
ROBOCOP Y LA CRUZADA DE MARCIANO REYES: CAMBIO DE PLANES

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Relato incluido en la Revist HIstorias Pulp # 8: ROBOCOP
Marciano Reyes es un mercenario cazarecompensas, medio cíborg, de poca monta, pero crecido en soberbia. Tras sus múltiples aventuras interplanetarias decide volver a la vieja y cansada Tierra. Lo que encuentra no es una buena acogida: el planeta está peor de lo que recordaba. Sin embargo, una aventura que transformará su vida y su alma le espera en el planeta Tierra. Robocop será su compañero de los sucesos extraordinarios y emocionantes que va a vivir. Esperamos que os guste.
Y ahora... ¡que comience la función!
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Revista Historias Pulp # 8: ROBOCOP
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Robocop y la cruzada de Marciano Reyes. Cambio de planes por María Larralde.
Ciudad Delta es una masija de hierro y hormigón que antaño resplandeció lustrosa, que tiempos aquellos, tiempos en los que la ley y el orden se impusieron, y ser criminal tenía sentido. No es que yo sea un entendido, que lo soy, pero si el crimen impera en toda la sociedad, si se universaliza, si se extiende a todos los ámbitos sociales, ¿qué me queda a mí? ¿Me tengo que ser criminal contra los criminales? Pues nadie queda a que no lo sea. ¿Y eso en qué me convierte? ¿No se dan cuenta de que esta generalización de la delincuencia deja de ser productiva? ¿De qué voy a vivir si todos somos mercenarios o todos delincuentes? Si mi trabajo ya no tiene valor, si esos autómatas criminales nos suplantan y nos desplazan, convirtiendo lo que antaño era todo un arte, en una siniestra y aséptica labor sin conciencia alguna de las consecuencias de sus actos, y con un cien por cien deficiencia, ¿dónde queda el criminal humano? ¿Para qué reivindicar un código penal? ¿Qué sentido tienen las cárceles? Ya no hay jueces, ni policías, ni orden ni ley. Ahora somos nosotros, los criminales humanos, los que perseguimos el crimen que cometen esos androides y a sus creadores. Coraje, fuerza y convicción.
Me enfrentaré a cualquier desafío con la misma actitud agresiva. Marciano Reyes estaba de vuelta en la tierra. No tenía muy claro a qué había venido, pero lo que tenía claro era que su corazoncillo, pequeño y arrugado cual pasa sultana, sentía nostalgia. Ni la belleza de Venus ni el salvaje Marte le inspiraban tantos recuerdos como la desolada tierra. Quizás era cuestión de raigo. Pensó fugazmente en los antiguos hombres de Cromañón, cazando mamuts con sus burdas hachas paleolíticas, pues, a pesar de todos sus arreglos cíborg corporales, seguía siendo humano, como aquellos viejos salvajes que había visto tantas veces en documentales de naturaleza.
Meditaba en esto mientras escuchaba al mercenario humano que reivindicaba, a través de la hipertelevisión, el derecho a ser criminal en un mundo tan loco que no había espacio para el crimen verdadero, el crimen humano. Mientras escuchaba con cierta atención lo que aquel delincuente gritaba enfadadísimo, terminó de comerse unos sabrosos filetes de gusanos del desierto y de tragar su más que fresca cerveza de espelta sueca. Eso decía en la etiqueta. Somos un colectivo a punto de extinguirse, porque nadie os dice la verdad.
Los delincuentes humanos éramos una rama más de la producción, y eso es lo que estos grandes conglomerados del crimen están destruyendo. No lo vamos a permitir. Por eso, este mismo jueves, en la plaza de Richard Jones, os esperamos a todos, mercenarios humanos de la Tierra, Venus y Marte, uníos. Marciano Reyes volvió la cabeza y miró unos segundos hacia la pantalla.
Observó al individuo que reivindicaba sus derechos y dijo, qué cojones, tiene más razón que un




















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