El Grito de un Ángel vestido con ropas humanas,
O el Sufrimiento del hombre con un Ángel, en lugar del alma.
¿A quién y por qué escribo estas líneas? Probablemente a mí mismo. Sucede que
mientras pasaban los años en un lugar sagrado, solo dos veces fui reconocido, aún por
las personas que por providencia divina, tenían un Alma libre de la mente. La mente del
ser humano es un escollo, una piedra de tropiezo, bueno, en realidad no; tal vez es
algo, como una gran roca que se encuentra frente al Alma. No es posible rodearla, así
como tampoco saltarla por encima. Y trepar por sus bordes agudos, arañándolos hasta
que las uñas sangren y caer desde los escalones resbaladizos por la sutil dulzura de la
mente, para levantarse de nuevo lleno de fuerza espiritual y de nuevo arrastrarse… No
todos pueden. Ya que al pie de la roca se está tan plácido, acogedor, delicioso y cálido.
Y la razón de no intentarlo es debido a los ropajes perecederos que crean la ilusión de
obtenerlo todo con solo desear. ¡Solamente desear! Que sea un amor terrenal en un
cálido hogar, o muchos niños para prolongar la descendencia, riqueza, fama, da igual...
solo desear, desear y desear, y todo llegará. No importa que sea una u otra ilusión, tan
solo importa desear. ¡Desear! Desear lo terrenal… "¡Pero es tan difícil!", claman
muchos. No, no es difícil. Muchas veces me ponía la ropa e iba con el bastón por
largos caminos, alimentando el cuerpo solo con aquello que encontraba. Y era el rey, y
reinaba mucho tiempo sobre incontables pueblos. Cada vez que la ropa me apretaba o
estrechaba y me impedía vivir, temblaba de miedo y dolor, y como a todos, al principio
me pedía mucho, hasta que aprendí a dominarla. Ese Animal salvaje, del cual está
tejida toda la ropa, solo teme a su dueño, el Alma. Pero muchos temen el Alma, mucho
más que a una bestia. El Alma les impide vivir como a mi me impide vivir el cuerpo. No
puedo entender a esa gente. ¿Cambiar la Eternidad por un instante? ¿Dónde está el
sentido? Sufrir en los brazos (de la piel) de la bestia, sirviendo al ropaje que se
desgasta día a día. ¿Y es esto la vida? ¡La vida es infinita! En ella no hay sufrimiento,
no se rompe, porque no es posible desgastar el Alma. Y la ropa no tiene Hogar, solo
existe el sótano, donde se almacena temporalmente. ¡Solo el Alma tiene un verdadero
Hogar! Y es el Alma la que, anhelando la Eternidad, engendra este sentido de Hogar, el
cual el hombre busca toda su vida