VII
América te he dado todo,
ahora no soy nada
Allen Ginsberg
América, mis raíces vienen de la tierra negra
& a la tierra negra he devuelto la semilla blanca.
Esto que soy, este montón de huesos,
convertidos fueron sobre el canto del viento;
se tornaron juego, palabras, suspiros;
todos se cubrieron de ego:
me calzaron, me vistieron, me domaron y luego
me abandonaron al tiempo
& me quedé con el canto escurriendo por mi mano.
América, esta mancha blanca, esta sangre depredadora,
esta idea tuya de la vida:
me hace nudo la calma,
me rompe cada mañana.
Al amanecer de mi memoria lo estalla;
me deja en silencio,
me resguarda en medio de la pesadilla humana.
América, del trigo vengo & el maíz está en mi sangre:
soy mar, del río caigo. Soy espada, soy jade:
soy guerra, violencia, amor impuesto,
una oración nocturna ante la duda absurda.
Si canto, las cañadas estallan.
Si bailo, los ríos sangran: no sé tejer la tierra,
no sé bailar para unir al universo,
no veo el ombligo del fuego nuevo: tu lengua
se me escapa.
América, soy niña, flor, tierra negra;
en el vacío monto sobre el terrible silencio.
El paisaje es roca, las ciudades histeria, los gusanos
delirio que traga viento.
Soy duelo, moneda rota, semilla perdida.
Soy una roca pintada por la mano de una niña;
soy palabra en medio de la niebla,
una cruz blanca en la guerra,
una granada que cae entre tus hijos.
Sigo siendo la prueba de tu derrota.
En mis manos, en mis piernas,
veo a las mujeres humilladas en tiempos de guerra;
en mis ojos veo los del depredador furtivo:
demonio blanco de oscura mirada,
de cabello negro, de piel nevada,
de implacable deseo.
A morir vengo; exploro mis polos, descifro mis códigos,
doy trazo a mi paso.
Sueño con dar dirección a mi aliento en el universo;
sigo contemplando la belleza de otras dimensiones
donde soy la niña flor, la tierra negra, el aire volcánico,
el agua marina, el fuego de estrellas.
Allá, soy la voz de la niña que se hunde en las nubes
para alcanzar las palabras vueltas mariposas en ruta al sur,
invasoras de la miseria humana.
Allá, soy hoja seca migrante de la brisa,
una gaviota atrapada en la tempestad,
un grano de arena cayendo desde una estrella en agonía.
Me reconozco en el dolor de la tortuga sobre la arena.
Destilo violencia.
Fragmento VIII
VIII
Emigro como todos los días, escapo por el cinescopio.
Hartos del asfalto, de los cielos espejo,
de las nubes incrustadas en rascacielos,
mis ojos suben al avión para saltar & rebotar sobre el cielo.
Me dirijo al bosque de lo eterno,
al llano extenuado, al valle de la simpleza.
Habrá que pasar de largo volcanes y montañas,
volar sobre la cordillera de plata,
habrá que dejar atrás al miedo.
Mis ojos caen por el despeñadero y en su caída
lanzan madejas de histeria. Hartos,
se masturban con la seda de las nubes,
se lanzan sobre los labios del hombre que lo calcina todo.
Transmuto. Mi piel es hielo, mi lengua desolación.
Soy el exterminio de los nahuales.
Huyo de la farsa.
Algunas veces, sólo veo el dibujo del olvido, & escucho
estruendosos balbuceos; entonces,
colecciono los recuerdos que nos quedan de las palabras viejas, caigo al vacío,
me ahogo en silencio & la duda viaja en la punta de mi lengua.
Instalada en dichas circunstancias,
la extrañeza me ha convertido en caos,
en fuga, en pregunta, en amnesia.
A veces, me gustaría atrapar al pasado,
desterrarlo a un hoyo negro.
A veces, trato de alcanzar al futuro, detener al tiempo & entonces:
caigo sobre el espejo,
me pierdo en la neblina, encuentro murallas.
Me descubro como una tonta, aterrorizada por el pragmático deseo, me angustia la apatía. Me oprime ver el carnaval de las muecas, el desierto de la miseria, la realidad entera.
Monica Gameros
1ra edición Cascada de Palabras, cartonera México 2011
2da edición El Quirófano ediciones, Ecuador 2012
http://monicagameros.blogspot.mx/2011/09/dasein-la-nina-flor-de-monica-gameros.html