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Podcast de revistaelbosque
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La cabaña

Poema "La cabaña" publicado en 2015 en la revista. Autora: Erika Gómez Salinas
Art and literature 8 years
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El Fedón - Eiffel Ramírez

El Fedón Ningún antiplatónico podría negarle a Platón lo siguiente: la maestría de componer un drama. Menos aún luego de la lectura del Fedón. Pueda que el confortable escepticismo domine mi alma por un gran tiempo, pero mientras duren estas imperturbables horas sentado en mi diván con aquel libro, me he de declarar un ferviente platónico. El Fedón –una cosa literaria o filosófica, he aquí otra vez la conocida disputa–, no sólo nos atrapa por su dramatismo y escenas gloriosas, sino también por aquello que el propio Fedón declaró a Equécrates en los inicios del diálogo: había una mezcla desacostumbrada de placer y dolor. Los hechos narrados ocurren en el preludio de la muerte de Sócrates, por lo que ha de generar mayor interés en saber qué habría de decir aquel hombre justo antes de beber el veneno. Muy temprano, los amigos y familiares van a despedirse. El barco de peregrinación que se había enviado a Delos regresó a Atenas y por tanto ya se podía dar cumplimiento a lo ordenado por los jueces. Existía todavía un lapso de tiempo, que fue aprovechado por Sócrates y sus amigos para empezar una última discusión, y qué mejor tema que el de la inmortalidad del alma. Introduce Sócrates esta frase: “(...) tengo la esperanza de que hay algo reservado a los muertos”. Entre argumentos y contraargumentos, Sócrates –o Platón–, defiende su postura de que luego de la muerte el alma sobrevive al cuerpo. En una de sus frases concluyentes, dice: “(...) vale la pena correr el riesgo de creer que es así”. Pero durante este entretiempo, el lector ya no piensa en la prontísima muerte de Sócrates. Nos quedamos cavilando solo en las sentencias que se están disputando entre los amigos, y es tal la serenidad que evoca el Diálogo durante esas hojas, que desecha toda idea de una pretensión por parte de Sócrates a una última apelación o consuelo. Sócrates quiere morir convencido. Había dicho antes: “(...) cuantos se dedican por ventura a la filosofía en el recto sentido de la palabra no practican otra cosa que el morir y el estar muertos.” Y al final, en el momento cumbre de tener que tomar la cicuta, lo hace calmadamente. No falta la chispa de ironía en estos sucesos –¿propia del conocido carácter irónico de Sócrates o de la habilidad literaria de Platón?–, cuando Sócrates ordena que se retiren las mujeres y los niños, para que se quede a solas con sus amigos, sin embargo, estos rompen a llorar, a lo que él les reprocha: “¿Qué es lo que hacéis hombres extraños? Si mandé a las mujeres afuera fue por esto especialmente, para que no importunasen de ese modo (...)”. Y sus últimas palabras, cuando ya medio cuerpo estaba muerto: “Oh Critón, debemos un gallo a Asclepio. Pagad la deuda, y no la paséis por alto”. Nos quedamos extasiados, acabados y también sin consuelo. Tan álgidas discusiones para acabar con una escena memorable. No habrá quizá un final más perfecto que este. De alguna manera es cierto aquello que, cuando cerramos este libro, tan sólo atinamos a mirar el cielo y levantar los brazos. Cleómbroto de Ambracia, según la tradición, se arrojó al mar luego de su lectura. Es probablemente el primer reporte de un lector suicida. Luis Gil, el traductor del Fedón, sobre el cual me baso, se preguntaba sobre el diálogo: “¿Cuál será el destino que en tiempos venideros le estará reservado a nuestra obra?” Yo tengo además otra: Carísimo Platón, ¿cuáles habrán sido tus últimas palabras?
