

Description of Sacerdote peregrino
Meditaciones preparadas (aunque no exclusivamente) para hacer un retiro espiritual y mejorar en su vida cristiana, de oración y de trato con Dios. A cargo del Padre Ricardo Sada Fernández de México.
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Por el señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes, te adoro con profunda reverencia, te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José, mi Padre y Señor, Ángel de mi guarda, interceded por mí. ¿Qué sensación tenemos en este momento? Pues la de irnos. La de ya empezar otra vez. Algunos ya se fueron. Al rato todos nos vamos a ir. Y pues realmente es lo que nuestra vida es. Es un continuo viaje. Somos peregrinos, somos romeros, somos caminantes.
Somos viatores, nos desplazamos siempre de un punto a otro. Y ahorita venía platicando con uno de ustedes y me decía, pues estoy en tal parroquia, pero ya me van a cambiar. Que se los diga a él. Bueno, se me hace que todos están nerviosos, un poco nerviosos. No te ancles porque no es tu verdad. Mi verdad es que soy un caminante, que soy un romero, que soy un peregrino. Como dice San Pablo, no tenemos aquí nuestra ciudad permanente y por lo tanto necesitamos una virtud muy clave, muy importante, que a veces no le damos su lugar, que es la virtud de la esperanza. Como dice Charles Peggy, dice... Pues que la esperanza es como una niña chiquita que va entre sus hermanotas, está en la mitad entre la grandota fe y la grandota caridad.
Y ella, pues está como medio aplastada por las otras dos, pero realmente es la esperanza la que lleva, como que la que va llevando a las otras dos, les va haciendo que den un paso detrás de otro. Y pues quizá conozcamos aquella pequeña, un pequeño verso de Enrique González Martínez, poeta jalisciense del siglo XX, que dice, solo tres cosas tenía para su viaje el romero, los ojos abiertos a la lejanía, el oído atento y el paso ligero. Además es un caminante. Pues ten en cuenta estas tres cosas, llevas un bagaje. Y mantén los ojos abiertos a la lejanía. ¿Qué quiere decir? Pues ilusionate con el cielo, ilusionate con la vida eterna. Dicen que al que piensa mucho en el cielo le salen alas. O sea, aquí no tengo mi esperanza, mi expectativa está mucho más allá.
Me ilusiona con el amor infinito del Señor y por lo tanto mantengo mis ojos abiertos a la lejanía. Tengo una morada eterna. Es bueno por eso soñar y soñar con esto, soñar con aquello que colma todas nuestras ansias. San Juan de la Cruz dice que Dios nos colmará en la medida de nuestros deseos. O sea, nos dará de acuerdo a cuanto hayamos nosotros deseado. No seremos defraudados, sino al revés. El Cielo, como sabemos, superará todas nuestras expectativas. Y el pensar en el Cielo nos ayuda a decir, pues, qué poco es lo de la Tierra. Cuán pronto se pasa. No sé, qué gran engaño es perder la eternidad por un pecado mortal o por una situación de pecado. conversaciones en el comedor de sacerdotes















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