Un hogar en el cielo

Un hogar en el cielo

11/6/2025 · 19:44
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Description of Un hogar en el cielo

Meditaciones predicadas por varios sacerdotes con motivo de algún evento o festividad y que han sido seleccionadas para su aprovechamiento por el público en general. Habitualmente han sido predicadas en un entorno sagrado y dirigidas a cristianos que desean profundizar en su vida interior de relación con Dios.

meditación espiritualidad teología cristianismo
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Por la señal de la santa cruz de nuestros enemigos libran al Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes.

Te adoro con profunda reverencia.

Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración.

Madre mía inmaculada, San José, mi Padre y Señor, ángel de mi guarda, interceded por mí.

Me acuerdo de una vez que estaba con un amigo y bueno, le propuse una meta para mejorar en su vida cristiana y me contestó diciendo algo así como, oye, vive tu vida y deja a los demás que vivan la suya.

Y esta frase me dejó pensativo.

Vive tu vida y deja a los demás que vivan la suya.

Y es verdad, por una parte pensé que tenía razón.

Hay que dejar vivir a la gente, hay que ayudar a otros, pero dejándoles que sean libres.

Y, bueno, debo decir que esta anécdota parece que empieza mal y, pero bueno, la cosa terminó bien. Luego me agradeció que le había, que le hubiera sugerido eso.

Al mismo tiempo pensaba en esa frase, ¿no? Vive y deja vivir.

A veces se nos puede presentar la tentación de vivir nuestra vida y olvidarnos un poco de los demás.

Que se nos meta un poco en nuestra vida el individualismo.

Y eso, Señor, es algo que te queremos pedir que no nos suceda. Jesús, ayúdanos a vivir nuestra vida de santidad pensando en los demás.

Me cuesta creer que haya habido algún santo en la iglesia católica que lo haya sido sin pensar en los demás.

Un santo que no haya pensado en los demás.

No creo que haya existido, ¿verdad, Señor? Sería raro que un padre, una madre de familia, un sacerdote, un alma entregada a Dios en el Opus Dei, un numerario, un agregado, o un cooperador o cualquier cristiano quisiera ser santo y al mismo tiempo no pensara nunca en los demás.

Yo creo que esa santidad no existe. Por eso, Señor, te queremos pedir en este retiro mensual, yo te lo pido, dame, Señor, una santidad que sea una santidad de pensar en los demás, de tratar de ayudar a los demás a llegar hacia ti.

No ser un santo que va a lo suyo, sino ser un santo implicado en los demás, con corazón para los demás.

Esa es la gracia que te pido en este rato de oración.

Hay en la iglesia católica una verdad que aparece en el credo, que es preciosa. Es la verdad de la comunión de los santos.

No sé si lo has pensado alguna vez qué significa esto de la comunión de los santos, pero es muy interesante, es una verdad muy bonita.

San Pablo la explica en su primera carta a los corintios.

Dice, las partes del cuerpo son muchas, pero el cuerpo es uno.

Por muchas que sean las partes, todas forman un solo cuerpo.

Podemos tener en nuestro cuerpo muchos órganos, pero todos formamos un mismo individuo, todos forman un mismo individuo.

En la iglesia podemos ser todos muy distintos en la iglesia, pero todos formamos un solo cuerpo.

Y cuando un fallo afecta a un órgano, cuando hay algo que no funciona en un órgano, eso repercute en los demás.

Así estamos unidos. Esa es la comunión de los santos.

Todos estamos unidos espiritualmente.

Al mismo tiempo, cuando un cristiano hace algo muy bueno, repercute en la santidad de todos los demás, y eso es algo precioso.

Me acuerdo de una vez, estando en un coro, que había un chico que cantaba especialmente bien.

Tenía un muy buen oído, una voz espectacular, y solía cantar súper afinado, y la verdad, descubrí que cuando cantaba a su lado, me era mucho más fácil cantar bien, porque al oírle, se me pegaba, digamos, su buen oído.

Y pienso que en la vida cristiana sucede lo mismo. Cuando una persona está procurando vivir su santidad a tope, eso repercute en los demás.

Cuando hay un cristiano que procura todos los días vivir bien sus ratos de oración, que hace todos los esfuerzos para ir a la santa misa, para estar atento en la comunión, cuando hay un cristiano que en su trabajo desprende alegría, que hace bien su trabajo, eso repercute en todos los demás.

Ese cristiano, que quizá eres tú, ojalá sea yo también.

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