History and humanities 10 years
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El poder del Zatrix

Cuento publicado en la edición número 3 de la revista de creación literaria "El Bosque" f/revistaelbosque En la voz del autor: Bryan Villacrez
Art and literature 10 years
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El cuerpo de la bestia - César Santivañez

El cuerpo de la bestia Juguemos, niñas. Juguemos, frenéticas. Corramos, con arena entre los dedos y los pulmones llenos de mar. Volemos con piececitos huesudos sobre la espuma de la orilla, mientras allá en casa se cuece un estofado que tan bien nos sentará cuando hayamos terminado de jugar a esto que se llama infancia, y que despide un aroma a sudor limpio mezclado con cabellitos marrones y gritos ensalivados. Huyamos, riendo, de todo lo que aún no existe para nostras, de aquello llamado hastío, por ejemplo. Ocupémonos de nada, perdámosle el miedo al valor de las cosas. Hay tanto que… ¿Lo oyeron ustedes también? Vino del otro lado de la playa, desde detrás de aquel peñasco. ¿Lo escuchaste, Fátima? ¿Lo escuchaste tú también, Brenda? Fue como un alarido, un grito de garganta ronca y cerrada cayendo desde algún lugar que no vimos por estar concentradas en nuestra prodigiosa y rozagante alegría. Corramos. La que llegue última huele a pescado. Más rápido, Brenda, quítate los zapatos, que luego se llenarán de arena y en tu casa se darán cuenta de que no fuiste hoy a la escuela, y te castigarán, nos castigarán a las tres, sobre todo a mí, por ser la mayor. Ya sentimos las punzadas de las primeras piedras, aminoremos el paso. Detengámonos en la boca del pequeño agujero desde donde parece brotar el sonido lastimero, rasposo, sin eco. Asómate tú, Fátima. Siempre has sido la que persigue lagartijas, y la que nos cuenta historias de besos y sexo entre risas apagadas y sorbitos de gaseosa de naranja. Está bien, no lo hagas esta vez. Me asomo yo. Pero entonces tú hueles a pescado. Con cuidado. Mira si es pequeño, esto, pero negro, y aún conserva algunas plumas. No sé, Fátima, no sé por qué no tiene pico, será quizás porque no es un ave. Tomémonos de la mano, las tres, rubriquemos nuestra curiosidad entrelazándonos y dejando que el estrépito de las olas devore nuestra respiración agitada, inundada de ansiedad tosca y desbocada. Sí, es cierto, parecen pequeños dedos, los que asoman por ratos entre la piel quebradiza, intentando aferrarse a las paredes de roca. Parece que está enfermo. Sí, enfermo, no enferma. Es macho, lo sé por sus ojos nerviosos y desafiantes, como los de aquellos muchachos, la vez que decidí pintarme los labios para ir a la iglesia. ¿Recuerdas, Fátima? ¿Recuerdas cómo me defendiste aquella vez, y les saltaste a todos a arañazos justo antes de que sus manos me invadieran e interrumpieran esta inocencia mía que tantas molestias nos trae? Ve a buscar una ramita, Brenda, o lo que sea. Yo a esta cosa no la toco. Está bien así. Esto servirá para jugar con él. Piquémoslo en la frente, mira cómo se hunde la ramita, parece que estuviera hecho de cartílagos. Sí, niñas, yo también lo vi estirar sus garras en un afán inútil por clavarse en la madera. Será quizás que tiene miedo, que aún no recupera del todo la conciencia, luego de la caída. Mira su nariz, es tan parecida a la tuya, Fátima. No, no rías, que cuando ríes te le pareces más aún, y las que sentimos miedo somos nosotras. Mantente seria, mientras hincas su estómago y la criatura entreabre sus labios y nos deja echar un vistazo a sus fauces mínimas y rosadas, secas, pobladas de dientes desordenados y de formas caprichosas. Nos gusta, hazlo de nuevo. Te queremos, criatura desplumada. ¿Qué haces, Brenda? ¿No ves que con la ramita todavía era seguro, pero que si lo picas con el dedo eso puede morderte y adueñarse de un retazo de tu carne? Pero a ti nada te importa. Nada, porque tú eres estúpida e inocente, y te diviertes cayendo de rodillas en la playa y aplastando las corazas de los cangrejos una vez por semana. Te gusta ir por la vida con las rodillas magulladas y mostrar en secreto tus heridas a los profesores, provocarlos con tu sangre. Dale la vuelta, Brenda, dale la vuelta a esa cosa así como te das vuelta por las noches para apagar tu llanto con la almohada. Cuéntanos más, cuéntanos cosas que no necesitemos saber. Haznos partícipes del desenlace de tus costumbres, del porqué de tus costras. ¿Eso fue un grito? ¿La criatura ha muerto, acaso, cuando le has dado la vuelta y le has rascado aquello