Una noche más, por Elmer Rudenskjrik

Una noche más, por Elmer Rudenskjrik

7/16/2026 · 19:07
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Historias Pulp
Episode of Historias Pulp

Description of Una noche más, por Elmer Rudenskjrik

Relato basado en la película The Crow, de 1994.

Escrito y leído por Elmer Rudenskjrik.

-Tema musical: The Sawer of Darkness por Akiramarok.

-Relato disponible para su lectura y descarga en:
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Una noche más, por Elmer Rudenskrik. El local permanecía abierto a altas horas de la madrugada. Como de costumbre, Mickey esperaba hacer dinero vendiendo perritos calientes, hamburguesas, coca-colas y cafés en vasos de papel para los policías que, a distintas horas de la noche, y según les acercaban sus rutas de patrulla a la zona, pasaban para repostar sus organismos y poder aguantar así los turnos de ronda nocturna, que se les hacían largos como un día sin pan. El letrero que rezaba Maxi Docs, en insul sus caracteres blancos, sobre y a lo largo de un feo dibujo enorme de un perrito caliente, que difícilmente podía ser reconocido como tal por el deficiente diseño, la escasa iluminación y por la cantidad de mugre, mezcla del óxido de las luminarias y de la polución de los tubos de escape, relumbraba reflejado sobre el asfalto encharcado del cruce de calles delante de la esquina en la que se encontraba el pequeño local de comida rápida.

El lugar era un verdadero oasis de calor y buen olor en mitad del abismo frío, húmedo y conedor a orines del resto del barrio, que parecía completamente desalojado, vacío, en medio de la inactividad propia de la madrugada, cuando en realidad solo permanecía inhabitado en su aproximada mitad, como consecuencia de las antiguas coacciones y amenazas de la banda de top dólar para hacerse con diversos inmuebles y por iniciativa propia de muchas familias. que se habían mudado cansadas de la violencia y mal ambiente. Maxi Docs, en cambio, seguía allí, como una reminiscencia anacrónica y un baluarte al mismo tiempo. Un símbolo de que los viejos tiempos, los buenos tiempos, los de las cosas buenas y sencillas, podían aún regresar. Mickey realmente se mostraba muy animado al respecto, optimista, y mantenía caliente la comida con entusiasmo, calculando que no faltaría mucho más de 20 minutos para que Tony y Kooligan pasaran por allí en su patrullera para hacer sus pedidos habituales.

Mickey se había vuelto para repasar con un trapo húmedo la barra del establecimiento, pensando en ofrecer el mejor y más pulido aspecto posible a los agentes cuando algo, a decenas de metros de aquella esquina, atrajo su atención. Alguien caminaba en la oscuridad del cruce, y según se acercaba hacía reverberar por las silenciosas calles el sonido de sus zapatos sobre el suelo encharcado. Tenues brillos se reflejaban en la forma de aquella persona, como si vistiera de brillante cuero negro, y según se acercaba, Mickey tuvo la impresión de que su aspecto se conformaba a partir de la oscuridad que reinaba a su alrededor. Acabó concretándose la visión cuando ya se encontraba a sólo 15 metros. Mickey pensó en las descripciones que el sargento Albrecht y otros agentes le habían dado a lo largo de numerosas conversaciones sobre aquel anónimo y desaparecido héroe que, hacía ya dos años, había acabado él solito con Top Dollar y todos sus secuaces.

Un tipo alto, de pelo largo, vestido totalmente de negro y con la cara pintada de blanco, como una suerte de mimo gótico psicópata. Pero no podía ser. Aquel que se acercaba al Maxi Docs, aunque vestía de negro, con una buena y larga chupa de brillante cuero negro, y aunque tenía el pelo largo y negro y la cara muy pálida, era muy bajito y esmirriado para tratarse del mismo hombre. No parecía más fuerte que una niña, y parecía no mayor de unos 17 o 18 años, a lo sumo. Lampiño, con una cara muy aniñada y tersa, pero con una expresión severa, de pómulos y barbilla marcados. Tan delgado que apenas parecía que su ropa iba colgada de una percha, con ojos oscuros, brillantes y sagaces. Como si lo hubiera hecho miles de veces antes cada noche, se aproximó hasta la butaca central del Maxidox y se sentó dando un pequeño y ágil salto, apoyándose con las manos sobre la barra. de inmediato abrió los codos y apoyó la cara sobre las palmas de sus manos como presto a escuchar una historia de boca de mickey quien

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