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¿Realmente quieren las élites institucionales que la gente participe?

¿Realmente quieren las élites institucionales que la gente participe?

3/20/2026 · 06:15
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¿Realmente quieren los líderes locales que la ciudadanía tome decisiones, o solo buscan escuchar opiniones? Un reciente estudio revela que, aunque las élites institucionales apoyan la participación ciudadana, prefieren mantener el control y relegar a la población a un mero rol de consulta por desconfianza hacia su capacidad para gestionar la complejidad técnica.
Francés García, F., Català-Oltra, L., Ortega Fernández, J., Ginés Sánchez, X., y Osorio Rauld, A. (2026). La ciudadanía vista desde el otro lado del espejo: Percepciones de las élites institucionales en torno a la profundización participativa en la gestión pública local. Revista Española de Sociología, 35(2), a299. https://doi.org/10.22325/fes/res.2026.299

política participación sociología élites
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A ver, imagínate que llega una carta del ayuntamiento pidiendo opinión sobre el color de los bancos del Parque Nuevo. Sí, la típica consulta ciudadana que queda estupenda en la foto, claro.

Eso es. Da la sensación de que tu voz importa, ¿eh? Pero claro, ¿qué pasa si un grupo de vecinos dice, oye, queremos decidir cuánto presupuesto municipal se destina a esos parques? Uf, pues que de repente la puerta se cierra de golpe. Exacto. Y justo de esto va nuestro análisis a fondo de hoy. Queremos ver si cuando las instituciones hablan de participación ciudadana, de verdad quieren ceder el volante o solo buscan, pues, un estudio de mercado gratuito. Claro, porque hay una línea muy...

Fina entre compartir el poder real y, bueno, poner un micrófono simplemente para que la gente se desahogue. Totalmente. Y para entender esto nos basamos en una investigación súper reveladora que se ha publicado hace poco en la Revista Española de Sociología. Es un trabajo de Francisco Francesc García, Lluís Catala Oltra, Javier Ortega Fernández, Xavier Ginés Sánchez y Alejandro Osorio Rault. Y fíjate que han hecho algo muy curioso.

Sí. En lugar de preguntar a la gente de a pie, han ido directamente a analizar cómo ven esta participación las propias élitas locales. O sea, los políticos y técnicos de la administración. Y los datos de partida sorprenden un poco, ¿no? Bueno, a simple vista parecen muy positivos, ¿eh? Porque casi el 82% de estos representantes dice apoyar la participación ciudadana. Suena a triunfo democrático total. Ya.

Pero conociendo cómo funcionan estas cosas, supongo que aquí viene el famoso pero. Pues sí, al escarbar un poco, el estudio identifica cuatro posturas o discursos diferentes en estas élites. Y resulta que la inmensa mayoría defiende sólo lo que llaman escucha activa. O sea, que ven a la ciudadanía como una fuente de información, ¿verdad? Como un sensor de los problemas de la calle. Exacto, pero sin darles ninguna capacidad real para tomar decisiones.

A ver, es como el clásico buzón de sugerencias de toda la vida en una empresa. A la dirección le encanta leer las ideas de la plantilla para, no sé, a lo mejor cambiar la marca del café. Claro, claro. Pero ni de broma dejarían que esos mismos empleados aprobaran los presupuestos anuales o la estrategia de ventas. Eso es.

Te doy las gracias por la idea, pero el mando no se toca. Esa imagen del buzón es perfecta. De hecho, conecta muy bien con lo que en teoría política llamamos la escalera de Arnstein. Es un modelo clásico que usan los autores para medir el nivel de poder ciudadano. Vale, y entiendo que ese buzón se queda en los peldaños de abajo, ¿no? Se queda a medias, sí.

Hay consulta, hay un diálogo aparente, pero el control absoluto de la agenda lo sigue teniendo la institución. La verdadera gobernanza colaborativa, que sería estar en lo más alto de la escalera compartiendo el poder, es una minoría absoluta en los despachos. Es que es fuerte. Si están tan contentos con ese buzón de sugerencias, lo lógico sería dar el siguiente paso hacia esa cima de la escalera. Pero aquí es donde chocamos con una contradicción brutal que me ha dejado alucinada.

Yo estoy seguro de que te refieres a la gran paradoja del estudio. Esa misma. Fíjate, más del 75% de los encuestados dice que la ciudadanía está perfectamente capacitada para participar. Pero a la vez, en ese mismo grupo, más del 80% cree firmemente que las decisiones clave tienen que basarse en el conocimiento exclusivo de expertos. Es muy llamativo.

Y la gran excusa que usan las élites para frenar ese salto participativo es la supuesta complejidad de la administración pública. Claro, te dicen que las leyes de contratos o los presupuestos son temas demasiado complejos para nosotros. Exactamente. Argumentan que los procesos de licitación o las modificaciones de crédito requieren conocimientos técnicos inasumibles para un ciudadano medio. Ya, como si leer un presupuesto municipal requiriera un doctorado en física cuántica.

Me suena a la típica pesadilla de cualquier asociación de vecinos. Sí, que intentan proponer un cambio lógico para su barrio y se estrellan contra un muro. Un muro de burocracia, de formularios y de jerga incomprensible. Y yo me pregunto, ¿de verdad esta complejidad administrativa es un obstáculo natural o es una barrera brillantemente diseñada para proteger su monopolio sin parecer antidemocráticos? Pues los autores apuntan a que ese muro de jerga técnica Funciona como un mecanismo de defensa estructural.

Lo conectan con el concepto de democracia sigilosa. Democracia sigilosa. Me gusta el término. ¿Cómo funciona exactamente en la práctica? Pues básicamente, las élites ocultan los verdaderos conflictos políticos detrás de un velo de supuesta neutralidad técnica. Al exigir un nivel tan alto de papeleo y especialización burocrática, elevan muchísimo las barreras de entrada.

Claro, hasta el punto de agotar al ciudadano y forzar que lo deje por imposible. Eso es, así mantienen una fachada participativa.

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