
Un analisis de la ultraderecha y la extrema izquierda actual, con Txema Montero

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Txema Montero abordó el fenómeno de la ultraderecha, calificándolo como el más emergente, inquietante y potencialmente peligroso en las sociedades democráticas de Europa Occidental. Montero, quien se forjó en la lucha clandestina y la Transición, distinguió este fenómeno de la extrema izquierda, señalando que su auge inesperado en países como Italia, Francia o el Estado español surge debido a que la democracia occidental se ha ido "descosiendo".
Este resurgimiento se explica por múltiples factores, incluyendo una compleja situación económica, la quiebra de la movilidad o el ascenso social, y la insostenibilidad del estado de bienestar, lo que resulta en una deuda pública casi inasumible para las futuras generaciones. Además, Montero destacó la fuerza del "efecto emocional" en la vida pública, donde percepciones socialmente extendidas, aunque no sean totalmente reales, generan profundos choques culturales y políticos. El principal riesgo reside en que la derecha tradicional acabe siendo absorbida por la ultraderecha si pacta con ella para llegar al gobierno.
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Bien, hoy vamos a abordar un tema que a muchos nos desconcierta, el resurgimiento de la ultraderecha en Europa.
Sí, parece un fantasma del pasado, algo que las demografías consolidadas, bueno, habían superado.
Y, sin embargo, está aquí, y con una fuerza innegable.
Para entender este fenómeno, tenemos una fuente excepcional.
La transcripción de una charla de Chema Montero, un analista de la política europea con una mirada muy particular.
Y es una mirada que va mucho más allá de los titulares, ¿verdad? Totalmente.
Lo que Montero propone es casi una investigación detectesca.
En lugar de quedarse en los síntomas, en los resultados electorales, las polémicas… Busca las causas profundas.
Exacto, las grietas en el sistema que han permitido que esto ocurra.
Nuestra misión hoy es seguir esas pistas y desgranar su análisis para entender no sólo el qué, sino el por qué.
Me gusta esa idea de la investigación.
Y una de las primeras pistas que nos da es una distinción importante.
Desde luego.
Desde el principio, separa ultraderecha de extrema izquierda.
No los meten en el mismo saco de extremismos, aunque luego veremos que tienen puntos de encuentros sorprendentes.
Pero para empezar, describe esta aparición como… Como encontrarse de repente con un elefante en una sala de estar a oscuras.
Nadie lo esperaba.
¿Qué interruptores se encendieron para que de repente viéramos a ese elefante? Pues Montero identifica lo que él llama las costuras descosidas en el traje de la democracia liberal.
¿Costuras descosidas? Son cuatro fracturas fundamentales que, combinadas, han creado el caldo de cultivo perfecto.
¿Y cuál es la primera? Imagino que la economía.
La primera, y quizás la más obvia, es la situación económica.
Una crisis prolongada que ha dejado cicatrices muy profundas en la clase media y trabajadora.
Claro, ese es el punto de partida clásico.
Si la gente no llega a fin de mes, la paciencia con el sistema se agota.
Pero, de esas cuatro grietas, ¿cuál dirías que resueña más hoy? Yo creo que la segunda.
La crisis económica es un factor conocido, pero me da la sensación de que hay algo más profundo.
Más personal.
Totalmente.
Y eso conecta directamente con su segundo punto, que es la quiebra del ascenso social.
La gran promesa.
La gran promesa.
Durante generaciones, en Occidente, vivimos con una idea casi sagrada.
Tus hijos vivirán mejor que tú.
Era el motor del esfuerzo, la base del contrato social.
Y esa promesa se ha roto.
Y su ruptura no solo genera frustración económica.
Genera una herida emocional y cultural profundísima.
Se siente como una traición del sistema.
Es que si se rompe la promesa del ascenso social y, además, el siguiente pilar que imagino que es el estado del bienestar, ¿tampoco te protege? Pues la gente debe sentir que el contrato social entero se está desmoronando.
Has dado en el clavo.
La tercera costura descosida es precisamente esa.
La quiebra del estado de bienestar.
Ya no puede cumplir sus promesas de cuna a tumba.
La sanidad se resiente.
Las pensiones se vuelven insostenibles.
Y todo esto se financia con una deuda pública creciente que, en palabras de Montero, hipoteca el futuro de las nuevas generaciones.
O sea, no solo no vivirán mejor, sino que ya nacen con una factura enorme que pagar.
Un coctel explosivo, crisis económica, promesas rotas, un estado que ya no es un colchón de seguridad.
¿Y cuál es la cuarta pieza de este puzzle tan desolador? La cuarta es más filosófica, pero igual de potente.
La quiebra del concepto expansivo de los derechos humanos.
¿A qué se refiere con eso? Dábamos por sentado que el progreso era una flecha que siempre avanzaba hacia más derechos para más gente, en todo el mundo.
Y ahora no.
Montero señala que esa idea está en claro retroceso.
Y el ejemplo que pone es muy revelador.
Los países nórdicos.
Que fueron los pioneros.
La vanguardia de los derechos sociales y humanos, y ahora son los primeros en poner el freno, en cuestionar esa expansión universal.
Vale, vamos a desgranar esto con más calma, porque aquí el análisis da un giro fundamental.
Sí, lo da.
Montero argumenta que estos cuatro factores son el contexto, pero no son el detonante final.
Exacto.
El verdadero motor no son los hechos brutos, sino lo que él llama el efecto emocional en la vida pública.
Es el núcleo de su tesis.
Habla de percepciones que se extienden como la pólvora, aunque no se correspondan del todo con la realidad.
Y para explicarlo recurre a un ejemplo histórico magnífico.
La famosa frase atribuida a María Antonieta.
Si no tienen pan, que coman pasteles.
Esa misma.
Montero, como muchos historiadores, afirma que es casi seguro que nunca la pronunció.
Fue una pieza de propaganda, una de las primeras fake news de la historia.
Pero dio igual que fuera verdad o no.
Se repitió tanto que...
Que se convirtió en una verdad percibida.
Se convirtió en la verdad emocional del momento.
Los medios de la época, las octavillas, los panfletos...
Cumplieron la misma función que las redes sociales hoy.
Repitieron el mensaje hasta que cristalizó en la conciencia popular.
Y esa frase, fuera real o no, encapsulaba perfectamente la percepción de una aristocracia desconectada.
Y me calenté.



















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