.
Mi padre abrió la puerta. No levantó la voz ni me hizo reproches. Más bien me sorprendió:
- Sabía que ibas a ir al estadio.
Entré en la cocina. Mi madre me esperaba con algo de comida. Me abrazó, resignada ya a mis fugas y desvaríos.
- ¿Estás bien? - me preguntó.
- Si -le dije-, Ganó Cristal.
Todo estaba bien, en efecto. Había olvidado mi radio a pilas en el estadio y mi foto de Farrah Fawcett en el hotel, para no mencionar el penoso regreso a la casa de mis padres, pero la certeza de saberme hincha de Cristal compensó sobradamente esos percances.
A Mejía lo volví a ver en el estadio. Llevaba consigo una radio a pilas que, estoy seguro, era la mía.
08:32
Carlos Gardel y el fútbol
Episode in
Podcast Futbol By Hugo Torres Nakaya
Mucho se ha hablado de la presencia de Carlos Gardel en las concentraciones de los seleccionados de Argentina y Uruguay, en el día previo a la gran final de la Copa del Mundo de 1930, en Montevideo.
Después de saludar a los uruguayos en el lugar donde se hospedaban, Gardel se dirigió a La Barra de Santa Lucía -distante varios kilómetros de la capital uruguaya- donde "velaban sus armas" los argentinos.
Una vez llegado al lugar, según lo relata Pancho Varallo -por aquél tiempo delantero de 19 años, figura de nuestro seleccionado- Gardel se puso a charlar con casi todos muchachos, excepto con Orlandini y Mario Evaristo, porque estaban durmiendo la siesta.
"Lo llevamos a Gardel a la habitación de Orlandini y Evaristo, que dormían como angelitos. La sorpresa de Gardel fue grande cuando vio que esos jugadores argentinos, dormían vistiendo la camiseta celeste y blanca. "¡Como quieren la camiseta!, me comentó Gardel", recordaba Varallo. Después, comieron algo, Gardel cantó un par de tangos (foto) y jugaron un rato a la Lotería.
"Al otro día, fuimos a jugar la final al Centenario -prosiguió Don Pancho- y como algunos compañeros estaban asustados por el entorno, no jugaron todo lo que podían. A mí, que era un pibito, el defensor uruguayo Lorenzo Fernández, me dijo en pleno partido: "mira, botija, apenas agarrés una pelota, te hundo en el césped, te mato".
El otro back, Gestido, que era un señor y que escuchó la conversación, me tranquilizó: "no le hagas caso, botija, jugá tranquilo. Es que Lorenzo es medio loco". Al final, perdimos 4 a 2, pero si el partido seguía quince minutos más, nos hacían siete".
03:09
Una Historia de Fútbol y Navidad
Episode in
Podcast Futbol By Hugo Torres Nakaya
La Primera Guerra Mundial había empezado en Junio de 1914 y enfrentó a los imperios alemán y austro-húngaro, más el otomano, con el resto de los países europeos. Ese mismo año, en el frente occidental de la guerra, se había demarcado una franja de territorio (línea según el mapa) por unos cuantos kilómetros en Francia y Bélgica, hacia cuyos lados estaban los dos bandos (alemán por uno, británico-francés por otro).
Se le dio en llamar “La Tierra de Nadie”, y no tenía más de cincuenta metros de ancho. En esa misma franja de territorio se desarrolló por tres años la Guerra de Trincheras, una serie de ataques de uno y otro bando, hasta que Estados Unidos entró en guerra (1917) para torcer el conflicto en favor de los aliados.
Lo cierto es que para Diciembre de 1914 habían aparecido algunos movimientos pacificadores, promovidos por un grupo de mujeres británicas y también por el Papa Benedicto XV. Mientras tanto para fines de mes, en la región de Ypres (Bélgica), del lado de la trinchera alemana, los altos mandos de este ejército habían mandado distintos adornos con los que adornar los arbolitos de Navidad y también distintas provisiones (a modo de regalo y de motivación) para los hombres de la guerra, como chocolates y cigarrillos.
Los soldados alemanes pretendían, en su fuero íntimo, pasar aunque sea una Navidad en paz en medio del horror de la guerra, igual que los ingleses y franceses. ¿Pero cómo expresar este deseo sin que se enterasen los generales? En la gélida madrugada del 25 comenzaron a decorar los arbolitos (más luces que “arbolitos” dadas las condiciones), en señal amistosa, ante la sorpresa inicial de los soldados enemigos. Ya por la mañana del 25 empezaron a cantar distintos villancicos como "Noche de paz, Noche de Amor".
Los soldados ingleses y franceses, apostados en sus trincheras, al ver lo que ocurría del otro lado, soltaron banderas blancas en tren de paz y comenzaron a caminar lentamente hacia la Tierra de Nadie. Y así ambos bandos fueron caminando en direcciones opuestas y se fueron encontrando cara a cara. Las armas habían quedado a un lado, aunque sabían -muy a su pesar- que esos mismos que ayer eran enemigos, en pocos días volverían a serlo.
