

Description of PREDICA 16 AGOSTO 2026
Juan 7:37-39
En el último día de la fiesta de los Tabernáculos, Jesús hizo una invitación directa: «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba». Esta palabra nos recuerda que existe una sed mucho más profunda que la física: la sed espiritual que hay en el corazón del ser humano.
A lo largo de nuestra vida intentamos satisfacer esa sed con muchas cosas que el mundo ofrece, pero ninguna de ellas puede llenar completamente el vacío interior. Solo Jesús puede saciar esa necesidad y darnos verdadera vida.
La Biblia nos muestra cómo Dios proveyó agua para su pueblo en el desierto (Éxodo 17:1-7) y cómo también invita a todos los que tienen sed a acercarse y beber gratuitamente (Isaías 55:1). La respuesta a esta invitación es acercarnos a Jesús y creer en Él, porque quien tiene al Hijo tiene la vida (1 Juan 5:12).
Jesús nos enseña que, cuando creemos en Él, de nuestro interior brotan ríos de agua viva. Esta agua representa al Espíritu Santo, que viene a morar en nosotros y cuya presencia transforma nuestra vida.
La reflexión nos anima a no intentar apagar nuestra sed espiritual con las cosas de este mundo, sino a permitir que el Espíritu Santo tenga lugar en nosotros. Porque donde llega el agua, allí comienza a brotar vida.
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Puedas acompañarme y abrir tu Biblia en el Evangelio de Juan. En el Evangelio de Juan, capítulo 7, vamos a leer los versículos del 37 al 39. Juan 7, 37 al 39. Cuando lo encuentres, si eres tan amable, pues nos ponemos de pie para leer la palabra del Señor juntos. Si puedes y no puedes, no pasa nada. ¿Lo tenemos? Pues dice así la palabra del Señor. En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz diciendo, Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él. Pues aún no había venido el Espíritu Santo porque Jesús no había sido aún glorificado. Señor, te damos muchas gracias por este día que tú has hecho, Señor.
Gracias por tener la oportunidad de estar aquí en tu casa para alabarte, para bendecirte, Señor. Y gracias, Señor, por tu pueblo aquí reunido, Señor, por cada uno de mis hermanos y por cada vida que en esta tarde, Señor, se acerca, Señor, a tu presencia, Dios mío. Te pido que tú me ayudes, Señor, que en humildad tú puedas usarme, ayudarme a saber que no es con mi fuerza, Señor, sino que es tu poder, Dios mío. Y que realmente tú seas obrando, tocando nuestras vidas, hablando a cada uno en lo personal, en lo particular. Dios mío, para que realmente tú hagas la obra en cada vida, Señor. Te damos muchas gracias y todo te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y Amén. Pueden sentarse, hermanos. Dice esta palabra, ¿verdad? Dice Juan en su Evangelio.
En el último y gran día de la fiesta. ¿Qué fiesta era esta? De la que está hablando aquí Juan. En este caso concreto, ¿de qué fiesta se trataba? Sabéis que había varias fiestas, varias festividades a lo largo del año. Dios había mandado a su pueblo celebrar distintas festividades, distintas fiestas y especialmente pues había tres que eran quizás las más importantes y que todo varón judío pues tenía que acudir a Jerusalén a celebrar esas fiestas. Esta era una de ellas. Hay que leer un poquito antes del capítulo 7, viene un poco toda esta historia y ahí te aclara que esta fiesta de la que está hablando aquí era la fiesta de los tabernáculos. La fiesta de los tabernáculos. Y este era el último día, el último y el día grande de esa fiesta de los tabernáculos.
Era una fiesta que duraba toda una semana, una semana completa, una semana entera. Y el último día, que era este, era el día más grande de la fiesta. Era día de reposo, no se podía hacer ningún trabajo, ninguna labor. Y en esta fiesta, en concreto, esta fiesta de los tabernáculos, ¿vale? Pues lo que se... Se recordaba, eran los años de peregrinación del pueblo por el desierto, ¿vale? Por el desierto, antes de llegar a la tierra prometida, ¿vale? Se recordaban esos años en los que Israel había estado peregrinando por el desierto, ¿vale? cómo Dios les había guardado, cómo Dios les había protegido, cómo Dios había estado con ellos y cómo Dios les había provisto de todo lo que ellos necesitaban. Y un poco se recordaba todo eso y se celebraba, se celebraba todo eso y se celebraba.
















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