Un auténtico norteamericano, de Juan Pablo Goñi Capurro

Un auténtico norteamericano, de Juan Pablo Goñi Capurro

11/6/2025 · 40:49
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Historias Pulp
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Relato ganador del Octavo Concurso Historias Pulp "RoboCop". Escrito por Juan Pablo Goñi Capurro. Leído por Elmer Ruddenskrjik.

Tema musical "RoboCop" por Akiramarok.

Tema musical "O.C.P. Monitors" por Basil Poledouris.

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Un auténtico norteamericano. Por Juan Pablo Goñi Capurro.

Dustin Spiegel hubiera enrojecido de haberselo permitido la piel sintética que cubría los huesos de su rostro.

La mujer continuó gesticulando y efectuando ampulosos ademanes, incapaz de articular frases atinadas o, al menos, entendibles.

Los titubeos sumados a las repeticiones de palabras como seguridad, gobierno y, más que ninguna otra, Robocop, le brindaron a la gente norteamericana informaciones ausentes de los archivos estudiados antes del viaje.

La ministra era muy limitada en sus capacidades intelectuales.

Carecía de la menor idea de cómo trazar una política de seguridad y padecía de incontinencia verbal.

Además, era borracha, pero ese dato lo obtuvo antes.

Fue brindado por el aliento de la ministra cuando lo recibió con un abrazo previo al inicio de la confusa conferencia.

Dustin robó que el discurso en el que lo presentaban como el futuro de la seguridad mundial tuviera un final y que la ministra pudiera encontrarlo.

Estaba incómodo en la alta tárima, rodeado de funcionarios, oyendo a esa rubia loca disfrazada con un uniforme de combate.

Lo desconcertaba que la mujer hablara a los gritos y sus arengas se dirigieran a la plaza, en la que sólo había una veintena de periodistas.

Detrás había una tela verde.

Se preguntó si en ese país era todo tan raro.

No le veía el sentido a poner una tela verde delante del césped.

Dustin Spiegel era un gran policía, pero ignoraba los rudimentos básicos del cine.

La tela estaba colocada allí para lograr el efecto de un croma.

Las cámaras del gobierno tomaban la escena.

Luego el fondo de tela verde sería reemplazado por una muchedumbre enfervorecida, dándolo as al presidente y a la ministra.

De inmediato los trolls se encargarían de viralizar la noticia trucha en las redes sociales.

Mientras tanto, Dustin intentaba respirar poco para no atontarse de tanto vapor alcohólico que emanaba de la boca de la rubia cada vez que gritaba incoherencias.

El suplicio terminó.

La ministra corrió con los periodistas y a él lo condujeron con la jerarquía de la Policía Federal.

Lo montaron en un patrullero.

Conducía a un hombre bajo.

Él iba en el sector destinado a los delincuentes.

No lo molestó la ubicación que otro policía habría considerado ofensiva debido a un detalle.

A su lado viajaba el jefe máximo de la institución.

Eran sus primeras horas en la Argentina, pero Dustin tenía la suficiente experiencia para entender que ese hombre pretendía pedirle algo o alcanzar algún tipo de acuerdo.

A ambos lados del vehículo circulaban media docena de motos.

Por delante y por detrás había otros patrulleros.

Lo impresionó un poco tanta comitiva, pero estaban en la capital de un país.

Era lógico que la fuerza hiciera sentir su presencia en las calles.

Eso o se había metido en un polvorín.

Si la policía precisaba custodia, la situación era mucho peor que la descripta en los informes de la CIA.

El jefe carraspeó.

Nuevo signo internacional.

Comenzaba la plática.

Dustin mantuvo la vista al frente.

El cuello le había quedado bien.

Tenía un gran ángulo de giro.

Pero prefería no exagerar con las pocas piezas originales de su cuerpo.

Era innecesario buscar una mejor postura.

La anatomía mecánica escogía siempre la más adecuada.

De todas formas, tampoco le hubiera dolido hueso al borde.

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