

Description of Qué libros hay en tu casa según tu clase social
Este episodio es la versión en audio de un artículo publicado originalmente en mi Substack.
¿Qué pueden decir los libros que tenemos en casa sobre nosotros? ¿Y sobre nuestra clase social?
En este episodio hablamos de Pierre Bourdieu, capital económico y capital cultural para explorar por qué nuestras estanterías no son tan inocentes como parecen. Porque detrás de cada biblioteca y de cada casa sin libros, hay una historia de oportunidades, gustos y aprendizajes.
Puedes leerlo en: https://anaballabriga.substack.com/p/que-libros-hay-en-tu-casa-segun-tu
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Soy Ana Ballabriga, escritora y psicóloga .
Instagram @ballabrigaana
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Soy Ana Vallabriga y esto es un día de libros. Aquí encontrarás leídos los artículos que publico en Substack. ¿Qué libros hay en tu casa según tu clase social? Hace algunos días vi un vídeo en Instagram de la hogarista. Además de diseñadora de interiores, ella es psicóloga. Y en el vídeo hablaba de que la decoración de una casa podía mostrar la clase social de quien la habitaba. Y me pregunté, ¿podríamos deducir lo mismo solo mirando los libros que hay en sus estanterías? Para adentrarnos en estos terrenos, tenemos que hablar antes del sociólogo Pierre Bourdieu. que sería de la sociología sin sus aportaciones. Cuando hablamos de clase social solemos pensar en los ingresos económicos, cuánto ganas, qué casa tienes, qué coche conduces, dónde vives, pero Boccio introdujo una forma más sofisticada de entender las diferencias sociales. Para él el dinero es solo una de las formas de capital, el capital económico. Existe también el capital cultural. que son los conocimientos, los títulos académicos, la manera de hablar, los gustos, las referencias culturales y esa familiaridad con determinados objetos y prácticas que permite moverse con comodidad por ciertos espacios sociales.
Hablaba también del capital social, que tiene que ver con los contactos que pueden proporcionarnos oportunidades. Una persona con capital económico puede comprar muchos libros. Otra con capital cultural sabe cuál es leer y cómo interpretarlos. Y alguien con capital social puede tener una red de personas que le descubran autores, editoriales, librerías o circuitos culturales. Lo interesante es que estos capitales son, hasta cierto punto, independientes. Puedes tener mucho dinero y poca cultura. Puedes tener muchísimo capital cultural y vivir en una buhardilla mal ventilada. Las combinaciones producen estilos de vida diferentes. Distinguía, además, entre diferentes formas de capital cultural. Una de ellas es precisamente el capital cultural objetivado, es decir, los libros, las obras de arte, los instrumentos musicales… Pero poseer el objeto no significa poseer las herramientas para comprenderlo o utilizarlo. Tener una estantería llena de manuales de filosofía no convierte a nadie en filósofo, del mismo modo que tener un piano en el salón no significa saber tocarlo.
Volviendo al tema, ¿qué lee cada clase social? ¿Qué libros ocupan las estanterías de sus casas? Si cruzamos capital económico y capital cultural, podemos construir un mapa aproximado. El capital social lo dejaremos como elemento transversal para nuestro análisis. Antes de comenzar, quiero dejar claro que lo que voy a exponer no es más que una serie de hipótesis plausibles a partir de la teoría y de la investigación existente. La realidad es, por supuesto, mucho más compleja y no significa que cada persona encaje perfectamente en una casilla. Como diría alguien, habemos personas para todo. Vamos con el primero, alto capital económico y alto capital cultural. Aquí encontramos a las élites culturales, profesionales y empresariales con altos niveles educativos. Su biblioteca suele ser abundante y variada. Encontraremos ensayos, libros históricos, filosóficos, políticos y de divulgación científica. También literatura contemporánea de la llamada literaria, frente a la comercial o de género. Muchos autores clásicos y, en algunos casos, géneros minoritarios como la poesía o el teatro. También pueden aparecer libros valiosos, primeras ediciones o ejemplares antiguos.
Lo que leen y poseen es fruto de las posibilidades que han tenido desde la infancia para convertir la lectura en una actividad habitual. Han crecido en casas con libros o con fácil acceso a ellos. Y no solo eso, han contado con personas que les han guiado a través de las lecturas. Por eso pueden leer textos clásicos y complejos, porque han tenido un itinerario de aprendizaje. Y esto es importante, porque tendemos a pensar que leer un libro complejo es cuestión de interés o de inteligencia. No siempre es así. Hay libros que requieren de un entrenamiento previo. Para leer a Proust no hace falta aprobar un examen de acceso a Proust, pero sí ayuda a haber desarrollado una familiaridad con determinados recursos narrativos y referencias culturales. Ese itinerario cultural implica haber crecido escuchando hablar de ciertos autores, con recomendaciones de profesores, padres o libreros. Así han aprendido, casi sin darse cuenta, qué libro puede llevarles a otro. Dicho de otra manera, algunas personas llegan a Proust con un mapa. y otras llegan sin él. Además, para este grupo el libro no es solo un objeto que se posee, forma parte de su hábitus, de una


















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