04 de abril de 2020
San Ambrosio
**Un hombre bendecido por las abejas.**
EL NIÑO DE LA MIEL EN LA BOCA Y EL CAPITÁN EN CUARENTENA
No sé muy bien qué puedo rescatar del santo de hoy.
De repente en el santoral aparece un hombre que no fue perseguido, no fue cortado en pedazos, no fue comido por los leones, no se convirtió pasando el resto de su vida a meditar en un desierto.
Pues, Ambrosio fue un cristiano que, de ser gobernador exitoso, alcanzó el prestigioso título de obispo de Milán. Se dice que tardó en aceptar su destino. Entonces sí, adoptó un estilo de vida ascético, repartió su dinero a los pobres empezó a ayunar y a estudiar teología.
Fue el primer cristiano en conseguir que se reconociera el poder de la iglesia por encima del estado, y desterró definitivamente a los paganos de la vida política romana. Así es como el poder espiritual en el II siglo dc, se dejó penetrar por el poder temporal. Y con el tiempo, el segundo tomó todo el espacio. ¡Y ES ASÍ QUE ESTAMOS COMO ESTAMOS!
Pues, hoy hay sol, es sábado, y elijo quedarme con la leyenda que relaciona a Ambrosio con las abejas. Pues, cuando Ambrosio era un bebé, un enjambre de abejas se posó en su rostro mientras yacía en su cuna. Una gota de miel fue depositada en su boca y su padre lo consideró un signo de futura elocuencia y lengua melosa.
¿A servicio de qué?
Prefiero tomar como modelo el ascetismo vivido por un capitán de barco obligado a la cuarentena, cuya crónica Carl G. Jung describió en su Libro Rojo en 1914. Su historia me ha llegado, como a muchas de vosotras, en estos días. Pero me apetece compartirlo hoy, alabando el arte de aceptar nuestro destino para ser personas mejores, quizás menos ricas, menos poderosas, pero más auténticas y probas.
“Capitán, el chico está preocupado y muy agitado debido a la cuarentena que nos han impuesto en el puerto.”
“¿Qué te inquieta chico? ¿No tienes bastante comida? ¿No duermes bastante?”
“No es eso, capitán. No soporto no poder bajar a tierra y no poder abrazar a mi familia”.
“¿Y si te dejaran bajar y estuvieras contagioso, soportarías la culpa de infectar alguien que no puede aguantar la enfermedad?”
“No me lo perdonaría nunca, aún si para mí han inventado esta peste.”
“Puede ser. ¿Pero si no fuese así?”
“Entiendo lo que queréis decir, pero me siento privado de la libertad, capitán, me han privado de algo.”
“Y tú prívate aún más de algo.”
“¿Me estáis tomando el pelo?”
“En absoluto. Si te privan de algo y no respondes de manera adecuada, has perdido.”
“Entonces, según usted, si me quitan algo... ¿para vencer debo quitarme alguna cosa más por mí mismo?”
“Así es. Lo hice en la cuarentena hace 7 años.”
“¿Y qué es lo que os quitaste?”
“Tenía que esperar más de 20 días sobre el barco. Hacía meses que esperaba llegar al puerto y gozar de la primavera en tierra. Hubo una epidemia. En Port April nos vetaron bajar. Los primeros días fueron duros. Me sentía como vosotros. Luego empecé a contestar a aquellas imposiciones no utilizando la lógica. Sabía que tras 21 días de este comportamiento se crea una costumbre. En vez de lamentarme y crear costumbres desastrosas, empecé a portarme de manera diferente a todos los demás. Antes me puse a reflexionar sobre quienes sufren privaciones cada día de su miserable vida y luego, por entrar en la óptica justa, decidí vencer.
Empecé con el alimento. Me impuse comer la mitad de cuanto comía habitualmente; luego comencé a seleccionar los alimentos más digeribles, para no sobrecargar mi cuerpo. Pasé a nutrirme de alimentos que, por tradición, habían mantenido a los seres humanos saludables.
