Signos vitales

Signos vitales

1/7/2026 · 57:59
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TEATRO
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Este episodio trata sobre las consecuencias del VIH

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Radio Guamá presenta, Teatro, hoy con la obra, Signos vitales, original de Carlos Ramos Rivera, con la asesoría de Ángel Felipe Machín Bento, y la dirección general de Sandra Rivero Pino.

¡Para el carro ahí, Dinora! ¡Páralo ahí! Pero, pero Gerardo, en la curva no puedo parar.

¡Que te pares te digo, Dinora, que te pares! ¿Estás loco? ¿Qué haces? ¿Quieres que nos matemos? Esto no acaba aquí.

¡Debiste morirte antes de hacerme esto! ¿Qué? ¿Qué cambia eso, eh? ¿Qué? ¿Qué cambia? ¡Me fastidiaste! ¿Quieres más? ¡Al menos te lo dije, contra! ¡Y tengo que agradecértelo! ¡Dime! No digo que tengas que agradecérmelo, pero puedes vermelo callado.

Yo lo hubiera sabido. Tarde o temprano, eso iba a salir al flote.

Yo iba a saber que fuiste tú, chica.

Yo nunca iba a saber quién me contagió, en qué eslabón cogí el mal.

¡Ay, mi madre, mi madre santa! ¿Por qué tenía que pasarme esto a mí, coño? Eso no cuenta, Gerardo.

Ahora, ahora tienes que enfrentarlo.

¿Crees que no debo enfrentarlo yo también? ¡Me hablas como si se tratara de una gripe, chica! ¡Y es el SIDA! ¡Tenía SIDA, coño, y me jodiste! ¡No fue mi culpa! ¿Y de quién? ¿Fue contigo con quien me acosté? Yo, yo lo sabía, Gerardo.

No soy mala como piensas.

Si lo hubiera sabido, te habría prevenido.

¡Dilora! ¡Dilora, tengo mujer, un hijo, apenas de un año, coño, y tú vienes a destruirme todo! ¡Así, en un sartéame! Perdona, Gerardo, pero no creo que sea yo la única culpable.

Pero no se trata ahora de inculpar a nadie.

Se trata de ver cómo salimos adelante.

De sobreponernos.

¡Vete al carajo, chica, coño! No vas a resolver nada así.

Tampoco yo resolví nada cuando lo supe.

¿Por qué no te hiciste ese examen antes de conocerme, Dilora? ¿Te lo hiciste tú? ¡Yo era un hombre sano! ¡Sano! ¡Yo también me creía una mujer sana! ¡Una condenada que me desgració la vida! Mira, el carro está allá atrás. Es peligroso.

Puede ocurrir un accidente.

Ya ocurrió. No puede haber nada más trágico.

A 15 kilómetros de aquí hay un restaurante.

Hay mesas bajo los árboles.

Podemos ir, comer, beber algo y conversar.

Será agradable, Gerardo.

Tal vez no todo esté perdido.

¿Ah, no? No, no, claro que no.

Si yo no me acosté contigo.

Gerardo, ya pasó. No te das cuenta.

La realidad es ahora.

Ven, Ana.

El carro está casi en medio de la senda.

¿Puedes hablar? Digo, si quieres.

Tengo ganas de morirme.

No voy a hablar.

Ok.

De hecho, ahora no soy más que un condenado.

Como tú.

No siempre el SIDA es sinónimo de muerte.

Habría que preguntarle a Tony a ver qué dice él.

¿Quién es ese? Uno que nunca va a darte una respuesta porque ya no puede.

Se le arrancó todo a una como tú.

Me hieres en lo más hondo cuando me hablas así.

No soy una cualquiera, Gerardo.

No me dijiste que eras casado.

No tenía por qué decírtelo.

No.

Pero de todos modos, yo lo sabía.

Solo que me pareció necesario que me confirmaras algo de lo que yo estaba tan convencida, ¿no? Digo que efectivamente tienes ganas de estar muerto.

No de hablar.

Si tengo que morirme, me muero ya.

Sé que no soy eterno.

Pero tengo mujer y un hijo.

La verdad es que no quisiera que fuera ahora.

Eso se parece mucho a la esperanza.

¿Esperanza? ¿Y ahora qué esperanza puedo tener al saber esto y al no saber cómo decirlo a mi esposa? ¿Sabemos tú y yo lo que va a significar para ella? La quieres mucho, ¿verdad? Sí, la quieres.

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