
Tatiana Cardona, SAME 2026: Financiar la educación con enfoque de género

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Tatiana Cardona de la Federación Internacional de Fe y Alegría e integrante del Grupo de Trabajo de Juventudes, CLADE, posicionó el financiamiento educativo desde una perspectiva de justicia, subrayando que trasciende una discusión meramente técnica, es una decisión política que define quiénes y cómo se ejercen los derechos.
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Represento a la Red de Jóvenes de Fe y Alegría, donde somos aproximadamente 11.000 jóvenes, entre ellas 67.000 mujeres de América Latina y el Caribe. Y quiero empezar con una afirmación clara, y es que financiar la educación transformadora de género no es una opción técnica, es una cuestión de justicia, y además es una condición fundamental para avanzar a la equidad de género. Porque a través de la educación...
De las niñas y mujeres pueden ejercer sus derechos, fortalecer su autonomía, transformar los roles de género que se siguen reproduciendo en la desigualdad en nuestras sociedades. Porque cuando hablamos de financiamiento educativo no hablamos solo de cifras, hablamos de quién tiene derecho a aprender, a decidir sobre su vida y a construir su futuro.
En América Latina y el Caribe, una de las regiones más desiguales del mundo, esa desigualdad tiene un rostro muy concreto y son las niñas y mujeres, especialmente aquellas rurales, indígenas, afrodescendientes, inmigrantes. Y hoy millones de niñas y mujeres siguen fuera del sistema educativo o en riesgo de abandonarlo, y no por falta de escuelas, sino por barreras estructurales profundamente.
Arraigadas al trabajo de cuidados no remunerados, la violencia basada en género, la pobreza menstrual y los embarazos adolescentes. Nuestra región de América Latina y el Caribe mantiene la tasa más alta de embarazos.
Adolescentes del mundo, alrededor de 66 nacimientos por cada mil adolescentes y más de 1.6 millones de jóvenes que se convierten en madres cada año. Cuando esto ocurre, sus posibilidades de continuar en la educación...
Se reducen drásticamente y lo que está en juego no solo es un indicador, sino sus proyectos de vida. En esta Semana de Acción Mundial por la Educación se está también celebrando en Nueva York el Foro de Financiación para el Desarrollo, que convoca al ESCOSO.
Como espacio de seguimiento de los compromisos de Sevilla de la Conferencia de Naciones Unidas, en la que participamos varios, como la Federación Internacional de Fe, Alegría, la CLADE, la CEMI, la Fundación Malala y otros tantos preocupados por este asunto. Tenemos que ser en este momento vigilantes y movilizarnos en torno a esta cita, porque el aumento del gasto militar está drenando.
Mientras los países invierten en guerras y destrucción, los servicios públicos y la acción climática quedan relegados en esta disyuntiva de ser enfrentada. Además, la inflación impulsada por la guerra está profundizando esa desigualdad. El aumento de los precios de la energía, de los alimentos, está impulsando a más países a la crisis y el sistema global no está logrando responder. Una economía global fragmentada, como ya la has nombrado anteriormente, no puede garantizar ese desarrollo. La cooperación y no confrontación es esencial para abordar las crisis sistemáticas en un mundo cada vez más dividido. Y por último...
Cuando las reglas globales se rompen bajo la presión geopolítica, los más vulnerables pagan el precio. Un sistema injusto y basado en normas es más urgente que nunca. Frente a esta realidad debemos ser claras. No basta con garantizar el acceso a la educación, porque una educación que no transforma reproduce desigualdades que se dicen combatir. Por eso la educación de género implica cambiarlo.
En lo que se enseña, cómo se enseña y en qué condiciones se aprende. Implica invertir en la información docente, en la educación integral de la sexualidad, en entornos seguros y en sistemas en que las niñas y mujeres permanezcan en la escuela. Pero por eso hoy esa transformación no está siendo financiada.
Los sistemas educativos siguen priorizando el acceso mientras dejan al lado los cambios estructurales. Así que frente a eso queremos ser claros y que la educación transformadora de género es una posición política y como tal necesita ser financiada. Asignar recursos específicos para políticas de equidad de género en la educación, garantizar una educación.
Integrar en la sexualidad, formar a los docentes y autoridades en enfoque de género, incluir a niñas jóvenes, indígenas, afrodescendientes y rurales en la toma de decisiones y enfrentar el avance de grupos antiderechos con discursos técnicos que están frenando las políticas esenciales para las niñas y mujeres. Para terminar, ¿por qué cada presupuesto que se prioriza en las niñas y las mujeres?











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