El encuentro en aquella Navidad nevada fue de abrazos y reencuentros, y de cantar juntos las canciones navideñas. También se intercambiaron regalos (cigarrillos, chocolates y alcohol; gorros y botones) y enterraron a los caídos que no habían recibido sepultura, en un emotivo homenaje. Y jugaron un partido de fútbol también, o varios según las crónicas. Lo cierto es que en medio de aquel frío no se sabía bien los límites de la “cancha”, usaron los buzos (pese al frío) como palos y ni que hablar que no había jueces. Podía jugar cualquiera, no importaba su origen, y cuando un hombre caía al suelo -resbaladizo- venía otro a levantarlo. El “partido” terminó cuando apareció un soldado para testimoniar el hecho, y según dicen terminó con victoria alemana por tres a dos.
El soldado que dio cuenta de este suceso fue el alemán Johannes Niemann, y así lo inmortalizó en una de sus epístolas: “Un soldado escocés apareció cargando un balón de fútbol; y en unos cuantos minutos, ya teníamos juego. Los escoceses hicieron su portería con unos sombreros raros, mientras nosotros hicimos lo mismo. No era nada sencillo jugar en un terreno congelado, pero eso no nos desmotivó. Mantuvimos con rigor las reglas del juego, a pesar de que el partido sólo duró una hora y no teníamos árbitro. Muchos pases fueron largos y el balón constantemente se iba lejos. Sin embargo, estos futbolistas amateurs a pesar de estar cansados, jugaban con mucho entusiasmo. Nosotros, los alemanes, descubrimos con sorpresa cómo los escoceses jugaban con sus faldas, y sin tener nada debajo de ellas. Incluso les hacíamos una broma cada vez que una ventisca soplaba por el campo y revelaba sus partes ocultas a sus ‘enemigos de ayer’. Sin embargo, una hora después, cuando nuestro Oficial en Jefe se enteró de lo que estaba pasando, éste mandó a suspender el partido. Un poco después regresamos a nuestras trincheras y la fraternización terminó. El partido acabó con un marcador de tres goles a favor nuestro y dos en contra. Fritz marcó dos, y Tommy uno”.
Esta tregua navideña, que en algunas partes del frente duró hasta fin de año y en la que se vieron envueltos hasta cien mil hombres, se dio en llamar la "Tregua de Navidad". Luego hubo algún otro atisbo de tregua durante los tres años posteriores en que duró el conflicto, pero ninguna tan importantes como esta. Los altos mandos de ambos ejércitos -entre ellos Adolf Hitler- montaron en cólera cuando se enteraron del hecho, y juraron vengar a los principales promotores de la tregua, además de asegurarse en los años venideros generar un conflicto en estas mismas fechas, aunque fuese “inventado” por ellos mismos. También intentaron borrar cualquier prueba de los acontecimientos, quemando cartas y coartando a la prensa; sin embargo, para principios de 1915 ya los diarios británicos daban cuenta de algunas cartas y fotografías que algunos soldados habían mandado a sus familias contando los hechos tal cual fueron.
Hoy en día, en Ypres, hay una cruz que recuerda aquella efímera pero sentida paz navideña. Para la humanidad siempre ha sido uno de los episodios más esperanzadores en medio del odio y un acto de fe en el ser humano a pesar de estar en las peores circunstancias. Igual que para Paul McCartney, que les tributó un video a aquellos valientes soldados.
07:16
Moacir Barbosa
Episode in
Podcast Futbol By Hugo Torres Nakaya
texto de Eduardo Galeano sobre Moacir Barbosa Portero de Brasil en 1950 en el Maracanazo, injustamente culpado por un crimen que no cometio
04:13
Manuel Burga en RPP 2/26/2012
Episode in
Podcast Futbol By Hugo Torres Nakaya
La Cadena Radial RPP entrevistó a Manuel Burga Presidente de La Federación Peruana de Fútbol
48:00
Mundial del 50
Episode in
Podcast Futbol By Hugo Torres Nakaya
Texto de El futbol a sol y sombra de Eduardo Galeano
05:17
More of huguin View more
Podcast Serie Perú
Updated
Podcast Hector Lavoe
Updated
Guisando 1969
Updated
You may also like View more
En los Camerinos
Podcasts dedicado al Fútbol Internacional, Nacional y nuestro Deportivo Táchira, bajo la conducción y comentarios de La Nena Davila y Willian de Jesús Mendoza
Produce RUM Stereo del Grupo ALJ Updated
Fanáticos y Campeones
Este es el programa que los seguidores del Deportivo Cuenca y amantes del fútbol prefieren.
De Lunes a Viernes (7pm a 8pm) con Diego Zea, Germán Morales, Jorge Ávila y Diego Martínez. Updated