que tiene por espalda? Lo sabemos, sabemos que no hacías más que buscar algún vestigio de alas en su anatomía débil y contrahecha. Pero la verdad es que no ha sido un grito, eso también lo sabemos, aunque no nos atrevamos a decirlo. Ha sido un gemido, y nada más. Sigue, Brenda, que parece que le gusta, que les gusta a ambos. Cuidado, alguien puede vernos e ir con el cuento a nuestras casas, y te castigarán, nos castigarán a las tres, sobre todo a mí, por ser la mayor. Nadie viene. Era una gaviota, la que paseaba por ahí. Tú no te distraigas, Brenda, continúa jugando con tu índice. Más rápido, que nos dan risa los sonidos que eso emite, y está claro que estamos siempre a la espera de más y más risas. Paremos de reír, ahora, y contemplemos con asco cómo la criatura se retuerce y pronuncia un arco con su columna, para luego dejar escapar por algún lugar de su cuerpo aquel líquido viscoso-verde-transparente. Listo, ya está, ahora riamos nuevamente, mientras Brenda se quita las medias y corre a sumergirse en el mar hasta las rodillas para enjuagarse el momento con un golpe de agua fresca. Es tu turno, Fátima. Veamos si puedes hacer que eso haga lo mismo. Contemplemos tus ojitos de rata entrecerrarse detrás de tus lentes, mientras aplastas a la criatura contra su propio líquido esparcido en la piedra porosa y erosionada no tanto por el mar como por nuestra inocencia. Sí, lo estás consiguiendo, eso está gimiendo otra vez desde que dejaste de herirlo con tus uñas mal pintadas. Pero ahora sus gemidos tienen forma de burbujas viscosas-verdes-transparentes. No, ese líquido no es aún el tuyo, es el rastro de Brenda en la vida de esta hermosa ave negra sin pico, con labios y garras. Está bien, inténtalo una vez más, que parece que ahora sí. Corre, Brenda, acompáñanos a verlo debatirse una vez más entre el rugido y el grito, entre la piel y la roca. Corre y únete a nosotras en este ritual secreto que no tiene nada de pecado, pues esta criatura es cualquier cosa, menos humana. Sonríe mientras damos palmaditas de triunfo, al ver duplicarse la cantidad del repugnante producto de esta travesura. No, Fátima, tú no te enjuagues, ni se te ocurra huir y enjuagarte. Tú quédate así y obsérvame, obsérvenme las dos, que soy la mayor, y sé mejor que ustedes cuánto duele el mundo. Escuchen cómo predigo mis movimientos, ahora. Cierro el puño con fuerza, decido usar los nudillos, no como ustedes, niñas débiles. Esto es algo que requiere de fuerza y truco. No me miren, que mientras presiono, pienso. Y pienso en mí, y en las tres, y en cuánto tiempo nos queda antes de saborear el estofado, y si la vida nos regalará más instantes como este, y si el cielo nos enviará acaso más criaturas misteriosas que nos dejen cometer con ellas actos dulces y execrables. Las quiero, presiono, y ahora sí, usaré los dedos, porque si presiono más esto terminará ahogándose y no me permitirá tener una réplica personal de la alegría que hace un momento experimentaran, amigas mías. Cálmate, gritas tú, Fátima, y gritas cuidado, Brenda, aunque yo no las escuche más, y permanezca absorta en mi paisaje interior lleno de dudas oscuras y botoncitos cosidos y vueltos a coser, de postres insípidos y labios insípidos de muchachos insípidos. Déjenme voltear a mirarlas, mientras me esfuerzo en ignorar lo que sucede debajo de mi mano. No quiero darme cuenta, no quiero saber que eso ha muerto ahogado en su propia emanación, en una última descarga. Levántense conmigo, pongámonos de pie y ayúdenme a vomitar y a manchar los zapatitos de Brenda, que llora pero luego sonríe porque se siente grande y magnánima cuando dice que no importa, que las cosas horribles merecen morir ahogadas, que por eso también existe el mar, porque seguramente habrán más de esas cosas horribles muertas y sumergidas por ahí, pero no lo sabemos. Corramos, niñas. Corramos a nuestras casas, a renegar de la comida y a dar golpes en la mesa con nuestros tenedores. Celebremos nuestro apetito. Y, a medida que nos vayamos acercando al caserío, volvamos a recobrar la sonrisa que nos une, que nos atará por siempre. César Santibáñez El Bosque, Nro. 4 (edición impresa)
Art and literature 11 years
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El último sueño - Ana Lucía Salazar

Cuento que se recogió en la edición número 3 de la revista. Disfruten de los detalles de la vigilia y el sueño, los planos superpuestos de realidad y ensueño, una manera de acercarse a la profunda incertidumbre que tenemos mientras existimos.
