Para poder hacer un recorrido por los estadios del desarrollo de la inteligencia según Piaget vamos a tomar una idea propuesta por Juan Delval (en el capítulo 15 de El desarrollo humano), por la cual caracterizamos los “egocentrismos” de los puntos de partida y hacia donde se descentra en cada estadio.
La clasificación de los estadios que vamos a tomar es la utilizada por Jean Piaget y Bärbel Inhelder en el libro Psicología del niño (Morata, Madrid, 1969), una obra tardía en la que explica los estadios con la lógica del recorrido constructivo centrado en las edades (vale aclarar, entre paréntesis, siempre que las edades son orientativas, pues depende mucho de los diversos factores del desarrollo, que los autores explican en la conclusión: Maduración, Experiencia, Interacción social y equilibración, gracias a los cuales podemos asumir la inclusión de las posiciones diversas sobre el conocimiento en las tres primeras, incluyendo la equilibración como un meta factor, un factor de factores, pues nos informa sobre la variación de influencia de cada uno de los tres otros factores, Maduración, Experiencia e Interacción Social, variando en cada aproximación cognoscitiva)
En algunos textos Piaget sugiere que la construcción conceptual tuvo que ser desde las estructuras más complejas del pensamiento y, preguntándose sobre en qué estructuras estaban basadas, fue haciendo un camino regresivo hasta llegar al nacimiento y, según sus palabras, les estructuras cognoscitivas están sostenidas en estructuras biológicas. (ver Génesis y Estructura en Psicología de la Inteligencia en Seis Estudios de Psicología)
Por una cuestión práctica, nosotros vamos a comenzar desde el nacimiento.
Cuando nace está centrado en su propio cuerpo, por así decir, en el sentido en el que no consigue admitir la existencia de nada exterior, como si no hubiera un mundo externo o como si fuera una sola cosa. Piaget usa una metáfora muy interesante, dice que para el neonato el mundo está compuesto por cuadros móviles que aparecen y desaparecen. Esos cuadros móviles son sensaciones de todo tipo que, al no tener construidas nociones de si mismo y de afuera, no pueden ser clasificadas ni siquiera concebidas en su continuidad.
Si ven un objeto moverse, si escuchan un sonido o si sienten la ropa sobre piel, son ellos quienes deben darle continuidad y coherencia, la postulación de Piaget es que esa continuidad no existe al inicio, de ahí la metáfora de cuadros móviles que aparecen y desaparecen. Pero en cuanto van reconociendo sensaciones que se repiten, aunque todavía no puedan reconocerlas como exteriores, van construyendo la noción de algo que tiene regularidad, este es el inicio del conocimiento. Van a tener que pasar varios meses (aproximadamente 18) para que logren construir con cierta consistencia la noción de un mundo exterior, por supuesto que, durante esos meses van a tener que ir dando pasos en esa dirección.
Las categorías de la construcción de lo real en el niño son Objeto, Espacio, Tiempo y Causalidad. Son esos aspectos básicamente en los que el niño va a tener un progreso extraordinario durante los primeros 18 meses (aproximadamente)
La descentración se dará desde el propio cuerpo hacia concebirse como un objeto más entre otros objetos que siguen existiendo aunque él no actúe sobre ellos. También deberán acompañar la descentración las nociones de espacio, tiempo y causalidad.
La noción principal que permite este pasaje es la construcción de la capacidad de representación. Representar objetos o personas ausentes es la llave para todo lo demás. Me atrevería a decir que es también un punto de no retorno en la construcción subjetiva. Es la entrada activa al mundo de lo simbólico. Evidentemente este mundo simbólico influye desde antes de ser concebido, pero lo que estoy proponiendo es que, a partir de la construcción de la noción de representación, esta posibilidad es explorada activamente por el sujeto. Lo que abre un universo, metafórica y literalmente.
Es así que ingresa al siguiente estadio: el de la función semiótica (también llamado preoperatorio), entre el año y medio y los 6 o 7 años aproximadamente.
En este estadio el niño comienza centrado en su propio punto de vista, es decir, al inicio no logra tener en cuenta otros puntos de vista, es un egocentrismo en la representación. La función semiótica se expresa en cinco aspectos según Piaget: las imágenes mentales, la imitación diferida, el dibujo, el juego simbólico y el lenguaje. En todas estas expresiones se pueden registrar esta situación.
La descentración se va a ir produciendo durante este período hacia la construcción de la capacidad de integrar, de articular el propio punto de vista con los puntos de vista de otros. Así es que, para el final del estadio, va a estar en condiciones de tener en cuenta su punto de vista con los puntos de vista de los demás. Un ejemplo para tener como “receta” es la diferencia de un grupo de niños jugando con una pelota. A los 3 o 4 años muy probablemente los encontremos corriendo a todos detrás de la pelota, mientras que para los 7 ya pueden estar en condiciones cognoscitivas de esperar el pase, calcular el movimiento de los adversarios y los compañeros, pasar la pelota, etc. Todo gracias a la posibilidad de articular el propio punto de vista con los otros.
Y así llegamos al siguiente estadio, el de las operaciones concretas. Un estadio que va entre los 6/7 años hasta los 11/12 aproximadamente. Lo que caracteriza a este estadio es la construcción de nuevos modos de comprender la realidad. Sobre la capacidad derivada de la representación y, con la recientemente construida descentración del propio punto de vista, los niños ahora están en condiciones de comenzar a operar sobre la realidad. El adjetivo concretas refiere a las referencias realistas. Lo que quiere decir es que ya es capaz de operar con tres de las cuatro operaciones lógicas: Identidad, reversibilidad simple y reversibilidad por reciprocidad de las relaciones. En síntesis, el egocentrismo en el período operatorio concreto comienza con las referencias realistas del mundo y se descentra justamente hacia la capacidad de operar sobre sistemas de clases y relaciones. Lo que abre la puerta al pensamiento del siguiente estadio: el de las operaciones formales.
El pensamiento operatorio formal le permite al sujeto razonar sobre proposiciones, aunque sean inverosímiles o incluso inexistentes. Es el pensamiento de todos los mundos, posibles e imposibles, por decir así. A los tres tipos de operación ya construídas en el período operatorio concreto: Identidad, Reversibilidad simple, Reversibilidad por reciprocidad de las relaciones se le agrega un cuarto tipo de operación: la inversa de la recíproca (una especie de regreso al punto de partida)
A estas alturas se preguntarán si es que hay algún egocentrismo en el estadio de las operaciones formales y la respuesta es… SI
El estadio comienza con un egocentrismo en las ideas o sistemas de valores propios de la comunidad de pertenencia, una suerte de versión ampliada de la que caracteriza al niño al comienzo del período de la función semiótica (en aquella ocasión respecto del propio punto de vista) y es de esperar, aunque en la actualidad parezca excesivamente optimista, que se descentre hacia la articulación del punto de vista de su colectivo o comunidad con los puntos de vista de otros colectivos o comunidades. El tamaño es discutible, puede tratarse desde una familia, un club, un partido político, un país, una región, una cultura, un hemisferio… En todo, caso, viendo los sucesos de la historia de la humanidad resulta una bella utopía, pero como toda utopía nos sirve como valor de referencia, hacia donde dirigirnos.