
Programa nº 269 "La Fórmula 1, el orgasmatrón, el soma y los tomates larga vida"

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Corría el año 1973 cuando Woody Allen, comediante, director y clarinetista de jazz neoyorkino, filmó una película llamada El Dormilón en la cual su personaje despertaba tras una anestesia en un futuro no muy distante en el que la “gente bonita”, entre otras cosas, sufría hartazgo, aburrimiento y frigidez cuya única manera de estimularse era entrar en una cabina, el famoso Orgasmatrón, para alcanzar el clímax sin engorrosos sudores, trámites y manchas.
Entre otras cosas, el film tenía muchas reminiscencias con el 1984 de George Orwell, el del Gran Hermano, donde existía un control casi total de las personas ejercida por el personaje llamado "Gran Hermano", que todo lo observaba, controlaba y operaba.
A esta altura se estarán preguntando: ¿Y qué tiene que ver esto con la Fórmula 1?
Sencillo, los personajes de la película no tenían sexo, pero sí orgasmos, y en nuestra querida categoría sí hay emociones, pero sin esas cosas engorrosas, sudorosas y sucias llamadas carreras y competiciones, sólo coreografías con adelantamientos yo-yo, presencia de VIPS que no entienden ni jota de deporte motor y demás espejos y luces de colores.
¿Y con los tomates del título? Sencillo, ese fruto que parece un tomate a simple vista, también se asemeja a un tomate en el peso, pero NO es un tomate, es un desarrollo botánico/genético para que, como los orgasmos, nos hagamos a la idea de que tenemos y comemos uno.
Y esos son los tomates son los que la FIA y Liberty Media nos brindan.
Hay otra analogía ausente en el título y es el SOMA, esa droga que todo el mundo consumía en el “Bravo nuevo mundo” de Huxley para estar siempre contento y ser felices, ese modelo emulado por ciertos grupos de “gente bonita” que invitan al resto de los mortales a emularla.
Es un nuevo mundo con “cosas que nadie ha visto”, como crear un reglamento técnico que en la práctica no solo ha sido desastroso sino también peligroso y ante el desmadre desatado se le echa la culpa a los simuladores, como si alguna vez hubieran operado alguno, luego hacer de cuenta que nada malo ha pasado y, acto seguido, ese mismo padre de la criatura desfachatadamente se ofrece a ser presidente vitalicio. Como si de un dictador del siglo pasado se tratase.
Lo que está haciendo con nuestro espectáculo/deporte es exactamente lo mismo que hizo a los mandos de un R28: Un siniestro total.
Y la gente bonita, aplaudiendo.
Dejémonos de botox, vips, cirugía y lentejuelas y ¡Pasemos, pues, al programa!
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Muy buenas tardes queridos escuchantes. Corría el año 1973 cuando Woody Allen, comediante, director y clarinetista de jazz de la ciudad de Nueva York, filmó una película llamada El Dormilón, en la cual su personaje despertaba tras una anestesia en un futuro no muy distante en el que la gente bonita, entre otras cosas, sufría hartasgo, aburrimiento y frigidez. Y la única manera de estimularse era de entrar en una cabina, el famoso orgasmatrón del título, para alcanzar el clímax sin engorrosos sudores, trámites y, por supuesto, manchos. Entre otras cosas, el film tenía muchas reminiscencias con el 1984 de George Orwell, el gran hermano, donde ejercía un control casi total sobre las personas. El señor gran hermano, que todo lo observaba, controlaba y operaba. A estas alturas se están preguntando, ¿y qué tiene que ver esto con la Fórmula 1? Sencillo, los personajes de la película no tenían sexo, pero sí orgasmo.
Y en nuestra querida categoría, por supuesto que hay emociones, pero sin esas engorrosas, sudorosas y sucias características llamadas carreras y competiciones. Solo coreografías con adelantamientos yo-yo. presencia de vips que no entienden ni jota del deporte motor y demás espejos y luces de colores. Y entonces, la otra pregunta, ¿y con los tomates del título? Sencillo, ese fruto que parece un tomate a simple vista, en larga vida, también se asemeja a un tomate en peso. Pero no es un tomate. Es un desarrollo botánico genético que tiene hasta genes de escualo, de tiburón, para que, como los orgasmos, nos hagamos a la idea de que tenemos y comemos uno. Y esos son los tomates que la FIA y Liberty Media nos brindan. Existe otra analogía en el título y es el Soma.
El Soma era una droga que todo el mundo consumía en el bravo nuevo mundo de Aldous Huxley para estar siempre contento y ser felices. Ese modelo emulado por ciertos grupos de gente bonita, esas élites, esos vips, que invitan al resto de los mortales a emularla con cirugías, con sonrisas, con ropas y demás. Entonces, es un nuevo mundo con cosas que nadie ha visto, como crear un reglamento técnico que en la práctica no solo ha sido desastroso, sino también peligroso, y ante el desmadre desatado se le echa la culpa a los simuladores, como si alguna vez hubieran operado alguno, para luego hacer de cuenta que nada malo ha sucedido y acto seguido... El mismo padre de la criatura desfachatadamente se ofrece a ser presidente vitalicio. Como si de un dictador del siglo pasado se tratase. Lo que está haciendo con nuestro espectáculo de porte es exactamente lo que hizo a los mandos de un R-28.
Un siniestro total. Y la gente bonita, por supuesto, aplaudiendo. Ahora bien, dejémonos de votos, VIPs, cirugías y lentejuelas y pasemos al programa. José Teyaichi y Susi. Teyaichi. Teyaichi. Muy buenas. Sí, señor. Muy buenas. Muy buenas. Muy buenas. ¿Cómo le damos? ¿Cómo le damos? Bien. Queremos Mónaco por delante del lugar. Sí, pero antes, si me vas a permitir, les quiero mandar un enorme abrazo a todos esos profesores valencianos que están bregándose en las calles. Porque nuestros niños tengan la educación que merecen. Ni mejor ni peor, sino la que realmente merecen. Y ellos tengan las condiciones necesarias para poder dársela. Así que a todos ellos un abrazo gigantesco y un achuchón enorme. Exacto. Y bueno, lo que intentamos hacer en este programa es tratar de trabajar con el conocimiento. Y el conocimiento se aprende. casualmente donde esta gente




















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