El paso siguiente fue unir a esto una depuración de pensamientos malsanos y tener cada vez más pensamientos elevados y nobles.
Me impuse leer al menos una página cada día de un argumento que no conocía.
Me impuse hacer ejercicios sobre el puente del barco.
Un viejo hindú me había dicho años antes que el cuerpo se potenciaba reteniendo el aliento. Me impuse hacer profundas respiraciones completas cada mañana. Creo que mis pulmones nunca habían llegado a tal capacidad y fuerza.
La tarde era la hora de las oraciones, la hora de dar las gracias; a una entidad cualquiera por no haberme dado, el destino, privaciones serias durante toda mi vida.
El hindú me había aconsejado acostumbrarme a imaginar la luz entrar en mí y hacerme más fuerte. Podía funcionar también para la gente querida que estaba lejos; integré esta práctica en mi rutina diaria sobre el barco.
En vez de pensar en todo lo que no podía hacer, pensaba en lo que haría una vez bajado a tierra. Visualizaba las escenas cada día, las vivía intensamente y gozaba de la espera.
Todo lo que podemos obtener en seguida nunca es interesante. La espera sublima el deseo y lo hace más poderoso.
Me había privado de alimentos suculentos, de botellas de ron, también de tacos e imprecaciones.
Me había privado de jugar a las cartas, de dormir mucho, de ociar, de pensar solo en lo que me habían quitado."
“¿Y cómo acabó, capitán?”
“Adquirí todas aquellas costumbres nuevas. Me dejaron bajar después de mucho más tiempo del previsto.”
“¿Os privaron de la primavera entonces?”
“Sí, aquel año me privaron de la primavera y de muchas cosas más, pero yo había florecido igualmente, me había llevado la primavera dentro, y nadie nunca más podrá quitármela.”
De EL LIBRO ROJO de C.G.Jung
LA CANCIÓN (que vino después de la que pensaba) LA MOROCHA
El Jose ft. El Kanca
(Solo tengo) UN SOLO CORAZÓN (vulnerable ante tanta inmensidad).
Antes de morirme quiero ser de acero si alguien me ataque los sueños.
...que lo menos importante es llegar. Enamorarme de mi tierna levedad.
LA TAREA PARA PREPARAR LA TAREA DE OTRO DÍA
En mi nueva lectura Vivir con la Luna (Johanna Paungger y Thomas Poppe) he aprendido que muchas actividades de la vida, relacionadas con la salud, es mejor AGENDARLAS según los CICLOS DE LA LUNA.
Bajo la luna menguante, por ejemplo, es aconsejable empezar DEPURACIONES.
El próximo 8 de abril será día de luna llena y, a partir del día siguiente, os propongo empezar una desintoxicación.
Es muy recomendable en primavera y el encierro lo hace más fácil.
Me orientaré de esta manera. Durante dos semanas:
- Tomaré infusión de ortiga (como me sea posible, mejor si es de 15h a 19h).
- Beberé una taza de caldo depurativo antes de cada comida (puerro, cebolla, apio, nabos, zanahoria, lechuga: hervidos en abundante agua durante 40' a fuego lento, sin sal).
- Dejaré el café y lo sustituiré por Té Rojo o Té Verde.
Privilegiaré alimentos procedente de las plantas, cocinados al vapor, hervidos, a la plancha, al horno, en papillote. Si necesito proteína animal, pues será pescado blanco. De todos modos, preguntaré a una amiga dietista de qué manera es mejor combinar los alimentos para no dejar de nutrirme correctamente, y seguir siendo fuerte. Y ella me dirá: que sea posiblemente, todo ecológico y producido aquí cerca.
¡Ojalá pronto la comida sana cueste menos que la comida que nos intoxica!
Repetiré el próximo mes a partir del 8 de mayo, cuando inicie otra vez la fase menguante de la luna.
¿Os animáis?
¡Y QUÉ TENGAS UN LIBRE DÍA DE ENCIERRO!
Dra Arianna Bonato
Foto de Arianna (Nápoles, 2005)
Propuesta musical de La Morocha
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Maria nos ha puesto en Facebook
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