
VAD01 LOS INICIOS. Amar los comienzos. Santiago de Molina

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La letra inicial de los manuscritos medievales se iluminaba con una mayús-cula que representaba bestias, dragones, profetas y santos. Bucles dorados, bermejos o azules se arremolinaban en esa primera letra que era a la vez dibujo y escrito. Ese primer gesto del manuscrito iniciaba e inspiraba el resto del texto, que a partir de ese comienzo ya solo tenía que dejarse fluir.
De la soberbia palabra latina “íncipit” que marcaba el inicio de un obra, per-vive nuestra gastada palabra “incipiente”.
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Bienvenidos. Hoy vamos a empezar con una imagen. Bueno, una imagen muy evocadora, ¿verdad? La de las letras iniciales en los manuscritos antiguos.
Sí, esas mayúsculas iluminadas, ¿no? Llenas de bestias, dragones, santos, hechas en oro, rojo, azul. Preciosas.
Exacto. Y no eran solo adorno, ¿eh? Muchas veces esa primera letra marcaba el tono, inspiraba todo lo que venía después.
Pues fíjate, es una imagen perfecta para el tema de hoy, que viene de un editorial de Santiago de Molina. La idea central es amar los comienzos.
Amar los comienzos. Suena potente.
Sí, sí. Explora la importancia, casi la magia, de empezar algo. De hecho, el editorial cita directamente a Luis Kahn, el arquitecto, que decía, amo los inicios. Una declaración fuerte.
Y este editorial surge por algo en concreto.
Sí, claro. Celebra el nacimiento de una nueva revista de arquitectura. Se llama BAD.
BAD. ¿Las siglas significan algo? Veredes, arquitectura y divulgación.
Entendido. Entonces, hoy vamos a explorar eso, ¿no? ¿Qué significa venerar los inicios? ¿Por qué dice el texto que son lo más excelso de lo humano? Y cómo se aplica esto al caso concreto de BAD, según lo ve el autor, ¿claro? Perfecto.
De hecho, el texto menciona hasta la palabra latina incipit, para darle como más peso.
Claro, para subrayar esa solemnidad, esa promesa del comienzo.
Como el famoso llámenme Ismael, te atrapa desde la primera línea. Es el umbral, ¿sabes? Me gusta esa idea del umbral. Pero el editorial no se queda solo en el entusiasmo, ¿verdad? No, no, para nada. Plantea una tensión interesante. Por un lado, la pasión de Kahn por empezar.
Y por otro, pues la duda, una duda más escéptica, que atribuye a George Steiner.
¿Realmente podemos empezar algo nuevo de verdad hoy en día? ¿O todo es, digamos, una variación sobre lo mismo? ¡Ay, interesante contrapunto! Le quita ingenuidad al asunto.
Exacto. Y ahí es donde entra el caso de BAD. El editorial lo usa muy bien para ilustrar esto.
Porque BAD, bueno, no sale de la nada.
Claro, eso suele pasar. El texto lo deja muy claro. Nace sobre una base muy sólida, que es Verdes.es.
Sí, una web de arquitectura conocida, ¿no? En castellano, creo.
Muy conocida, sí.
Consolidada a nivel nacional e internacional. O sea, que no es empezar de cero a cero.
Entendido. Entonces, no es una creación ex nihilo, como dicen. Es más bien una evolución.
El texto lo llama transformación de energías previas.
Y la situra, de forma muy poética, a medio camino del futuro y del pasado.
Me gusta esa imagen. Ni ruptura total, ni mera continuación. Eso es.
Y esa es la dualidad que parece representar BAD, según el texto.
Por un lado, esa necesidad de empezar, ese impulso vital.
Y por otro, reconocer que todo comienzo potente dialoga con lo que ya existe.
Lo transforma. No es borrar y empezar, sino encontrar otra forma de escribir sobre lo ya escrito.
¿Y qué objetivos tiene BAD, según el editorial? ¿Qué busca? Pues busca ser un lugar para reflexionar sobre arquitectura, de forma profunda.
Fomentar el debate. Libre de presiones de mercadotecnia, dice.
Vale, un debate más puro, digamos. Sí, y con un estilo muy cuidado.
Habla de delicadeza, cuidado y precisión.
Y también, muy importante, un esfuerzo por la divulgación clara, que llegue a más gente.
Suena bien, la verdad. Con principios claros.
Sí. De hecho, el autor, Santiago de Molina, termina con una metáfora muy bonita.
Describe su propio texto como si lanzara la botella inaugural contra el barco de BAD.
Ah, qué clásito. Deseándoles buena suerte.
Exacto. Buena travesía al director, Alberto Alonso Oro, y a la editora-jefe, Silvia Blanco Agüera.
Es un gesto que resume muy bien eso de amar los comienzos.
Entonces, resumiendo un poco, esta idea de venerar los inicios es como una declaración de amor a lo que queda por hacer, ¿no? Sí, una mirada al futuro que justifica la aventura de empezar cosas nuevas, a pesar de todo.
Y el texto añade una reflexión final interesante sobre la dificultad.
Ah, sí. Que siempre se dice que el primer paso es el más difícil.
Pero quizá, sugiere el texto, lo más complejo sea otra cosa.
Mantener el deseo de dar el primer paso. Conservar esa chispa inicial, ¿no? Y luego, claro, seguir andando.
Claro, la constancia.
Fundamental. Y cerramos entonces con esa frase final del editorial que deja pensando, aunque a partir de ese deseo de comenzar, ya solo haya que dejar fluir las cosas.
Te deja ahí la pregunta, ¿no? Sí. Es tan simple como dejar fluir una vez que arrancas, o el verdadero reto está justo ahí, en mantener ese flujo, en navegar lo que venga después.
Buena pregunta para que cada cual le dé una vuelta. Una cuestión para seguir explorando.



















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