

Description of El Último Pozole
Obra original de Jorge Pedro Marrero Paulín. Consuelo Ramírez Vázquez, cocinera de origen zapoteca al servicio de un cártel en Guadalajara, pierde a su hijo Daniel, asesinado tras escuchar por accidente una conversación sobre rutas de narcotráfico. El comandante Z9 ordena su ejecución y su cuerpo es arrojado en la puerta de su casa como un costal de basura. Destrozada, Consuelo decide vengar a su hijo sin levantar sospechas.
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Radio Guamá presenta Teatro. Hoy con la obra El Último Pozole. Libreto original para la radio de Jorge Pedro Marrero Paulín. Con la asesoría de Ángel Felipe Machinvento y la dirección general de Sandra Rivero Pino. Puede comenzar cuando quiera, doña Consuelo. Mi nombre es Consuelo Ramírez Vázquez. Tengo 50 años. Y en los últimos 24 meses, maté a 13 sicarios y al comandante Z9 del cártel Jalisco Nueva Generación. Lo hice usando la cocina que mi madre me enseñó a amar. Y el conocimiento que mi abuela Zapoteca me dejó en la sangre. La naturaleza no es buena ni mal. Es justa.
Toda planta tiene un espíritu que duerme. Si le das un beso, te cura el alma. Si le despiertas la rabia, te muerde el corazón. Mira esta semilla chamaca, es el toloache. Si la tratas con respeto, te quita el miedo y te abre los sueños. Pero si la hierves tres veces y le quitas la cáscara negra, Se vuelve el lazo que aprieta la mente. El hombre que la pruebe caminará como un vivo, pero... Por dentro... Ya habrá entregado las llaves de su casa. No voy a darle largas, teniente. Esta... Esta es mi confesión. Pues siga. Siga, doña Consuelo. Empiece usted desde el principio. Nací en San Martín de Bolaños.
Allá donde la sierra raspa el cielo y las nubes parecen algodones olvidados por Dios. Mi padre, refugio, era campesino de manos de piedra. Mi madre, Soledad, la mejor cocinera de los altos. Ella me enseñó el secreto del mole, del nixtamal y del amor en la comida. La cocina era mi mundo, mi refugio. el único lugar donde me sentía verdaderamente poderosa y en control de algo. Era mi reino pequeño, mi territorio sagrado. Cuando me casé con Ramiro, el padre de mis tres hijos, que en gloria de Diosito esté, él me trajo a vivir a Guadalajara. Dejé mi pueblo, dejé a mi familia.
Dejé todo lo que conocía para empezar una vida nueva en la ciudad más grande que había visto en mi vida. Los primeros sueños fueron terriblemente duros. Así que, pues, para ayudar con los gastos, empecé vendiendo tamales en la esquina de la vecindad donde vivíamos. Solo los fines de semana. Mis tamales eran diferentes a los que vendían las otras señoras de la zona. más sabroso, con más carne y menos masa. La gente lo notó inmediatamente. La voz se corrió rápido y en menos de tres meses ya vendía tamales todos los días y la gente hacía fila desde las cinco de la mañana para asegurarse de alcanzar antes de que se acabaran.












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