

Description of La semilla aventurera
El cuento de la semana pasada que se me olvidó subir. Un cuento de Inés Bosovsky & Sergio Falcón de Runruneando.com
https://runruneando.com/es-es/cuentos/la-semilla-aventurera
Voz: Ester Moreno García
Música: The Last Oasis - The Grey Room _ Density & Time en Biblioteca de Youtube
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Entre las ramas de un esbelto abedul, en un bosque bañado por el sol, vivía una pequeña semilla que crecía en un racimo junto a sus hermanas. Todas soñaban con echar raíces, crecer fuertes y convertirse en majestuosos árboles. Pero ella no. Nuestra pequeña semilla no se sentía preparada para quedarse en un solo lugar. Su pequeño corazón vegetal latía con ansias de conocer mundo, de viajar y descubrir todo lo que la rodeaba. Pero al mismo tiempo se llenaba de angustia al imaginarse atrapada por sus raíces. Así que un día una brisa traviesa sopló con fuerza y sin pensarlo dos veces la semilla se soltó y se dejó llevar. flotó en el aire hasta caer sobre el lomo de un conejo esponjoso.
Acomodada entre su suave pelaje, recorrió praderas y bosques, saltando de un lado a otro. ¡Esto es maravilloso! pensaba, mientras el conejo brincaba entre los arbustos. Se sintió como una jinete en una gran carrera, esquivando ramas y hojas, viendo todo desde lo alto. Pero cuando el animal decidió darse un buen sacudón, la semilla salió disparada como una estrella fugaz, girando en el aire antes de aterrizar y rodar sin control por la hierba. Rebotó entre piedrecillas, saltó por encima de una raíz y tras un último brinco cayó con un ligero chapuzón en un riachuelo. El agua la abrazó con suavidad y frescor y la semilla flotó, dejándose llevar por la corriente. Vio peces plateados nadar a su lado.
Se escondió entre algas que danzaban con el movimiento del agua y viajó bajo la sombra de los sauces. En un momento, un pez curioso intentó engullirla, pero la semilla, con un salto ágil impulsado por una burbuja de agua, logró escapar. Llena de adrenalina, se sintió como una exploradora intrépida en busca de nuevos mundos, invencible, dispuesta a continuar viviendo aventuras. Sin embargo, el riachuelo la llevó hasta la orilla, frenando su avance, y la pequeña semilla se apenó al intuir que su viaje terminaba. Por suerte, ahí cerca, una niña jugaba en el barro, con sus pies descalzos. Sin que la pequeña lo notara, la semilla se deslizó hasta pegarse en su piececito.
Cuando la peque fue a calzarse, se desprendió a tiempo dentro del zapato, consiguiendo pasar inadvertida y disfrutar de un interesante viaje en coche. Cuando llegaron a la casa, se activó nuevamente al sentir que la pequeña se descalzaba. —¡Vaya! ¡Se me quedó pegada una plantita! —exclamó la niña, sacudiendo su zapatilla y haciendo que la semilla quedara en el suelo de la entrada. El gato de la familia, que observaba atentamente todo, se lanzó a jugar con la diminuta semilla. Primero la empujó con una de sus patas, haciéndola deslizar suavemente por el suelo. Luego, con un golpe más enérgico, la lanzó al aire y la atrapó en giros imposibles. Embargada por la emoción, la semilla sintió que estaba en una montaña rusa de movimientos. Hasta que, en un alarde final,














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