

Description of Recordar al Espíritu Santo
Meditaciones preparadas (aunque no exclusivamente) para hacer un retiro espiritual y mejorar en su vida cristiana, de oración y de trato con Dios. A cargo del Padre Ricardo Sada Fernández de México.
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Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos, líbranos, Señor Dios nuestro. En nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José, mi Padre y Señor, Ángel de mi guarda intercede por los últimos discursos de Jesús, ya en el huerto de Getzamaní. El Señor les da una noticia, les dice que va a venir otro, otro paráclito, que pedirá al Padre y que ese otro va a estar con nosotros siempre. que me vaya, porque si no me voy, no vendrá a ustedes el paráclito, pero si me voy, lo enviaré a ustedes.
Pedirá al Padre, llegará a la presencia del Padre con sus llagas, los trofeos de su muerte en agonía, y le pedirá que nos envíe a otro paráclito, así como él es paráclito, porque paráclito significa el que está al lado, y ahora va a pedirle al Padre que venga otro. Ahora tendrán uno que se quedará con ustedes siempre. A mí no me tendrán siempre. Yo he estado con ustedes tres años. Pero no los voy a dejar huérfanos porque voy a volver a ustedes. Uno dice, ¿cómo que vas a volver y no estás diciendo que te vas? Sí, pero es que el que viene es mi espíritu, el espíritu del Padre y del Hijo. Y dicen, les conviene, les conviene que me vaya. ¿Cómo que me va a convenir? No tenerte, si tu presencia es tan entrañable y tan consoladora.
Sí, pero cuando los apóstoles se van a predicar, cuando están lejos o tienen cualquier otra cosa, ya no escuchan su palabra y ya no lo ven con sus ojos, pero ahora tendrán el Espíritu de Jesús que será interior, inseparable y va a actuar en quien lo recibe desde lo profundo. ya no van a tener que ser consolados en el momento en que lleguen al lugar donde yo estoy y escuchen las palabras que yo les digo y les responda las dudas que tengan, sino que va a ser inseparable y actuará dentro de cada uno como un potentísimo motor. Entonces nosotros tenemos que decir, bueno, pues ya no estamos en Pentecostés, ya no estamos en el escenario. Ya pasó la consagración, pero es que es permanente, no es a tempos, sino siempre.
Y lo interesante es que efectivamente no dejemos de contar con Él, con este gran consolador, con esta gran riqueza que tenemos en nuestro interior. Porque sabemos que, habiendo culminado la obra redentora de Jesús en el envío del Espíritu Santo, ya no necesitamos nada más. Ya está todo cumplido. Ya podemos decir, quedamos llenos del Espíritu Santo. Hemos recibido el regalo por excelencia. Nos ha sido otorgado por el Padre. Son las misiones, la misión del Hijo y la misión del Espíritu Santo. Y ahora lo que falta es que ese don se despliegue en cada uno de nosotros. Y el Señor nos dice, el mundo no lo conocerá. Pero ustedes sí lo conocerán porque estará en ustedes. Y esta es una realidad que interesa tratar como de comprender.













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