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Cuentos y Relatos Espacio no profesional dedicado a la lectura de Cuentos y Relatos clásicos realizada con voz humana (sin IA) y amenizada con una ambientación musical o sonora. Literatura de todos los géneros: Misterio, Ciencia Ficción, Terror, Fantástico, Policíaco, Costumbrista... No son audios dramatizados, no son locuciones, no son narraciones. Son simplemente lecturas amateur y un proyecto absolutamente desinteresado y sin ánimo de lucro. Algunos de los audios de este podcast pueden herir la sensibilidad del oyente debido a su contenido o lenguaje explícito. Si te consideras una persona sensible en este aspecto, por favor, no lo escuches y elige otro podcast más acorde a tus gustos, de lo contrario, adelante, estás en tu casa. Espero que lo disfrutéis tanto como yo lo hago durante la producción de estos audios. Gracias por anticipado y también por vuestra presencia. ¡Un saludo! Por favor, si te gusta algún audio, no olvides darle al "Me gusta" y compartir en tus redes sociales. ¡Muchas Gracias! Advertencia: Por motivos obvios, cualquier comentario ofensivo, falto de respeto o improcedente, será automáticamente eliminado del podcast. Blog: https://lanebulosaeclectica.blogspot.com.es/ Updated
La Bala Mágica Marta es una periodista con un sexto sentido para detectar las mentiras que se publican y los intereses que a veces hay detrás de ellas. Ese talento natural hace que el Estado se interese por sus servicios y la contrata en una unidad especial de carácter reservado destinada a luchar contra la desinformación. Una vieja teoría de la conspiración capta su atención: “las empresas energéticas llevan años ocultando que la basura puede convertirse en combustible”. A medida que avanza en la investigación, Marta se va convenciendo de que quizá no se trate de un bulo. Comienza a creer que ha habido desapariciones de científicos, informes destruidos, periodistas que han salido de los medios en los que trabajaban… Incluso empieza a sospechar de sus propios jefes y de algunos de los expertos que le han ayudado a desentrañar otras teorías. La Bala Mágica es una ficción de Summer Story impulsada por Repsol. Protagonizada por Irene Escolar, Silvia Abascal, Carlos Peguer y Roberto Álamo. Dirigida por Álvaro de Cózar. Creada por Álvaro De Cózar, Íñigo Anzizu y Jerónimo Andreu. Guión: Álvaro de Cózar, Jerónimo Andreu y Alba Carballal. Diseño sonoro, montaje y grabación: Josefina Rozenwasser. Técnico de sonido: David Gutiérrez . Música original: Iván Ruiz Serrano. Diseño gráfico de la Agencia Summer. Producido por Iván Pérez y Paloma Lizarraga. Asistente de producción: María Baldasano. Producción Ejecutiva: Pilar Sayáns. Con las voces de: Antonio Gil, Pepe Ocio, Francesco Carril, Alex Nebot, Fabio Espinosa, Eva Egido, Erik Gatby, Roberto Cerdá. Alejandro Diéz, Fernando Pedraza, Eva Torres y los ganadores del casting interno de Repsol: David José Martín Alcalde y Gabriela Castro de la Puente.  Updated
La Cultureta Rubén Amón, Rosa Belmonte, Guillermo Altares, Isabel Vázquez JF León y Sergio del Molino hablan sobre cine, música, libros, series y mucho más... Updated
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