
SESIÓN DOBLE: El desierto / El auge de la bosta de vaca

Description of SESIÓN DOBLE: El desierto / El auge de la bosta de vaca
Esta noche dos relatos regresan. Restaurados. Remasterizados. Una segunda proyección para historias que no debían olvidarse. Apaga la luz. Esto es… Sesión Doble de Reestreno.
00:00:00 EL DESIERTO, de Ray Bradbury
00:24:20 EL AUGE DE LA BOSTA DE VACA, de Damon Knight
Los Cuentos de la Casa de la Bruja es un podcast semanal de audio-relatos de misterio, ciencia ficción y terror. Cada viernes, a las 10 de la noche, traemos un nuevo programa. Alternamos entre episodios gratuitos para todos nuestros oyentes y episodios exclusivos para nuestros fans. ¡Si te gusta nuestro contenido suscríbete! Y si te encanta considera hacerte fan desde el botón azul APOYAR y accede a todo el contenido exclusivo. Tu aporte es de mucha ayuda para el mantenimiento de este podcast. ¡Gracias por ello!
Mi nombre es Juan Carlos. Dirijo este podcast y también soy locutor y narrador de audiolibros, con estudio propio. Si crees que mi voz encajaría con tu proyecto o negocio contacta conmigo y hablamos. :)
Contacto profesional:
info@locucioneshablandoclaro.com
www.locucioneshablandoclaro.com
También estoy en X y en Bluesky: @VengadorT
Y en Instagram: juancarlos_locutor
-------
Contrata tu IVOOX PREMIUM anual desde este enlace y además de obtener un suculento 50% de descuento y de poder escuchar TODOS los programas de esta plataforma sin publicidad, estarás ayudando a sostener Los Cuentos de la Casa de la Bruja:
https://www.ivoox.vip/premium?affiliate-code=27e5799d254c8a29ecdab3d8d5bfa96f
¿Quieres anunciarte en este podcast? Hazlo con advoices.com/podcast/ivoox/421745
This content is generated from the locution of the audio so it may contain errors.
Esta noche, dos relatos regresan. Restaurados, remasterizados, una segunda proyección para historias que no debían olvidarse. Apaga la luz. Esto es sesión doble de reestreno. Los cuentos de La Casa de la Bruja presentan El desierto, de Ray Bradbury, narrado por Juan Carlos Albarracín. El día feliz al fin ha llegado. Era la hora del crepúsculo y Yanis y Leonora preparaban infatigablemente el equipaje, entonando canciones, comiendo algún bocado y animándose mutuamente. Pero no miraban la ventana, donde se apretaba la noche y las estrellas eran brillantes y frías. «Escucha», dijo Yanis. Parecía un buque de vapor río abajo, pero era un cohete en el cielo. Y más allá, ¿el sonido de unos banjos? No, solo los grillos de una noche de estío en este año 2003.
Diez mil sonidos en la ciudad y la atmósfera. Yanis, cabizbaja, escuchaba. Hacía mucho, mucho tiempo, en 1849, esta misma calle había hablado con voces de ventrílocuos, predicadores, adivinos, doctores, jugadores, reunidos todos en esta misma ciudad de Independence, Missouri, esperando a que se tostase la tierra húmeda y la alta marea de la hierba creciese hasta sostener el peso de carros y carretas, los indiscriminados destinos y los sueños. El día feliz ha llegado, y a Marte nos vamos, señor. Cinco mil mujeres en el cielo, una siembra abrileña, señor. Es una vieja canción de Wyoming, dijo Leonora. Le cambias las palabras y sirve muy bien para 2003. Yanis alzó la cajita de píldoras alimenticias, imaginando las cargas que habían llevado aquellas carretas, de anchos ejes y elevados asientos.
Por cada hombre, cada mujer, increíbles tonelajes. Jamones, tocino, azúcar, sal, harina, fruta, galleta, ácido cítrico, agua, jengibre, pimienta. Una lista tan grande como el país. Y ahora, aquí, unas píldoras que cabían en un reloj pulsera la alimentaban a una no desde Fort Laramie a Huntown, sino a lo largo de todo un desierto de estrellas. Abrió de par en par las puertas del armario y casi lanzó un grito. La oscuridad y la noche y el espacio que separaba los astros la miraban desde dentro. Años atrás, su hermana la había encerrado en un armario y en una fiesta, jugando al escondite, había corrido por una cocina hacia un vestíbulo largo y sombrío. Pero no era un vestíbulo. Era una escalera a oscuras, una boca de sombra.
Había corrido en el aire, agitando los pies, gritando y cayendo, cayendo en una negrura de medianoche. Un sótano. Tardó mucho un latido en caer. Y había estado ahogándose mucho, mucho tiempo, en aquel armario, sin luz, sin amigos, sin nadie que oyera sus voces. Apartada, encerrada en la oscuridad, cayendo en la oscuridad, chillando. Los dos recuerdos. Ahora, abiertas de par en par las puertas del armario, la oscuridad como una colgada mortaja de terciopelo que espera el roce de una mano temblorosa, la oscuridad como una pantera negra que respiraba allí dentro, que la miraba con ojos opacos, los dos recuerdos la asaltaron otra vez. El espacio y una caída. El espacio y el encierro. Los chillidos. Habían trabajado sin descanso, empaquetando, apartando los ojos de la ventana y la terrible vía láctea y la inmensidad vacía.




















Comments of SESIÓN DOBLE: El desierto / El auge de la bosta de vaca