
VAD01 LOS INICIOS. IN & OUT. Raquel Santamarta Regueras

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“¿Vosotros qué haríais?” fue el condicionante que, dos días después del incendio de Notre-Dame de París, planteó el diario español La Razón. Con un margen de apenas 48 horas, se lanzaba así un reto a cinco arquitectos, que debían plasmar una idea.
El tiempo de las noticias es muy corto. León es mi ciudad de referencia. Me crie aquí y es donde vivo. La catedral gótica de Santa María es su principal baluarte arquitectónico. Una referencia que veo a diario desde distintos ángulos y distancias, práctica que me ha hecho asumir de manera natural sus reglas compositivas y el respeto necesario para aportar mi propia visión al caso parisino.
URL: https://veredes.es/vad/index.php/vad/article/view/VAD-01-Los-Inicios-Raquel-Santamarta-Regueras-IN-OUT
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Hoy nos sumergimos en la reconstrucción de Notre-Dame de París y lo hacemos analizando una perspectiva arquitectónica, fascinante, que surgió casi en caliente justo después del incendio. La fuente es un artículo de la arquitecta investigadora Raquel Santa Marta Regueras.
Efectivamente. Vamos a ver un poco su respuesta a ese momento de crisis y la propuesta concreta que desarrolló. Es una reflexión, yo creo muy interesante, sobre cómo intervenir en monumentos con una carga histórica y simbólica tan potente. Y además, claro, pensada bajo una presión enorme de tiempo.
Sí, porque el origen es llamativo. El diario La Razón lanzó un reto a varios arquitectos, presentar ideas en solo 48 horas tras el fuego. Y Santa Marta menciona que su enfoque bebe de su experiencia con la Catedral de León y también de un proyecto previo para la Notre-Dame de Haití.
Exacto. Una base sólida, sin duda.
Menuda desafío, ¿eh? ¿48 horas? Uf, sí. En ese reto se planteó preguntas esenciales, las que hay que hacerse, creo yo. A ver.
¿Cómo afectó el fuego a la funcionalidad real del edificio? ¿Cómo se podía añadir valor sin traicionar la esencia del monumento? Y, muy importante, ¿qué nuevas relaciones podían establecerse entre Notre-Dame y la ciudad, París? Son las preguntas clave antes de tocar cualquier piedra con historia, vamos.
Desde luego.
Según todas las imágenes que había disponibles entonces, su conclusión fue que la estructura principal, la nave, no estaba tan comprometida como la cubierta, como el techo. Y es ahí, en la cubierta, donde se entró su propuesta de intervención.
Exacto. Y aquí viene, yo creo, la idea central de su argumento, que es bastante, bueno, provocadora.
Se basa en su lectura del gótico. Cito su reflexión, adaptándola un poco.
Debido a su evolución histórica, siempre ha asumido que el gótico es un estilo inacabado.
¡Ojo! ¿Inacabado? Sí. Y a partir de ahí, fíjate, traza un paralelismo funcional, nada menos que con el high-tech.
Espera, espera. Gótico y high-tech. A ver, a primera vista parecen polos opuestos. ¿Cómo justifica esa conexión? Suena… audaz.
Pues lo argumenta en dos puntos principales. Primero, la idea de una estructura esencial, los huesos, dice ella, sean de piedra gótica o de acero moderno, y una piel, a menudo de vidrio, que busca la luz. Y segundo, una confianza compartida, cada estilo en su época, en la técnica como motor de avance. Piensa en el high-tech, ese estilo que exhibe su estructura, su tecnología, como el Pompidou, por ejemplo.
Ah, vale, vale. Entiendo el concepto. Es una lectura, sí, conceptual, atrevida.
Desde luego.
¿Y cómo se materializa esa idea en una propuesta concreta para la cubierta de Notre Dame? Reconstruirla tal cual y ya está.
Pues no exactamente. Propone transformar la cubierta, que antes era inaccesible salvo para mantenimiento, en un nuevo espacio público, de uso turístico o cultural. La clave es que mantendría, y esto es importante, estrictamente la forma y el volumen exterior previos al incendio, respetando la silueta icónica que todos tenemos en mente.
¿Pero por dentro sería algo nuevo entonces? ¿Con qué materiales sería? Ahí está la innovación, claro. Usaría una estructura de madera laminada, por sostenibilidad, capacidad estructural y una cubrición de vidrio, para lograr esa transparencia y la conexión visual que busca. Y todo ello bajo una piel superpuesta de plomo perforado.
¿Plomo perforado? Sí, es un guiño al material original, al plomo de la cubierta histórica. Pero las perforaciones permitirían crear efectos de luz, jugar con la iluminación… Entiendo. O sea, se mantendría la forma histórica por fuera, reconocible. Pero por dentro se crearía un espacio nuevo, ligero, visitable. Como una especie de mirador bajo la cubierta.
Exacto. Un nuevo paseo requitectórico, lo llama ella. Diáfano. Bajo la estructura recuperada, ofreciendo esas vistas espectaculares de París que antes, bueno, solo disfrutaban las famosas estatuas de Violele-Duc, que estaban allí.
De día, la imagen exterior sería la de siempre, la reconocible. Pero de noche, la cubierta se iluminaría sutilmente desde dentro, a través de esas perforaciones del plomo, creando una escena urbana nueva, pero delicada. Imagina caminar por ahí, ¿no? Bajo la silueta familiar de la cubierta, pero con París a tus pies a través del vidrio.
La verdad es que sí, es una imagen potente. Y contrasta desde luego con otras ideas que circularon entonces. Algunas muy centradas en reconstruir la aguja del XIX tal cual.
O propuestas directamente extravagantes, sí.
Claro. Pero a ver, una pregunta que surge. ¿Convertir parte de la catedral en una atracción turística, en ese paseo, no corre el riesgo de, digamos, banalizar un poco su función espiritual original? Es una preocupación totalmente legítima, ¿sí? Y Santa Marta se distancia, ¿no?



















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