
T5 - Leyendas del Rey Salomón - Las poseciones de Salomón

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Leyendas del Rey Salomón – Posesiones del Rey Salomón
En este episodio de El Libro de las Crónicas nos adentramos en las antiguas leyendas relacionadas con el rey Salomón y las riquezas, tesoros y posesiones que la tradición atribuyó al monarca de Israel.
Más allá del esplendor de su reino, estas narraciones nos presentan un Salomón rodeado de objetos preciosos, tesoros y símbolos de poder, cuya memoria fue creciendo a través de los siglos hasta convertirse en parte del imaginario legendario de la Cristiandad.
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El libro de las crónicas, leyendas del rey Salomón. Si bien el anillo del rey Salomón es el más conocido de todos los objetos que poseía, también poseía otros, que se mencionan brevemente en la literatura árabe. Estas notas contribuyen a la extraordinaria fama del hijo de David, Sulaiman i Dabu, en árabe, al tiempo que revelan todo lo que separaba al elegido de Dios de los mortales comunes. Lo convirtieron en un rey excepcional porque las posesiones de objetos como estos eran signos de condición de elegido y protección divina. Hablemos hoy en este programa entonces de las posesiones o alguna de las posesiones del rey Salomón. Una de las cosas que se menciona, a pesar de que desde el punto de vista de la literatura o de las leyendas que hablan de esto, la descripción de estas no es tan extenso. Se hablan de las armas que poseía este rey. Se dice que Salomón poseía un maravilloso escudo hecho de siete tipos diferentes de piel de animal, rodeado de siete anillos.
Elaborado bajo una influencia celestial, el escudo protegía a su portador de hechizos y encantamientos. El hijo de David también tenía una espada llameante y un pectoral impenetrable. Es lo único que conocemos de esa parte. Por otro lado, hay una leyenda muy interesante y está relacionada a la alfombra que tenía el rey Salomón. Cuando la mayoría de la gente habla de alfombras voladoras, se piensa solamente en las mil y una noches. Y no se reconoce la leyenda del rey Salomón sobre esto. De hecho, se refieren al dominio de este rey sobre los vientos que lo llevaban a dondequiera que quisiera ir. El Corán menciona este dominio dos veces. En el sur a 38 nos recuerda, entonces, tomamos el viento para él, el cual, por orden suya, sopló modestamente dondequiera que él deseaba. Y también está el sur a 21. Aprovechamos el tiempo impetuoso que, por orden suya, se dirigió hacia la tierra que habíamos bendecido.
Hay otra explicación para la alfombra voladora que se puede encontrar en el Sol de la Sabiduría. Shams al-Maaf Rif, un grimorio árabe del siglo XIII, atribuido al jeque egipcio Albuni. Jean-Charles Coulomb afirmó que esta es la obra de magia más famosa del Islam. En dicho grimorio se nos cuenta. Había cuatro nombres hebreos sellados en la alfombra de Salomón, y eran los genios y demonios obedientes que nunca se revelaban, ni siquiera por el tiempo que tomaba parpadear. Lo que sostenía en la alfombra en toda su longitud era Efitz, los mayores visires de Salomón entre los genios, pues tenía 300 visires entre hombres y 400 entre los Dijins. Recordando aquí que los Jins o las Jinas son demonios. Volviendo. Los cuatro portadores de alfombras eran mayor de sus vicires humanos, Asaf Ben Barahiyah, y los mayores vicires de los yins, Enriat, Halyak y Shugal. Se dice que Salomón poseía una alfombra de 500 parazangas de largo.
Cada vez que la extendía, se colocaban sobre ella 300 tronos de plata y oro. Salomón ordenó a las aves que unieran sus alas para darle refugio a él y a su séquito. También se dice que tenía mil casas muy hermosas hechas de cristal que había establecido a sus esposas en esas casas. Tenía mil mujeres, 300 esposas legítimas y 700 concubinas. Luego le dio al viento la orden de elevar esta alfombra y todo lo que contenía por el aire, a una distancia de una milla, a veces más o a veces menos. Dondequiera que iba, ocultaba el sol por una longitud de 100 parazangas. De modo que todos los ojos de los hombres podían verlo. Permaneció un tiempo en Damasco y otro tiempo en Jerusalén. Por la mañana estaba en una ciudad y por la tarde en otra. Y este viento llegó a la alfombra con toda esta gente, por orden de Salomón, sin que nadie sintiera el más mínimo estremecimiento. Salomón decidió lanzar un ataque contra un rey.




















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