Un muro de Europa en África Occidental

Un muro de Europa en África Occidental

7/29/2026 · 16:41
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Description of Un muro de Europa en África Occidental

Fronteras, redadas, separación de familias, incertidumbre, miedo, trabas administrativas y deportaciones. Todo esto sucede en Mauritania, convertido en laboratorio del control migratorio de la Unión Europea.

Este es el primer episodio de Crónicas a viva voz. En él, os acercamos en formato sonoro la cobertura que Maribel Izcue, redactora jefa de 5W, y Anna Surinyach, editora gráfica de la revista, llevaron a cabo para seguir el rastro de las políticas migratorias de la Unión Europea y poner nombre y apellidos a su impacto.

Puedes leer la crónica completa en abierto en nuestra web → https://www.revista5w.com/temas/migraciones/mauritania-laboratorio-del-control-migratorio-de-la-ue-167520

Acompáñanos a escuchar el mundo.



Un trabajo de Maribel Izcue y Anna Surinyach, editado y adaptado por el equipo de 5W y locutado por Javier Sánchez.

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Bienvenidos a Crónicas a Viva Voz, la serie sonora de revista 5W, una invitación a conocer pequeñas historias que esconden grandes explicaciones. En este primer capítulo recorremos Mauritania y Senegal para descubrir de primera mano los efectos de la externalización de las fronteras europeas. Una crónica de Maribel Izcuellana Suriñac, editada y adaptada por el equipo de 5W y locutada por Javier Sánchez. ¿Por qué el mundo está lleno de historias que merecen apenas ser escuchadas? Nosotros te las contamos. Las calles son de arena y arcilla. La media luna dorada y la estrella de la bandera de Mauritania ondean frente a un edificio bajo. Es el puesto mauritano de la frontera entre este país y Senegal. Aquí no hay apenas nada. Casas de barro, camiones y personas que esperan a pasar. Unos cientos de metros más allá, el muelle del ferry que atraviesa las aguas del río Senegal, la frontera líquida entre los dos países. Si nos asomamos al puesto fronterizo mauritano vemos a un funcionario con un puñado de pasaportes al lado.

Revisa los visados y teclea en un ordenador. Fuera, cerca de un muro cubierto de bugambillas, varios grupos de personas esperan a que les autoricen la entrada. Se oye algún gallo, ruido de tráfico y el run run del tránsito fronterizo. Hace calor, mucho. Estamos en Rosso, una ciudad partida en dos por el río Senegal. Desde donde estamos se ve, al otro lado del río, la parte senegalesa de la ciudad. A través de esta frontera son deportadas desde Mauritania miles de personas cada año. Una parte de ellas trata de buscarse la vida en este lugar en el que no hay apenas nada, más allá de sus calles de arena y sus edificios bajos. No hay ni siquiera un centro de acogida. Para hacer esta crónica hemos hablado con decenas de personas, tanto en Senegal como en Mauritania. Una de ellas es George. Lo llamamos así, pero su nombre real es otro. La mayoría de personas con las que hablamos prefirieron ocultar su identidad para evitar cualquier problema, porque ya tienen suficientes.

Hablar con periodistas y que se publiquen sus críticas les puede acarrear más dificultades aún. A George lo conocimos en un edificio a medio hacer en Rosso. Él es de Nigeria y cuando hablamos compartía refugio con otras personas que también como él habían sido expulsadas de Mauritania. Él llevaba muchos años viviendo en Noadibú y allí había nacido su hija. Tampoco diremos su nombre, pero era una pequeña de dos años que no se separaba de su padre. La familia había quedado rota por la campaña de deportaciones del gobierno mauritano. George estaba, sobre todo, lleno de frustración. Nos enseñó todos sus papeles, incluida la solicitud de asilo tramitada con ACNUR. Un documento que no le había servido para nada. Su casa fue su trinchera hasta que el 22 de diciembre de 2025 llamaron a su puerta. Para entonces, George y su hija de dos años llevaban más de un mes encerrados en su vivienda de Noadibú, la segunda ciudad de Mauritania.

Cuando oyó como alguien aporreaba la puerta de entrada, George supo que salvo un milagro lo iban a deportar. Habrían echado la puerta abajo, así que decidí abrirles. Eran agentes de las fuerzas de seguridad mauritanas en una arredada anti-inmigración. Le pidieron su tarjeta de residencia, pero en su lugar, George les enseñó el documento que le identificaba como solicitante de asilo nigeriano. No es válido, le dijeron. Aunque la Convención de Ginebra prohíbe estrictamente a los estados expulsar a solicitantes de asilo, los agentes se llevaron a George y a la pequeña de dos años a uno de los campos de detención de personas migrantes en Noadibu. Allí pasaron un par de días en los que la pequeña no se separó del padre. Luego los trasladaron a Noacchoc, la capital mauritana, y de allí los deportaron a Senegal en un autobús repleto de otras personas migrantes. Los dejaron con lo puesto en una calle cubierta de arena en la ciudad fronteriza de Rosso el 26 de diciembre.

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